El sexo es el pegamento que mantiene unidas a las parejas y evita que se conviertan en compañeras de piso o “los mejores amigos del mundo”. Cuando las parejas dejan de tener relaciones sexuales, éstas se vuelven vulnerables a una serie de amenazas, como el desapego emocional, la infidelidad o el divorcio.
Según el Dr. Justin Lehmiller, psicólogo, director del Programa de Posgrado en Psicología Social de la Universidad Estatal de Ball y afiliado de la Facultad del Instituto Kinsey, y autor de 'The Psychology Human Sexuality’, son muchas las parejas que sufren discrepancias en la frecuencia del deseo sexual (alrededor de un 27%) o que pasan por etapas de desfase, en las que uno tiene impulsos sexuales y el otro está inapetente.
En tres estudios recientes, la investigadora de la Universidad de Toronto Amy Muise y su equipo intentaron determinar si el número de parejas sexuales estaba relacionada con la satisfacción personal.
Así descubrieron que la frecuencia sexual se asociaba a una mayor felicidad en la pareja, pero que en contra de lo que se piensa, no es necesario practicar sexo a diario para conseguir ese estado de bienestar, con una vez a la semana puede ser suficiente.
Pero ¿cómo no sucumbir al cansancio y a los cantos de sirena de sofá, mando y Netflix? Pues incluyendo en nuestra agenda un tiempo para el sexo. Vamos, lo contrario a lo que nos cuentan sobre improvisar y ser impulsivo: programar un día y una hora.
Esto, que puede parecer de lo más frío, calculador (y menos romántico que la mesa LACK de IKEA), tiene una explicación. En los Upanishads hindús se nos dice que la energía que sostiene a toda la creación se manifiesta como la calidez que surge cuando somos tocados. Lo que podría traducirse como que necesitamos tocarnos e intercambiar energía. Si dejas de tocar a tu pareja, llega un momento en que esa corriente no se produce. Así es bastante improbable que surja espontáneamente la excitación, más aún en relaciones largas.
Piensa que tu cerebro es como un coche. Una parte de tu cerebro acelera el impulso sexual y otra actúa de freno. La primera va buscando constantemente estímulos para activarse y la segunda busca distracciones para desviar ese impulso y frenarlo. Necesitamos ambas para mantener una sexualidad sana, pero si nos dejamos frenar más de la cuenta, desactivamos el deseo.
Aquí entra en juego la planificación. Hay que volver a activar el acelerador pactando con la pareja una cita o “ventana temporal de disposición” en la que jugaremos a excitar al otro. No es necesario llegar a la cama. Pueden ser 15 minutos de besos como cuando comenzó la relación. O una sensual ducha juntos. O un masaje… Cualquier actividad que implique el tacto y la conexión, que vuelva a poner en marcha el acelerador del sexo. El caso es tocarse, activar esa energía de la que habla la filosofía hindú.
Puede que al principio pueda resultarte incómodo programar algo que tendría que surgir de forma natural, pero al incluir en tu agenda que os vais a tocar, recordarás cuánto te gusta hacerlo, y esa cita programada terminará siendo un anticipo de excitación.











