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Cuando hablamos de funcionarios de prisiones, inmediatamente nuestra mente se va a un escenario parecido al de 'La Milla Verde', una imagen cinematográfica de lo que consideramos debe ser el interior de una cárcel. Sin embargo, en este caso, Tom Hanks, es una chica de 34 años que trabaja desde hace 7 en este sector.
Cualquier parecido con una película del Hollywood de los 90 es merca coincidencia, pero lo cierto es que hay algo innegable: trabajar con personas a las que se les ha privado de libertad no tiene que ser como pasear a Miss Daisy. Pero vamos a dejar de lado las menciones cinéfilas porque esto de película tiene poco.
Se podría decir que la relación de Paula Barrios con el mundo penitenciario es desde la cuna, o incluso antes, pues ya estaba en la barriga de su madre cuando ella lidiaba como psiquiatra en los módulos del Psiquiátrico Penitenciario de Alicante (Fontcalent) en los años noventa. "Muchos funcionarios a día de hoy me siguen recordando la imagen de mi madre, con su enorme barriga, atendiendo a los pacientes de un centro que por aquel entonces empezaba a despegar. Aquellos años fueron con toda certeza los años más duros de las prisiones españolas, pero también los más apasionantes para hacer del tratamiento penitenciario una esperanza real", sostiene con nostalgia.
Se crió entre historias inverosímiles de presos, de inquietantes crímenes protagonizados por los psicópatas más reconocidos de nuestra historia, y también entre ocurrencias y genialidades de los mismos.
Siempre me conmovió todo lo relativo al comportamiento humano, en general, y la desviación de éste, en particular
"Recuerdo perfectamente cómo me impresionaban esas historias contadas por mi padre cuando era tan solo una niña (al principio con algunas censuras, luego fueron adquiriendo mayor realismo). Hay que decir que mi padre era educador de ese mismo centro penitenciario. Precisamente allí se habían conocido mis padres unos años antes, así que era esperable que de un matrimonio penitenciario algún hijo siguiera sus pasos. Y en este caso fui yo la que pronto evidencié mi interés en este entorno tan singular", matiza.
Cada vez más mujeres funcionarias de prisiones
Viendo a Paula, una chica joven y guapa, jamás se te pasaría por la cabeza que trabaja como funcionaria de prisiones. En ese momento te das cuenta de los prejuicios que, tanto a ti como al sector, siguen afectando directa o indirectamente. "La juventud es un arma de doble filo, y creo que esto es extensible a todos los trabajos; para surfear sus inconvenientes, solo hay que saber que te queda casi todo por aprender y que debes elegir buenos maestros", explica.
Las prisiones siempre fueron espacios muy masculinizados y la llegada de funcionarias no fue sencilla. Sin embargo Paula quiere poner el foco en el cambio. En los siete años que lleva trabajando ha asistido a un cambio intramuros admirable y muy esperanzador. Las funcionarias de prisiones han llegado pisando fuerte, reconociéndose muy valiosas en espacios originalmente creados para hombres e impregnados de una cultura muy machista: "Puedo decir con orgullo y convicción que el papel de las mujeres en las cárceles es absolutamente fundamental. Las funcionarias de prisiones son especialmente habilidosas en la resolución pacífica de los problemas, no hay nada más gratificante y pragmático en un medio penitenciario que adelantarse al problema y resolverlo sin que éste estalle".
Explica que enfrentarse a casi cien internos con 27 años, cuando muchos de ellos ya deambulaban por este medio antes de que ella naciera, te pone en una situación de desventaja. "Hay que ser consciente de que, numéricamente, mientras tú observes a uno, decenas de ellos te estarán analizando a ti; algunos con propósitos decentes, pero muchos otros fiscalizando tus inseguridades, las cuales, en ocasiones, intentarán explotar en su beneficio. Es un reto psicológico muy interesante donde no hay tiempo para ensayos. En tu primer día de trabajo se empieza a forjar la opinión que ellos tendrán de ti", destaca.
"La población penitenciaria se relaciona con códigos, jergas y normas no escritas que es importante conocer si quieres trabajar e involucrarte desde dentro"
Por muchas ganas, seguridad y preparación, es una sociedad muy particular, cuya idiosincrasia es muy diferente a la que tradicionalmente conocemos: "La población penitenciaria se relaciona con códigos, jergas y normas no escritas que es importante conocer si quieres trabajar e involucrarte desde dentro. Todo esto no se aprende en un día, todo lo contrario, requiere de una observación y reflexión muy profunda del medio. Hay que conocer el pasado de las cárceles para entender el presente y, sobre todo, para proyectar el futuro de nuestras prisiones hacia nuevos éxitos".
Lo más difícil de ser funcionaria de prisiones
Probablemente, lo más difícil de este trabajo sea, como sostiene Barrios, "ver de cerca cómo el ser humano puede llegar a degradarse, a sacar lo peor de sí mismo, a mostrar su lado más oscuro, y cómo la desesperanza puede invadir hasta el punto de que la autolesión sea el único alivio que encuentre".
En los peores casos los intentos de suicidio se consuman. Lo más difícil es ser testigo de que hay vidas muy marcadas por el sufrimiento. Y lo peor de todo, es que muchas veces vivimos en burbujas muy alejadas de esto: "En cualquier caso, indudablemente la parte más dura de este trabajo es ver sufrir a otro ser humano, sea interno/a o funcionario/a. Nadie se acostumbra a eso".
El secreto para ganarse el respeto de los internos
Los internos tienen un sentido de la justicia muy concreto y firme. Es importante conocerlo porque sólo así podrás entender sus comportamientos, y desde ahí corregirlos. La única fórmula que identifica Paula como funcionaria de prisiones, para ganarse el respeto general, es ser humana en el trato, justa en el trabajo y clara en la comunicación. La población reclusa en general sabe aceptar una sanción, una negativa e incluso un imprevisto, pero no acepta la falta de transparencia o de justicia de la institución.
Saben que su trabajo es velar por la seguridad del centro, y especialmente por su seguridad personal, atenderles, ayudarles y protegerles, pero también hacer cumplir las normas. "Esto último no debe de ser un problema cuando te ciñes al cumplimiento de tu deber, sin embargo, sí penalizan las faltas de compromiso con tus funciones, especialmente si esto ocurre con aquellas que más les benefician. Afortunadamente, puedo decir que no solo me siento respetada, sino muy apreciada", matiza.
¿Alguna situación difícil en la cárcel?
Sus turnos son de catorce horas lo que supone que en un mismo día el módulo puede haber pasado por todas las versiones posibles: tensión, explosión, reconciliación, aparente tranquilidad y vuelta a empezar. A lo largo de los años son tantos que se olvidan. Este cambio de perspectiva sobre la gravedad de las situaciones es lo que se conoce como 'prisionizacion'.
"He tenido bastantes episodios complicados de gestionar, sin embargo, si tuviera que resaltar una etapa especialmente difícil fue la pandemia. En un escenario ya restrictivo en sí mismo, recrudecer el encierro fue realmente duro. Por un lado, los funcionarios de prisiones no podíamos trabajar desde casa y sufrimos como la población reclusa empezó a enfermar en unos espacios donde no era posible cumplir prácticamente ninguna de las recomendaciones que Sanidad imponía", mantiene.
Barrios explica que tuvieron que lidiar con protestas, frustración y la violencia que se creó. Los reclusos no aceptaban el aislamiento, el corte de las comunicaciones, los cambios improvisados y todo esto bajo el medio de que cuando enfermara el primero, aquello ya no se podría frenar. Se volvieron a dar situaciones que hacía años que no se producían con tanta crudeza: plantes en el patio, amenazas masivas de autolesiones condicionadas, fuertes enfrentamientos entre internos y enfermos de covid con crisis de ansiedad.
"Recuerdo perfectamente uno de los plantes en el patio. Uno de los internos asumió el mando y manifestó que no subirían ese día a las celdas si no aceptábamos algunos cambios; a sus espaldas decenas de ellos secundaban su postura. Fueron momentos tensos donde hubo que dialogar mucho", relata.
El trato con el interno en prisión
Desde que ingresan en la prisión, los reclusos lo hacen acompañados de miedos, penas, problemas y frustraciones. En poco tiempo, los funcionarios pasan de ser auténticos desconocidos a ser personas que conocen muchos de sus sentimientos y debilidades más ocultas. El funcionario ejercerá la autoridad, pero también será la persona que les escuchará cuando su padre fallezca, su hijo enferme, se pierdan el nacimiento de su primer hijo, no puedan apoyar a su familia ante cualquier infortunio familiar o incluso cuando allí dentro les diagnostiquen un cáncer.
Todo esto genera una relación de confianza nada fingida, ni para ellos ni para el funcionario. "Compartir momentos tan duros te une a otro ser humano que sufre, y crea lazos de agradecimiento por su parte que para algunos serán eternos. Esto también es tu trabajo. De hecho, una parte fundamental de él es precisamente esto: escucharles, acompañarles, asesorarles y, en la medida de lo posible, corregir su conducta. Pero todo debe de hacerse desde una relación desigual, asimétrica, que nunca hay que olvidar, lo que no impide el respeto, el aprecio, la empatía y la comprensión", destaca.
Por otro lado, la probabilidad de que en cuestión de minutos el patio se contagie de un clima de violencia es diaria, incluso por un simple partido de fútbol, todo puede mudar el clima de convivencia. "El mes pasado, celebrábamos la Fiesta de la Merced, la Patrona de los reclusos, también de los empleados penitenciarios. Fue un día muy especial donde algunos compañeros fuimos reconocidos por nuestra intervención en un incendio de la prisión y recibimos una mención honorífica del Ministerio del Interior. En esta ocasión, un interno del departamento de aislamiento (el más peligroso de todos) había provocado intencionadamente un incendio en su celda para protestar por la falta de tabaco. El problema fue que en pocos minutos el espeso humo inundó toda la galería y fue propagándose de celda a celda. El resto de los internos estaban asfixiándose (golpeaban desesperados las puertas). Aquel día, a ciegas, fuimos sacando a todos los internos de la galería. Aquello quedó en un susto, sin embargo, algún compañero necesitó tratamiento en el hospital, al haber inhalado demasiado humo. No solo pusimos en riesgo nuestra seguridad personal, sino que podía haber sido una auténtica tragedia", reconoce.
¿Cómo es realmente el ambiente en la cárcel?
Las prisiones siguen siendo las grandes desconocidas de la sociedad. La prisión tiene un problema fundamental, y es que reúne los factores idóneos para ser desatendidas y olvidadas: "Existe una falsa sensación de que las prisiones no forman parte de la sociedad. La mayoría de las personas no tienen ni siquiera una ligera idea de cómo es el funcionamiento de una prisión, o sus ideas estas muy sesgadas por la influencia cinematográfica que ha repetido clichés y dibujado ideas distorsionadas".
En la cárcel hay muchos perfiles de presos, algunos de ellos son personas que nunca han tenido ninguna oportunidad, hay adultos que descubrieron el mundo de las drogas cuando eran niños, tan niños que no recuerdan ninguna imagen de su familia no asociada al consumo: "A veces tú eres la primera persona en toda su vida que se sienta a su lado a escuchar proactivamente sus problemas. No olvido la sonrisa infinita en sus caras cuando consigues arreglar una comunicación vis a vis familiar o el apretón de mano que te da un interno tras meses compartiendo módulo y en su despedida te dice: 'Señorita nunca olvidaré lo que ha hecho por mí'".
Trabajar en prisión: secuelas mentales del día a día
Barrios sostiene que es inevitable sufrir una serie de consecuencias, ya sean sueños raros, ciertamente perturbadores, sobre todo el día antes de empezar el turno. O la sensación de espasmos a la vuelta del trabajo cuando va en el coche y baja toda la tensión del día: "También la muerte por sobredosis de un interno o el suicidio de otro que apreciabas, serán imágenes que quedarán grabadas en ti. Al igual que la mirada de un compañero/a tras haber sentido miedo, o haber sufrido una crisis de ansiedad. En mi caso, la vuelta a casa me aporta toda la serenidad que necesito, regresar cada día a mi vida es mi mejor forma de desconectar. Tengo que decir que vivo en Alicante, y no hay nada que un paseo cerca del mar no cure".
Sostiene con seguridad que no cree que haya ningún funcionario o funcionaria que, tras un tiempo en el medio, salga de allí totalmente indemne. Destaca la importancia de cuidar la salud mental de todos los trabajadores en cualquier oficio y, especialmente, la de aquellos que trabajan en climas de tensión: "Con todo, quiero volver a remarcar que mi propósito siempre fue trabajar con personas con problemas, y sabía que ese peaje estaría incluido. Hoy en día, me quedo con lo reconfortante que es sentirme tan afortunada en mi vida".
La reinserción de los internos al salir de la cárcel
Es consciente de que con algunos se despide con un 'hasta luego', a veces demasiado breve; en otros casos, sí cree que se trata de un verdadero adiós que, como sostiene Barrios, "por suerte sucede en mayoría de los casos; sin embargo, hay gente que nunca saldrá del sistema, vaya por delante que son los menos".
Recuerda el caso de una interna que apreciaba mucho y que cada vez que se aproximaba su final de condena lo pasaba muy mal: "No quería irse, decía que a ella en su vida nadie le había cuidado tanto como nosotros allí, que nunca se había sentido tan querida. Hay personas que están realmente solas y el sistema tiene una tarea muy complicada ante la falta de recursos públicos. Nuestro sistema penitenciario sigue teniendo muchas carencias, pero muchas personas trabajan diariamente en la creación de oportunidades para los más desfavorecidos de la comunidad".
Diferencias entre hombres y mujeres reclusas
Si bien hay un gran cambio en la recepción de mujeres en el sistema penitenciario, no sucede tanto en el caso de las mujeres delincuentes. Históricamente, ser mujer y ser reclusa ha sido penalizado por esa doble condición. Barrios cita a Victoria Kent, Directora General de Prisiones en 1931: "Las mujeres delinquen poco, pero sufren un castigo mil veces más duro que el del hombre". Y es que hace casi un siglo esta mujer ya alertó de las condiciones de vida muy desfavorables que tenían las mujeres reclusas respecto a los hombres, precisamente por tener que acomodarse a un sistema androgénico.
"Desde hace unos años, desde el ámbito académico, he intentado alzar la voz en este sentido. Si antes decíamos que las prisiones, en general, y los presos en particular, son los grandes olvidados de la sociedad, todavía la situación se torna mucho más acusada y ofensiva para el colectivo de las mujeres, por representar precisamente una minoría de esa subcultura penitenciaria", añade.
En este sentido, Barrios pide más tratamiento penitenciario de calidad, más personal y mejor formación de la plantilla (mayor cuidado de su salud mental), prioridad absoluta al problema de la enfermedad mental en las prisiones y al consumo de tóxicos, así como mayor apertura de las cárceles al exterior. "Porque las prisiones sí son un problema de todos y así debe sentirse", sentencia.
Isa Espín es periodista especializada en moda, belleza y estilo de vida. Escribir es su profesión y usarse como conejillo de indias, para probar todas las tendencias cosméticas, su pasión. Tiene una manía: no puede llevar más de seis meses el mismo corte de pelo y ya no recuerda cómo son sus uñas sin pintar. Le encanta probar diferentes tipos de maquillaje, coleccionar perfumes y las cremas naturales. A lo mejor se olvida las llaves en casa, pero un buen iluminador facial, un eyeliner y una máscara de pestañas son obligatorias en su bolso. Estudió el Grado en Documentación y el Grado en Periodismo en la Universidad de Murcia. Además, cuenta con el posgrado de Locución y Presentación de Televisión, de RTVE, y el de Marketing Digital de Moda, de la UCJC, de Madrid. Tuvo un blog de moda y belleza que terminó derivando en su propia newsletter personal y ha trabajado en varios medios como redactora y Social Media.
Lleva una década escribiendo en medios digitales. Ha trabajado para La Verdad, XLSemanal (ABC) y 20minutos, entre otros. Actualmente, colabora en Cosmopolitan y Mujer.es. Es adicta a las gangas, enamorada del café y la gastronomía, y -en su tiempo libre- practica ballet. Experimentar es lo suyo, a veces las cosas le salen bien y otras veces, se ríe y nos las cuenta.














