En los últimos seis años nuestras casas han cambiado más que en décadas. Donde antes había una mesa auxiliar ahora hay un portátil; donde había un rincón vacío, hoy existe una silla de escritorio y una regleta llena de cargadores. El teletrabajo nos ha dado libertad y flexibilidad, pero también ha difuminado los límites entre vida personal y profesional. Y hay veces que eso pesa. Hace unos días, un compañero me decía: "Me niego a convertir mi casa en una oficina". Y razón no le falta porque, además, es un sentimiento que compartimos muchos. Por eso, ahora más que nunca, necesitamos que ese espacio funcione de verdad: que esté ordenado, pensado para nosotros y preparado para ayudarnos a concentrarnos durante el día… y a desconectar cuando cerramos el ordenador. ¡Pero que sea bonito!
La buena noticia es que no necesitas una reforma ni una habitación extra. Solo necesitas ganas, un poco de estrategia y soluciones prácticas como las de IKEA, que lleva años demostrando que el orden en casa no es cuestión de presupuesto, sino de saber organizarse bien. Porque sí, un espacio despejado reduce el estrés, mejora el foco y hasta evita discusiones absurdas por “¿has visto mi cargador?”.
Vamos paso a paso.
1. Ten una cajonera para “cerrar” la jornada
El primer truco es sencillo: todo lo pequeño necesita un sitio fijo. Bolígrafos, cargadores, grapadora, pósits, auriculares… Si se quedan encima de la mesa, tu cerebro sigue en modo trabajo incluso cuando ya has terminado.
La cajonera LENNART es perfecta para eso. Con el tamaño justo, es blanca, tiene ruedas y sus cajones transparentes te permiten ver lo que guardas sin rebuscar. Además, caben papeles tamaño A4, así que puedes archivar documentos sin doblarlos ni apilarlos sin sentido.
El ritual es simple: terminas tu jornada, guardas todo dentro y dejas el escritorio despejado. Ese detalle, aunque parezca pequeño, marca un antes y un después. Es como cerrar la puerta de la oficina… aunque estés en el salón.
2. Apuesta por muebles que se muevan contigo
En pisos pequeños, la flexibilidad es clave. El almacenamiento con ruedas cambia completamente la dinámica del espacio. Puedes moverlo para limpiar, reorganizar o simplemente para adaptar la habitación a otro momento del día.
Cuando tu casa se adapta a ti y no al revés, todo fluye mejor. Esa sensación de control visual y físico influye más de lo que pensamos en nuestra productividad. Si algo estorba, se mueve. Si necesitas más espacio, lo creas. Así de simple.
3. Combina almacenaje abierto y cerrado
Uno de los errores más comunes es pensar que ordenar significa esconderlo todo. No es así. El equilibrio entre mostrar y ocultar es lo que hace que un espacio parezca bonito, pero también funcional.
La estantería KALLAX es ideal justo por eso. Puedes colocarla en vertical como estantería o en horizontal como aparador. Su diseño limpio encaja en casi cualquier estilo y te permite jugar con cajas, organizadores y huecos abiertos.
¿Libros bonitos? ¿plantas? ¿objetos que te inspiran? A la vista ¿Papeles sueltos? ¿cables? ¿carpetas que no quieres ver todo el tiempo? En cajas o módulos cerrados. Ordenar no es vaciar. Es decidir qué merece ser visto y qué no.
4. Separa ambientes si trabajas en el salón
Si tu oficina comparte espacio con el salón o el dormitorio, necesitas crear límites visuales. No hace falta hacer obras en casa para levantar una pared y conseguirlo. Cuando terminas de trabajar, esa separación visual te ayuda a desconectar de verdad.
El armario TROTTEN es perfecto como separador de ambientes. Tiene almacenaje abierto y cerrado, puertas correderas que se pueden cerrar con llave y acceso por ambos lados si lo colocas en el centro de la habitación.
Puedes guardar papeles, carpetas y dispositivos ocultos tras las puertas, y dejar estantes abiertos en la parte visible. Incluso, permite incorporar un tablero de notas para crear una zona más creativa o privada. También ayuda a absorber sonido, algo que se agradece mucho en videollamadas.
5. Cuida la pared que sale en tus videollamadas
Tu pared es tu fondo de pantalla real. Y sí, la gente se fija. Un soporte como VISBÄCK te permite colgar láminas fácilmente con un solo tornillo. Puedes cambiar los pósteres cuando te apetezca o incluso colocar dos usando solo la parte superior del soporte. Es una forma sencilla de darle personalidad a tu espacio sin complicarte.
Si además quieres que sea algo que vayas a utilizar en el día a día, el tablero perforado independiente SKÅDIS es una solución práctica y aesthetic. Puedes usarlo como separador sobre el escritorio y aprovecharlo por ambos lados. Ahí caben auriculares, notas, pequeños accesorios o recordatorios. Todo visible, pero ordenado. Menos cosas sobre la mesa significa menos distracción visual.
6. Esconde los cables (tu paz mental lo agradecerá)
Los cables desordenados arruinan cualquier estética, por muy bonita que sea la silla o la lámpara. Y generan una sensación constante de caos.
La caja SMARRA, de bambú tejido, es perfecta para guardar cargadores, cables o pequeños accesorios tecnológicos. Es decorativa, permite intuir lo que hay dentro y encaja muy bien en estanterías profundas. El almacenamiento también consiste en esconder lo que no aporta nada visualmente y mostrar aquello que suma.
7. Crea una pequeña rutina de orden diaria
No todo depende del mueble. También influye lo que haces cada día. Dedica cinco minutos al final de la jornada para ordenar lo que está a la vista, revisar papeles y dejar todo listo para el día siguiente. No es una limpieza a fondo, es mantenimiento.
Cuando vuelves al escritorio por la mañana y lo encuentras despejado, tu energía es distinta. Empiezas con claridad, no con sensación de caos.
8. Recuerda por qué lo haces
No se trata solo de que tu oficina parezca sacada de Pinterest o de que quede bien en Instagram. Se trata de tu paz mental. Cuando cada cosa tiene su sitio, pierdes menos tiempo buscando, reduces el estrés y ganas sensación de control.
Una casa ordenada alivia la ansiedad y mejora la concentración. Y con soluciones asequibles como las de IKEA, conseguirlo está al alcance de cualquiera. Empieza por un cajón. Luego una estantería. Después esa caja para cables que llevas meses posponiendo. Poco a poco, tu espacio cambia. Y cuando tu espacio cambia, tu rutina también.
Piluca Santos es periodista especializada en moda y belleza, aunque lo que realmente le hubiera gustado en la vida es ser modelo. Podría haber arrancado su trayectoria profesional ganando Elite Model Look, pero nunca se presentó (por falta de centímetros, obvio) y prefirió empezar su carrera en Vocento. Primero en la revista Pantalla, especializada en cine y televisión, y, más tarde, en Mujerhoy. Y, desde entonces, aunque nunca se ha subido a una pasarela, siempre ha estado vinculada al periodismo de moda y belleza en revistas de lifestyle, como la citada Mujerhoy, InTouch, Divinity, Mujer.es, Woman, Lecturas, InStyle, Clara, El Mueble, Elle, Marie Claire..., e incluso ha pasado por las revistas de 'Gran Hermano', 'La Voz'... Ahí es nada.
Actualmente, además de teclear en Esquire y Vozpópuli, trabaja en el departamento de comunicación de una marca cosmética. Vamos, esta chica es, como diría la gran Paquita Salas, una periodista 360: lo mismo te redacta una nota de prensa, que te recomienda los mejores retinoides o te cuenta las últimas novedades en champús anticaída. No hay nada en el mundo que le guste más que probar productos de belleza. Y sí, es de esas personas que cada vez que un pintalabios cae en sus manos tiene que estrenarlo, aunque siempre acabe usando el mismo 'lip combo'. Analiza con lupa los INCIS de los cosméticos y está encantada de ayudarte si alguna vez tienes alguna duda sobre belleza. A veces siente que Sephora se está perdiendo un gran talento.
Con 8 años les dijo a sus padres aquello de "papás, quiero ser periodista". En 2006, por fin, pisó por primera vez la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense. Allí, además de catar una buena cantidad de palmeritas de chocolate de la mítica cafetería, reafirmó su vocación: quería vivir para escribir (o sobrevivir escribiendo, que es parecido, pero no es lo mismo). Sin embargo, después de licenciarse, pensó que le podía sacar más partido a su don de gentes y estudió un Máster en Dirección de Comunicación en CESMA Business School, donde le explicaron que un relaciones públicas no era una persona que repartía flyers, sino un 'guest relation'. Y, oye, sí que lo aprendió bien porque esta formación, sumada a su experiencia como periodista, le sirvió para trabajar en la agencia de Comunicación y Relaciones Públicas Omnicon, catalogada como una de las mejores del mundo. Madrugadora por convicción (y obligación, Piluca tampoco quiere engañar a nadie porque los artículos no se escriben solos), todavía no ha sacado tiempo para escribir una chick lit, su gran proyecto de futuro. Casi todos los días lo intenta. Casi el lunes, casi el martes, casi el miércoles... Pero ese mañana nunca llega ¿o sí?







