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Todos los jueves por la noche Pooja y Priesh dedicaban una hora a repasar su lista. En ella anotaban lo que les había molestado del otro durante la semana. Sólo llevaban casados seis meses y, según ellos, no tenían "problemas graves". Entonces, ¿por qué decidieron ir juntos a terapia de pareja?
Hasta ahora, esta siempre se había visto como el último recurso para salvar una relación estable. Pero lo cierto es que cada vez más parejas jóvenes acuden a ella. Y aunque algunas están al borde de la crisis, otras, como Pooja y Priesh, ambos de 33 años, la usan para mejorar su relación. Como dice la psicoterapeuta Natalie Cawley, "venir a terapia es como ir a un entrenador personal o al dentista".
En las últimas décadas, a medida que nuestra sensibilidad hacia los problemas de salud mental ha aumentado, sentarse en el diván ha dejado de ser un tabú. Tanto, que en ciertos círculos incluso se considera extraño no hacerlo. Las cifras hablan: más de doce millones de españoles –un 26,2% de la población– acuden actualmente al psicólogo, según datos del informe 'La situación de la salud mental en España', elaborado por la Confederación Salud Mental España y la Fundación Mutua Madrileña.
Al mismo tiempo, la jerga terapéutica se ha vuelto parte de nuestro vocabulario cotidiano, para bien o para mal, ya que la salud mental es un tema candente en internet y redes sociales. Todos conocemos los distintos estilos de apego; hablamos con normalidad de 'red flags', luz de gas y narcisismo, y a algunas personas, el hecho de que una potencial pareja esté o no en terapia les influye a la hora de decidirse a salir con ella. Tiene sentido, por tanto, que la terapia de pareja se empiece a ver como una extensión natural de todo esto. Al fin y al cabo, si ya estás analizando los comportamientos que te rayan de tu 'crush en tus sesiones individuales, ¿por qué no hacerlo juntos?
Aunque no hay datos oficiales de nuestro país, los expertos hablan de que en los últimos años ha habido un aumento de las parejas que recurren a ella. ¿Es esta una señal positiva de crecimiento personal o una muestra de que estamos desesperados por salvar relaciones sin futuro? ¿Necesitamos ahora que un experto nos diga cuándo hay que dejar a alguien?
Antes de empezar con su tratamiento, según Pooja, "no se comunicaban". Era septiembre de 2022 y estaban a punto de mudarse de la casa de Pooja en Nueva York a la de Priesh en Londres, algo que agobiaba a Pooja. "Había muchos factores estresantes en juego: finanzas, vivienda, carreras profesionales… –recuerda–. Teníamos puntos de vista muy distintos, así que discutíamos mucho".
Su terapeuta les animó a tomar nota y hablar de los puntos conflictivos. También les aconsejó escribirse cartas sobre los aspectos positivos de la mudanza. "Estuvo bien, porque hasta entonces todo era negativo, y esto nos permitió ver las ventajas que teníamos por delante". Eso no significa que las sesiones fueran siempre fáciles. "Hubo momentos en los que gritábamos –admite Pooja–. Yo lloraba y él estaba furioso. Pero teníamos que ser muy honestos, porque era la única manera de poder avanzar".
Marcados por el estigma
Aunque ambos sabían que sus motivos para acudir a terapia eran válidos, sentían una especie de estigma. "Me preocupaba que, si nuestros amigos o familiares se enteraban de que estábamos yendo al psicólogo sólo seis meses después de casarnos, pensaran que nuestra relación estaba condenada", comenta Pooja. Ninguno de los dos lo comentó con nadie hasta que finalizaron, principalmente porque no querían ser juzgados.
"Recurrir a esto no siempre es señal de que funcione algo mal en tu relación, pero a la gente le cuesta ver más allá", añade Priesh. Él, que a diferencia de su mujer nunca había hecho terapia individual, confiesa que al principio era reacio a la idea, pero cuanto más lo pensaba, más se desvanecían sus dudas. "Mis amigos y yo estamos en una etapa en la que hablamos abiertamente sobre nuestra salud mental, pero aún me gusta mantener ciertos aspectos de mi relación en la intimidad", dice.
Carrera de obstáculos
Sin embargo, aunque Priesh lo aceptó, "muchos hombres aún sienten vergüenza a la hora de admitir sus emociones y problemas de pareja", explica la terapeuta sexual y de relaciones Cate Mackenzie. Así lo corrobora un estudio de la revista Journal of Social and Personal Relationships, que afirma que incluso aunque estén insatisfechos con su relación, son incapaces de plantearse la terapia porque, por un lado, se ven arrastrados por los patrones de comportamiento masculino socialmente impuestos, y por otro, les cuesta pedir ayuda.
A ello hay que sumar el hecho de que la terapia de pareja sigue asociándose, erróneamente, con el fracaso (un temor que nos afecta a todos, pero especialmente a ellos). Y otra traba es el precio, que suele oscilar entre 50 y 120 euros por sesión, con un promedio de diez sesiones. Al final, te ves obligado a gastar un mínimo de 500 euros para mejorar tu relación. Si tienes ese dinero, puedes interpretar que es una inversión útil para intentar resolver un problema. Pero si no, teniendo en cuenta que el mensaje que se está transmitiendo es que la terapia lo cura todo, ¿estamos diciendo que sólo los ricos pueden salvar su pareja? Por eso Mackenzie anima a la gente a considerar hasta dónde está dispuesta a implicarse antes de dar el paso: "Yo les digo: 'Se pueden cambiar muchas cosas, pero va a requerir bastante trabajo. ¿Estáis los dos dispuestos?'".
¿Demasiado trabajo?
Cuando el nivel de compromiso no es el mismo, a veces la terapia sirve de poco. Es lo que les sucedió a María*, de 24 años, y Daniel*, de 35, que llevan dos años y medio juntos. Durante cinco meses estuvieron trabajando sus conflictos porque ella sentía que "llevaba toda la carga mental en la relación". Quería que Daniel se diera cuenta de todo lo que ella tenía que asumir en la relación y que luego él hiciera ciertos cambios. Pero no salió como esperaba.
"Nuestra terapeuta nos ayudó a entender por qué hacíamos ciertas cosas, pero para mí el porqué no es importante si los hechos. siguen siendo los mismos", reflexiona mientras relata que Daniel tomaba nota durante las sesiones, pero "olvidaba los pasos que había dado entre una y otra". Cuando finalizaron, "todo el esfuerzo se desmoronó y, desde entonces, siento que estamos aún peor", afirma María.
*Nombres ficticios para respetar el anonimato de los participantes.
Una ayuda para ver con claridad
¿Cuál es la función de la terapia entonces? ¿Evitar males mayores a largo plazo? ¿O evidenciar que hay problemas de incompatibilidad? "Si lleváis poco tiempo y ya dependéis de este tipo de apoyo; si uno persigue la ayuda y el otro se siente arrastrado; si uno de los dos no puede ver los fallos de la relación o si sentís que la única manera de comunicaros es dentro de esas sesiones, probablemente no seáis muy compatibles", indica Cawley.
Lo que está claro es que el concepto de éxito en la terapia de pareja es muy relativo. María ahora se está planteando romper con Daniel, lo cual no tiene por qué significar que sus sesiones no funcionaron, sino que quizá mostraron que la relación no debía salvarse. "Uno de los momentos más difíciles de las relaciones largas es tener que cortar –dice Cate Mackenzie–. Y a veces, el papel de la terapia es ayudarte a darte cuenta de que eso es lo que debes hacer, lo cual puede resultar muy sanador".
Derribando mitos
No es ningún secreto que vivimos en una sociedad que ensalza las relaciones románticas por encima de todo, hasta el punto de que, según una encuesta de la 'dating app' Plenty of Fish, el 44% de las personas sigue en una relación infeliz por miedo a la soledad y a tener que empezar de nuevo. "Aún perdura esa idea de que tenemos que encontrar a nuestra media naranja para que todo marche bien", dice Mackenzie. Pero las relaciones reales no son tan simples. Incluso si estás con quien piensas que es tu alma gemela, nunca va a ser todo un camino de rosas.
"El terapeuta puede darte herramientaspara que funcione mejor o visibilizarque esa pareja ya no es la adecuada para ti –apunta la experta–. Quizá no exista la persona (con mayúsculas), sino diferentes personas a lo largo de la vida". Ir al psicólogo también puede ser muy útil cuando uno opta por otros tipos de relación, como la no monogamia y el poliamor, que a veces requieren tiempo y esfuerzo para ser entendidos. Aunque aquí se plantea otro reto para quienes buscan terapia: ¿cómo encontrar un profesional que sepa de estos temas? ¿Qué pasa si acabas con uno que aún tiene ideas tradicionales sobre cómo debe ser una relación sana y feliz?
Eso fue exactamente lo que les ocurrió a Laura*, de 27 años, y Gonzalo*, de 29. Llevaban tres años juntos y estaban teniendo dificultades con los límites y normas de su relación no monógama. "En la no monogamia estás creando tus propias estructuras de relación en función de lo que necesitas –dice Laura–. Pero comprender eso, y luego comunicarlo, puede ser complicado. Yo llevo años en terapia individual y soy una gran defensora de que todo el mundo la haga si puede acceder a ella, y pensé que también sería útil en este proceso".
Sin embargo, ambos terminaron el tratamiento sintiéndose desilusionados, al no haber conectado con la terapeuta que eligieron. "Tenía conceptos erróneos sobre nuestra relación, además de opiniones muy firmes sobre cómo debía ser la estructura del poliamor, que no encajaban con nosotros", explica Laura. Aun así, tanto ella como Gonzalo afirman que aprendieron de la experiencia. "Me enseñó mucho sobre mi propio miedo a la vulnerabilidad, mi necesidad de independencia y mis problemas de confianza –reflexiona Laura–. Y aunque no todas esas cosas estén resueltas, afrontarlas con la persona que amo y poder conectar con ella sin alejarla del proceso fue muy revelador. Las sesiones generaron tensión en algunos momentos, pero fomentaron la confianza, la cercanía y la honestidad entre nosotros".
*Nombres ficticios para respetar el anonimato de los participantes.
‘Millennials’ en el diván
Sin duda, la terapia se ha convertido en la palabra de moda y los 'millennials' la han acogido con los brazos abiertos, ya que son una de las generaciones más conscientes de su importancia. Esto se debe, en parte, a que se está desestigmatizando, pero también al aumento de los problemas de salud mental entre los jóvenes.
De hecho, datos de 2024 del grupode expertos Resolution Foundation revelan que el 30% de personas de entre 18 y 24 años sufre un problema de salud mental, en comparación con el 25% que lo padecía en el año 2000. Y no es de extrañar: este grupo de edad está sometido a un nivel de estrés sin precedentes, sobrecargado de trabajo y con sueldos muy bajos; sin ningún tipo de estabilidad laboral y con dificultades para acceder a una vivienda; con una exigencia de disponibilidad permanente por culpa de internet (y sobre todo de las redes sociales) y, al mismo tiempo, con una sensación de aislamiento y soledad debido a que cada vez es menor el contacto cara a cara.
Por supuesto, todas estas cosas también afectan a sus relaciones, y cada vez son más los jóvenes que se sientan en el diván a tratar de ponerle remedio. De hecho, una encuesta de la BACP (British Association for Counselling and Psychotherapy) revela que una cuarta parte de quienes van a terapia de pareja lo hace por problemas de salud mental. Al final, todo está interconectado pero, en cualquier caso, el mensaje con el que hay que quedarse es que, afortunadamente, ya no hay que intentar seguir a toda costa en una relación que no te hace feliz. Tu terapeuta será quien te diga si tiene arreglo. Y si no lo tiene, cuanto antes te des cuenta y pases página, mejor.
Avanzar, no retroceder
La terapia de pareja supone una nueva forma de conocerte a ti misma y a tu 'partner', así como de profundizar en tu relación. Y aunque eso lleve a una ruptura, deberías poder confiar en que estás haciendo lo correcto. Ya no hay tanta presión para que las parejas infelices permanezcan juntas contra viento y marea (como sí ocurría con nuestras madres y abuelas).











