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Un tiempo atrás, haciendo 'scrolling', encontré en TikTok el vídeo de una mujer de 30 años que decía que nunca había tenido una relación estable. Me invadieron varias sensaciones: alivio –ahora sabía que no era la única–, empatía –entendía su tristeza– y, por último, preocupación por las reacciones en la red, que como preveía fueron bestiales. "Dios mío, que no me pase a mí, es aterrador", escribió alguien. "Pensé que estar soltera a los 25 era malo, pero esto ya es otro nivel", puso otra.
¿Soy yo el problema?
En los comentarios, la mayoría de las chicas expresaban un miedo cerval a que "nadie las eligiera nunca". Algo que, ahora que me acerco a los 31, para mí es ya una realidad: nunca he tenido una pareja formal, nadie me ha pedido ser su novia, me ha presentado a sus padres ni se me ha declarado. Sí, acumulo experiencia en rollos esporádicos y en citas, pero no es lo mismo. Me siento poco querida y sola.
Para colmo, todas las mujeres que conozco han experimentado el amor y las relaciones de pareja, y según han ido pasando los años, me he ido comparando cada vez más con ellas. Me ha consumido pensar que estoy calificada como 'no válida' para ser novia y sólo me he visto defectos: nariz grande, cicatrices de acné, cabello salvaje y, además, incapaz de seguir la moda, sin ningún estilo.
Me he tomado cada romance fallido como la confirmación de que el problema era yo. Hasta que fui a terapia. Ahora lo llevo mejor, me siento más aliviada, me muestro abierta y lo cuento sin problema, tanto en internet como con mi círculo de amigos. Aun así, reconozco que todavía tengo miedo, así que he preguntado a dos expertas si debía preocuparme por mi incapacidad para encontrar una pareja estable.
Las expertas opinan
Georgia Grace, autora de 'La guía moderna del sexo', comenta que mi situación es "increíblemente común en mujeres heterosexuales". Pero no sólo eso, también me explica a qué se debe: "Hemos sido condicionadas a pensar en un reloj biológico que es una tragedia, sobre todo si quieres casarte o tener hijos".
La psicóloga Emma Cholakians aborda el tema desde otra perspectiva: "Esta lucha suele conectar con preocupaciones profundas sobre la identidad, la autoestima y el propósito. La sociedad a menudo asocia el valor personal con tener pareja, lo que puede empeorar la inseguridad o la soledad". Hay que cambiar la forma de verlo porque la soltería tiene muchísimas cosas buenas. Por ejemplo, puede llevar a buscar sentido a la vida fuera de las estructuras tradicionales".
Sin miedo a las emociones
Al pedirle consejo para solteras inseguras como yo, Georgia asegura que lo mejor es reflexionar sobre los temores subyacentes. Según dice, muchas personas tratan de deshacerse de las crisis en lugar de profundizar en ellas: "Se produce cuando intentamos adormecer, borrar o reformular esas emociones, ya que no les damos el espacio que necesitan". Emma recomienda la defusión cognitiva para disminuir la influencia de las reflexiones en relación con el comportamiento. "Si creo que hay algo inherentemente mal en mí como una verdad absoluta, me va a afectar mucho. Pero si lo veo como un pensamiento más, uno de muchos, todo cambia", afirma. "También es útil reconocer que son parte de la experiencia humana universal y podrían ser invitaciones a explorar lo que importa y a vivir según tus valores. Al final, esta autoexploración puede llevar a una vida más plena", concluye la psicóloga.
Suena bien, pero ¿cómo puede una mujer adulta, que busca compromiso, navegar en el mundo de las citas sin desesperarse? Para Georgia, la honestidad es el mejor consejo: "No hay que esconder que quieres una relación a largo plazo por el miedo a espantar a alguien, ni pensar que pierdes el tiempo saliendo con personas con intereses diferentes a los tuyos. No es necesario abrumar al otro, pero está bien preguntarle en qué punto se encuentra (sí, puede hacerse el primer día). Quizás te sorprenda su respuesta y te des cuenta de que hay más personas de las que piensas que buscan lo mismo que tú".











