Joana Marcús tiene tan sólo 24 años y lleva casi la mitad de su vida escribiendo. Fue exactamente a los trece cuando publicó en Wattpad su primera historia completa, aunque desde los once ya consumía contenido en esta plataforma. "Entré como lectora porque no tenía dinero para comprarme cada novedad que salía", confiesa la autora. Eso, sumado a que la mayoría de la gente que escribía era de su edad, le conquistó de inmediato. Se enamoró de sus historias y de lo que estas despertaban en ella. "Me entró la curiosidad de si yo sería capaz de despertar eso en alguien más", reconoce. Probó, y menos mal, porque gracias a eso ahora divide su tiempo entre sus estudios y sus libros, y nosotras podemos disfrutar de sus absorbentes historias.

La escritora acaba de sacar 'Sempiterno', la segunda parte de su novela 'Etéreo' y el final de la bilogía 'Extraños'. Este es el desenlace de la historia de amor de Caleb y Victoria, cuyos mundos se han desmoronado. Ambos tendrán que enfrentar el pasado y desafiar el olvido, pues será su única posibilidad de supervivencia. ¿Serán capaces de cambiar su destino? La autora, que define esta historia como "más oscura y más madura" que las anteriores, reconoce que tenía ganas de explorar ese lado "menos bonito" y nos confiesa qué opina sobre sus personajes y la posibilidad de que estos cambien su destino. Además, Joana Marcús nos ha hablado de qué ha cambiado desde sus inicios en Wattpad, del proceso creativo del libro y de cómo lleva el ser un fenómeno editorial.

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Leticia Díaz de la Morena.

Tu libro ‘Sempiterno’, continuación de Etéreo, salió el 22 de mayo. ¿Qué podemos esperar de esta historia?

Al ser una segunda parte es un poco difícil hablar de ella sin desvelar cosas de la primera, pero sí que puedo decir que creo que es mi libro menos 'la vida es bonita, todo termina bien'. Es el menos 'fan service' que he hecho en toda mi vida, pero me gusta mucho, porque siento que no es ni triste ni feliz. Es algo realista y un concepto que nunca había utilizado en ninguno de mis libros.

Es más oscura que las anteriores. Siempre me gusta que la gente se quede con la sensación de que la vida es preciosa y me apetecía cambiar un poco, madurar la historia, volverla más realista y más impactante. Vengo de 'Antes de diciembre' y de 'Ciudades de humo' —que son las dos primeras sagas que escribí—, y claro, cuando eres jovencita siempre te apetece escribir sobre cosas más felices, más llenas de color, de vida, de personajes que se lo pasan genial... y cuando vas creciendo también te apetece explorar el otro lado.

"Es muy difícil poner distancia cuando te ves reflejada en tus personajes y lo vives todo con ellos"

El dolor, la pérdida de identidad y la búsqueda de pertenencia son temas que aparecen en el libro, ¿qué implicación emocional tienes a la hora de escribir esto?

Es complicado, porque estos dos libros los escribí con 17 años, que es un momento en el que sientes que todo el mundo te está obligando a tomar decisiones y tú todavía no sabes quién eres y no has vivido lo suficiente como para saber qué quieres. Yo estaba en ese momento y quería trasladarlo a los personajes. Cuando haces eso, es muy difícil poner distancia, porque al final te ves reflejada en ellos y lo estás viviendo con ellos. Te cuesta mucho ser objetiva, y quieres que todo les salga bien, que la conclusión sea bonita.

Tuve que pararme a pensar qué era lo que necesitaba la historia, sin pensar en qué era lo que quería para mí. Con libros anteriores fue mucho más fácil poner distancia, porque no eran problemas que fueran tan personales.

Estamos a punto de ver qué pasará con Caleb y Victoria, ¿tú crees que se puede cambiar el destino?

Pregunta superfilosófica, me encanta. Creo que sí se puede cambiar, que no hay nada escrito, porque tú puedes hacer lo que quieras con las consecuencias de tus actos; puedes tomar mejores o peores decisiones y siempre van a ser tu responsabilidad. Eso es un arma de doble filo, porque no hay nadie a quien culpar. Puede que te guste la consecuencia inmediata, pero la que tiene a largo plazo no tanto, y tienes que aprender a vivir con ella.

Eso es lo que están haciendo estos personajes durante todo el libro. Para mí el destino en estos libros no es el concepto religioso o metafísico, sino que más bien es la consecuencia de unos actos. Este libro trata mucho sobre las decisiones que se han tomado en el primer libro, los riesgos que se han decidido asumir y qué consecuencias tienen en este segundo.

"¿Quién eres si no recuerdas lo que has vivido y todas las cosas que te han traído hasta aquí?"

El destino y la memoria mueven esta historia. ¿Dónde está el equilibrio entre ambos?

Creo que la memoria es la base de la humanidad, al final ¿quién eres si no recuerdas lo que has vivido y todas las cosas que te han traído hasta este punto de tu vida? Cuando pierdes la memoria lo pierdes todo. Y el destino es la consecuencia de esto, así que creo que son dos conceptos muy distintos y que representan cosas muy diferentes, pero a la vez van de la mano.

En este libro hay personajes que están recuperando su memoria y tienen que redescubrirse a sí mismos y entender quiénes han sido y si quieren volver a ser esa persona o cambiar. Eso también es una consecuencia del destino.

¿Cómo ha sido el proceso creativo de este libro?

Ha sido más fácil de lo que siento que la gente cree. Cuando vemos a los escritores desde fuera, romantizamos mucho su vida y pensamos que tienen 40 esquemas preparando cada personaje, sus gustos, etc. Yo no hago nada de eso, yo abro el documento y empiezo a escribir. Sí que tengo ideas preconcebidas de lo que quiero que pase, pero a veces me dejo llevar tanto por los personajes, lo que están viviendo y cómo están evolucionando, que esas ideas dejan de tener sentido. El proceso creativo es ser tu propia lectora en ciertos aspectos y creo que es lo más divertido, es lo que te engancha.

Escribiendo estoy yo sola y no dependo de nadie (mientras llegue a ciertos tiempos que necesita la editorial), entonces soy muy caótica: puedo estar una semana entera sin escribir nada, aunque no lo disfrute, y luego puedo estar un día entero sin dejar de escribir y teniendo que parar al cabo de doce horas porque me doy cuenta de que ni siquiera he ido al baño. Soy muy inconstante, pero creo que también está bien en el sentido de que sólo escribo cuando realmente me apetece escribir y estoy inspirada, porque si no, me saldría una cosa que no me haría sentir orgullosa.

¿Cuando escribiste 'Etéreo' ya sabías que habría segunda parte?

No, nunca sabes muy bien por dónde va a ir la historia y no siempre sabes cuánto se va a alargar la trama. Yo intento dejar un espacio para cada parte importante, como por ejemplo es el romance. Intento que sea lento y que no pase todo inmediatamente para que el lector entienda por qué se están enamorando estos personajes, por qué estos dos se odian o por qué hay una dinámica tan extraña entre ambos. Intento que todo tenga sentido y eso requiere tiempo. Llega un punto en el que llevas 120.000 palabras y todavía no hay una conclusión clara. Ahí ves que puede que la trama dé para otro libro y tomas la decisión.

¿Puedes quedarte con alguno de los dos?

¡Uy! Eso es un '¿quieres más a papá o a mamá?' Depende un poco del 'mood' en el que esté. Pero voy a admitir que yo siempre he sido muy fan de las conclusiones, me gustan más que los inicios. Siento que, por ejemplo, en este caso, 'Etéreo' es un libro muy introductorio, que te está presentando toda la estructura de fantasía, para que te metas en ella y te sientas parte del grupo de personajes y de la familia que crean. Y luego, en 'Sempiterno' ya los tienes a todos ubicados, ya sabes quiénes son, cuál es la habilidad de cada uno, cuáles son sus fortalezas y debilidades, y puedes jugar con ello. Es mucho más rápido, es de acción constante y eso hace que me divierta mucho como escritora. Entonces yo creo que me quedaría con el segundo.

¿Serías capaz de enamorarte de alguien que desconoce el significado del amor como le ocurre a Victoria con Caleb en ‘Etéreo’?

(Se emociona). Pero, ¡por supuesto! Sin dudarlo. ¿Tú sabes lo que sería eso para una escritora de literatura romántica? Es la gasolina que necesitamos todas. Me encantaría, o sea, lo tomaría como un experimento personal.

¿Normalmente te sueles inspirar en vivencias personales a la hora de escribir?

Depende. Sí que te inspiras en detalles como: mi mejor amigo es muy fan de esta banda de música, entonces voy a poner que le gusta mucho a este personaje. Y es verdad que hay veces que algunas cosas son un poco autobiográficas, pero nunca es tal cual me ha pasado. Siempre son detallitos o sensaciones que me recuerdan a lo que he vivido. Es que escribir es muy íntimo, ¿cómo vas a escribir algo sin meter algo de ti misma?

"Vivo el éxito desde un punto muy externo o muy disociado. Ha venido todo muy rápido"

Has vendido más de 100.000 ejemplares de 'Etéreo' en todo el mundo, ¿qué presión pone en ti el ser un fenómeno editorial?

Madre mía, si lo preguntas así, me sube la autoestima, la verdad. Creo que yo lo vivo desde un punto muy externo o muy disociado, la verdad. Estoy trabajando en ello, porque ha venido todo muy rápido. Pero como para mí lo principal es escribir, y lo hago sola —como mucho hablo con mi agente, mis editoras y mis amigos de las novelas que estoy escribiendo—, siento que todo lo demás sólo forma parte de la parte de promoción.

Cuando hago entrevistas y hablo con vosotros o con la gente de la editorial, lo vivo desde muy cerca y me toca asumirlo, y sí que siento un poquito más de responsabilidad sobre ello, pero cuando vuelvo a mi casa desaparece todo. Es como un ruido precioso, pero un ruido de fondo que no me impide centrarme en lo que es importante, que para mí es escribir. Siento que sería más difícil para mí si me centrase en esa presión. Y que tendría la posibilidad, bastante desagradable, de volverme insoportable, que es algo que siempre me ha dado mucho miedo y que mi madre impide constantemente (se ríe).

¿Y el hecho de que muchas chicas jóvenes te vean como un modelo a seguir supone una presión para ti? ¿Responsabilidad, quizás?

Sí, hay una parte de responsabilidad, desde luego. En el sentido de que cuando, por ejemplo, estás escribiendo sobre personajes que están viviendo cosas duras emocionalmente, tú no sabes si la persona que te está leyendo se encuentra por primera vez con esas situaciones. Imagínate que estamos hablando de acoso escolar, igual es una persona de 13 años —que por suerte nunca lo ha vivido—, y esta es su primera impresión sobre el tema. Tienes una responsabilidad. Tienes que ser objetiva y comprensiva con todos los personajes, para que ellos puedan hacerse su propia opinión. No tienes que imponerte sobre ellos.

En ese aspecto sí que siento responsabilidad, pero me gusta mucho que tengan como un referente, porque yo me acuerdo que cuando empecé a escribir no había referentes de personas jóvenes. No se hablaba de ellos, mejor dicho, porque estaban en internet y eran invisibles. Si yo con 15 años hubiera visto a alguien de 24, de mi propio país, que está escribiendo, le está yendo bien y puede vivir de ello, igual me habría creído antes que yo también podía conseguirlo.

¿Cómo recuerdas tus inicios en Wattpad?

Recuerdo empezar con cero expectativas y con ilusión, en el sentido de que todas esas cosas que no hablaba en mi día a día las podía expresar ahí y que otra persona que no me conocía pudiese verse reflejada en ellas. Entonces, siento que estoy aportándole algo al mundo. Era como ese sentido de pertenencia que buscamos toda la vida, pues de repente para mí se vio cumplido ahí, en internet. Era un espacio seguro. Y me sentía muy cómoda. Siempre he tenido mucha suerte con mi público, porque es un público muy amable, me hace sentir muy cómoda. Ahí fue la primera vez en mi vida que vi que estaba en un espacio donde podía decir lo que quería.

"Empecé en Wattpad para ver si podía despertar en otros lo que ellos despertaban en mí"

¿Lees los comentarios de Wattpat?

Hace mucho tiempo que no me da tiempo a escribir en Wattpad, me da mucha pena. Sí que leo las reseñas que suben en otras redes sociales. Me gustan mucho las buenas y las malas, porque siento que todas te pueden aportar algo. Cualquier opinión, aunque hayan detestado tu libro a muerte, que eso también puede pasar, va a aportarte algo. Salvo un comentario hecho desde el odio, que no está hecho para que tú aprendas nada, está simplemente hecho para verter odio. Pero los comentarios constructivos, buenos o malos, sí que me gusta mucho leerlos, porque me hacen ver cosas que ni yo misma había visto.

¿Cómo es el salto de lo digital al papel?

Es interesante. Imagínate desde los 12 años hasta los 21 escribiendo para mí misma —sin tiempos, con la estructura y extensión que yo quería—, y de repente llegar al mundo editorial. Tengo que decir que es bastante amable conmigo y que tuve mucha suerte con el equipo que encontré, porque es muy comprensivo, pero tiene sus tiempos y sus formas de trabajar.

¿Qué ha cambiado y qué no desde que empezaste a escribir?

Te diría que siento que me he vuelto muy dependiente de la opinión de mi agente y de mis dos editoras, son como mis mesías. Si a ellos —o a la profesora que tenía de Lengua en el instituto, a la que le sigo mandando historias— no les gusta, yo sé que la historia no es buena. Antes no tenía esa referencia, porque no hablaba de que escribía y no le podía pedir opinión a nadie, sólo tenía la de los lectores. Pero tener la opinión de cuatro personas que son objetivas, que no son tus fans y que van a buscar lo mejor para tu historia, eso me ha ayudado mucho. Siento que las historias son mucho mejores ahora.

"No he sufrido el síndrome de la página en blanco, mi problema es tener demasiadas ideas"

¿Has sufrido el síndrome de la página en blanco?

No. Mi problema no es no tener ideas, es tener demasiadas. Cuando empiezo a escribir un libro y sé que tengo que centrarme en él porque tengo que entregarlo, de repente me viene la idea de otro y digo: "¿y si dejo abandonado este libro de 60.000 palabras y empiezo a escribir otro totalmente nuevo por el que tendré que correr para llegar a tiempo y entregarlo?", y es un problema. Es como empezar a leer un libro y de repente ver otro que te llama más la atención. Es la misma sensación.

¿Te imaginas escribiendo algo que no sea romance juvenil?

¡Ay, no! Siempre me hacen la pregunta de si me pasaría a un género más adulto o más oscuro, pero es que yo soy muy feliz con mis novelas juveniles románticas. Estoy cómoda en este género, con el público, con el equipo que tengo ahora... Creo que hay muchos elementos que hacen que me sienta bien y que no busque un cambio.

Igual cuando tenga 40 años, si sigo escribiendo, sí me apetece cambiar un poco y contar otro tipo de historias. Pero ahora me quedo dentro del marco juvenil, donde me puedo mover en fantasía como 'Etéreo', en ciencia ficción como 'Ciudades de humo', puedo hacer romances más contemporáneos como 'Antes de diciembre'... No hay una pauta a seguir y el público es muy amable para aceptarlo. Creo que perder eso me costaría mucho.

De todas tus historias, ¿cuál es el personaje al que más cariño tienes?

¿Cómo me haces esto? Me he dado cuenta de que tiendo a encariñarme de esos personajes que son como grises —no son malos, pero tampoco son buenos— y no encajan especialmente en un grupo u otro dentro del libro. Son los que reciben mucho odio y, precisamente por eso, cuanto más los rechazan, más los quiero yo. Es el 'síndrome de la mamá pato', que quiere abrazarlos y protegerlos. En esa línea, en el caso de 'Etéreo', sería un poco Brendan, que es un personaje que surge al final casi de la historia y tiene un papel muy gris dentro de ella, pero en otros libros puede ser Mike, en 'Antes de diciembre'. Son personajes que siempre están en medio de todo y no tienen un lugar asegurado en ninguno de los bandos.

¿Tienes algún referente?

Una de las escritoras que más he seguido en mi vida y que más he apoyado es Laura Gallego. Me acuerdo que, cuando era pequeña, cada vez que sacaba un libro, yo era la primera que se presentaba en la librería de mi pueblo, y si no llegaba ese día —porque era Mallorca y todo tardaba en llegar—, lloraba y lo pasaba fatal. No sé hasta qué punto se trata de un referente o es simplemente un ídolo, pero la tengo ahí en el pedestal y siempre la voy a tener.

¿Sigues manteniendo la idea de no llevar tus novelas al cine?

Sí, soy muy cabezota. No es que no me gustaría, es que no es uno de mis objetivos. Siento que últimamente hemos asumido que un libro tiene que pasar necesariamente por adaptación y no es así. Al final, los libros necesitan su tiempo para ser libros. No lo veo un escalón necesario.

Si algún día podemos verlos en pantalla —grande o pequeña—, quiero que sea con una buena idea y estructura, y con un equipo que le tenga cariño a esa historia, que quiera hacer un buen producto final para los lectores, por respeto a ellos, por respeto a los libros, y por respeto a mí misma.


Headshot of Raquel Ortega

Raquel Ortega es experta en estilo de vida y le apasiona escribir sobre los temas que más interesan (y afectan) a su generación: relaciones, psicología, bienestar, cultura, viajes, gastronomía y autocuidado. En pocas palabras, adora todo lo que le ayuda a entenderse mejor y, sobre todo, aquello que tiene que ver con el placer (el físico, pero también el de comer bien, descubrir una historia que te remueve o hacer un viaje de esos que te recoloca por dentro). Raquel es esa amiga que escucha tus audios de cinco minutos hablando sobre tu ex y, además, lo analiza y te responde con referencias de series, libros y estudios sobre apego.

Graduada en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la Universidad Carlos III de Madrid, ha trabajado como videoperiodista en EL PAÍS y colaborado con medios como El Generacional. Su especialidad son las entrevistas a cantantes, escritoras y deportistas. Cuando no la encuentres escribiendo, probablemente esté probando un nuevo WOD de ‘crossfit’ o, simplemente, en un bar entre unas copas de vino con sus amigos.

P.D.: ¿Recuerdas lo del audio de cinco minutos? Podría ser ella perfectamente. Raquel no manda audios, manda podcasts (y sueña con, algún día, tener uno de verdad).