No hay reglas. Las opciones son infinitas: tejidos lisos, con algún degradado, estampados étnicos, geometrías, los cuadros de vichy más tradicionales o, incluso, adentrarse con el textil en el mundo de los animales, desde perros hasta flamencos, pasando por las vacas. "Vino el otro día una chica, que está por cierto en una agrupación y baila chotis — superjoven, que me encanta veros a gente joven. Digo: 'Dios, qué alegria'— y quería vacas. No, dijo: 'Me gustan las vacas'. ¿Te puedes creer que hay una tela con vacas que no dices: 'Dios mío, qué locura, qué horror'?. No, es chulísima", comenta Arancha Rodrigálvarez, una de las fundadoras de la dupla que está detrás de Carmen17, a la par que recorremos estanterías y estanterías llenas de telas entre las que buscamos la que dará cuerpo, color y forma a un vestido de chulapa. O, mejor dicho, con la que van a confeccionar ese traje que pasará de generación en generación. "¿Cómo es el dicho? 'El que va de verde, por guapo se tiene'", añade también Arancha al hilo del descubrimiento de esa particular tela 'animal print'. Se supone que el verde sienta mal. Se supone, porque aquí cada una tiene un estilo por descubrir. "Siempre hay alguien que te lo va a defender", formula a modo de mantra Arancha.

Mientras que el Ayuntamiento de Madrid ha invitado este año a todas las residentes en la capital a descargarse su patrón de traje de chulapa, en colaboración con la Asociación de Creadores de Moda de España, para ir bien cañí vestida por la pradera de San Isidro o Las Vistillas, desde el taller de Carmen 17, cercano a la Puerta del Sol, finiquitan en los días previos al 15 de mayo, la efeméride en la que la ciudad de Madrid honra a su patrón, su particular maratón para dejar a punto todos los trajes de blusa corpiño o 'crop top' más falda, así como aquellos chalecos con mensajes bordados que también han diseñado en conjunto de cara al día grande de las fiestas. Su colección 'Nuevo chulapeo' no puede ir más al quite de los tiempos que corren, donde ya no sólo la gente mayor y de mayor tradición se acerca a su taller para hacerse un traje de chulapa a medida. "Sobre todo desde el año pasado, ahora que ha nacido una tendencia en TikTok de compartir el chulapeo, está viniendo gente muy joven, de unos 20 años, y antes era más 30 o 40 años", cuenta Sofía Nieto, la otra cara detrás de Carmen17.

Fuera de sus clases en la escuela TAI, donde ambas forman parte del profesorado de la Diplomatura en Diseño de Moda y Vestuario, Carmen17 confecciona a día de hoy "unos 70 trajes, entre chalecos y trajes de falda, para gente de todas las edades", apunta Sofía. "Al principio eran dos o tres amigas, nosotras... y ha ido evolucionando progresivamente, ha ido habiendo más interés", añade asimismo. Si el chotis ha visto nacer de forma inesperada a una cantante como La Neomoderna, que ha versionado la mítica 'Rosa de Madrid' en hasta dos ocasiones, incluyendo en 'Rosa de Madrid 2' el mensaje de "organizarse es lo más potente que tenemos como sociedad, como inquilinas, como gente que no tenemos el control sobre nuestra vivienda", desde la moda también se ha abrazado el concepto del 'neochulapeo', la continuidad que le están dando las nuevas generaciones a la tradición más 'gata' para no dejar de reivindicar el acto de ir a la pradera, ocupar las calles y no dar de lado el origen desde una nueva perspectiva.

Esa renovación desde el atrevimiento fue también la que vivieron Sofía y Arancha en 2020 cuando los teatros cerraron en la pandemia del covid-19 y la confección de vestuario escénico, a la que se dedican desde 2011, se paralizó un tanto. "Una amiga nos animó a hacer una colección de ropa: 'Podría ser divertido que saquéis unas cuantas prendas y así nos entretenemos, os pillamos ropa 'online' y nos ilusionamos con la idea de que se acabe esto'", rememora Sofía sobre esa época. "Fue lo que hicimos, montamos una pequeña tienda 'online' con una colección que iba en torno a Marie Curie y la ciencia, porque usábamos un tejido que nos parecía una revolución ecológica, que es el tencel, que ahorra agua en su proceso de elaboración, y fue un éxito. A través de la 'newsletter' fuimos contando todo y hubo un montón de gente al otro lado que empezó a llegar a través de las redes sociales".

A partir del éxito de esa colección, relata asimismo Sofía, empezaron a hacer más ejercicios creativos con formatos de colección: "Es ahí donde empieza nuestro interés por crear moda que cuente historias. En ese momento lo que nos interesaba era el folclore, la raíz, las culturas identitarias de cada territorio... Como ya llevábamos unos cuantos años en el barrio, en Sol, sentíamos que se había ido desdibujando el panorama bastante —ahora mismo, es como un aeropuerto: todo está en inglés, las tiendas son multinacionales, los empleados tienen contratos temporales, entonces no conoces a nadie— y Madrid era una ciudad que acogía mucho la artesanía y los oficios antiguamente, y cuando nosotras empezamos también. Había mercerías, talleres de zapatos, de sombreros, de tintes... Teníamos un mapa lleno de presencia artesana. Sentíamos mucho esa ausencia de lo que se crea popularmente, a nivel vecinal".

una mujer vestida con un traje de chulapa de carmen17
Sandra Guerra / Carmen 17
Uno de los trajes de chulapa confeccionados por Carmen17

Así, después de sacar "un par de colecciones que dialogaban con la cerámica de Talavera de la Reina, el refajo manchego o las gorras de Ávila de centeno y de Montehermoso, en Cáceres" y ser nominadas a los Precios Nacionales de Artesanía dos años, surgió la semilla de empezar a hacer trajes de chulapa en 2017. "Arancha siempre tuvo esa inquietud y ahí fue cuando empezamos a pensar en ello, a hacer un traje a alguna amiga...", agrega Sofía. La de Carabanchel lo corrobora: a su habitual chaleco, el que usa para estas fiestas, sumó el año pasado su vestido de chulapa con estampado escocés.

De las telas a la sesión de fotos: el traje de 'neochulapa', a medida

De la mano de Arancha o Sofía, el proceso para un encargo de este tipo comienza con una visita a su taller en la calle del Carmen, número 17, para tomar medidas y probarse algún que otro prototipo de traje. ¿Será el 'crop top' con flecos en la espalda el elegido para la parte de arriba? ¿O ganará la blusa corpiño? Subiendo los escalones de una típica comunidad de vecinos de renta antigua del centro de Madrid, donde los peldaños de madera ya están más que desigualados, la ilusión de las que siempre hayan querido vestirse de chulapas desde pequeñas (o se acerquen a la idea siendo ya adultas) está más que latente. "Intentamos abordar el chulapeo con las menores fronteras, normas y delimitaciones posibles, es decir, que cualquier cuerpo pueda vestir con cualquier tipo de prenda: falda, chaleco, pantalón, traje de blusa o traje de chaqueta. Cada quien como quiera, mezclando todo y siendo lo más diversos posibles", explica Sofía sobre la confección de estos trajes.

Una vez tomadas las medidas, es hora de ir a una tienda de telas cercana, Julián López, situada en la calle de la Bolsa, 2, —sí, la de la tela con el estampado de vacas— para elegir la base del traje. "Nuestras propuestas de chulapeo las hacemos en dos piezas para que sean más versátiles, que sean prendas que estén en el armario y que no sea sólo el vestido de la verbena, sino que sea una falda que te puedes poner en un montón de ocasiones, una blusa que te puedes poner mucho... Y todo junto también. La idea de hacerlo todo personalizado es para sacar el universo de cada persona: hay gente más tradicional y luego hay gente más moderna; hay gente que viene del mundo del 'trap' o que le gusta la música 'rockabilly'; otras a las que le gusta algo divertido, la gente que le encanta el color, el atreverse... Cada uno con su historia, todo el mundo le termina de dar su toque", explica sobre este momento, una de las partes del proceso con las que más se divierte, Sofía Nieto. "Lo que más disfruto del proceso es el momento en el que vamos a por las telas y terminamos de crear el traje con colores, con estampados, las pasamanerías...", expresa asimismo. "Al final, hacerle algo a medida a alguien es casi como hacerle ropa a un personaje", puntualiza por su parte Arancha Rodrigálvarez.

una mujer vestida con un traje de chulapa de carmen17
Sandra Guerra / Carmen 17
Un traje con estampados de cuadros vichy confeccionado por Carmen17

Para algunas, elegir las telas puede llevar su tiempo, aunque la oportunidad de ver la tela a la luz natural o de tener consejos para que haya una parte de arriba con un color más vivo cuando la falda es, por ejemplo, más clásica, ayuda a salir con las cosas claras y una tela que no dará calor en entretiempo. "Nosotras huimos del lunar", deja claro Arancha, para dar la libertad de escucharse a una misma y ver hasta qué punto se quiere arriesgar en tonalidades y estampados. Es un traje de detalles, además, ya que la parte de los volantes la confeccionan con una tarlatana, un tejido que aporta cierta rigidez y volumen al traje, y en ella incluyen una tira de uno de los colores elegidos. "Está oculto, pero se ve cuando se baila, te mueves...", desvela Arancha.

Tras el primer encuentro, con un caramelo de violeta en la boca tras la salida del taller, sólo queda a esperar para una segunda cita en la que se rematarán los detalles y en la que se sigue trabajando con la idea del traje a favor de la figura, con intención de que cambie la experiencia de ir a la pradera al acudir vestida y sentirse cómoda y favorecida con un traje de chulapa a medida. "Hay mucha gente que se está poniendo la falda con chaleco, está empezando a ser tendencia", apunta Arancha a este respecto. "En los chalecos hicimos una propuesta para llevar en la espalda una rosca de claveles y poner una frase, palabras castizas como "enhebra, prenda", "armar la tremolina", "al cielo", "de aquí, de Madrid"... También hay gente que ha puesto emblemas como "guapa, lista y antifascista". Que cada quien pueda llevar ahí su personalización. También hacemos mantones con rosca de claveles", cuenta por su parte Sofía.

una mujer con un chaleco de chulapo
Sandra Guerra / Carmen 17
Un chaleco, con el mensaje ’Al cielo’, confeccionado por Carmen17

Desprendido ya de alfileres el traje y terminado de ajustar, con la comodidad de no llevar una falda muy entubada para no perder movilidad o de llevar incluida en la blusa un bretel para poder enganchar el tirante del sujetador, de llevarlo, y que no se vea esa tira por debajo de la blusa, toca la parte del encuentro antes de visitar la pradera. "Mola mucho conocer a la gente y luego, la sesión de fotos que hacemos anual y encontrarnos en la pradera, en Cascorro, en algún bar castizo... Y tomarnos unos vermuts, que nos hagan fotos mientras nos conocemos y pasamos una tarde de risas para el recuerdo. De ahí salen muchas amistades, la gente se vuelve a reconocer en la pradera", expresa Sofía.

Estos trajes de chulapa, así como los pañuelos o parpusas que se puedan llevar como accesorios de tiendas como Maty o D'Pertiñez, ubicadas asimismo en el centro de Madrid, van "con la personalidad de estar en la calle" que transmiten estas fiestas. "Esta iniciativa del chulapeo es también por crear un encuentro vecinal para dialogar con la gente en las fiestas. Con ese código de indumentaria ya tienes una colectivización, ¿no? Vas así vestida y hablas con la gente, formas parte de la fiesta... Antiguamente, San Isidro era una ocasión en la que nunca te pasabas por la pradera, al menos la gente de mi generación y más jóvenes, o si te pasabas era por mirar qué estaba haciendo la gente mayor o la gente más de tradición, pero no te sentías integrada. Con el cambio de chip de ir vestida y la indumentaria, se aviva un montón, se moderniza y se hace más real. No es algo que se ha quedado en el pasado, sino que se genera año a año con la creatividad de cada persona", sentencia Sofía.

"La gente que viene es de Madrid, de fuera, hay gente racializada, gente del colectivo LGTBQ+... La idea es integrar a todo el mundo porque eso es una fiesta de verbena entre vecinas, una celebración de lo colectivo, para que el chulapeo represente diversidad y apertura", expresa también Sofía a este respecto, sin olvidarse de nombrar toda esta colectividad como "una chispa para empezar una revolución", la de encontrarse, conocerse y crear vecindario en el centro de Madrid.