Me acuerdo del primer sujetador que tuve. Era un modelo básico de Oysho que mi madre me regaló en dos colores diferentes: verde y rosa (supongo que el negro le parecía ‘too much’). Recuerdo perfectamente la sensación de creerme “mayor” por pasar de los típicos tops de niña pequeña a un diseño con aros. Era adolescente y, en realidad, tampoco necesitaba mucha sujeción porque mis pechos son pequeños, pero el sostén me ayudaba a disimular su tamaño y que parecieran un poco más grandes. Sí, disimular. Vaya estupidez, ¿no? Pues en ese momento era mi mayor complejo.

Mido 1,59 y, por aquel entonces, pesaba unos 50 kilos. Mis senos estaban totalmente en proporción con mi cuerpo, pero aún así, yo quería más talla. Esa manía me condicionaba a la hora de vestir, así que decidí pasarme al ‘push up’ para lucir un escote más pronunciado. Durante un tiempo, solo me compraba sujetadores con relleno y la verdad es que encontraba muchísima oferta para elegir en todas las firmas de lencería. Pero, claro, en el fondo era un simple engaño que se destapaba en cuanto me quitaba la ropa, y eso me hacía sentirme aún más insegura. ¿De qué me servía que un chico se fijase en mi escote si no era real? Porque, en el fondo, todo se reducía a eso: gustar a los chicos, pero eso es algo que he aprendido ahora, con 31 años.

La influencia de las tendencias de lencería

Hace unos años, se pusieron de moda los ‘bralettes’ sin aros. Y mi primera reacción fue pensar: esta tendencia no es para mí. Pero los diseños de encaje eran tan bonitos que no me pude resistir. Me lancé a probarlos y descubrí que me encantaba ponerme camisetas de pico y que se viera un poco el top ideal que llevaba debajo. Es decir, pasé del relleno a diseños superfinos que no modificaban en absoluto la forma de mi pecho. Y no, no lucía un maravilloso canalillo, pero me flipaba el efecto de dejar a la vista mi lencería, incluso me parecía sexy. Más tarde, llegó el ‘boom’ de los ‘crop tops’ de canalé y las ‘celebs’ e ‘influencers’ empezaron a llevarlos sin sujetador, así que decidí probar. Y, curiosamente, me sentí comodísima.

Por supuesto, esto no es casualidad, la moda está totalmente condicionada por los cambios sociales, y la revolución feminista que hemos vivido en los últimos años ha calado también en el mundo de la lencería. Ya no queremos sujetadores con relleno para simular tener las tetas grandes, queremos uno que sea cómodo y poder quitárnoslo cuando nos dé la gana. O no llevarlo nunca. Queremos que Instagram no censure nuestras fotos porque se intuya un pezón bajo una camiseta ajustada.

Lo que le diría mi yo de 30 con los pechos pequeños a mi yo adolescente con los pechos pequeños

Como decía antes, mi cabeza hizo ‘click’ el día que entendí que la única razón por la que no me gustaban mis senos es porque no encajan en el prototipo de mujer atractiva para los hombres. Por eso, en cuanto me quité la presión de gustar a los chicos y me centré en gustarme a mí misma, me di cuenta de que, en realidad, me encanta que mis pechos sean pequeños. Si fueran grandes, sería fantástico también, pero resulta que mi tamaño tiene muchas ventajas a la hora de vestir. Al no tener la necesidad de llevar sujetador, puedo ponerme tops con la espalda descubierta, escotes de todo tipo, americanas sin nada debajo o vestidos ‘cut out’.

Si es que ya lo decía Shakira: “Suerte que mis pechos sean pequeños y no los confundas con montañas”. Y, como la cantante, hay muchas ‘celebs’ más que lucen su pecho pequeño con orgullo. La cuestión es amar nuestro cuerpo, sea como sea, y cuidarlo mucho.

Headshot of Carmen Pita

Carmen Pita es experta en moda. Está siempre al día de las tendencias, no se pierde ningún desfile de los diseñadores más ‘top’ de las ‘fashion weeks’ internacionales y encuentra los mejores estilismos del ‘street style’ de París, Milán, Nueva York, Copenhague o Madrid.

En su día a día, asiste a presentaciones y viaja a diferentes ciudades europeas para descubrir y probar los últimos lanzamientos de las marcas. Conoce las colecciones de Zara, Stradivarius o Pull&Bear como la palma de su mano, pero también es muy fan de pequeñas firmas españolas o tiendas ‘vintage’ donde comprar ropa o accesorios de segunda mano. La sostenibilidad en el sector textil es una de sus preocupaciones, por lo que estudia qué tejidos o procesos de producción son más respetuosos con el planeta, así como los certificados que lo acreditan.

Carmen Pita se graduó en Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid y ha pasado por revistas femeninas de renombre, como Yo Dona y ELLE. En 2017, aterrizó Cosmopolitan, donde no sólo escribe de moda, también ha entrevistado a cantantes, actrices, modelos o ‘influencers’ de la talla de Becky G, Maluma, Isabeli Fontana, Milena Smit, Hajar Brown o Addison Rae.   

Además de su experiencia profesional, esta periodista ha vivido en Londres y en Perú. Dos aventuras muy diferentes que le han aportado una visión más amplia de la cultura y la moda. ¿Su pasión? Escribir poemas y relatos cortos en su cuenta de Instagram.