Hace tres años, Shakira alzaba la voz en uno de los grandes éxitos musicales de esta década, ‘Shakira: Bzrp Music Sessions, Vol. 53/66’. Más allá de ser una canción de despecho contra su expareja, la cantante colombiana construyó con ella un discurso de empoderamiento femenino: las mujeres brillan solas, no necesitan a nadie más para hacerlo. Pero, además, lanzó un mensaje que trascendió lo musical para encontrar su sitio en el imaginario colectivo: “las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan”. “Llorar”, un verbo tradicionalmente asociado a lo femenino; “facturar”, algo que, incluso aún hoy, cuesta que se nos relacione con ello.

Desde entonces, este verso de Shakira encuentra eco en la realidad de miles de españolas que, lejos de los focos, levantan cada mañana la persiana de sus negocios. “No aparecen en las listas de las mujeres más influyentes de España cuando, en realidad, son las que tendrían que ser reconocidas por lo que hacen”, sostiene Ana Díaz, directora de Comunicación de Mastercard en España. Esta multinacional de servicios financieros se ha convertido en un pilar fundamental en la visibilidad de las emprendedoras. Iniciativas como sus nuevos Premios MasterWomen ayudan a reconocer “el impacto que [las mujeres] tenéis en la economía de nuestro país”, tal y como sostiene Juan Pablo Vivas, su director general.

Precisamente, la primera edición de los Premios MasterWomen, celebrada en la capital el pasado 26 de febrero y que se establece como un altavoz para decenas de historias de empresarias, estuvo respaldada por la presentación del informe ‘Mujeres y Emprendimiento’. Según este nuevo estudio de Mastercard, el 38% de las españolas han considerado crear su propia empresa en un futuro. Un porcentaje que no sólo supera la media europea –situada en un 34% –, sino que también demuestra la valentía, la ambición y el talento de las mujeres.

“Las mujeres emprenden por esa libertad que nos concede el emprendimiento”, reconoce Gricell Garrido, presidenta de la Asociación Española de Mujeres Empresarias (ASEME), al mencionar las más de 650.000 empresarias que dirigen hoy una pyme en nuestro país. Ellas no han tirado la toalla, han perseguido sus sueños, pero “habrá que esperar 123 años para alcanzar la paridad de género y 150 para lograr la plena participación económica de la mujer dentro del sector”, continúa diciendo.

Hablamos de que cuatro de cada diez mujeres españolas han tenido una idea de emprendimiento, pero ¿qué sucede cuando ese deseo se enfrenta a la realidad? Entre la intención y la acción se interponen una serie de obstáculos que suelen permanecer ocultos: la falta de financiación (32%), el riesgo de fracaso (31%) y la escasez de recursos financieros (27%) son los principales baches que dificultan el camino. También la falta de confianza en una misma; algo que los hombres no mencionan o, al menos, no en alto.

Además, la conciliación familiar es otra de las razones que terminan truncando metas laborales. Laura García, CEO de Creaholic y Zapato Feroz, lleva once años siendo empresaria y señala que, desde el inicio, su profesionalidad fue cuestionada por ser madre. Sara Sorrives Ibáñez, primera ganadora de un premio MasterWomen por su liderazgo frente a Vidrio Sorribes, por su parte, ha sacado adelante la tercera generación de la empresa que comenzó su abuelo siendo madre soltera de dos hijos. Sin embargo, para ellas la fuerza reside ahí: en demostrar que sí han podido, pueden y podrán. Como dice Sara, “yo no tengo una vida laboral y una vida familia. Tengo una vida”.

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Cedidas por Mastercard
Sara Sorribes Ibáñez recoge el primer premio MasterWomen de la mano de Mastercard por su liderazgo frente a la empresa Vidrio Sorribes.

Ante la necesidad de allanar esos hoyos que dificultan que las cifras de mujeres empresarias aumenten más cada año, Mastercard propone tres posibles soluciones: mejorar la formación sobre cómo elaborar un plan de empresa, buscar una mayor disponibilidad y accesibilidad a subvenciones -especialmente para las pequeñas empresas- y establecer una serie de políticas de conciliación más flexibles.

Por otro lado, el estudio confirma que el gran impulso emprendedor se encuentra actualmente entre las generaciones más jóvenes: los ‘millennials’ (51%) y los Z (46%) muestran más interés por el emprendimiento que los X y los ‘baby boomers’. Y cuando lo hacen, cuando saltan con miedo pero con ganas, las motivaciones las tienen claras: perseguir su sueño, buscar un mejor equilibrio entre la vida laboral y personal, el sentimiento de que es el momento de hacerlo y la voluntad de no trabajar para nadie más.

Hoy, facturar ya no sólo significa crear riqueza, que también. Implica dar un paso al frente y ganar independencia, ocupar espacio, sostener barrios, crear empleo y construir referentes para las que vienen detrás. En definitiva, demostrar que sí se puede; que sí podemos. Podremos llorar más o menos por una relación amorosa fallida, pero lo que es una certeza es que el verdadero empoderamiento está en convertir cada obstáculo en un impulso y cada sueño, en un proyecto. Porque cada persiana que se levanta cada mañana al olor de los cerezos en flor ya es, en sí misma, toda una declaración de intenciones.