Nos encontramos en un punto de la historia en el que por suerte ya no todo es válido. Pese a algunos comentarios que resuenan en relación a que actualmente no se puede decir nada, el avance de la sociedad y la deconstrucción que la misma ha realizado nos ha hecho mejores personas, más inclusivas y más respetuosas. Sin embargo, sabemos que haber alcanzado este lugar mental puede generar una dicotomía: ¿soy capaz de leer una obra cuyo contenido considero reprobable, pero disfrutarlo, entenderlo y tomar como legítimos los aprendizajes que me aporta? Esta pregunta nos ha colocado, probablemente de manera inconsciente, en la situación de rechazar, juzgar y no releer libros clásicos, incluso antes de haberles dado una oportunidad.

Aunque es posible que esta reflexión no la hubiéramos alcanzado sin el último título que Luna Miguel, la escritora, ensayista y poeta de obras como ‘Leer mata’ (2022), ha presentado en librerías. Su título es ‘Incensurable’ (ed. Lumen, 2025) y desarrolla un ensayo ficticio con la obra de ‘Lolita’, de Vladímir Nabokov, y su eterno repudio en el centro. ‘‘Es una novela que recoge muchas cosas que ya aparecen en buena parte de la literatura universal, como la violencia del ser humano y específicamente la violencia del ser humano hombre. Ya lo teníamos en toda la mitología, no hace falta irse muy lejos para ver situaciones tan indeseables como las que ocurren en ‘Lolita’. Sin embargo, creo que es la primera vez que muchos de esos planteamientos se pusieron directamente en la cara y, además, como una advertencia’’, nos cuenta.

ed. LUMEN ‘Incensurable’

‘Incensurable’

Luna Miguel escribió ‘Ingobernable’ a raíz de leer y analizar profundamente ‘Lolita’ en su club de lectura: ‘‘Me di cuenta de muchas de las cosas que en la última década no se habían dicho ni se habían planteado a propósito de ese libro. También me enfrenté a una serie de lectoras que llevaban mucho tiempo sin afrontar textos canónicos escritos por hombres. Entonces, una de las cosas, o de los cortocircuitos que tuve, era ver que, de hecho, muchas de las lecturas feministas recientes nos habían dado una especie de nuevo ánimo para leer lo canónico. No desde el desprecio, ni desde el asco, ni desde el hartazgo, sino a través de herramientas nuevas. La lectura de Susan Sontag, de Virginia Woolf y de un montón de otras autoras más jóvenes nos habían brindado nuevos instrumentos para encarar este clásico’’.

A colación de esta deconstrucción, no duda en destacar la verdad absoluta de que siempre hemos tenido pudor de leer ‘Lolita’ porque nos sentimos testigos del abuso de un hombre hacia una menor. Es más, la autora conserva el recuerdo de leérselo por recomendación cuando era pequeña ‘‘porque era casi para ligar, ¿no? Eso de: ‘Me recuerdas a Lolita’. Aunque entiendo por qué se lo recomendaría yo a una niña ahora. Sería casi como prevención, como libro que podría resumir tan bien cuáles son los trucos y las tretas de los abusadores para hacerte creer que eres el centro del mundo y para engañarte’’, comenta. Aquí queda plasmada la modificación del significado histórico que se le puede dar a una obra para sacar provecho de la misma. Entonces, ¿por qué hemos rechazado ‘Lolita’ y otros clásicos por inercia?

Estamos hechos para consumir todo rápido y que sea comprensible de una primera mirada. Lo que viene a proponer ‘Lolita’ y muchos otros es que siempre hay algo más

‘‘Estamos en un mundo en el que lo queremos todo directo. En ciertas modas poéticas la metáfora ha desaparecido y sólo se dice lo que se dice y ya está. Parece que estamos hechos para consumirlo todo rápido, todo a gusto y que todo sea comprensible de una primera mirada. Pero lo que viene a proponer ‘Lolita’ y muchos otros, de los que creo que hacen que el arte sea arte, es que siempre hay algo más. La lectura contemporánea nos impide muchas veces disfrutar de una obra como la de Nabokov o como la de tantísimos otros porque somos tan ansiosos que no esperamos a una relectura, no esperamos a mirar más allá del fondo blanco de la página’’, sentencia.

Nos pone como ejemplo de su hipótesis otro libro clásico: ‘Ulises’ (1920), de James Joyce. ‘‘Se nos ha dicho que es complicado pero, ¿por qué? Por el lenguaje, por la forma, por el número de páginas... ¡Pero si nos metemos un montón de tochos de fantasía o de novela romántica y los consumimos con mucho gusto! Por lo tanto, esas inercias que nos llevan a rechazar literatura clásica creo que tienen que ver muchas veces con la combinación de estos factores — tema difícil más lenguaje complejo o trama no muy clara más longitud o lenguaje complejo—, que sabemos que nos va a hacer pensar y posicionarnos. Porque ahora nos posicionamos muy fácil, pero eso no quiere decir que hayamos leído la obra, que hayamos escuchado el disco, que hayamos pasado horas analizando esa corriente a la que nos estamos adscribiendo o desadscribiendo. Lo que creo que nos da miedo es la profundidad. ‘¿Y por qué?’, me pregunto. Pues evidentemente porque no tenemos tiempo, porque tenemos vidas precarias y porque pensamos que dedicar una relectura a ‘Los hermanos Karamazov’ (novela de Fiódor Dostoyevski) teniendo tantas cosas que hacer en la vida, precisamente, nos la va a quitar. A veces, hay que quitarse un poco de vida leyendo para poder encarar también los grandes problemas a los que nos presentamos’’, expresa.

Nos da miedo la profundidad porque no tenemos tiempo y vivimos vidas precarias. Pensamos que leernos un libro clásico teniendo tantas cosas que hacer nos va a quitar vida cuando precisamente nos la da

Es cierto que a todas nos gustaría tener más tiempo libre para sucumbir a nuestras curiosidades y expandir la mente. ¡Probablemente tú también te hayas propuesto en algún momento de este año leer más! Pero como es algo que lamentablemente no depende solo de un nivel individual, mejor nos centraremos en la agencia que sí podemos llevar a cabo: cómo no juzgar un libro. Luna Miguel es creyente de que es imposible no hacerlo: ‘‘Una cuestión tan tonta como que no te guste la portada, la editorial, que te parezca absurda la contraportada, ridículo el texto que han escrito detrás, o incluso que la cita de promoción que eligen la haya escrito a alguien que te caiga mal nos hace juzgar. Hay muchas barreras antes de llegar al disfrute de un libro o a su posible crítica, porque al final la literatura es conversación y, si una tiene ese título enfrente, es porque quiere conversar con él. El trabajo de la lectura es ese: el de conversar, y para conversar hay que tener prejuicios y estar dispuesto a quitárselos’’.

Hablando de posibles prejuicios, y aprovechando que estábamos ante una escritora feminista, quisimos preguntarla por su opinión sobre leer exclusivamente títulos de mujeres: ‘‘Creo que, como con todo, hay que sopesarlo, ir con cuidado y saber cuáles son las herramientas que tenemos, cuáles son las que nos faltan y cuáles las que queremos descubrir. Yo misma he priorizado, y me alegro mucho de haberlo hecho, lecturas de mujeres a las que no conocía. Yo me acuerdo de cuando el autor Javier Marías, en un momento dado, escribió una columna hastiado con la recuperación que se estaba haciendo de la obra de Gloria Fuertes en España. Lo que yo pensé en ese momento es: ‘Vale, tampoco es que Gloria Fuertes sea mi poeta favorita, pero quiero leerla por mí misma’. Algo que ha sucedido durante esta última década es que muchos grandes escritores nos han dicho que no hacía falta leer a ciertas mujeres porque no eran tan buenas, cuando debemos leer por nosotros mismos para decidir lo que es bueno, lo que no, lo que nos gusta y lo que no, porque a veces podemos disfrutar de lo que no es bueno también. De la misma manera, me preguntaba: ¿qué pasa si hacemos lo contrario, si no leemos a Dostoyevsky o a Nabokov? Esa crítica que yo le hacía a un escritor macho, que parecía que nos quería prohibir el descubrir a una autora que todavía no habíamos leído bien, no es lo que yo quiero hacer desde mi posicionamiento como escritora feminista. Yo quiero seguir leyendo a los hombres, disfrutar de lo canónico y saber por qué ese libro es tan importante y ha marcado los niveles de excelencia. Como decía Cristina Morales: ‘Hay que leer al macho también para darnos la oportunidad de poder criticarlo con nuestras herramientas’’’.

El trabajo de la lectura es conversar, y para hacerlo hay que tener prejuicios y estar dispuesto a quitárselos

Con esta lección que nos ha dado, sólo nos faltaba preguntarle qué títulos recomienda hasta la saciedad para disfrutar de los libros clásicos de la literatura, aprender a no juzgarlos y no permitir que caigan en el olvido. Apunta: ‘Las flores del mal’, de Charles Baudelaire, para cualquier lector que no lea poesía pero quiera disfrutarla, destacando el poema ‘Tristezas de la luna’; ‘Madame Bovary’, de Gustave Flaubert, para leerlo con otros ojos; ‘La risa de la medusa’, de Hélène Cixous, una filósofa feminista del que acaban de editar este ensayo en España; y ‘Pura pasión’, de Annie Ernaux.

‘‘¿Un último comentario antes de terminar esta charla?’’, le preguntamos a Luna Miguel en una clara petición de que no concluya. ‘‘Tenemos que releer más. Puede que me suceda porque soy una fanática de la relectura, pero cada vez que vuelvo a algunas de estas obras de las que te estoy hablando, siento que hay algo nuevo, que es la primera vez, y eso es el logro también de una escritura tan maravillosa. Además, es importante que la lectura curiosa vaya siempre de la mano de que no se olvide el pasado, porque es disfrutable y merece nuevas lecturas. Leer, leer y leer. Cuanto más leamos, más herramientas tendremos para el siguiente libro y para poder decidir qué es lo que conforma la biblioteca de nuestro corazón’’, finaliza.

    Headshot of Nerea Panicello

    Nerea Panicello es experta en música, series y redes sociales. No hay canción pop que no haya pasado por los auriculares que siempre lleva puestos, entrega de premios Grammy o MTV VMA’s que no haya cubierto en directo o festival al que se haya quedado con ganas de ir. Tampoco ficción (serie o película) de Netflix o HBO Max de la que no se obsesione con el reparto y busque todas las teorías de los fans. Ni reel de Instagram o vídeo de TikTok viral que no haya recibido su ‘iike’. Su carpeta de guardados en IG está repleta de ideas para crear contenido.

    Su momento favorito de la jornada laboral es cuando se sienta frente al artista o intérprete de turno para someterle a sus preguntas o a unos de los retos en vídeo de COSMOPOLITAN. Ha entrevistado a cantantes como Lola Índigo, Rauw Alejandro, Camilo o la banda Morat. También a actrices como Claudia Jessie (‘Bridgerton’), Kristen Stewart o Maisie Williams. Aunque siempre recordará sus cinco minutos de gloria con los Jonas Brothers.

    Nerea se graduó en Periodismo por la Universidad Rey Juan Carlos en 2018. Antes de colocarse el birrete, realizó prácticas durante 2017 en la Revista de Ana Rosa Quintana. Lleva formando parte de Cosmopolitan desde 2018. Actualmente está terminando un Máster de Periodismo Digital y Nuevos Perfiles en la Universidad Rey Juan Carlos. En sus ratos libre, recibe clases de lengua musical y batería para seguir mostrando lo que no se ve las canciones.

    Acumula seis años de experiencia, en los que ha elaborado temas para sus versiones ’print’, diariamente en digital y ejercido de Community Manager en cuantiosas ocasiones.