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Durante muchas décadas, como la de los 90, la moda nos pidió contención. Siluetas limpias, tonos neutros, lujo silencioso y una estética muy pulida. Pero las tendencias —como el deseo— funcionan porque rompen con lo anterior. Y en 2026 la moda responde con todo lo contrario: más volumen, más brillo, más presencia. Así nace ‘Glamoratti’, la tendencia que recupera el glamour ochentero y lo traduce a un nuevo lenguaje más poderoso y profundamente actual.
Esto no es algo que sólo pensemos nosotras, aunque nos haga profunda emoción, es algo que apoya Pinterest Predicts 2026 con su lista de máximas tendencias, que anuncia que está en auge el interés por el maximalismo, el lujo expresivo y las siluetas dramáticas. Y lo que empezó como una intuición visual hoy es una realidad confirmada por las pasarelas y el ‘street’ style’ de las expertas que coinciden en el diagnóstico: la moda vuelve a ser emoción, exceso controlado y espectáculo.
Qué es Glamoratti (y qué no)
La tendencia Glamoratti no es un disfraz ochentero, no te asustes. No se trata de copiar ‘looks’ del pasado, sino de rescatar la esencia: es lujo, sí, pero no silencioso. Es maximalismo, pero bien aplicado para ser favorecedor. Es glamour, pero con sentido en 2026. Realmente es una respuesta directa a años de discreción forzada.
Esta vez lo hemos visto venir de lejos en maquillaje: las sombras metalizadas y la estética extracelestial han sido las favoritas. Tras temporadas marcadas por la funcionalidad, la comodidad extrema y la estética “correcta”, la moda necesita volver a emocionar. Glamoratti conecta con una generación que entiende el vestir como una forma de identidad visual y narrativa. No es casualidad que esta tendencia surja en paralelo al cansancio del 'clean girl aesthetic' y la vuelta de los eventos, la noche y el deseo de arreglarse.
Maxiestampados
En el universo glamoratti, las flores sobredimensionadas o el 'animal print' son los reyes. La referencia inevitable es la década de los 80, cuando la moda entendió que más era más y que la elegancia también podía ser excesiva, teatral y absolutamente consciente.
Las flores XXL —dramáticas, saturadas, casi barrocas— remiten a esa feminidad poderosa que popularizaron las pasarelas de Roberto Cavalli, donde el estampado no decoraba, dominaba. En clave 'glamoratti', el floral no es naïf: es estratégico. Se elige en siluetas estructuradas o en trajes amplios, como los que hemos visto reinterpretados recientemente por Carolina Herrera. La clave está en la escala: cuanto más grande el motivo, más contundente el mensaje.
Y luego está el 'animal print', el estampado más indomable de los 80. Leopardo, cebra, pitón… no como guiño, sino como uniforme de seguridad estética. El glamoratti entiende el print salvaje como una extensión del carácter: sensual, seguro, ligeramente provocador. Pensemos en la herencia visual de Gianni Versace, donde el exceso era sofisticación y el estampado se convertía en símbolo de estatus. Hoy vuelve en 'total looks', en vestidos vaporosos o en abrigos XXL.
Trajes XL
Dentro del imaginario 'glamoratti', el traje XXL no es una simple silueta 'oversize': es un conjunto que demuestra que entiendes de moda sin tener que abrir la boca. No habla de comodidad relajada, sino de exceso controlado, de volumen entendido como lujo y de proporción pensada para que sea verdaderamente favorecedora. Es la reinterpretación contemporánea del 'tailoring' clásico, pero pasado por el filtro de una mujer que entiende la moda como algo práctico pero con identidad.
La clave está en el patrón. Hombros marcados, chaquetas que caen más allá de la cadera, pantalones amplios que rozan el suelo y cinturas insinuadas —no evidentes— que equilibran el conjunto. No tiene nada que ver con ir con aspecto de desaliñada; al contrario, exige precisión. Es el tipo de construcción que recuerda al saber hacer de la sastrería italiana de los 80, pero depurada, con tejidos nobles y una caída impecable.
Además, este tipo de traje funciona como lienzo para el resto del estilismo. Con gafas de sol XL, joyería protagonista o stilettos afilados que asoman bajo el bajo infinito del pantalón es el 'look' 100% fiel a esta tendencia. El contraste entre volumen y detalles afilados es lo que genera tensión estética. Es exceso, sí, pero con control absoluto.
Hombros marcados + faldas de tubo
Si esta tendencia tuviera uniforme de oficina, sería una silueta de hombros marcados y falda de tubo. Una reinterpretación directa del 'power dressing' ochentero, donde la estructura era sinónimo de autoridad. Los hombros amplios equilibran la figura, afinan visualmente la cintura y generan una línea vertical contundente; la falda lápiz, por su parte, estiliza, alarga y aporta tensión.
Firmas como Versace o Balmain han convertido esta construcción en símbolo de sofisticación dominante. En clave actual, se lleva con tejidos firmes, colores sólidos o maxiestampados, y joyería dorada XL. El resultado no es nostalgia, es presencia.
Joyas XL doradas
Las joyas XL doradas en este universo son el punto de partida que conecta directamente con esa idea de lujo visible que define esta estética: sofisticación sin timidez. Hay también una referencia clara al glamour setentero y al poder estético de los años 80: mujeres que entendían la moda como escenario y que utilizaban el dorado como símbolo de estatus y seguridad. Pero ahora se reinterpreta desde una mirada más depurada, donde la pieza es grande, sí, pero de líneas limpias, no es barroca; es estructural.
Lo interesante es cómo estas joyas elevan incluso el 'look' más minimal. Un top negro sencillo o una camisa blanca impecable adquieren otra dimensión cuando se combinan con pendientes dorados XL o un collar de eslabones gruesos. Esa es la esencia glamoratti: convertir lo básico en extraordinario a través de accesorios que no pasan desapercibidos.
Maxicinturones
Para esta tendencia el cinturón no sujeta: estructura las proporciones. Y cuando señalamos los maxicinturones, hablamos de arquitectura aplicada al cuerpo. Anchos, rotundos, muchas veces en piel rígida o con hebillas escultóricas doradas, se convierten en el punto exacto donde la silueta se redefine para estilizar al máximo.
La referencia inevitable vuelve a los 80, cuando marcar cintura era casi un gesto político. Firmas como Alaïa entendieron antes que nadie que ceñir el talle no era limitar, sino potenciar la figura. El cinturón ancho estiliza porque crea contraste: afina visualmente la cintura, alarga las piernas cuando se coloca sobre pantalones de tiro alto y equilibra volúmenes en blazers o abrigos oversize. En clave glamoratti, funciona como herramienta óptica y como declaración estética.
Sobre un traje XXL, el maxi cinturón transforma por completo la narrativa: pasa de androginia relajada a silueta poderosa y curvilínea en un solo gesto. Sobre vestidos fluidos o maxiestampados florales —tan propios del exceso sofisticado que evocan casas como Versace— introduce orden, tensión y sofisticación. Es ese elemento que convierte el “mucho” en “medido”.
Y luego está el factor lujo: hebillas con logo visible, acabados metalizados, pieles pulidas que recuerdan al savoir-faire italiano. En el 'glamoratti', el cinturón no se esconde; se exhibe. Se coloca alto, casi bajo el pecho para dramatizar proporciones, o firme en la cintura natural para construir esa silueta reloj de arena que estiliza de inmediato.
Porque si el traje XXL aporta poder y el maxiestampado presencia, el maxicinturón aporta control. Y en esta estética, controlar la silueta es dominar la escena.
Gafas de pasta grandes
En el imaginario 'glamoratti', las gafas XL de pasta no son accesorio, son la calve. Oscuras, rotundas, de montura gruesa y proporciones casi cinematográficas, construyen misterio y autoridad. Remiten inevitablemente al exceso sofisticado de los 80 y a esa idea de lujo visible que defendían casas como Gucci, Prada o Yves Saint Laurent: la mujer que observa, pero no se deja descifrar.
La clave está en la escala. Cuanto más grande la montura, más potente el contraste con el rostro, más estilizado el conjunto cuando se combina con traje XXL o maxiestampados. Funcionan como marco arquitectónico de la cara y elevan incluso el look más sobrio.
Las prendas con las que sumarse a la tendencia 'Glamoratti'
Paula Crespo es experta en moda y tendencias. Su principal fuente de inspiración viene de las pasarelas internacionales y las marcas españolas con mucha personalidad. No se pierde ninguna de las tendencias que nacen en las redes sociales de la mano de sus ‘it girl’ favoritas como Sarah Jessica Parker, Nieves Álvarez o Kate Moss.
Le fascina la fotografía y el mundo audiovisual, por eso adora perder la noción del tiempo entre revistas de fotografía de moda de sus modelos y firmas de lujo favoritas. El cine es otra de sus pasiones, podría pasarse horas viendo las mejores películas desde el nacimiento del cine, porque adora los clásicos y se conoce a las actrices más estilosas de todos los tiempos. Es una enamorada de encontrar firmas nuevas en las que encontrar joyas que la hagan sentirse especial, aunque también controla al milímetro las nuevas colecciones de las grandes marcas, como Zara o Massimo Dutti. Lo que más le gusta de su trabajo es acudir a todos los eventos con expertos de moda y descubrir nuevas tendencias. Además, se pasa el día imaginado el visual de las nuevas colecciones de las firmas que le vuelven loca y se pierde en un estudio sacando fotos a las modelos del momento.
Paula estudia el doble grado en Periodismo y Comunicación Audiovisual en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Recién estrenada en la redacción de Cosmopolitan, ya ha pasado por otros medios como El Generacional como redactora y fotógrafa de moda.








































