¿Alguna vez has dicho que sí cuando en realidad querías decir "no"? ¿O te has autoflagelado reprochándote cosas que nunca reprocharías a los demás tipo "lo he hecho fatal" o "qué tonta soy"? ¿O has has sentido que ya no podías más y, a pesar de ello, has seguido tirando del carro por complacer a los que te rodean? Si has contestado que sí a cualquiera de estas preguntas, seguro que no te hacemos ningún 'spoiler 'si te decimos que, muchas veces, nosotras mismas somos nuestro peor enemigo. Consciente de este problema, la psicóloga Alba Cardalda –especializada en psicoterapia cognitivo-conductual, terapia breve y estratégica y neuropsicología– decidió escribir el libro 'Cómo dejar de ser tu peor enemigo' (ed. Vergara), en el que habla de por qué sucede esto y de qué modo podemos evitarlo. Te damos una pista: tener seguridad en una misma y aprender a poner límites son claves. Precisamente este último tema fue el eje central de su anterior libro, 'Cómo mandar a la mierda de forma educada' (ed. Vergara), que se convirtió en un auténtico 'best seller'. La autora, todo un referente del bienestar interior, ha sido la protagonista de nuestro último Club de lectura COSMOPOLITAN, una charla entre amigas donde se habló de salud mental sin tabúes. Con ella mantuvimos también una entrevista en la que nos dio un montón de trucos para conocernos un poquito más y sentirnos mejor.

¿Por qué somos más duros y críticos con nosotros mismos que con los demás?

Porque nuestro cerebro funciona de distinta manera cuando vemos algo desde fuera que cuando lo sentimos desde dentro. Cuando una amiga nos cuenta un problema entendemos lo que le está pasando y sabemos cómo ayudarla, porque lo observamos con perspectiva. Sin embargo, cuando nosotros lo sentimos desde dentro, perdemos ese punto de vista, esa objetividad, y no lo vemos con tanta claridad. Por eso podemos dar mejores consejos a otros que a nosotros mismos.

¿Cuál es la razón por la que muchas veces decimos que sí cuando en realidad queremos decir "no"?

Esto tiene mucho que ver con lo que nos han enseñado de pequeños, que decir "no" está mal porque papá o mamá se enfada. No se nos ha explicado que podemos tener una opinión diferente y eso no está mal. Nuestra cultura nos dice que hay que priorizar lo que nos dicen porque, si no lo hacemos, es que somos egoístas y malas personas. Esto también provoca que, cuando nos negamos a algo, nos sintamos culpables.

¿Qué es el diálogo interior y cómo podemos utilizarlo a nuestro favor?

El diálogo interior son aquellas conversaciones inconscientes o automatizadas que tenemos con nosotros mismos y que se nos hace muy difícil hacerlas conscientes. Están muy basadas en nuestras creencias, en lo que siempre hemos escuchado, en cómo se nos ha tratado, pero sobre todo en cómo hemos ido construyendo esa manera de hablarnos a lo largo de los años. Y tiene muchísima importancia en la construcción de nuestra identidad propia, en cómo afrontamos los problemas del día a día, en cómo reaccionamos, en las decisiones que tomamos, en nuestra autoestima, en cómo nos relacionamos con los demás...

Dices que la técnica del ileísmo es de gran ayuda a nivel emocional. ¿En qué consiste y qué beneficios tiene?

Consiste en hablarnos en segunda persona como si le habláramos a otra persona y es muy eficaz a la hora de darnos instrucciones, relajarnos o motivarnos. Por ejemplo, si yo voy a salir a hablar en público, me ayudará el hecho de decirme: “Venga Alba, tranquila, que lo vas a hacer superbién, esto te lo sabes, lo has hecho muchas veces”.

Hablarnos en segunda persona es muy eficaz para relajarnos o motivarnos

También comentas que en otras situaciones es mejor hablarnos en tercera persona...

Sí, cuando hemos vivido sucesos traumáticos o muy dolorosos, explicarnos lo que ha ocurrido en tercera persona nos ayuda a coger distancia emocional, a procesarlo y a reducir un poquito ese dolor.

¿Viene bien escribirlo?

Por supuesto, si tú lo escribes y luego lo lees es como si alguien te contara la historia de otra persona. Por ejemplo: "Alba está pasando un momento delicado en su trabajo, tiene problemas con su jefe, le pone muchísimas funciones que la sobrepasan y no sabe qué hacer". Esto nos ayuda a pensar fuera de la caja y a encontrar soluciones porque lo vemos desde fuera, como si no nos estuviese ocurriendo a nosotros: "¿Qué puede hacer Alba aquí? ¿Por qué no puede hablar con su jefe y decirle que se repartan mejor las tareas entre el equipo? ¿Puede proponerle reestructurar su horario o sus funciones?".

Y en cambio para intensificar lo positivo, es recomendable que nos hablemos en primera persona, ¿no?

Exactamente. Decirnos "qué buena soy" o "qué bien lo he hecho" nos empodera.

Comentas que este tipo de autoafirmaciones deben ser realistas para que funcionen. ¿Por qué?

No se trata de pedirle al universo lo imposible o de decirnos cosas que ni nosotras mismas nos creemos, porque esto puede provocar el efecto contrario. Las autoafirmaciones, cuando funcionan, es cuando yo soy consciente de mis puntos fuertes y los recalco y me los recuerdo, y los pongo en valor. Eso me va a ayudar a quitar el foco de mis puntos débiles y a que tenga más peso lo positivo que lo negativo.

En 'Cómo dejar de ser tu peor enemigo' mencionas que poner nombres a las emociones es terapéutico.

Sí, se ha visto con resonancia magnética funcional que, cuando nombramos lo que nos pasa (“vale Alba, estás muy enfadada” o “estás teniendo miedo" o "estás teniendo ansiedad”), se reduce la actividad de la amígdala, que es la zona del cerebro encargada de gestionar esas emociones. Esto significa que las sentimos con menor intensidad.

Vergara Cómo dejar de ser tu peor enemigo

Cómo dejar de ser tu peor enemigo

Hablas de que la meditación provoca modificaciones positivas en nuestras estructuras cerebrales. ¿De qué modo?

Se ha visto que, por un lado, se reduce la actividad de la amígdala, lo que nos hace reaccionar de una forma menos intensa ante situaciones que nos pueden estresar. Y por otro, el hipocampo funciona mucho mejor, lo que hace que se generen más neuronas que nos ayudan a tener una mejor capacidad de aprendizaje y de memoria.

Dame un truco para poder hacerla bien si me cuesta.

Mira, a veces queremos meditar de la mejor forma posible, como hacen los monjes budistas, y eso para alguien que no está acostumbrado, al que la cabeza le va a mil, es muy difícil. Lo ideal es tratar de hacer una meditación guiada, es decir, no teniendo todo absolutamente en silencio porque entonces nuestro diálogo interno coge más voz y más potencia y aún escuchamos más nuestros pensamientos, sino prestando atención a una voz que nos da instrucciones. Si nos cuesta mucho, podemos pintar o hacer mandalas, que es una forma más 'light' de meditación.

¿Por qué pensar en un problema con los ojos cerrados nos ayuda a resolverlo más fácilmente?

Esto es pura economía cognitiva: cuando el cerebro no tiene que estar procesando tantos estímulos se concentra mejor en lo que tiene delante o en lo que está pensando. Por este mismo motivo es por el que bajamos la radio cuando queremos aparcar el coche. Al cerrar los ojos podemos pensar más claramente e incluso visualizar soluciones porque no nos están interfiriendo estímulos que en ese momento no nos ayudan a nada.

Pensar en un problema con los ojos cerrados nos ayuda a resolverlo más fácilmente

Muchas veces estamos demasiado condicionados por lo que piensan otros. ¿Hasta dónde la necesidad de aprobación de los demás es sana y cuándo empieza a ser enfermiza?

No hay una respuesta correcta universal. Cada uno tiene que encontrar el equilibrio, pero lo que sí es cierto es que somos seres sociales y la naturaleza hizo que, en su momento, para sobrevivir y que el grupo nos aceptase, buscásemos esa aprobación externa. Ahora mismo las necesidades son distintas. ¿Hasta qué punto tenemos que agradar al grupo? ¿Y a quién consideramos el grupo? Porque no es lo mismo considerar el grupo a tu familia o tus amigos, con los que vas a intentar ser agradable y vas a ceder en algunas cosas, que a la comunidad de miles de personas que tenemos en Instagram, por ejemplo. Lo que está ocurriendo es que cada vez intentamos agradar a más personas, y eso está anulando un poco nuestra personalidad. Subimos fotos a Instagram para recibir esos 'likes', para buscar esa aprobación social, o tomamos decisiones que son superimportantes en nuestra vida para complacer a terceros, y tenemos que medir bien cuáles son las consecuencias.

Cada vez intentamos agradar a más personas y eso está anulando un poco nuestra personalidad

¿Cómo ponemos freno a esta hiperexigencia provocada por las redes?

Hay que hacer una auditoría de las redes sociales. Ver cuáles son esas cuentas que nos aportan algo o nos inspiran, y cuáles son esas otras que hacen que nos comparemos y nos sintamos peor porque nos hagan pensar que no somos suficiente o que no lo es nuestra relación, nuestro trabajo, nuestro sueldo o nuestras vacaciones.

¿Y cómo podemos reeducar la mirada para subir nuestra autoestima cuando no nos gustamos físicamente?

Todos tenemos algo bonito, lo que pasa es que la manera en la que nosotros mismos nos juzgamos es lo que nos puede jugar una mala pasada. Igual habitualmente nos miramos al espejo y nuestra mirada se va hacia lo que nos parece feo, hacia lo que no nos gusta. Y es ahí donde la reeducación de la mirada nos puede ayudar. Pregúntate cuáles son esas cosas que te gustan: tu color de pelo o de ojos, tus manos... Y recuérdatelo cada vez que te mires en el espejo poniendo un 'post it en él.

JAVIER VERGARA EDITOR S.A. Cómo mandar a la mierda de forma educada (Libro práctico)

Cómo mandar a la mierda de forma educada (Libro práctico)

¿Qué significa realmente mandar a la mierda?

Significa decir "hasta aquí". No necesariamente tenemos que ser mal educados, pero sí poner fin a una situación, a ciertas conductas... Podemos intentar mejorar nuestra relación, tener conversaciones que a veces se hacen incómodas, marcar ciertos límites, tratar de negociar esos cambios, y todo esto se puede hacer antes de llegar a mandar a la mierda. Pero si después de intentarlo de todas las maneras nos sigue mellando nuestra salud mental, es lícito mandar a la mierda de forma educada.

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Redactora jefe de COSMOPOLITAN, Ana M. Jiménez es experta en sexo y relaciones de pareja, temas de los que lleva escribiendo desde hace dos décadas. En su agenda figuran los nombres de los sexólogos más reputados (una vez uno le dijo que su tema sobre el orgasmo femenino era digno de una tesis doctoral, ojo al dato). Y en su ‘portfolio’ abundan los artículos sobre nuevas técnicas sexuales, las posturas más placenteras o lo último en juguetes eróticos (por supuesto, los prueba antes, profesionalidad ante todo). Los entendidos piensan que se le da bastante bien, tanto que cuando trabajaba en la revista ‘Quo’ recibió el primer Premio Periodístico Daphne por un reportaje sobre anticonceptivos. Licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, su trayectoria profesional ha estado ligada a cabeceras como ‘Elle’, ‘Ragazza’ y ‘Elle Decor’ antes de llegar a COSMOPOLITAN, donde también crea contenidos sobre viajes, gastronomía y libros. Si ya lo estabas pensando, te lo confirmamos: su especialidad son los pequeños (y grandes) placeres de la vida. Quédate con su nombre si buscas información sobre cuestiones amorosas, ideas para hacer una escapada o los nuevos restaurantes de moda.