Aunque la incidencia es mayor en mujeres mayores que en jóvenes, el cáncer de mama no es una enfermedad exclusiva de mayores de 45, y tener esto en cuenta te puede salvar la vida, literalmente. En España, entre el 12% y el 13% de los casos ocurre en menores de 45 años, y entre el 5% y el 7% en menores de 40 (y cuando aparece en edades tempranas, suele ser más agresivo).

La Asociación Española Contra el Cáncer alerta de que, en los últimos 30 años, los diagnósticos de cáncer en general han aumentado un 80% en personas de entre 15 y 45 años. Entre ellos, el de mama. Aun así, el cribado —mamografías y ecografías— se realiza a partir de los 45 o 50 años, según la comunidad autónoma que te toque. “Me repitieron más de diez veces que mi bulto no iba a ser nada”, cuenta María Martín, de 24 años, diagnosticada de cáncer de mama triple negativo. Laura Nebot, ingeniera de 32, también tuvo ese tipo a los 30 y le descubrieron que era portadora del gen BRCA1 y 2, y señala: “En las salas de tratamiento había muchas chicas de mi edad”.

A María Mejía, de 40 años, diagnosticada a los 37, la frase “eres joven, no te va a pasar nada” casi le cuesta la vida. “La chica que me hizo la primera ecografía me dijo que volviera en seis meses o un año. Si le hubiera hecho caso, no estaría aquí. Tenía un tumor de siete centímetros, casi metastásico”, apunta.

Laura subraya la importancia de la investigación. “Es esencial, pero hacen falta fondos. Asociaciones como CRIS contra el Cáncer financian proyectos de todo tipo, y eso es vital”, dice. En su caso, la inmunoterapia combinada con quimioterapia fue clave: “A las seis semanas, el tumor prácticamente había desaparecido. El estudio confirmó que no quedaba ninguna célula cancerígena”.

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Tom Werner//Getty Images
En el cáncer de mama la detección precoz es esencial. Y toca insistir, aunque seas joven, porque el cáncer no tiene edad.

Por su parte, María Mejía recuerda que el cáncer no termina cuando acaba el tratamiento. Y destaca la labor de asociaciones como la Fundación Sandra Ibarra, que ofrece apoyo físico, emocional y social a través del programa Escuela de Vida, del que forma parte. “El mayor regalo son los encuentros que organizan. Necesitamos estar juntas, hablar en nuestro idioma. Eso es terapia. Y no sólo hablamos de cáncer. Sobre todo, celebramos la vida”, dice.

Las historias de estas tres mujeres muestran la importancia de escuchar a las jóvenes en las consultas. Todas coinciden: la detección precoz salva vidas, pero no siempre es fácil acceder a ella. Para las jóvenes es más complicado conseguir un diagnóstico porque parece que, por serlo, 'no va a pasar nada'. Eso y el escándalo de las mamografías en Andalucía provoca inseguridad. Los fallos en la detección precoz en esa comunidad autónoma han causado que al menos 2.000 mujeres con diagnósticos no concluyentes no fueran avisadas, y algunas desarrollaran un tumor. Del mismo modo, los sesgos pueden hacer peligrar tu vida. Ser joven no es, de ningún modo, una vacuna contra el cáncer. “A muchas compañeras también les costó mucho conseguir un diagnóstico, simplemente por ser jóvenes”, advierte María Martín.

María Martín, 24 años: “Me obligaba a salir de la cama, a tener vida como cualquier otra chica joven”

Psicóloga clínica y deportiva, María Martín empezó a notar un dolor punzante en el pecho, una vena nueva cerca del pezón y un cambio de color que la alarmó. El médico le dijo que sería un fibroadenoma, un nódulo benigno. Hasta diez veces escuchó lo mismo. Pero insistió. El 27 de mayo de 2024 recibió el diagnóstico: cáncer de mama triple negativo. Entró sola a la consulta, y cuando la enfermera pidió que pasara con su madre, supo que era grave. “Fue un shock brutal”, recuerda.

La ecografía que le habían solicitado “urgente” tenía cita en seis meses. “Si hubiera esperado, no estaría viva”, asegura. Su caso hizo que su centro de salud cambiara el protocolo: ante síntomas sospechosos, se deriva ahora directamente a urgencias. “Hay un mito de que las jóvenes no tenemos cáncer de mama. Y eso cuesta vidas”, denuncia.

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María Martín durante la sesión de vídeo para Cosmopolitan.

Tras el diagnóstico, tuvo que decidir entre preservar su fertilidad o empezar la quimio. “No sabía qué hacer”, confiesa. Finalmente, preservó óvulos y luego recibió 16 sesiones de quimioterapia, doble mastectomía con reconstrucción inmediata, radioterapia y tratamiento oral. “Lo más duro fue la extracción de óvulos”, dice. “Y mirarme al espejo después de la operación. Estoy aprendiendo a querer este nuevo cuerpo. No hay otra”.

Habla sin tabúes de autoestima y salud mental. “En las pelis cuentan que adelgazas mucho con el cáncer, pero la realidad es otra. Yo engordé 20 kilos, perdí el pelo y la fuerza. Desde el primer momento fui a terapia”, cuenta. Reclama más apoyo psicológico para pacientes oncológicos: “En la pública me ofrecían 30 minutos cada tres semanas. La salud mental no es un lujo, es una necesidad”.

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María Martín cuando le comenzó a crecer el pelo.

También denuncia falta de sensibilidad en algunas consultas. “A veces consolaban más a mi madre que a mí”. Como psicóloga, aprendió a pedir ayuda y a hablar de temas poco visibilizados, como la sexualidad. “Me provocaron la menopausia para preservar la fertilidad, y desapareció mi libido. Es difícil sentirte sensual y sexy con cicatrices y dolor”, explica.

María decidió contar su historia en TikTok, porque cuando buscó referentes, no encontró a nadie que le mostrara cómo ponerse un pañuelo, maquillarse sin pestañas o hablar sin miedo. “Me dije, mira, vas a serlo tú”, dice. Muchas mujeres le escriben diciendo que gracias a ella se atreven a salir con la cabeza descubierta o a contar su diagnóstico. También ha recibido insultos. Jóvenes que la comparaban, a ella y a otras jóvenes sin pelo por la quimioterapia, con futbolistas calvos en redes. “Se puso como de moda hacer eso. Te destroza, pero me hizo más fuerte”, asegura. Por eso insiste en que la educación también es esencial.

Hoy María, que terminó su TFG mientras estaba en tratamiento, sueña con dedicarse a la psicología deportiva. Quiere volver al gimnasio, recuperar su energía. Sus conocimientos le sirvieron mientras estuvo enferma. “Me obligaba a salir de la cama, a tener vida como cualquier otra chica joven”, dice. También fue a las fiestas de su pueblo, Pedro Bernardo, en Ávila. “En el pregón se bebe sangría, así que yo iba con una sangría sin alcohol y llevaba la silla plegable de mi abuela, para cuando me cansaba. Y mis amigas se esperaban conmigo”, recuerda.

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María Martín ya con melena corta. Una de las preguntas que lanzó a sus seguidores en TikTok fue, ¿qué hago con mi pelo?

Su forma de ver el mundo ha cambiado: “Siento que la vida es ahora. Quiero casarme antes, tener hijos antes, disfrutar antes. No sé qué pasará mañana”. Se marcha de la sesión de vídeo con su novio, César Gómez, futbolista profesional. Se van de la mano, hacia un futuro que deseamos sea el más bonito del mundo. Su mensaje es muy claro: “escuchad a vuestro cuerpo, insistid y no os conforméis, con el cáncer el tiempo es muy importante”.

Laura Nebot, 32 años: “Aunque seas paciente oncológica, eres otras cosas también, el cáncer no te define”

Ingeniera industrial, investigadora y profesora, Laura Nebot recuerda el día en que se palpó un bulto mientras se duchaba. “Fui al médico enseguida. Tras la biopsia, se confirmó: carcinoma”. Ella, dice, ya lo intuía: “Estaba en Italia, y al empezar las pruebas decidí volver a España. Viajé 3.000 kilómetros en coche con mi madre. En el fondo sabía lo que me iban a decir”, indica.

Su diagnóstico: cáncer de mama triple negativo, uno de los más agresivos. “No responde a tratamientos hormonales, y cada vez es más frecuente en mujeres jóvenes”, explica. Denuncia que a muchas chicas no se las toma en serio: “Por ser jóvenes, algunos médicos quitan importancia a los síntomas. Pero el cáncer no es solo cosa de mayores”.

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Laura Nebot en la sesión de vídeo para COSMOPOLITAN.


El apoyo de su madre, médica, fue esencial, pero también la red de mujeres que conoció durante el proceso. “Ellas me entendieron como nadie. La familia quiere ayudar, pero hay cosas, incluso muy irracionales, que sólo comprende quien lo ha vivido”, dice. Laura habla también de la sensación de vacío una vez que los tratamientos terminan. “Cuando empieza a salirte el pelo, la gente sigue su vida, pero el cáncer no termina ahí. Se tiende a pensar ‘ya estás curada, puedes estar tranquila’, pero el miedo estará siempre”. Señala que acompañar a alguien con cáncer no tiene una receta única: “Aunque seas paciente oncológica, eres otras cosas también, el cáncer no es lo único que te define. Algunas prefieren que todo siga normal y otras necesitan llorar. Lo principal es preguntar qué necesita”.

Durante el proceso, ella encontró fuerza en el deporte y en mantener su vida activa. “Seguir haciendo deporte me ayudó a tolerar mejor la quimio. Mis sesiones de bicicleta no me las quitaba nadie y me permitían seguir sintiéndome yo misma. También me ayudó seguir trabajando. Si me hubiese encerrado en casa, me hubiese vuelto loca”, comenta. Ella no usó peluca ni pañuelo: “La gente a veces pensaba que iba rapada por moda. Lo llevaba con tal naturalidad que costaba de creer, con unos pendientes enormes y paseando por la ciudad”.

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"Mis sesiones de bicicleta durante la quimio no me las quitaba nadie y me permitían seguir sintiéndome yo misma", cuenta Laura Nebot.

El cáncer le hizo replantearse la maternidad. “No sabía si quería ser madre. Me ofrecieron preservar óvulos, pero preferí empezar el tratamiento cuanto antes. No me arrepiento”. Más tarde descubrió que tenía una mutación del gen BRCA, que aumenta el riesgo de cáncer de ovario. “Gracias a la investigación, podemos anticiparnos. Mi hermana también la tiene y se hizo una mastectomía preventiva”. Y recalca que “le puede pasar a cualquiera, en mi familia nadie había pasado cáncer de mama”.

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Laura cuando ya le volvió a crecer el pelo. "Esta es una de mis fotos favoritas", cuenta.


Laura reconoce que no es la misma. “Echo de menos a la de antes, ser más fuerte, pero ahora reflexiono si esa fortaleza era positiva. Antes era muy autoexigente y ahora he aprendido a perdonarme un poco. Estoy en un diálogo interno conmigo misma”. Y lanza un mensaje a otras jóvenes: “Si os encontráis un bulto, id al médico. Más vale que os equivoquéis a llegar tarde. Confía en los médicos y en los tratamientos de hoy en día, y recuerda, no somos culpables de esto”.

María Mejía, 40 años: “El cáncer no es rosa, es un marrón muy grande”

A María Mejía le costaba mucho decidirse a ser madre. “Por mi trabajo como logopeda, al ver muchas patologías en peques, cogí miedo”, recuerda. Después de meditarlo mucho, en un viaje a Galápagos, en Ecuador, le dijo a su chico: "que sepas que estoy preparada y vamos a ser padres". “Aterrizamos en Madrid un domingo. Es martes por la noche, estoy sentada en el sofá, tengo frío, me pongo la mano en el pecho y me toco un bulto”, cuenta y reconoce: "No poder ser madre es un duelo, es un duelo enorme".

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María Mejía en la sesión de vídeo para COSMOPOLITAN.

Pidió una ecografía al día siguiente. “Tras la eco, la radióloga me dijo que no me preocupara, que volviera en seis meses o un año. Pero había pedido otra cita con la doctora Herrero, una ginecóloga especializada, y eso me salvó la vida”, cuenta. La doctora le pidió una mamografía y biopsia urgente. El diagnóstico: cáncer HER2 positivo con receptores hormonales. “Tuve quimioterapia, mastectomía radical y el tratamiento hormonal que me impide ser madre, pero me salva la vida”, dice con serenidad.

“Tenía 37 años. Mi tumor medía siete centímetros y estaba pegado al pulmón. Si hubiera esperado seis meses, no habría sobrevivido”. Por eso insiste: “Yo tengo amigas que se quedaron con la frase ‘eres muy joven’ durante dos años y ahora están en estadio IV o ya son ‘estrellas’. Mi tumor era grado C, a las puertas de una metástasis. Me salvé porque insistí”, cuenta. Por eso su recomendación es “insistid, aunque os tachen de histéricas. Como dice la doctora Herrero: ningún bulto es sospechoso de ser benigno hasta que se demuestre lo contrario.”

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María Mejía durante sus tratamientos oncológicos.

Habla con dulzura pero sin eufemismos: “El cáncer es una mierda. Y el cáncer de mama no es rosa, es un marrón muy grande. Nos ponen la mochila de sé guerrera, sé valiente, tira para adelante. Pero no depende de mí sobrevivir. Mis compañeras que ahora son ‘estrellas’ no han hecho menos que yo para vivir.” María no deja de dar las gracias a su red, a cómo la han ayudado a gestionarlo. “Siempre digo que me he puesto unas gafitas color arcoíris y veo todo maravilloso. Ojalá la gente pudiera ponerse esas gafitas un momento para ver lo bonita que es la vida”, reflexiona.

A quienes acompañan, les pide empatía real: “No invalides emociones. Frases como el pelo ya crecerá, qué pechos más bonitos te han dejado… se dicen con buena intención, pero duelen. Porque no son pechos nuevos, es una amputación. Mejor siéntate conmigo en silencio, llévame a quimio o tráeme caldo. Eso es amor. Yo a mis amigas les pedía ‘tuppers’ de croquetas”.

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María Mejía en una sesión de quimioterapia.

También reivindica la salud sexual y la rehabilitación. “Pierdes el apetito, tu pareja tiene miedo a hacerte daño, se convierte en cuidador y se olvida que es tu pareja… Tu cuerpo cambia, te duele. Y además muchas tenemos atrofia vaginal, incontinencia, falta de lubricación... Necesitamos sexólogos, fisios de suelo pélvico, rehabilitadores. Queremos vivir, pero con calidad de vida”, señala. Y recalca que “no sólo se muere la gente mayor de cáncer”. Ella perdió a su mejor amiga, también llamada María, por una metástasis a los 34 años. “Se casó, hicimos pulseras solidarias y todo lo donamos a la investigación. Por ella pido más fondos y más investigación, ella sigue siendo mi rayo de luz.”

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María Mejía en El Salvador. "Fue un regalo de Reyes y mientras estaba allí, murió una amiga. Nos había pedido que nos diéramos un baño por ella al atardecer. Y lo hice allí", cuenta.

María colabora con la asociación La Lucha que Nadie Elige, que da visibilidad a los cánceres menos frecuentes, como el sarcoma. “Hay vidas detrás de cada diagnóstico, no somos estadísticas”, dice. A las jóvenes recién diagnosticadas las anima a buscar apoyo: “No estás sola. Hay redes maravillosas, talleres, grupos. Una mujer mayor, Araceli, me abrazó en el hospital y me dijo: ‘Eres un bebé, pero vas a estar bien’. Ese abrazo lo llevo grabado en el alma. Esa es la red: sostenernos, acompañarnos, entendernos y celebrar la vida”.

Maquillaje y peluquería: Esmeralda, de Mery Makeup.
Headshot of Paka Díaz

Periodista, guionista y escritora especializada en feminismo y cualquier tema que tenga que ver con los derechos humanos y la igualdad de género y el colectivo LGTB+. Además de viajar, sus otras pasiones son los libros, el cine, la música. La podéis encontrar de festivales y conciertos, dándolo todo bailando. Coautora con Mabel Lozano del libro ‘Te invito a un mojito', sobre el cáncer de mama. Le encanta entrevistar a mujeres 'power' y se motiva en 3, 2, 1...