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En COSMOPOLITAN estrenamos una nueva forma de acercarte historias que están a punto de marcar el debate literario. A partir de ahora, podrás leer en exclusiva el primer capítulo de algunos de los libros más esperados de este 2026 antes de su publicación oficial. Y por supuesto, como no podía ser para menos, inauguramos esta nueva iniciativa con ‘El novio”, la nueva novela de Freida McFadden que promete convertirse en su próximo 'best seller' en España. Para ello, sólo tienes que registrarte en nuestra web en el formulario que encontrarás en esta misma página.
No tenemos ninguna duda de que Freida McFadden es una de las autoras del momento. Uno de esos nombres que comienzan a subir como la espuma y que ya son difíciles de olvidar porque está en boca de miles (e incluso de millones) de personas. Sus novelas se devoran en cuestión de horas, las recomendamos compulsivamente y continúan ocupando, publicación tras publicación, los primeros puestos de las listas editoriales; de hecho, 'La asistenta', su gran 'best seller' internacional, fue el libro más vendido el año pasado en nuestro país. Si todavía no has caído rendida ante su fascinante universo, este es el momento perfecto para hacerlo.
Fiel a su estilo, la escritora estadounidense regresa a las librerías el próximo 29 de enero con una buena dosis de suspense psicológico lleno de tensión y de muchas incógnitas por resolver. Sydney Shaw, la protagonista, harta del desastre que son las citas en Nueva York, cree haber encontrado por fin al hombre perfecto: atractivo, encantador y médico. Pero mientras una serie de asesinatos sacuden la ciudad y la policía busca a un misterioso hombre que salía con sus víctimas, una inquietante duda empieza a rondarle: ¿y si su novio ideal no es quien dice ser?
Sí, ya sabemos que te has enganchado a ‘El novio’ con sólo leer qué esconden esta trama que promete ser tan adictiva porque a nosotras nos ha pasado igual. Así que no desaproveches esta oportunidad y descubre cómo empieza la historia de Sydney Shaw. Acabarás contando los días hasta su publicación, seguro.
Capítulo 1: En la actualidad. Sydney.
¿Quién es este hombre? ¿Y qué ha hecho con mi cita?
Se supone que he quedado con un hombre que se llama Kevin para cenar esta noche a las ocho. Bueno, se suponía que íbamos a tomar unas copas a las seis –de las copas es más fácil huir–, pero Kevin me envió un mensaje a través de Cynch, la aplicación de citas, para decir que se estaba retrasando en el trabajo y preguntarme si podíamos posponer el encuentro para cenar a las ocho.
Pese a saber que era un error, dije que sí.
Pero Kevin me parecía de lo más agradable cuando nos estuvimos enviando mensajes. Y, en sus fotos, era mono. 'Muy' mono. Tenía una sonrisa aniñada con un brillo en los ojos y llevaba su pelo castaño claro encantadoramente revuelto y caído por la frente. Parecía un Matt Damon de joven. He tenido un montón de citas malas en Cynch, pero esta vez me sentía cautelosamente optimista. Incluso he llegado pronto al restaurante y he pasado los últimos diez minutos esperando ansiosa en la barra a que llegara.
–¿Sydney? –me pregunta el hombre que está delante de mí.
–Sí.
Me quedo mirando al hombre a la espera de que me diga que Kevin ha muerto en un trágico accidente de taxi cuando venía de camino a nuestra cita porque, desde luego, este hombre no es Kevin. Pero, en lugar de eso, extiende la mano.
–Soy Kevin –se presenta.
No me muevo del taburete.
–¿De verdad?
Vale, seamos sinceros. Nadie tiene tan buen aspecto en la vida real como en las fotos de las aplicaciones de citas. Es decir, si lo que quieres es conseguir una cita, no vas a poner una foto tuya recién levantado de la cama y con resaca. Vas a arreglarte, a hacerte como cincuenta fotos distintas desde cada ángulo posible y con una docena de opciones de iluminación, y vas a elegir la mejor. Es lo más sensato.
Y, oye, a lo mejor esa foto tan perfecta te la sacaste hace diez años. Yo no estoy de acuerdo con este razonamiento, pero entiendo por qué lo hace la gente.
Pero este tipo…
Para nada es el mismo hombre de su perfil de Cynch. Ni de hace diez años ni de nunca. No me lo creo.
Aunque es un gesto desagradable, saco el móvil de mi bolso y abro la aplicación delante de él. Comparo al hombre atractivo y de aspecto juvenil de la foto con el que está delante de mí. Eeeeh…, no.
Mi cita de esta noche es, por lo menos, diez años mayor que el hombre de la foto y está en los huesos, rozando lo cadavérico. Creo que su color de ojos también es distinto. Su pelo rubio empieza a clarear, pero lo que queda de él es largo y está recogido por detrás en una coleta descuidada.
Este no es el mismo hombre que el de la foto. Estoy aún más segura de eso que de saber que me gusta dar largos paseos por Central Park y darme atracones de Netflix.
–Sí, soy yo –me asegura el falso Kevin. (Aunque, en realidad, el de la foto es el falso Kevin. A lo mejor el de la foto sí que es Matt Damon. Empiezo a pensar que podría serlo).
Me dispongo a protestar diciendo que no se parece en nada a la foto, pero las palabras suenan de lo más superficial en mi cabeza. Vale, sí, Kevin es enormemente distinto a su foto de perfil, pero ¿de verdad importa eso? Hemos estado enviándonos mensajes por Cynch y da la impresión de ser un tipo bastante agradable. Debería darle una oportunidad.
Y, si la cosa no funciona, mi amiga Gretchen me va a llamar dentro de veinte minutos con una excusa inventada para sacarme de aquí. Jamás en la vida voy a una cita sin planear una llamada de rescate.
–Me alegra mucho conocerte en la vida real –dice el Kevin real–. Eres exactamente igual que en la foto.
¿Espera que yo diga lo mismo? ¿Es una especie de prueba?
–Ajá –respondo.
–Venga. Vamos a sentarnos.
Nos dan un reservado en un rincón del bar. Y mientras nos dirigimos hacia allí, no puedo evitar fijarme en lo alto que es Kevin. Tiendo a sentirme atraída por los hombres altos, pero este necesita con urgencia un poco de carne en los huesos. Es como si fuese caminando junto al palo de una escoba.
–Me alegra que por fin estemos haciendo esto –me dice Kevin mientras se desliza por el asiento enfrente de mí. ¿Por qué lleva tan mal hecha la coleta? ¿No podría al menos haberse peinado antes de nuestra cita?
–Yo también –respondo, lo cual no es más que una mentirijilla.
Me recorre con la mirada. Una expresión de aprobación se dibuja en su cara cadavérica.
–Ahora que nos conocemos en persona, Sydney, debo decirte que estoy convencido de que eres la mujer perfecta.
–Ah, ¿sí?
–Sin ninguna duda. –Me sonríe–. Si cerrara los ojos y me imaginara a la chica perfecta, serías tú.
Vaya. Eso es… encantador. Posiblemente uno de los cumplidos más bonitos que me han dicho en una cita. Gracias, Kevin Real. Empiezo a alegrarme de haberme quedado. Y, como he mencionado antes, me gustan los hombres altos, así que, aunque sea infinitamente distinto a su foto de perfil, siento una pequeñísima atracción.
–Gracias.
–Bueno –añade–, excepto por los brazos.
–¿Los brazos?
–Los tienes algo flácidos. –Arruga la nariz–. Pero, por lo demás, uf. Como te he dicho, eres la mujer perfecta.
Un momento. ¿Tengo los brazos muy flácidos? ¿De verdad acaba de decirme eso?
Y, lo que es peor, ahora estoy empezando a examinarme los brazos con disimulo. ¿Por qué me he puesto un vestido sin mangas esta noche? Solo tengo en mi armario dos vestidos sin mangas. Podría haberme puesto algo con mangas que hubiera ocultado mis, según parece, espantosos brazos, pero no, he elegido este.
–¿Os traigo algo para beber?
Hay una camarera de pie junto a nosotros y nos mira con las cejas levantadas. Aparto los ojos de mis monstruosos brazos y la miro.
–Para mí… una Coca-Cola Light.
–¿Una Coca-Cola Light? –Kevin parece agraviado–. Qué aburrida. Pídete una copa de verdad.
Nunca bebo alcohol en una primera cita con un hombre al que he conocido en Cynch. No quiero que se me altere el juicio de ninguna forma.
–La Coca-Cola Light es una copa de verdad.
–No, no lo es.
–Bueno, es un líquido. –Le fulmino con la mirada desde el otro lado de la pegajosa mesa de madera–. Así que yo diría que es una copa.
Kevin mira a la camarera poniendo los ojos en blanco.
–Muy bien, yo quiero una Corona y ella una Coca-Cola Light. –A continuación, guiña un ojo a la camarera y le susurra un "lo siento".
Lanzo una mirada a mi bolso, que está a mi lado. ¿Cuándo me va a llamar Gretchen? Necesito una vía de escape.
Pero a lo mejor no estoy siendo justa. Solo conozco al Kevin Real desde hace cinco minutos. Debería darle una oportunidad. Al fin y al cabo, por eso es por lo que le he dicho a Gretchen que me llame a los veinte minutos de la cita. Cinco minutos es un juicio prematuro. Si no puedo concederle a un tío más de cinco minutos, voy a tener primeras citas durante los próximos veinte años. Y ahora que ya he cumplido treinta y cuatro, no puedo permitirme ese lujo.
–Joder –comenta Kevin sin dejar de mirar a la camarera mientras va a por nuestras bebidas–. Ella sí tiene unos brazos bonitos. Gretchen, ¿dónde estás?
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