Cuando superas la barrera de los 30 te pueden pasar dos cosas: que no te des ni cuenta, sumergida en el torbellino que ya es tu vida, o que se convierta en una fecha más que señalada que te lleva a reconsiderar aspectos de tu existencia. Un peligro, ya que al pararnos a comprobar qué funciona y qué no, abrimos la puerta a los cambios. Algunos significativos, como romper tu relación.

Momento de concretar

El riesgo de terminar tu primera historia sentimental importante alrededor de los 30 es real. Y quien dice 30 dice ese momento vital en el que necesitas concretar sueños y deseos que han ido creciendo en tu interior hasta convertirse en imperativos. Algunos casos de metamorfosis son espectaculares, como el de Paula Ribó. Tras su temida ruptura amorosa, se volcó en la escritura de una novela de autoficción que le permitió entenderse y convertirse en Rigoberta Bandini, la cantante que es hoy. El libro se llama 'Vértigo' (ed. Aguilar) y derrocha iluminaciones existenciales.

Cuenta, por ejemplo, lo que se le pasó por la cabeza al tener que pedir ayuda a un monitor para hacer una tirolina especialmente larga y empinada en Costa Rica. "'Agárrate a él, los pilares son importantes', pensé. Así es como crucé una montaña agarrada al torso de un hombre y así es como me siento desde que llegué al mundo: agarrándome a torsos de hombres para soportar el vértigo que supone la inmensidad".

Conocerse a una misma

Aclaremos algo importante: las separaciones sentimentales de las que hablamos no tienen tanto que ver con el fin del amor como con la emergencia de otros factores. La 'megainfluencer' Paula Gonu rompió su relación más larga a los 26, tras seis intensos años junto a Álex Chiner. Las razones no salieron a relucir hasta hace unos meses, cuando Gonu las confesó en el pódcast 'La influencia de Nacho Pla'. "Creo que éramos dos personas muy iguales y, en un punto, dejamos de serlo. Entonces lo mejor es dejarlo. Mejor acabar bien", confesó Paula.

Y añadió algo más: "La ruptura coincidió con un proceso de conocerme a mí misma y saber qué quiero y quién soy. Cuando estás con alguien durante tanto tiempo te alejas de ti como individuo. Eso está genial, porque significa que habéis hecho un equipazo y sois uno, pero son edades en las que, si estás soltera, te conoces mucho más porque también te equivocas más. Ese proceso yo lo he vivido 'a posteriori'".

Compartir demasiado

A veces no es la evolución vital lo que explica esa ruptura sentimental alrededor de los 30. Jonan Wiergo, creador de contenido, empresario y 'TV personality', puso fin a una relación de ocho años con Christian Tomás. "Los últimos cinco compartíamos también empresa y eso te desgasta. Eran 24 horas hablando absolutamente todo con la misma persona. Llegó un momento en que quería desaparecer y recuperar al niño que fui, sin preocupaciones. Que me diera igual el dinero, los proyectos… Cuando tienes esos planes, obligas a quien está a tu lado a vivirlos, pero a lo mejor quiere otro camino. La verdad es que la vorágine del trabajo y el emprendimiento no me hacían feliz. Me creaba mucha ansiedad".

Lara Suárez, radióloga en Oviedo, llegó al punto de la separación sin que el amor hubiera desaparecido. En su caso, lo que falló fue la confianza en su pareja, con la que estuvo de los 23 a los 31. "Tenía claro que quería ser madre, pero no con él. En nuestra relación había mucha pasión, pero discutíamos todo el rato. No quiero ni imaginar cómo podíamos haber acabado al llegar un bebé. Tampoco tenía claro que él se fuera a corresponsabilizar tanto como yo. O si, en caso de ruptura, garantizaría cierta estabilidad emocional al niño. Buscaba un padre que quisiera ser un referente para su hijo", reconoce.

Falta de madurez masculina

La maternidad se convierte en un tema recurrente alrededor de los 30, pues implica un nivel de responsabilidad y compromiso igual para ambos miembros de la pareja, además de la necesidad de cierta estabilidad económica. "Mi sensación era que, en el momento de convertirnos en padres, iba a tener dos hijos en lugar de uno", confiesa Miriam Quevedo, la creadora de contenido que está tras la cuenta @miriamquevedoo.

Su vínculo sentimental se rompió precisamente a los 30, tras toda una década juntos. "Al final, hasta dudaba de él como figura paterna: intuía que iba a ser un apoyo intermitente en la crianza. La verdad es que ni siquiera entraba en sus planes comprar una casa y mucho menos acomodarla para una familia, porque rechazó un ascenso en el trabajo cuando se dio cuenta de que le impediría dedicar tiempo a sus 'hobbies'".

En realidad, Miriam advirtió que su relación se movía a dos velocidades antes de plantearse en serio un embarazo. "No le preocupaba el futuro, sólo el surf y las motos. Quería vivir como los deportistas que veía en YouTube, gente que había conseguido monetizar sus aficiones. Algo directamente imposible para alguien de su edad. Se aferraba a sus 20 años, y eso afectó a todos los aspectos de la pareja: dejamos de tener proyectos en común, su falta de estabilidad me generaba inseguridad y en el día a día era yo la que tiraba del carro para que las cosas, más o menos, funcionasen. Era un niño atrapado en el cuerpo de un hombre que buscaba a alguien maduro que le acompañase y le hiciera más fácil la vida. Fingía ser adulto, pero no quería convertirse en uno".

Sorpresa en la terapia

"¿Qué me pasa? ¿Qué le pasa? ¿Qué nos pasa?", se preguntan muchas parejas que, caminando hacia la madurez, se descubren desacopladas. De hecho, como nos cuenta Ester Barranco, directora del centro de psicología online La Oveja Negra, pueden acudir a terapia sin haberse dado cuenta de que existe un desajuste profundo entre ellas, aun cuando en un momento se reconocieron como almas gemelas.

"Si uno de los miembros de la pareja inicia un trabajo de crecimiento interior, es bastante común que provoque un desajuste en la relación, una dificultad a la hora de conectar con el otro. Muchas veces este trabajo personal afecta al nivel de intimidad y la conexión se resiente. Existe comodidad, pero la vida en común ya no llena".

Despedirse de los 20 años

Evidentemente, al fondo de este peligro de ruptura a los 30 está lo mucho que cambiamos desde los 20. ¿Tanto? "Sí, porque en la primera juventud vivimos el amor como un descubrimiento: la gran novedad. Prevalece la intensidad, la sorpresa e incluso la ansiedad, también porque no tenemos demasiada capacidad de regulación emocional ni para discernir qué es lo importante y qué no, pues no hemos atesorado tantas experiencias. Suele pasar que nos perdemos a nosotras mismas en la relación, porque aún nos estamos explorando y aprendiendo a relacionarnos", explica Barranco, psicóloga y autora de 'Eso que te pasa se llama ansiedad' (ed. Martínez Roca).

Y continúa: "Conforme nos acercamos a la tercera década, tenemos más claras las prioridades e intereses y buscamos transparencia, respeto y apoyo real de alguien que nos acompañe y nos sostenga. La pasión y la conexión continúan siendo importantes, pero empezamos a valorar muchísimo la coherencia, la calma y todo lo que tiene que ver con la seguridad emocional y la predictibilidad. Necesitamos saber que la otra persona estará ahí para nosotras y que sabrá hacerse cargo, reparar, escuchar, sanar… Buscamos un amor que nos sostenga, no sólo alguien con quien pasárnoslo bien".

El amor es una decisión

Con todo, el camino hacia la madurez no implica necesariamente ruptura. O eso queremos creer. "La verdad es que si te vinculas en una edad temprana, es altamente probable que cuando tengas las cosas más claras se dé una crisis de la relación en la que se cuestione si seguís encajando como pareja –aclara Ester Barranco–. En realidad, es algo que ocurre en distintas etapas de la vida, pues vamos cambiando y debemos revisar cada cierto tiempo si quien nos acompaña se alinea con cómo somos en cada momento".

¿Hay entonces esperanza para el amor a largo plazo? "Sí, cuando ambos deciden acompañarse mutuamente en su crecimiento, sin limitarse. Además, mucho peor que una separación es optar por lo cómodo e ignorar el cambio interno que se produce a medida que cumplimos años", concluye esta experta.

Los factores que provocan presión

Tres cuestiones complican las relaciones alrededor de los 30 porque te obligan a tomar decisiones difíciles, como cambiar de trabajo o de ciudad.

  • El salario. Según el INE, la nómina es un 25% inferior a la media entre los 25 y los 30 años. Y ganan un 20% menos que sus padres a la misma edad. Difícil.
  • Irse de casa. El 85% de los jóvenes menores de 30 no se pueden emancipar, con lo que este objetivo se convierte en primordial en la tercera década.
  • Ser madre. Estrés máximo, porque comienza a sonar el reloj biológico y se sufre la inestabilidad económica que impide la maternidad a un 77,3%.

Una temida crisis

Importante: este proceso de madurez que se produce alrededor de la treintena, el que nos invita a alinear intereses, gustos y valores propios con los de quienes nos rodean, no tiene nada que ver con la llamada crisis de los 30. La dichosa crisis se refiere cien por cien a la presión social que nos empuja a conseguir hitos que otros ya han alcanzado, tanto en el terreno personal como en el laboral.

"Aparte de esa presión, también hay otra interna, en la que somos nosotros mismos los que nos imponemos expectativas que nos llevan a sufrir ansiedad constantemente", explica la psicóloga Ester Barranco. "Todos debemos dar pasos para adaptarnos a la sociedad, pero tomar decisiones bajo esa presión es un error. Debemos hacerlo cuando nos sintamos preparados, a la edad que sea y en coherencia con quienes somos, no con lo que la sociedad nos impone", comenta la experta.