Kate Moss y Sienna Miller caminando por el campo con botas de agua y vestidos de lentejuelas. Bandas icónicas tocando frente a un mar de personas que ondean sus banderas. La actuación de los Rolling Stones en el año 2013. El estilo ‘boho chic’ festivalero tan imitado en todo el mundo… Pues si, ésta era la imagen que yo tenía de Glastonbury, el festival de música que cada año congrega a más de 200.000 personas en Somerset, Inglaterra. Pero, después de haber pasado 3 increíbles días en este evento musical, mi percepción ha cambiado considerablemente. Te hago un pequeño ‘spoiler’: Glastonbury es, posiblemente, el único macrofestival del planeta que aún conserva su espíritu original de comunidad, en el que además todavía puedes encontrarte en cualquier momento a Dua Lipa o a Paul Mescal bailando a tu lado (o, en mi caso, a Cruz Beckham). Y algo aún más importante: su compromiso con el cuidado del medioambiente y el respeto por la naturaleza es total.

Hay muchas formas de vivir Glastonbury: acampando en primera línea para exprimir al máximo las 24 horas del día, optando por un plan algo más familiar, o eligiendo una experiencia centrada en el bienestar que te permita recargar el cuerpo por las mañanas para darlo todo por las noches. Esta última opción fue la que me propuso Defender, vehículo oficial del festival y cuyos coches híbridos eléctricos enchufables forman parte de esas imágenes icónicas del festival que todos tenemos guardadas en la retina. Vamos, un plan sin fisuras.

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Un festival masivo

Glastonbury se organiza cada año desde 1970 en WorthyFarm, la granja del agricultor Michael Eavis. En su primera edición se vendieron unas 1.500 entradas. Este año, más de 200.000 personas acudieron al evento. La mayoría de ellas acampan dentro de este recinto que durante un fin de semana al año se convierte en una ciudad con calles, farmacias, restaurantes y hasta tiendas ‘vintage’ que se esfuman el lunes por la mañana, casi como por arte de magia. Hay aproximadamente 100 escenarios, entre los principales –como el mítico Pyramid Stage– y otros más pequeños, que puedes ir descubriendo mientras caminas por sus colinas.

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Mariana Portocarrero
Glastonbury

“Durante el fin de semana, Worthy Farm se convierte en el espacio con mayor densidad de población del planeta”, me explicaron antes de viajar. Sí, has leído bien. Una de las cosas que hacen de Glastonbury un festival único es su amplia oferta cultural –ponencias, ‘performances’ de artistas como Marina Abramovic o Banksy y actividades únicas conviven con un sinfín de conciertos– y su capacidad para atraer a públicos de todas las edades: desde aquellos que asistieron a la primera edición de 1970 y que todavía cumplen con la tradición; hasta parejas jóvenes que acuden con sus bebés y disfrutan de la zona de niños. También merece la pena mencionar su amplia oferta gastronómica, con tantos ‘food trucks’ que se necesitarían varias semanas para poder descubrirlos todos. Pero, a pesar de la magnitud de este evento, la sostenibilidad y el respeto por la naturaleza es innegociable. “Leave no trace”, o “no dejes ni rastro”, es la frase que se repite por todas partes dentro de WorthyFarm para recordar a los asistentes que la granja tiene que quedar como si nada hubiese sucedido. Por suerte, los coches Defender cumplen con los dos requisitos necesarios para sobrevivir en este festival: resistencia y sostenibilidad. Por un lado, su resistencia es perfecta para explorar y conquistar cada rincón de un ambiente rural como el de Glastonbury y, por otro, se puede conducir generando cero emisiones gracias a su modo EV.

La primera impresión de Glastonbury

Volé el viernes desde Madrid al aeropuerto de Heathrow, en Londres, donde un conductor me esperaba para llevarme directa al festival de Glastonbury en un Defender híbrido eléctrico, tan cómodo (y, todo sea dicho, con un sistema de sonido que me permitió recrear una mini discoteca en su interior) que las casi tres horas de trayecto pasaron volando. Al llegar a mi destino, la primera parada fue el Defender Camp: un remanso de paz (y de lujo) en plena vorágine festivalera con restaurante, una zona ‘beauty’ con masajes y servicio de maquillaje; y una flota de coches siempre listos para acercarnos al epicentro de la fiesta. Y como en todo ‘glamping’ que se precie, las tiendas de campaña tenían cama y un sinfín de ‘amenities’ para que solamente tuviera que preocuparme de una cosa: disfrutar y descansar. Y es que ir a Glastonbury es como correr un maratón: si quieres llegar hasta la meta, tienes que medir las fuerzas. En mi caso, haber llegado el mismo viernes a ver las actuaciones de Dua Lipa, Jungle y Fatboy Slim en un intervalo de menos de dos horas –y con escenarios que se sitúan a 30 minutos los unos de los otros– fue lo suficientemente increíble como para dar la noche por terminada y volver al Defender Camp para cenar antes de dormir.

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Defender
Defender Camp

Meditación y tacos: la receta para recargar pilas

El ambiente de Glastonbury es único: una sensación de hermandad impregna el ambiente y casi cada persona con la que te cruzas te regala una sonrisa. Pero encontrarte en medio de un mar de 200.000 personas, saltando y coreando las canciones de sus grupos favoritos, también puede ser abrumador. El sábado por la mañana Adrienne Adhami, ‘coach’ de bienestar y presentadora de podcasts nos dio a los huéspedes del Defender Camp una clase de estiramientos, meditación y respiración. También me regaló, sin anticiparlo, el mejor truco para afrontar los pequeños episodios de ansiedad que pueden surgir en cualquier momento de nuestra vida. “Si te agobias, ponte las gafas de sol, cierra los ojos y comienza a inhalar en 5 segundos y a exhalar en otros 5”, me explicó. Un ‘tip’ que, ya de vuelta en Madrid, he replicado en el metro, en el trabajo y en muchos otros lugares. Después de la clase con Adrienne, el chef Simon Stallard nos preparó unos tacos y unos cócteles Bloody Mary perfectos para coger fuerzas.

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Defender
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Defender

Podríamos decir que mi cuerpo se recargó de energía, igual que el Defender que más tarde me llevaría a ver los ‘shows’ de Cindy Lauper, Coldplay, Camila Cabello o Peggy Gou, entre otros muchos artistas. El domingo, con la lección aprendida sobre la importancia de medir las fuerzas, respirar y trazar un buen plan para no perderse ni un concierto, volví para ver a Shania Twain, Sza y Avril Lavigne.

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Glastonbury

Una experiencia única

En definitiva, Glastonbury no tiene comparación con otros festivales y su compromiso con la naturaleza, la cultura, la música no ha hecho más que crecer desde sus inicios. También merece la pena destacar que se trata de un festival para absolutamente todos los públicos: desde bebés hasta los más mayores, todos tienen su espacio y todos encontrarán una forma de disfrutar del su oferta. Lo que sí es cierto es que, sea cual sea el tipo de plan que prefieras, medir las fuerzas y recargar bien las pilas es la clave para no morir en el intento. Esta ha sido una de esas experiencias que solo se viven una vez en la vida, y haberlo hecho de la mano de Defender me ha demostrado que la combinación de macrofestival de música con respeto por el medio ambiente es totalmente posible.

Headshot of Mariana Portocarrero

Mariana Portocarrero es directora de belleza en Cosmopolitan o, lo que es lo mismo, experta en cosméticos, maquillaje y tratamientos. Cuando no está escribiendo sobre cómo combatir el acné o cuál es el corte de pelo más favorecedor, la encontrarás organizando sesiones de fotos o buceando en Tik Tok para fichar trucos virales. No hay cena, fiesta o boda en la que no termine recomendando productos a gente que no conoce. Nadie ha probado tantas cremas ni tratamientos como ella y es capaz de detectar las últimas tendencias tanto de maquillaje como de ‘skincare’. En su día a día trabaja con dermatólogos, perfumistas o cosmetólogos para conocer antes que nadie las innovaciones del sector. También le gusta entrevistar a nuestras ‘celebrities’ favoritas y no para hasta sonsacarles todos sus secretos. Mariana es Licenciada en Fashion Business por Esmod Paris y tiene un Máster en Visual and Digital Media en IE Business School. Lleva más de seis años vinculada a Cosmopolitan y ha escrito sobre actualidad, economía y psico antes de especializarse en belleza.