Hacer dieta es un concepto que lleva acompañándonos desde que tenemos uso de razón. Cuando no es una persona del entorno quien está llevando a cabo esta práctica de restricción alimenticia, eres tú quien se lo ha planteado con el fin de mejorar tu aspecto físico (‘spoiler’: error); o mucho peor: se utiliza como un imperativo despectivo hacia alguien.

A lo largo del tiempo, el término dieta se ha deformado desde pasar a ser un ‘‘conjunto de sustancias que regularmente se ingieren como alimento’’ hasta una ‘‘privación completa de comer’’, ambas definiciones contempladas en la RAE. Y se han añadido, además, apellidos a la palabra tales como dieta antiinflamatoria o détox, o se la ha relacionado con ejercicios como el ayuno. Por tanto, no se puede negar que la cultura de la dieta, es decir, el paraguas que engloba todo lo nombrado y más aspectos relacionados con la limitación de alimentos, posee un espacio permanente en el imaginario de la sociedad. Sin embargo, lo que quizá nunca te habías planteado son todas las consecuencias negativas que conlleva hacer dieta, ya no sólo para tu cuerpo, también para tu estabilidad emocional y tus relaciones con los demás. Hoy venimos a acabar con este concepto.

¿Por qué hacemos dieta?

Miriam Salinas Gascón, terapeuta y ‘coach’ nutricional, tiene muy claro cuál ha sido el factor principal que ha incitado a la sociedad, sobre todo a las mujeres, a sumergirse en una rutina de dietas y restricciones que sólo llevan al antónimo de la felicidad: ‘‘La idea de que si no tengo ese cuerpo hegemónico no seré amada, perteneciente y exitosa, y que, por tanto, debo hacer lo que sea para alcanzarlo’’. Esta es la razón por la que ha escrito ‘Atrévete a comerte la vida’ (Ed. Grijalbo), un libro en el que habla de su experiencia personal y sobre los motivos que pueden llevarte a tener un TCA (situación que no se encuentra tan lejos como te imaginas).

Ed. Grijalbo ‘Atrévete a comerte la vida: Consejos prácticos para sanar tu relación con la comida’

‘Atrévete a comerte la vida: Consejos prácticos para sanar tu relación con la comida’
Ahora 14% de descuento

Afirma que la cultura de la dieta, al final, ‘‘es violencia de género. Una forma de sometimiento, en el sentido de pérdida de tiempo y energía. Mientras estoy obsesionada en si mi culo es de una manera, no tengo la tripa plana o he comido mucho, no aporto nada al mundo ni estoy haciendo nada constructivo’’. En esta misma línea, le sigue Marian del Álamo, psicóloga experta en nutrición y TCA, quien explica que, ‘‘durante toda la Historia, a las mujeres se nos ha hecho creer que ahí, en ese estándar de belleza, es donde está el bienestar. Por ende, estamos asumiendo una exigencia brutal. La herramienta que se usaba para cambiar el cuerpo o para conseguir esa perfección era hacer dietas, por lo que es muy complicado salir de ahí, ya que genera una sensación de control’’.

‘‘La cultura de dieta es, al final, violencia de género, una forma de sometimiento’’.
Miriam Salinas Gascón.

‘‘Otro factor de resistencia y elemento potenciador de la cultura de la dieta viene por parte de las redes sociales’’, expone Miriam Salinas. Estamos absolutamente expuestas a las supuestas vidas perfectas de personas con morfologías corporales perfectas, que acabamos ensalzando. ‘‘Todo lo que tú metes en tu cabeza y repites, incluso la estética, acaba siendo tu realidad y tus gustos —sentencia—. Por eso, una de las prácticas que siempre recomiendo es hacer détox en tus redes de todo lo que te mine. No puedes combatir la cultura de dieta, pero sí a quién sigues o qué acciones realizar’’, añade.

Hacer dieta engorda (según la ciencia)

Lo curioso del asunto es que hacer dieta, la solución que se ha dado para conseguir encajar en esos estándares de belleza, no responde a los resultados reales y comprobados científicamente que tiene realizar una reducción alimenticia. Gabriela Uriarte, terapeuta, nutricionista y autora del libro ‘Hacer dieta engorda’ (Ed. Vergara), revela que ‘‘cuando hacemos dieta, y entendemos esta como una restricción calórica o un régimen, a la larga, sobre todo en personas que son ‘dietantes crónicas’, probablemente ahora pesarían menos si nunca las hubieran llevado a cabo’’.

Ed. Vergara ‘Hacer dieta engorda: Comer sano para no hacer dieta’

‘Hacer dieta engorda: Comer sano para no hacer dieta’

Y es que, según los expertos, y a través de una especificación que a continuación detallaremos, después de un periodo de dieta restrictiva, tu cuerpo va a adelgazar, sí. No obstante, una vez retomes una alimentación normalizada, tu cuerpo va a retener muchos más componentes de esa comida que antes para que, si la alimentación vuelve a escasear, cuentes con reservas para sobrevivir. ‘‘Los seres humanos hemos sido diseñados para sobrevivir a la escasez de alimento, no a la situación actual en la que podemos abrir una aplicación y tener comida —cuenta la experta—. No obstante, en el caso de que nos forcemos a un momento de ingesta limitante, el cuerpo va a segregar más grelina, que es la hormona del hambre; va a disminuir la secreción de leptina, que es la hormona que se relaciona con la saciedad; y vas a sufrir muchos más antojos. La restricción tiene muchos efectos porque nadie puede vivir así. En el momento que sales de eso, tu cuerpo está preparado para ser más eficaz engordando. Además, cuando adelgazas y vuelves a engordar te hacen creer que es culpa tuya por falta de voluntad, no porque es algo inhumano. Es lo paradójico de los nutricionistas que ayudan a adelgazar a la gente, suponiendo que adelgazar es lo mejor que puedes hacer para tu salud (cosa que sabemos que no siempre es así). No sólo no ayuda, sino que encima hace engordar y tener una peor relación con el cuerpo y la comida, factor predisponente, por ejemplo, a sufrir un trastorno de la conducta alimentaria’’.

‘‘La restricción alimenticia tiene muchos efectos. En el momento en el que la dejas, tu cuerpo está preparado para ser más eficaz engordando’’.
Gabriela Uriarte.

En este sentido, te sonará el llamado ‘efecto rebote’, que sobre todo aparece tras llevar a cabo una ‘dieta milagro’. Marian del Álamo explica la razón de que esto suceda: ‘‘Cuando hay mucha restricción, esta funciona un tiempo y muy bien. El tiempo que es capaz el cerebro de tolerar tanto sufrimiento por la restricción. No obstante, en el instante que deja de tolerar, empieza a mandar impulsos y el cuerpo reacciona. Te puedes sentir débil o cansada hasta que el cerebro lo para y te pide todo lo que necesite. Entras en supervivencia, ese efecto rebote. Comes más o, incluso, se debe entender como un: estoy restringiendo tanto que, cuando ya no me puedo permitir restringir más, empiezo a comer incluso normal y voy a subir de peso. Esto sucede porque el objetivo de lo que estabas haciendo no era nutrirte. No era dar a tu cuerpo las necesidades que tenía ni un cambio de hábitos ni el inicio de un estilo de vida saludable: era adelgazar, y esto no se puede sostener en el tiempo porque no es saludable. Si algo no se puede sostener el tiempo, te va a quitar paz mental, hacer que tengas un hipercontrol, que sólo puedas vivir por y para eso o te quite calidad de vida, no es saludable’’.

Entonces, ¿cómo lo hago si quiero adelgazar?

La respuesta a qué puedes hacer si quieres adelgazar (y ya te ha quedado claro que hacer una dieta restrictiva no entra dentro de las opciones) es preguntarte la motivación que te lleva a querer cambiar tu cuerpo. ‘‘Y no hablo de la motivación de estar motivada, sino qué te motiva a cambiar tus hábitos —destaca Gabriela Uriarte—. Hay que cambiar el orden: no es 'busco tunear mi cuerpo' y, para ello, cambio mi comida; sino que cambio mi comida para que me siente bien. Es una realidad en la que hay que tener en cuenta que, si tú todos los días comes ‘fast food’, no te vas a encontrar bien a nivel digestivo ni de energía. Pero si tú estás comiendo frutas, verduras y proteínas (siendo totalmente consciente de lo elitista que es hoy en día poder comer tres veces a la semana pescado o comprar un racimo de plátanos de Canarias), pero lo haces porque no te atreves a ponerte en bikini o haces el amor con la luz apagada, es motivación negativa, no genuina, lo cual te va a hacer que criminalices ese plato de comida. Por tanto, no es cuestión de la manera en la que cambiamos nuestra comida, sino el para qué lo hacemos, recordando que lo saludable para una persona puede ser una talla 44 y para otra, una 36 o una 50. La motivación no debe estar en el peso ni en la talla. Debe estar en el hecho de sentirme bien y en trabajar en mi autocuidado. Que luego lo que hago tiene un efecto en mi corporalidad, que va a suceder, ¡pues mejor que mejor!’’.

‘‘Hay que cambiar el orden: no es 'busco tunear mi cuerpo' y, para ello, cambio mi comida; sino que cambio mi comida para que me siente bien’’. Gabriela Uriarte.

Sin embargo, si te encuentras en un punto de querer perder peso porque sientes incomodidad física y mental, ‘‘probablemente tengas que desaprender mucha rigidez heredada de la cultura de dieta —destaca la terapeuta—. Cuando tú tienes prohibiciones, no tienes libertad de elegir. Y si no hay libertad de elegir, nunca vas a poder renunciar. Entonces, si tú tienes una prohibición del tipo ‘no voy a comer más chocolate’, en el momento en que estés en presencia de chocolate, te comes toda la tableta. ¿Y qué pasa? Que engordas porque hay una sobreingesta de exceso calórico. ¿Cuál es la solución? ¿Prohibir el chocolate? No. Es aprender a relacionarte con libertad con la comida, a vivir sin restricciones. Esto es importante porque, donde hay libertad, hay capacidad de gestión’’.

Objetivo: tener una buena relación con la comida y mi cuerpo

Las tres expertas coinciden en que la única dieta que realmente funciona es la de tener una buena relación con la comida y el cuerpo. Pero, ¿en qué consiste esto? ‘‘Consiste en ser capaz de conseguir bienestar real y genuino a través de la comida o de la relación con la misma, ya que lo hacemos muchas veces al día y muchas veces durante toda nuestra vida’’, responde Marian del Álamo.

Miriam Salinas Gascón, por su parte, tiene la clave para saber si posees o no una buena relación con la comida, lo cual hará que te desprendas definitivamente de hacer dietas: ‘‘Pregúntate: si la comida no tuviera calorías, ¿te sentirías culpable y luego empezarías a hacer, por ejemplo, un ayuno? No. Es la respuesta que dirían el 99,9 % de las personas. Aunque, para mí, una buena relación sería aquella en la que tú te puedes automaternar de forma tierna y cariñosa. Es decir, en la que no entras en la madre castradora, la cual sería la dieta restrictiva de no poder comer carbohidratos, pero tampoco te vas a la otra polaridad de comer todo el rato chocolate y bollería. La diferencia está en desde qué lugar estoy comiendo, desde qué lugar voy al ‘gym’ o desde qué lugar me como un brócoli o me como un 'croissant'. Ambas respuestas serían válidas, lo que debemos tener es un equilibrio. También en quitar todo ese término moralista con la comida de 'si me como un brócoli, soy buena persona; si me como el chocolate, soy la peste'. En la comida nunca debería entrar la moral y está demostrado que no acaba funcionando para adelgazar’’.

Algunos de los indicadores más reveladores que separan el tener o no una buena relación con la comida y el cuerpo tienen que ver, según Marian del Álamo, ‘‘sobre todo, con estar en paz contigo. Que no haya rumiaciones, negociaciones, ni frustraciones cuando haya un acto a la hora de comer o a la hora de relacionarte con la comida. Que no haya intrusión ni culpa. Aprender a escuchar y satisfacer las señales de hambre y de saciedad. Que no haya castigos, que no te prohíbas ni etiquetes alimentos, que no haya un momento mejor o peor para comer. Que puedas escuchar tus necesidades y nutrirlas sin que haya nada más allá’’.

‘‘Tener buena relación con la comida y el cuerpo es estar en paz contigo. Sin rumiaciones, frustraciones, culpa o prohibición de alimentos’’.
Marian del Álamo.

‘‘La cultura de dieta lo que hace respecto al cuerpo es tratarte como un robot. Y no lo somos. Somos fluctuantes. Yo no me veo igual en invierno que en verano, por lo tanto no voy a comer igual en invierno que en verano. Además, las mujeres somos más cíclicas: yo no estoy igual antes de la regla que después. O antes de estar embarazada o cuando tenía 20 años. Pero no nos escuchamos. No escuchamos nuestro cuerpo. Esto es realmente una desconexión de quién eres, de qué necesitas. Tenemos que hacer un poco más de escucha. Pero, para ello, tenemos que parar’’, finaliza Miriam Salinas Gascón.

Headshot of Nerea Panicello

Nerea Panicello es experta en música, series y redes sociales. No hay canción pop que no haya pasado por los auriculares que siempre lleva puestos, entrega de premios Grammy o MTV VMA’s que no haya cubierto en directo o festival al que se haya quedado con ganas de ir. Tampoco ficción (serie o película) de Netflix o HBO Max de la que no se obsesione con el reparto y busque todas las teorías de los fans. Ni reel de Instagram o vídeo de TikTok viral que no haya recibido su ‘iike’. Su carpeta de guardados en IG está repleta de ideas para crear contenido.

Su momento favorito de la jornada laboral es cuando se sienta frente al artista o intérprete de turno para someterle a sus preguntas o a unos de los retos en vídeo de COSMOPOLITAN. Ha entrevistado a cantantes como Lola Índigo, Rauw Alejandro, Camilo o la banda Morat. También a actrices como Claudia Jessie (‘Bridgerton’), Kristen Stewart o Maisie Williams. Aunque siempre recordará sus cinco minutos de gloria con los Jonas Brothers.

Nerea se graduó en Periodismo por la Universidad Rey Juan Carlos en 2018. Antes de colocarse el birrete, realizó prácticas durante 2017 en la Revista de Ana Rosa Quintana. Lleva formando parte de Cosmopolitan desde 2018. Actualmente está terminando un Máster de Periodismo Digital y Nuevos Perfiles en la Universidad Rey Juan Carlos. En sus ratos libre, recibe clases de lengua musical y batería para seguir mostrando lo que no se ve las canciones.

Acumula seis años de experiencia, en los que ha elaborado temas para sus versiones ’print’, diariamente en digital y ejercido de Community Manager en cuantiosas ocasiones.