Desde hace más de una década, ordenar la casa ha sido algo más que una simple tarea doméstica: ahora también es un fenómeno cultural y mundial. Cuando Marie Kondo apareció en nuestras vidas con su método KonMari, millones de personas comenzaron a mirar sus armarios con otros ojos porque ordenarlos también significaba mirar(se) hacia dentro, hacia nuestras emociones. Desde el éxito internacional de ‘La magia del orden’, su debut literario, la gran experta japonesa de la organización nos han ensañado a quedarnos sólo con lo justo y necesario; ni nada más, ni nada menos. Pero si pensabas que su universo terminaba aquí, en los cajones perfectamente doblados y en la ropa del armario colocada por colores, estás equivocada.

Con el lanzamiento de su primer libro, además de sus dos programas de televisión –'¡A ordenar con Marie Kondo!' y '¡Sé feliz con Marie Kondo!', disponibles en Netflix–, Marie Kondo ha continuado plasmando sobre el papel todos sus trucos y consejos para ayudarnos a ser felices, dentro y fuera del hogar. Su carrera comenzó en 2011, en Japón, y, desde entonces, su filosofía de vida no ha dejado de cruzar fronteras, incluidas las nuestras. 'La felicidad después del orden', 'La felicidad en el trabajo' y 'El método kurashi: cómo organizar tu espacio para crear tu estilo de vida ideal' fueron sus siguientes manuales.

Ahora, la autora, empresaria y consultora de organización japonesa regresa a las librerías con una propuesta diferente, mucho más personal e íntima. A partir del 26 de marzo, podrás leer 'Carta a Japón', donde Marie Kondo abre su corazón a través de una carta de amor escrita para sus hijos. Una carta que se transforma en un baúl de los recuerdos, en una oda a la cultura japonesa que la acompaña desde pequeña con una prosa delicada y muy cuidada, llena de belleza y gratitud.

Aguilar 'Carta desde Japon', de Marie Kondo

'Carta desde Japon', de Marie Kondo

Tenemos una noticia que hará especial este lanzamiento: en COSMOPOLITAN podrás leer en exclusiva un fragmento de 'Carta desde Japón' antes de su publicación. Para ello, sólo tienes que registrarte en nuestra web a través del formulario que podrás encontrar en esta misma página.

Como los cerezos que comienzan a florecer de nuevo, es el momento de hacer una pausa: prepárate un té y deja que las palabras de 'Carta desde Japón' te envuelvan. Este libro no sólo va de orden, sino de memoria, de raíces y legados. De aquello que aprendemos, conversamos y buscamos transmitir generación tras generación. No te pierdas esta oportunidad y comienza a leer la faceta más humana de Marie Kondo.

Fragmento: Kawaii かわいい

En un día cualquiera, puedo decir la palabra 'kawaii' cinco o seis veces, si no más. Es, sin lugar a dudas, una de las palabras que con mayor frecuencia utilizan muchos japoneses. 'Kawaii' se traduce como "bonito" o "adorable", pero, al igual que "alegrar" o "producir felicidad", es un término que captura esa sensación inefable que nos remueve el corazón. Ese sentimiento de calidez y confort que se eleva desde lo más profundo de nuestro ser cuando vemos algo que nos resulta muy dulce y encantador. Las patitas sonrosadas de un gatito. Las mejillas regordetas de un bebé. Un delicado platito con una tarta de fresas. Es una sensación que hace que queramos abrazar el objeto de nuestra adoración y dar grititos de alegría.

Como madre de tres hijos, utilizo a menudo esa palabra para describirlos. Ellos son el centro de mi vida y, cuando me hacen reír o los veo hacer algo que me parece fascinante, no hay otra palabra que capture mi afecto con tal inmediatez. 'Kawaii' surge regularmente en nuestras conversaciones cotidianas por su extraordinaria versatilidad. Cuando encuentro algo que encaja a la perfección con mis gustos —ya sea una prenda de vestir o una pieza de mobiliario diseñada en un estilo que adoro—, 'kawaii' es lo primero que se me escapa espontáneamente de los labios. Porque, pese a ser una palabra tan pequeña, consigue decir mucho.

Se cree que 'kawaii' deriva de la expresión 'kao hayushi' (顔映ゆし), que se traduce literalmente como "cara radiante" o "ruborizada". Aparecida a finales del periodo Heian (794-1185), esta expresión no sólo hacía referencia a situaciones que resultan embarazosas o incómodas, sino también a aquellas que tocan la fibra sensible o suscitan compasión. A medida que evolucionaba hasta la moderna 'kawaii', su definición se expandió para incluir el afecto que despiertan las cosas pequeñas, débiles y necesitadas de protección. Y desde finales del periodo Edo (1603-1867), la palabra se utiliza en el sentido que conocemos hoy: un término versátil que expresa afecto, aprobación y placer por todo aquello que hace nuestro mundo un poco mejor.

Por supuesto, ninguna explicación sobre los orígenes de la palabra estaría completa sin mencionar los adorables personajes ilustrados que han convertido Japón en la meca global de lo 'kawaii'. Ningún otro país del mundo está tan entregado a esas criaturas tan entrañables y achuchables. Esa obsesión nacional constituye una ventana única para observar la psique japonesa. Desde Hello Kitty hasta Pokémon o Gudetama, los admiradores de la cultura 'kawaii' tienen al menos un personaje de ficción cuya ilustración aparece estampada en sus pertenencias personales.

En la actualidad, mi personaje favorito es Chiikawa, el protagonista del webcómic epónimo creado por el ilustrador conocido como Nagano. Desde su aparición en internet, Chiikawa se ha convertido en una gran sensación, expandiéndose también a cómics y series de anime que siguen las numerosas y reconfortantes aventuras del personaje y sus amigos. Una criatura pequeña y blanca de aspecto ratonil, con una gran cabeza redonda, diminutas orejas redondeadas y las mejillas siempre ruborizadas, Chiikawa encarna el 'kawaii' en su forma más pura. Incluso su nombre es una abreviatura de la expresión nipona "Nanka chiisakute kawaii yatsu", que se traduce como "algo pequeño y lindo". Chiikawa es tímido, sensible y de lágrima fácil, lo cual podría remitir sutilmente al significado original de 'kawaii' como algo digno de compasión. Incluso el trasfondo de su historia es 'kawaii'. A pesar de su corta estatura, Chiikawa vive en una casa enorme que ganó en la lotería. Es tímido, llora con frecuencia y le asustan los monstruos, pero siempre intenta ser valiente y ayudar a sus amigos cuando lo necesitan. Se comunica usando su propio lenguaje encantador, y dice a menudo "yada" o "iyada", que son maneras infantiles y juguetonas de decir "no" en japonés. De modo que, desde su aspecto a su personalidad, Chiikawa es completamente 'kawaii'.

Conocí a ese personaje gracias a mis hijos. En la actualidad, Chiikawa es todo un fenómeno entre los niños japoneses. Al principio no pensé mucho en ello, pero algo cambió cuando empecé a llevar un pequeño neceser para cosméticos que me había regalado una amiga y que tenía la imagen de Chiikawa estampada. Cada vez que iba a abrir el neceser, ver su sonrisita encantadora era como un recordatorio de que debía pararme y respirar hondo en medio de un día ajetreado. Hacía que me sintiera querida y relajada, como si la diminuta criatura me animara a seguir adelante con la jornada. Ese es el efecto especial que tiene un personaje 'kawaii'.

La comercialización de los productos 'kawaii' empezó a ponerse de moda en Japón ya en el periodo Taisho (1912-1926), especialmente gracias a Yumeji Takehisa, considerado como el padrino del 'kawaii'. Takehisa era un innovador artista y diseñador gráfico que trabajó durante una época de transformación y modernización del país. El periodo Taisho fue testigo de una importante expansión de los medios de comunicación, entre ellos los periódicos y las revistas populares, junto con el desarrollo del teléfono y el telegrama. La sociedad empezó a poner un mayor énfasis en el individualismo y la libertad personal, y la creciente influencia de la cultura occidental propició el florecimiento de diversas manifestaciones artísticas.

En 1914, Takehisa abrió su tienda en Tokio, Minatoya Ezoshiten, donde se vendían postales, juegos de escritorio, papel decorativo 'chiyogami' y 'yukatas', estampados con sus distintivos y líricos diseños. Fue una figura capital del movimiento denominado romanticismo Taisho, un enfoque creativo que mezclaba magistralmente los motivos artísticos occidentales con la sensibilidad estética tradicional japonesa. Takehisa fue muy conocido por sus retratos de mujeres, a las que solía dibujar como figuras esbeltas de grandes y expresivos ojos, y que parecían tan cómodas ataviadas con kimonos como con vestidos y faldas.

Las mujeres de Takehisa se caracterizaban por un toque de melancolía que era indicio de su rica vida interior. Sus representaciones cautivaron a las jóvenes durante una época en que un creciente número de ellas tenía acceso a la educación secundaria y disfrutaban por primera vez de tiempo de ocio y de ingresos económicos. Al dibujar y comercializar productos específicamente diseñados para la sensibilidad de ese emergente sector de mujeres modernas, Takehisa encabezó el movimiento 'kawaii' y estableció el patrón de atractivo comercial y estético que resonaría con tanta fuerza en las generaciones posteriores. Por cierto, el Museo Takehisa Yumeji, ubicado en Bunkyo, Tokio, es uno de mis lugares favoritos. La arquitectura de estilo antiguo y su atmósfera tranquila constituyen un telón de fondo perfecto para las obras de Takehisa, y me hacen sentir como si hubiera retrocedido en el tiempo. Resulta de lo más relajante, y me encanta visitar tanto el museo como la cafetería contigua.

Otra figura clave en la historia del 'kawaii' fue el ilustrador y diseñador Rune Naito, que dejó su huella en la época de la posguerra, cuando Japón emprendió su afanoso ascenso para convertirse en una gran potencia económica. La influencia directa de su obra es claramente visible en la mayor parte de lo que hoy reconocemos como 'kawaii'. A Rune le encantaba utilizar bonitos motivos animales en sus diseños, y su Panda Rune, inspirado por una visita a los osos panda del Zoo de Londres, alcanzó una enorme popularidad en la década de 1970. El Panda Rune tenía un cuerpo mullido y esponjoso, unas mejillas sonrosadas y unas orejas redondeadas, características que continúan resonando en personajes 'kawaii' contemporáneos como Chiikawa.

Sus ilustraciones de chicas jóvenes también desempeñaron un papel fundamental a la hora de establecer el universo 'kawaii' moderno. Sus icónicas Chicas Rune, que aparecieron publicadas por primera vez en la revista para adolescentes 'Junior Soleil', encarnaron el optimismo de posguerra con sus atuendos de brillantes colores caramelo, sus chispeantes expresiones y sus enormes y resplandecientes ojos que miran hacia el futuro. Rune también es reconocido por transformar motivos aparentemente mundanos como flores, frutas y hortalizas aplicando un tratamiento visual 'kawaii'.

Durante la década de 1950, cuando el hogar todavía se consideraba predominantemente dominio de la mujer, surgió un renovado interés por el estilo de vida femenino. Los productos que llevaban estampados los motivos y diseños de Rune introdujeron la estética 'kawaii' en la casa de muchas jovencitas, impregnando su vida cotidiana de color y alegría. Más adelante, las compañías empezaron a buscar inspiración en Rune y su enfoque tendente a lo comercial. Sanrio, fundada en 1960, se convirtió en un gigante empresarial de los productos de consumo apelando a los gustos de los jóvenes por medio de sus diseños 'kawaii' y de personajes como Hello Kitty.

Es fascinante que la cultura 'kawaii' empezara como un esfuerzo por introducir un poco de placer y aliento en nuestra vida cotidiana. La conexión con nuestro yo interior se ha vuelto sorprendentemente tenue, y es muy fácil perder de vista lo que nos produce auténtica felicidad. Percibir algo como 'kawaii' nos ayuda a redescubrirnos y a escuchar más atentamente a nuestro corazón. Lo que nos parece 'kawaii' es a menudo un reflejo de nuestro yo interior; nuestras elecciones reflejan nuestros gustos y valores únicos, y experimentamos una alegría especial cuando compartimos con otros nuestro aprecio por algo adorable. Nada une más a dos personas que su amor compartido por algo que ambas consideran 'kawaii'. Esa es, sin duda, una de las razones por las que la cultura 'kawaii' se ha convertido en un fenómeno global de tal magnitud. Aquello que encontramos lindo y adorable tiene la capacidad única de unir a gente de toda clase y condición.

Ya he mencionado mi cariño por el personaje de Chiikawa, pero ¿qué más considero personalmente como 'kawaii'? Pues, por ejemplo, mi taza de té favorita. Tiene una tapa en la que aparece un dibujito de un pájaro. Aunque a otros les puede parecer muy simple, yo sólo podría describirlo como 'kawaii', por la línea curvada de su espalda y la forma dulcemente redondeada de su cuerpo. Del mismo modo, la ropa cuidadosamente doblada me resulta algo de lo más enternecedor. Las prendas dobladas y guardadas con cariño poseen para mí un sentimiento de orgullo, como si volvieran a recuperar su autoestima. Las pulcras hileras de ropa hermosamente doblada, apiladas una tras otra en un cajón, representan otra deliciosa manifestación de lo 'kawaii'.

Si visitaras mi casa, una de las cosas que encontrarías en la entrada es un pequeño acuario. En su interior, ejemplares de peces tropicales como el tetra neón nadan junto a unas diminutas gambas de agua dulce cuyo nombre científico es 'Neocaridina davidi'. Una gamba no es algo que normalmente se considere lindo. Los ojillos redondos y el exoesqueleto duro hacen que su imagen parezca más extraterrestre que adorable. Sus rasgos afilados y su aspecto de insecto no encajan con las características suaves y redondeadas de lo 'kawaii'.

Entonces ¿qué es lo que hace que estas gambas me resulten tan adorables? ¡Sus antenas! Vistos de frente, de estos animalillos despuntan un par de antenas que se extienden con precisión desde su cabeza. Además, sus movimientos en el agua —maniobras breves y rápidas, de arriba abajo— me parecen de lo más encantador. Lo que una persona encuentra irresistiblemente adorable puede no tener el mismo atractivo para otra. Lo 'kawaii' es una cuestión de gusto personal basada en tu perspectiva singular y única. Siento el mismo cariño enternecedor por el medaka, también llamado pez arroz japonés. Aunque su aspecto es mucho más sencillo que el de sus llamativos compañeros tropicales de pecera, los medakas, con su color blanco cremoso y sus ojos cómicamente enormes, constituyen la quinta esencia de lo 'kawaii'. Me encanta observar sus diminutas aletas agitándose arriba y abajo. No es extraño encontrarme delante de este acuario, murmurando repetidamente para mí: "Kawaii!".

La presencia de algo 'kawaii' puede tener un efecto reconfortante en las interacciones sociales, y la experiencia compartida de lo 'kawaii' proporciona a la comunidad un sentimiento de unidad

En Japón abundan las oportunidades de exclamar "Kawaii!" prácticamente a cada paso. Hay objetos lindos y adorables por todas partes. Tanto en grandes centros comerciales como en pequeñas tiendas de proximidad, las estanterías están abarrotadas de productos 'kawaii'. Hay museos, cafeterías e incluso calles íntegramente dedicadas a la enorme cantidad de personajes 'kawaii' creados en Japón. La próxima vez que te encuentres caminando por las calles de Tokio, ¡trata de contar cuántos objetos 'kawaii' puedes ver! Da la impresión de que ningún anuncio o escaparate en Japón esté completo sin una linda mascota de algún tipo. Incluso los rótulos de hospitales y gasolineras o las advertencias de seguridad en ascensores y puertas de metro vienen adornados con encantadoras imágenes antropomorfizadas de animales u otros objetos inanimados. El carácter ubicuo de esta tendencia me ha llevado a intentar profundizar en la importante función que desempeña la estética 'kawaii' en la sociedad nipona.

En los últimos años, he observado que cada vez son más los turistas que no limitan su visita a la capital del país, sino que se aventuran también a explorar las zonas rurales. No importa qué prefectura visites: pararte en una tienda de souvenirs antes de subir al tren bala garantiza encontrarte con una mascota 'kawaii' que no verás en ninguna otra parte. En la prefectura de Ehime, conocerás a Mikyan, una criatura híbrida entre mandarina y perro que representa las deliciosas mandarinas satsuma de la región. En Hikone, en la prefectura de Shiga, encontrarás a Hikonyan, un gato blanco que luce alegremente el casco ensangrentado de samurái con cuernos dorados que llevaba Ii Naomasa, un daimio o señor feudal que gobernó la región durante el periodo Edo. También tenemos a Kumamon, un oso negro con mejillas rojas y unas finas cejas blancas sobre unos ojos redondos muy abiertos, que es el símbolo de la prefectura de Kumamoto. Gracias a su desenfadada personalidad, Kumamon se ha convertido en todo un icono nacional, y poco después de su lanzamiento generó un extraordinario impacto económico para la prefectura de unos 714 millones de dólares.

Aunque la tendencia se inició en la década de 1980, hoy en día todas las prefecturas, e incluso los pequeños municipios, han creado sus propios personajes. De forma genérica, son conocidos como 'yuru-chara', una combinación de la palabra japonesa para "personaje" y 'yurui', que se traduce como "suelto", "relajado" o "tierno". Estas mascotas son algo más que unas figuras encantadoras; son también un eficaz instrumento de marketing y un símbolo cultural que genera importantes beneficios económicos para sus respectivas regiones. Ejercen como embajadores de facto y representan singularidades locales, desde alimentos hasta hitos o monumentos históricos.

Ya sean criaturas vivas, inanimadas o ficticias, estos embajadores desempeñan un papel fundamental como promoción de la imagen de marca del país. Las compañías suelen utilizar estos personajes bidimensionales como mensajeros para comunicarse con el público y los clientes. ¿Por qué este sistema es tan común? Tal vez la respuesta se encuentre en la cultura mediática japonesa, donde el manga y el anime han ocupado tradicionalmente un lugar prominente. Es posible que los japoneses estén históricamente condicionados para buscar personajes ficticios en los que confiar y para apreciar la eficacia de un relato visual. Por otra parte, ¿podría el origen de la fascinación por los objetos inanimados humanizados estar relacionado con el sintoísmo? Esta religión originaria de Japón se basa en el concepto de 'yaoyorozu no kami' (八百万の神) o "los ocho millones de dioses", que sostiene que todo en este mundo —desde las montañas y los ríos hasta los objetos cotidianos— está imbuido de una esencia espiritual. No me importa reconocer que yo considero los objetos inanimados como algo más que meras cosas, y así interactúo con ellos. La ropa que llevo y los utensilios que utilizo en mi casa son algo que aprecio sumamente, ya que me protegen y posibilitan mi vida cotidiana. Tal vez esa empatía me hace —a mí y a otros muchos japoneses— especialmente susceptible al atractivo de esos objetos antropomorfizados de ojos saltones.

En cualquier caso, lo 'kawaii' se ha convertido en un gran negocio. Al incorporar personajes y diseños lúdicos, las marcas apelan a las emociones y hacen que los productos sean más confiables y atrayentes. Esta estrategia se aplica a todos los sectores industriales, desde la moda a la tecnología, y su atractivo a nivel global ayuda a las compañías a captar consumidores atentos a las tendencias e incluso a crear momentos virales.

Hace unos años, cuando me dirigía en taxi desde el aeropuerto de Narita hasta Tokio después de un viaje al extranjero, vi algo extraordinario. Exhausta y con un fuerte 'jet lag', apenas podía mantener los ojos abiertos mientras miraba por la ventanilla. Hacía un día nublado y sombrío, y el tráfico se arrastraba lentamente por la congestionada carretera. Mientras el taxi avanzaba a paso de tortuga, empecé a reconocer las estampas familiares de Tokio: grupos de alumnos de instituto con uniformes, pequeños supermercados, madres montadas en bicicleta con sus hijos detrás, vallas publicitarias y rótulos llenos de colorido. De repente, algo captó mi atención y me erguí en el asiento.

Había conejos de plástico en la carretera: unos sonrientes conejos amarillos sosteniendo lo que parecían ser unas flores de color rosa. Toda una hilera de animalitos, una barricada, alineados de pie al lado del arcén, y junto a ellos un obrero de la construcción con un casco blanco y un chaleco de seguridad a rayas blancas y naranjas. En claro contraste con los alegres conejos, el obrero parecía bastante taciturno mientras dirigía el tráfico con un bastón rojo. Fue entonces cuando me di cuenta de que los conejos de plástico eran conos de tráfico, ingeniosamente remodelados para presentar un aspecto 'kawaii'. En efecto, por detrás de los conejos había un agujero de tamaño considerable en el pavimento, rodeado por un grupo de obreros que manejaban equipamiento y maquinaria pesada.

Siempre que pienso en la cultura 'kawaii' japonesa, me acuerdo del día en que vi aquellos conos de tráfico. No había ninguna razón práctica por la que tuvieran que presentar un aspecto tan adorable. Aquellos alegres y adorables conejitos no anunciaban nada. Un juego de conos de tráfico normales habría funcionado igual de bien. Entonces ¿por qué los habían remodelado al estilo 'kawaii'?

Una vez tuve ocasión de hablar con uno de los socios de una importante compañía de alimentación nacional, y en cierto momento nuestra conversación derivó hacia el tema de la cultura 'kawaii'. Cuando le pregunté por qué en Japón tantos servicios y corporaciones se basaban en esa estética, me explicó que los elementos 'kawaii' podrían considerarse una muestra de buena voluntad por parte del comunicador. Era una forma de proyectar su intención de hacer el bien y mostrar consideración hacia los sentimientos de los demás. Esa explicación, esa manera de ver las cosas, caló con fuerza en mi interior.

La presencia de unos obreros en la carretera puede ser un inconveniente para mucha gente, y visualmente suele ser poco atractiva. Los conos de tráfico con forma de conejitos funcionaban como un sutil reconocimiento visual de esa disrupción. Su función era apelar a la comprensión de la gente y proyectar el mensaje de que, en última instancia, estaban ahí por una buena causa. La estética 'kawaii' puede hacer que las situaciones difíciles resulten más tolerables.

Antes he mencionado que, al igual que 'tokimeki' o "despertar felicidad", 'kawaii' es una palabra que expresa un sentimiento amoroso difícil de explicar. Pero, mientras que 'tokimeki' puede experimentarse como una alegría poderosa y vigorizante, 'kawaii' produce una sensación más afectuosa y ambigua. La presencia de algo 'kawaii' puede tener un efecto reconfortante en las interacciones sociales, y la experiencia compartida de lo 'kawaii' proporciona a la comunidad un sentido de unidad.

Hoy en día, la palabra 'kawaii' parece ser conocida en todo el mundo y apenas requiere traducción. Sin embargo, tuve una interesante experiencia que me hizo pensar más profundamente en su definición. A raíz de mis programas en Netflix, me hicieron numerosas entrevistas y aparecí en los medios tanto de Estados Unidos como de otros países. Durante esos encuentros, la gente me comentaba a menudo que era muy bajita. No pensé mucho en ello, ya que siempre he considerado mi corta estatura una parte de mi personalidad. Pero, en cierta ocasión, después de haber grabado un segmento de una entrevista para televisión, una productora me llevó aparte. "Siento mucho lo que el entrevistador te acaba de decir. Ha sido una grosería —me dijo, avergonzada—. No debería haberte llamado 'mona'".

Al principio, me quedé muy desconcertada por su comentario, pero cuando entendí a qué se refería, lo que me causó fue sorpresa. Siempre había considerado que "mono" o "lindo" era el equivalente en español de 'kawaii'. Sin embargo, he comprendido que a veces esas palabras pueden transmitir cierta connotación de inmadurez o hacer sentir inferior al otro. Sé que, dependiendo de la situación, la palabra japonesa también puede tener un trasfondo negativo. Pero, en comparación con "mono" o "lindo", la definición de 'kawaii' me parece mucho más amplia y matizada.

Si prestas atención a las situaciones y cosas a las que los japoneses llaman 'kawaii', seguro que te sorprenden. 'Kawai'i no siempre significa que algo sea lindo o adorable. Las cosas 'kawaii' tienen carácter. Son maravillosamente extravagantes. Es posible que consideres que no hay nada adorable en, pongamos, tu jefe de mediana edad siempre enfadado. Pero si, inesperadamente, un día descubres que a ese mismo jefe le encantan los perros y ves cómo sonríe deforma afectuosa a un cachorrito, en japonés sería perfectamente aceptable llamarlo 'kawaii'. En el momento en que alguien muestra una inesperada peculiaridad o vulnerabilidad, tiene potencial para convertirse en 'kawaii'. Las cosas 'kawaii' no son perfectas, pero son totalmente ellas mismas. Así pues, no resulta sorprendente que, en la década de 1990, el distrito Harajuku de la capital se convirtiera en sinónimo de lo 'kawaii'. Conocido por su imagen colorida, libérrima y maximalista, Harajuku continúa siendo lugar de referencia para la experimentación más audaz en cuestión de estilo personal. El barrio representa el lado más rebelde de la estética 'kawaii', ya coge a jóvenes que buscan forjar su propia identidad sin limitaciones ni imposiciones sociales. Tal vez hayas visto el vídeo musical que la cantante japonesa Kyary Pamyu Pamyu grabó para su éxito mundial "PONPONPON". Si existe una encarnación humana perfecta de la cultura 'kawaii' tal como se concibe en el distrito Harajuku, esa sería Kyary.

En su vídeo, Kyary aparece luciendo enormes lazos rosas y amarillos en el pelo, saltando y bailando en una habitación abarrotada de juguetes, recipientes de comida, prendas, muñecas y accesorios de vibrantes colores que parecen haber sido todos pasados por un filtro 'kawaii'. La música y la coreografía son muy rítmicas y divertidas, pero también hay una excentricidad caprichosa en los elementos visuales del videoclip. Incluso la letra, con su bucle continuo de "pon pon pon", es totalmente disparatada. El vídeo refleja la alegría y energía ilimitadas de una joven a solas en su habitación, llena hasta los topes de las cosas que le producen felicidad. Kyary parece querer decir que, dentro del espacio seguro de su cuarto, su imaginación puede volar completamente libre. Viendo el vídeo, no es de extrañar que la creatividad de la cultura 'kawaii' de Harajuku cautivara al mundo y se convirtiera en inspiración para numerosos artistas y estrellas del pop. Hoy en día, la definición más apropiada de 'kawaii' parece ser la de la expresión personal sin restricciones.

A medida que nos hacemos mayores, todos empezamos a sentir el peso de las expectativas sociales. Tratamos de encajar dentro de nuestra casilla y comportarnos según las normas que han establecido para nosotros. La sociedad japonesa en particular tiene una tendencia a mantener el orden por medio de unos estrictos códigos de conducta y un sentido del decoro. Cuando eres adulto en una sociedad así, llevar algo lindo o adorable puede causar vergüenza, ya que podría verse como un signo de inmadurez o poca seriedad. Tal vez esto sirva para explicar aún mejor por qué el concepto de 'kawaii' es tan importante y necesario en Japón.

Si te fijas bien, los productos 'kawaii' están por todas partes, y me encanta la manera en que nos ayudan a ver a la gente que nos rodea bajo una nueva luz. La carcasa de Hello Kitty en el móvil de tu compañera de trabajo. Tu intimidante vecino y su inesperadamente adorable perro shiba inu. Ese personaje con pinta de esponjoso hámster cuyos dibujos adornan la taza de café favorita de tu socio. Los objetos 'kawaii' pueden ser pequeños, pero nos enseñan una lección sorprendentemente grande: a aceptar la vulnerabilidad y la excentricidad no sólo en nosotros mismos, sino también en los demás.

Contra las presiones y el peso de las expectativas que experimentamos en nuestra vida cotidiana, los objetos 'kawaii' nos permiten tomarnos un momento de 'relax' y disfrutar de las cosas que amamos. Nos sirve como un recordatorio de que debemos dar cabida al lado más tierno de nosotros mismos y de los demás; nuestro amor por lo 'kawaii' es lo que nos hace únicos a cada uno. Piensa en todas esas pequeñas cosas de la vida que te parecen adorables, dulces o achuchables. ¿Qué te dicen sobre ti mismo? ¿Qué pueden enseñarte sobre lo que necesitas en este momento preciso de tu vida?

Headshot of Redacción Cosmopolitan

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