Fue en un taxi —vaya comienzo en clave Pitbull—, por teléfono y pocos días antes de terminar 2023 cuando descubrí que tenía novio. Que nadie espere que los protagonistas de la conversación fueran la pasión y el amor, sino la distancia, el vértigo, la incertidumbre y, ante todo, el miedo, al que a partir de ahora, por el peso que tiene en la historia que procedo a contar, nos referiremos como "Miedo". Por azar o por ineptitud, decidimos abordar un tema tan importante cuando yo estaba de vacaciones en Buenos Aires y él se encontraba en España. Tras una llamada de ocho minutos, tenía un viaje de ida hacia una relación que tenía el billete de vuelta comprado de antemano. Siento el 'spoiler'.

Decidimos que estábamos saliendo a 10.459 kilómetros de distancia un sábado a altas horas de la madrugada, un horario en el que lo mejor es no hablar de nada serio y, en el caso de hacerlo, como ocurre en el sexo cuando el amante de turno te promete amor eterno, lo oportuno es olvidar lo comentado. Me refiero a esas confesiones amorosas en clave Telegram, con fecha de caducidad y, sobre todo, de olvido. Al día siguiente, tuve la impresión de que mi 'neonovio' iba a ser mi nuevo ex en un par de días… Y no me equivocaba. Soy 'cum laude' en predicción de adioses.

"Si nadie sabe qué sientes, nadie te puede hacer daño… ¿No?"

Le entró ese resfriado del pavor que a tantos hombres les entra sin importarles que ya les llamen “señor” por la calle o que la andropausia ronde sus vidas: el virus del Miedo. Lo triste es que me contagió, porque desde entonces tengo auténtico pavor a las relaciones, y eso que la última duró un cambio de horario, un 'jet lag' y un adiós ante una triste cerveza. La relación previa funcionó como una granada insertada en el corazón y los pedazos que quedaron con vida tras la explosión son ya incapaces de juntarse para latir sin una excesiva cautela. Noto que lo hacen bajito, como para que nadie se dé cuenta y, sobre todo, para no molestar. Porque si nadie sabe qué sientes, nadie te puede hacer daño… ¿No?

"Me he convertido en una experimentada Rompetechos emocional"

Cada año, cuando se acerca la fecha que rinde homenaje a los solteros del mundo, escribo para COSMOPOLITAN un tema al respecto, pues me he convertido en una experimentada Rompetechos emocional que se ha negado a ocultar sus tropiezos sentimentales para, al menos, hacer de su ineptitud amorosa una fuente de ingresos. Este año me he enfrentado al folio en blanco (en realidad, a una triste hoja virtual de mi Word 'online', pero ya me entendéis) de forma diferente. Ya no quiero celebrar la soltería, sino pensar en por qué le he cogido miedo a su opuesto, que supongo es tener pareja. Tengo claro que no es por que piense que echaría de menos esas interminables noches de fiesta (una pareja que aborrece la noche no puede ser mi pareja, sino mi conciencia, y con esa sí que me niego a relacionarme), sino porque me aterra El Final.

"Comienzo cualquier historia pensando en los créditos finales"

Así es: comienzo cualquier historia pensando en los créditos finales, y vivir el amor en 'flashforward' tiene tan poco sentido como celebrarlo con bombones. Lo digo porque soy diabética, no porque la fiebre Ozempic haya nublado mi juicio, secuestrado mis palabras y borrado mi apetito. A un año de cumplir los 40 (prefiero decir que tengo 30+9), tengo muy claro lo que no quiero porque es lo que hasta ahora me han dado. Y eso hace que intentar construir una relación sana sea, en teoría, más sencillo, pero no podemos pretender que el amor sea un 'poke bowl' en el que elegir cada ingrediente, porque siempre te van a echar alguna salsa que no sea de tu agrado, algún 'topping' que te haga fruncir el ceño y alguna base que no te convenza.

"Tengo tal miedo a la indigestión emocional que me he olvidado de saborear los momentos buenos"

Tengo tanto miedo a la indigestión emocional que me he olvidado de saborear los momentos buenos y guardo en mi bolsillo cerebral un Almax para aliviar las malas digestiones, y por eso creo que el Día del Soltero es para algunos, también, el Día de los Cobardes. Porque cuando la soltería se elige por Miedo, no por convicción, no hay celebración que valga, sino una nueva intolerancia a tener en mente a la hora de intentar crear ese 'poke bowl' sentimental. Me atemorizan quienes prometen amor porque colecciono promesas que cuando se verbalizan, se velan y se transforman en decepciones.

"No entiendo cómo me he convertido en un salto al vacío"

A veces bastan unos segundos para enamorarse, pero el desamor no entiende de atajos, olvidos, ni duelos de efecto rápido. En ocasiones me pregunto si no estoy hecha de esos recuerdos amorosos del pasado, pero sobre todo me atormenta la idea de que es posible que esas personas apenas piensen en mí en sus nuevas vidas, que comparten con discretas parejas que, por norma, son radicalmente opuestas a mí. Supongo que soy ese salto en paracaídas que hay que hacer una vez en la vida para, después, ir siempre en el coche sin pisar el acelerador, con la ventanilla ligeramente bajada y con la tranquilidad que aporta saber que el 'airbag', en caso de emergencia, funciona. Con lo miedosa que he sido siempre y con el Miedo a la velocidad que tengo, no entiendo cómo me he convertido en ese salto al vacío que muchos quieren experimentar una única vez para guardar el recuerdo del instante en el que la vida no iba en modo avión.

"Me pregunto a quién echarle en cara ahora tener miedo a volver sentir"

Hace dos años, cuando me separé de la pareja con la que estuve más tiempo, le agradecí haberme enseñado a querer. Me pregunto a quién echarle en cara ahora tener miedo a volver sentir, aunque supongo que, en realidad, tengo claro que soy yo la culpable. Creo que ya no puedo permitirme el lujo de echar a los demás la culpa de mis acciones. “Entre el dolor y nada, elegí dolor”, canta Nacho Vegas (la frase es, me dijeron el otro día, en realidad de William Faulkner), y yo me pregunto si he terminado enamorándome de la Nada por Miedo a ese Dolor.

Si hoy celebras el Día del Soltero porque no quieres tener pareja o porque Cupido así lo ha querido (no me canso de odiar a ese caprichoso Querubín), brindo por ti; pero si es el Miedo el responsable de tu soltería, te recomiendo un chupito de valentía. Da resaca, pero también historias y, a veces, si tienes suerte, incluso amor… Aunque este dure un 'jet lag', seis años o quién sabe, toda una vida. Socorro: a ver si al final, estoy prefiriendo el Dolor a la Nada...

Headshot of Marita Alonso

Marita Alonso es experta en cultura pop y estilo de vida. Escribe acerca de fenómenos culturales desde una mirada feminista en la que la reflexión está siempre presente. No tiene miedo de darle una pincelada de humor a las tendencias que nos rodean e intenta que el lector ría y reflexione a partes iguales. Cuando escribe sobre relaciones, su objetivo es que la toxicidad desaparezca y que las parejas sean tan saludables como las recetas que intenta cocinar... Con dramáticos resultados, claro. Los fogones no son lo suyo.

Ha publicado dos libros ("Antimanual de autodestrucción amorosa" y "Si echas de menos el principio, vuelve a empezar") y colabora en diversos medios y programas de radio y televisión luchando por ver las cosas siempre de una manera diferente. Cree que la normalidad está sobrevalorada y por eso no teme buscar reacciones de sorpresa/shock mediante sus textos y/o declaraciones.

Licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense, imparte master classes de cultura pop, estilo de vida y moda en diversas universidades. En Cosmopolitan, analiza tendencias, noticias y fenómenos desde un prisma empoderador.