Rayo de sol. Margaritas con mantequilla. Volver amarilla a esta ratilla. Parece un conjuro fácil para cambiar el color de un pequeño ratón, ¿verdad? Pues al parecer no lo era tanto. Este fue el primer hechizo que vimos realizar en la saga de Harry Potter, concretamente en ‘Harry Potter y la piedra filosofal’, y el culpable es Ron Weasley tratando de convertir a su pequeña rata Scabbers en una rata amarilla.
Ron, así, intenta impresionar a su nuevo amigo, Harry Potter, pero no le sale bien y lo único que consigue es una chispa en el trasero de su mascota. Durante mucho tiempo, los fans se han preguntado por qué no funcionó bien el hechizo. ¿Quizá porque no añadió palabras en latín? ¿O porque no estaba lo suficientemente concentrado? Bueno, la explicación es mucho más simple pero, para saberlo, necesitabas haber leído los libros o haber visto 'Harry Potter y el prisionero de Azkabán' antes.
En la tercera entrega de la saga, descubrimos que Scabbers, quien había acompañado a la familia Weasley desde hace años, no era un roedor sino Peter Pettigrew. También conocido como 'Colagusano', amigo de los padres de Harry Potter y leal siervo de Lord Voldemort. Entonces, si no era realmente una rata, ¿cómo iba a funcionar el hechizo? No era problema de Ron, ni siquiera de sus hermanos, que son los que le enseñaron el hechizo. Fue del propio animal, el que, bueno, no era una rata al fin y al cabo.
Al igual que pasó cuando trató de convertirla en un cáliz. Era imposible que funcionara bien si no estaba tratando realmente con una rata, ¿no?












