- Cómo saber si tu amor de verano terminará siendo algo más
- ¿Existe realmente el amor a primera vista? Respondemos a la pregunta del millón
- Cómo saber si un hombre está enamorado
El verano suele ir acompañado de un buen bronceado, ropa ligera y mucho tiempo libre. También de amor, porque en esta época del año estamos más receptivas a coquetear y enamorarnos. ¿Casualidad? No. La ciencia ha constatado que la exposición a la luz solar aumenta nuestros niveles de serotonina y dopamina, que nos suben el ánimo. Estas cinco lectoras dan fe de ello y han decidido compartir su historia.
Un francés en Benidorm
Nerea, 22 años. "Me fui de vacaciones a Benidorm con mi familia. Una noche mi hermana y yo salimos a cenar y se nos acercó un chico que me pidió mi Instagram. Estuvimos hablando tres días hasta que quedamos justo la tarde anterior a mi vuelta. Vivimos unas horas de amor intenso y nos despedimos pensando que no nos volveríamos a ver. El fin de semana siguiente me planté de nuevo allí, pasamos 48 horas memorables y 'au revoir'! Él era francés y el mismo lunes se volvía a su país".
La gran sorpresa
María, 30 años. "Aquel mes de julio me tocó quedarme en Madrid. Caminando por la calle noté que un chico me miraba. No paró hasta que nos metimos en el metro. Allí, en el andén, me pidió el teléfono. No tardé en recibir un mensaje preguntándome si me apetecía quedar esa tarde. Aquella fue una de las muchas citas que tuvimos hasta que me fui de vacaciones. Me decía que era la mujer de su vida y nos despedimos con la idea de vernos a la vuelta. Estuve llamándole durante varias semanas sin respuesta, hasta que un día me encontré con una voz femenina al otro lado del teléfono. Me dijo que era su novia ¡y que estaba embarazada! Me quedé en shock, aunque no hay mal que por bien no venga. Perderlo me dio la oportunidad de conocer ese mismo verano al amor de mi vida".
Mejorando mi inglés
Marta, 23 años. "Corría el mes de junio en Sevilla. Se notaban ya las altísimas temperaturas, que subieron aún más cuando irrumpieron en mi colegio los chicos estadounidenses de intercambio, la distracción perfecta para afrontar los exámenes finales. Así fue como Alec entró en mi clase. Tras intentar autoconvencerme de que enrollarse con un guapísimo californiano que se quedaba sólo un mes era una pésima idea, caí en la tentación. Las 'good vibrations' nos duraron hasta que se marchó a California y perdimos el contacto. Lloré mucho, pero al menos mejoré una barbaridad mi inglés".
Todo empezó en el trabajo
Alejandra, 25 años. "Hace dos veranos acabé la carrera de Fisioterapia y empecé a trabajar en una residencia. No me había dado tiempo a estrenar el uniforme cuando apareció mi compañero, un chico rubio monísimo que tenía que explicarme mis tareas antes de irse de vacaciones. Una vez se hubo marchado le escribí para contarle cómo me iba y comenzamos a hablar de todo menos de los pacientes. Cuando se reincorporó, empezó a esperarme a la salida de mi turno y, casi sin darnos cuenta, dejamos de compartir sólo profesión para compartir también noches de pasión entre sábanas y besos furtivos en el trabajo. Dos años después seguimos juntos y tan enamorados como el primer día".
De Tarifa a San Sebastián
Silvia, 33 años. "Estaba en Tarifa tomando algo con unos amigos cuando noté que la chica de la mesa de al lado me miraba insistentemente. Yo también me fijé en ella y uno de mis amigos nos presentó. Alazne era de San Sebastián y se había escapado con una cita Tinder que no le estaba gustando nada (tan poco, que se volvía al día siguiente). Esa noche nos liamos y, una semana después, me fui a verla. Reservé dos noches de hotel y nuestro reencuentro fue tan bien que casi no pisamos la calle. La historia se quedó allí porque éramos muy diferentes, pero nos hicimos amigas".
Raquel Ortega es experta en estilo de vida y le apasiona escribir sobre los temas que más interesan (y afectan) a su generación: relaciones, psicología, bienestar, cultura, viajes, gastronomía y autocuidado. En pocas palabras, adora todo lo que le ayuda a entenderse mejor y, sobre todo, aquello que tiene que ver con el placer (el físico, pero también el de comer bien, descubrir una historia que te remueve o hacer un viaje de esos que te recoloca por dentro). Raquel es esa amiga que escucha tus audios de cinco minutos hablando sobre tu ex y, además, lo analiza y te responde con referencias de series, libros y estudios sobre apego.
Graduada en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la Universidad Carlos III de Madrid, ha trabajado como videoperiodista en EL PAÍS y colaborado con medios como El Generacional. Su especialidad son las entrevistas a cantantes, escritoras y deportistas. Cuando no la encuentres escribiendo, probablemente esté probando un nuevo WOD de ‘crossfit’ o, simplemente, en un bar entre unas copas de vino con sus amigos.
P.D.: ¿Recuerdas lo del audio de cinco minutos? Podría ser ella perfectamente. Raquel no manda audios, manda podcasts (y sueña con, algún día, tener uno de verdad).











