“Quien bien te quiere te hará llorar”. Hemos escuchado tantas veces este refrán, que casi suena a verdad, a una ley sentimental imposible de cuestionar. Unas palabras que hemos terminado interiorizando y normalizando, aún hoy, en nuestras relaciones sentimentales. Como si el amor siempre tuviera que venir acompañado de angustia, de incertidumbre y, en definitiva, de sufrimiento para que prospere, para que sea más real. Como si crear nuevas heridas fuese mejor que aliviar las cicatrices pasadas.

El amor sano, ese del que habla Silvia Congost, no grita, no castiga y no duele: calma, sostiene y acompaña. En su nuevo libro, ‘El arte de amar bien’ (ed. Zenith), la psicóloga experta en autoestima, dependencia emocional y relaciones construye un manual para aprender a superar las crisis de pareja y hacer que el amor perdure . Aunque el primer paso es saber elegir a la persona adecuada, nosotras destacamos otro pilar aún más importante, y Silvia nos da la razón: conocerse y amarse a una misma. Si tú te quieres bien, nadie te hará llorar jamás, tenlo por seguro.

Zenith 'El arte de amar bien: Cómo superar una crisis de pareja y hacer que el amor perdure', de Silvia Congost

'El arte de amar bien: Cómo superar una crisis de pareja y hacer que el amor perdure', de Silvia Congost
Ahora 50% de descuento

Para ti, ¿qué es el amor sano?

Es aquel que surge cuando eliges a una persona de forma consciente y pones al servicio de la relación unos ingredientes de implicación, de compromiso, de respeto y de esfuerzo para que salga adelante. La haces sentir que la cuidas, que te preocupas por ella, que puede mostrarse vulnerable y que no la vas a hacer daño. Una relación sana, en definitiva, significa paz y tranquilidad.

¿Son entonces el amor y el enamoramiento sinónimos?

No tienen nada que ver. El enamoramiento parte de una atracción inicial. Se producen unos cambios químicos en nuestro cerebro que derivan en una serie de síntomas: tendemos a la idealización, tenemos mucho deseo, nos obsesionamos… Sin embargo, el amor llega cuando ese enamoramiento desaparece, el cerebro vuelve a equilibrarse y te has permitido descubrir cómo es realmente la otra persona, sin máscaras. Si la aceptas con todo, ahí aparece el amor. Si no te gusta lo que ves después del enamoramiento y decides quedarte para ver si cambia, entonces estaríamos hablando de dependencia emocional.

Tenemos la creencia de que el amor puede hacer que una relación funcione. ¿Esto siempre es así? ¿Es suficiente con amar a la otra persona?

No, amar no es suficiente. Tienen que darse una serie de aspectos, como sentir que existe un proyecto un común, que podemos ser nosotros mismos, que no queremos cambiar nuestra forma de ser para que nos acepten, que compartimos unos valores parecidos… Cuánta más sintonía haya en todo esto, más probabilidades tendremos de que esta relación funcione.

¿Crees que la sociedad nos ha impuesto una imagen idealizada de lo que debería ser una relación?

Sí, sobre todo se ha promovido mucho el pensamiento de estar en pareja como una situación ideal. Puede ser ideal si la relación funciona y es sana, pero también puede serlo si estás soltero y te sientes bien así. La sociedad empuja hacia esa dirección y por eso, cuando nos quedamos sin pareja o llevamos tiempo sin tenerla, nos sentimos mal.

¿Y cómo podemos hacer frente a comentarios como “Se te va a pasar el arroz” o “Tranquila, pronto saldrás del agujero negro y encontrarás pareja”?

Trabajando tu seguridad personal. Si tú no te sientes mal por estar sin pareja, nadie podrá hacer que te sientas diferente. Yo, por ejemplo, nunca he querido tener hijos y siempre me han sorprendido las mujeres que se sienten juzgadas por no quererlos tampoco. Yo creo que el problema lo tienen ellas, no el resto, porque, si tú piensas que no estás tomando una mala decisión, nadie debería hacerte pensar lo contrario.

entrevista silvia congost sobre amor cosmopolitan
D.R.

‘El arte de amar bien’ hace un recorrido por doce pasos para superar una crisis y hacer que el amor perdure. Comienzas hablando de la elección. ¿Elegimos mal a nuestra pareja o lo hacemos sin mirarnos antes a nosotros mismos?

Elegimos mal muchas veces porque no nos conocemos. Todos deberíamos hacer un proceso de autoconocimiento. Ver de dónde venimos, cuáles son nuestras heridas, cómo fue nuestra infancia o cómo es nuestra relación con nuestros padres, entre otros, son pilares fundamentales para poder plantearnos qué queremos. Si no lo hemos trabajado y no nos lo hemos planteado, que es lo que suele ocurrir, tendemos a reproducir lo que hemos aprendido por defecto. Por ejemplo, si he crecido viendo que mis padres se tratan mal, no es casualidad que encuentre a alguien que no me cuida cómo debería. Al saber qué estamos buscando, escogemos de otra forma.

Mencionas que conocerse y quererse es muy necesario para que una relación funcione, pero la teoría suele ser más sencilla que la práctica. ¿Cómo conseguirlo? ¿Cómo podemos querernos?

Trabajando la autoestima. Recomiendo hacerlo a partir de un proceso terapéutico; de hecho, con pocas sesiones, con cuatro o cinco, se puede conseguir un gran trabajo de autoconocimiento. Es importante sanar heridas, perdonar, soltar situaciones del pasado y reconectar con nuestra dignidad porque entonces tendremos claros nuestros límites, lo que hará que prosperemos en pareja.

En la era digital, donde tendemos a crear vínculos virtualmente, ¿cómo sabemos que estamos conociendo a alguien de verdad y no la parte que quiere mostrarnos?

Cuando hablamos de redes sociales o de ‘apps’ de citas, siempre recomiendo lo mismo: desvirtualiza a la persona. Hay que empezar a interactuar en el plano real lo antes posible porque, de lo contrario, la idealización será inevitable. Quedar con esa persona incluso puede ayudarte a determinar si realmente te gusta o no a través de gestos como en la forma en que trata a un camarero o cómo se relaciona contigo en ese plano físico. Estas son cosas que no vas a poder descubrir a través de Instagram o de Tinder.

¿Esta digitalización hace que nos relacionamos más rápido hoy en día?

Vamos deprisa, pero no sé si es por lo virtual. A veces es por la urgencia que sentimos por querer salir del hueco de la soledad y de querer siempre más. La velocidad está más visible en algunas personas que en otras, y es muy importante darnos cuenta para poder conocernos bien. A nosotros mismos y a la otra persona.

Al saber qué estamos buscando, escogemos de otra forma

¿Piensas que existe la persona para toda la vida?

Existen las relaciones para toda la vida, algunas lo demuestran. Distinguimos tres grupos: las que duran toda la vida y están bien, las que duran pero mal y resignadas y las que están mal y acaban rompiendo. Debemos coger a las parejas que se encuentran en el segundo grupo y ver qué podemos hacer con ellas para que pasen a formar parte del primero o para que directamente dejen de amargarse. Pero las que está bien y funcionan existen.

El peso fundamental del libro son las crisis de pareja y cómo hacerlas frente. ¿Qué problemas tienden a repetirse en tus consultas?

Muchos son temas de infidelidades. A veces son problemas de carácter que llevan a que una de las dos partes no se sienta bien tratada y la otra persona busque cambiarlo; y otras son cuestiones más relacionadas con no saber cómo gestionar las discusiones y los conflictos.

El problema es que las parejas vienen a terapia demasiado tarde. Piensan solucionarlo ellos solos primero y, cuando ya no saben qué más hacer y se encuentran al borde del abismo, entonces van a terapia, pero puede que ya sea demasiado tarde.

¿Por qué crees que sigue existiendo tanto prejuicio en torno a la terapia?

Yo creo que se debe a que sigue existiendo una cierta asociación a problemas mentales más graves o a ser una persona desequilibrada cuando, en realidad, tratamos cuestiones emocionales que nadie sabe gestionar. Ir al psicólogo no es estar loco.

professional portrait of an individual in formal attire
D.R.

¿Todas las discusiones, por tanto, tienen solución?

Claro. Lo que no tiene solución es estar en una relación en la que no se discute, eso es un mal presagio. Tenemos que saber discutir. Discutir es tratar de hablar sobre lo que no estamos de acuerdo. No hacerlo es muy frustrante y nos acaba generando mucha ansiedad.

Y una infidelidad, ¿cómo se resuelve?

Lo primero es preguntarse si puedes y quieres seguir estando al lado de esa persona después de lo sucedido. Algunas personas sienten que, después de una infidelidad, no tienen más que hablar porque les han decepcionado. Si te planteas la posibilidad de una nueva oportunidad, necesitas ver que tu pareja está totalmente arrepentida, no porque te lo diga, sino porque te lo demuestra. Si tú ves que está volcado en la relación, poco a poco podrás darte cuenta si eres capaz de abrirte y confiar de nuevo.

De hecho, cuando sufrimos una infidelidad, las mujeres somos más inseguras, que es algo que abordas también en el libro.

Exacto. Cuando tu pareja se ha acostado con otra mujer, nos afecta la autoestima. Si eres una mujer con inseguridades físicas, te surge esa necesidad de saber con quién ha estado porque necesitas imaginarte cómo es la otra persona: si tiene los pechos operados, si llegó a practicar con ella lo que tú no quieres hacer sexualmente hablando… Pero esto es desastroso, nos hace mucho daño y no ayuda. Otra cosa es saber qué pasó, cómo la conoció o cómo se siente tu pareja después de hacerlo y de confesártelo. Una cosa es entender a la otra persona y otra, crearte imágenes gráficas de la situación.

Tenemos que saber discutir

En la segunda parte del libro tratas temas como la importancia de gestionar discusiones y conflictos, recuperar la conexión, revisar nuestro foco… ¿Cuál es el consejo fundamental que siempre das para que una pareja prospere y salga de la oscuridad?

Esto depende un poco de cada caso, del motivo por el que estén en crisis y del punto en el que se encuentren. No puedo darte un consejo clave porque es una mezcla de muchos aspectos, pero creo que el ser capaces de entender en qué punto está cada uno y qué es lo que nos ha hecho llegar a esa crisis es el primer paso para enfocarnos en un camino o en otro.

Dices que “el miedo es lo opuesto al amor”. ¿Por qué tenemos tanto miedo a enfrentarnos a estas discusiones y perder a la otra persona?

Volvemos al miedo, a la soledad, a quedarnos sin pareja. Esto es uno de los motivos por lo que nos comportamos de formas que no deberíamos. No expresamos las cosas que pensamos muchas veces y lejos de protegernos de la soledad, esto nos aboca a ella, nos empuja a la ruptura.

Debemos tener claro que, por expresar con respeto y con cariño lo que sientes, nunca se va a terminar una relación. Se acabará más fácilmente por no expresarlo; y si se acaba por hacerlo, por expresarlo, da gracias porque entonces esa relación no era para ti. Cuando una persona te ama y hay un conflicto, siempre pensará en cómo resolverlo para que podáis seguir juntos, nunca huirá. Yo no creo en eso que se dice ahora de que las relaciones ahora sean líquidas. Yo pienso que, cuando una relación acaba, es porque ahí ya no hay amor. Y si no hay amor, ¿para qué vamos a esforzarnos y luchar?

¿Qué hay del perdón?

Es muy importante saber pedir perdón y perdonar para dejar atrás todas aquellas situaciones que nos han herido. Hay parejas que se quedan atascadas en los reproches y eso es supertóxico en toda relación. Si no puedes perdonar, decide cambiar de relación; pero si quieres continuar estando con esa persona, debes hacerlo, debes perdonar.

¿Rendirse es un fracaso?

Cuando ya no hay amor en un relación, rendirse es un éxito, no un fracaso. Creo que una relación nunca debe ser una lucha para lograr que funcione. Si hay amor y funcionamos, pero estamos pasando por problemas, debemos esforzarnos para resolverlos. Pero si no funciona y hay problemas, debemos saber rendirnos.

Cuando ya no hay amor en un relación, rendirse es un éxito, no un fracaso

En definitiva, ¿en qué momento es mejor pararse y terminar a seguir desgastándola?

Cuando te das cuenta de que esa persona tal y como es, no te gusta. Cuando tienes un momento de lucidez y te das cuenta de que estarías mejor sin ella. Ese momento puede llegar porque te haga sufrir, porque un día tengas una toma de conciencia y te digas “Wow, todo mi entorno, todas las personas que me quieren bien me dicen lo mismo de esta persona porque no les gusta”… Por diferentes vías podemos comenzar a buscar maneras de llegar hasta la salida. Y si ves que no puedes hacerlo sólo, bien porque tengas miedo o dependencia o lo que sea, pide ayuda.