"Soy gemela, así que mucha gente asume que mi hermana y yo estamos muy unidas, pero no es así. Seamos sinceras: ni siquiera llamaría relación a lo que tenemos, lo veo más como una obligación sólo por haber compartido el mismo vientre materno. No puedo ignorarlo por más tiempo: no me cae bien, es una persona muy egoísta. Por ejemplo, hace poco me suplicó que fuera a una fiesta con ella, me llevó hasta allí... y luego me dejó tirada sin avisar y sin ningún motivo", nos cuenta, sin especificar su nombre, una lectora de COSMO.

"Si fuera por mí, habría cortado hace años –prosigue–. Me mantengo medio conectada con ella por nuestra madre, que todavía quiere que tengamos una unión idílica, como en un cuento de hadas. Le molesta que no nos llevemos bien y nos manipula sutilmente para que hagamos planes juntas. Una vez, me dijo que me echaba mucho de menos para que pasara un fin de semana en su casa…, pero olvidó comentar que ella también iría. De hecho, siempre se ha resistido a aceptar mis decisiones sobre este tema. Sabe que estoy dispuesta a romper cualquier vínculo con mi hermana, más allá de coincidir en algún acto familiar, pero sigue sin respetarlo. La cuestión es que no es sólo mi madre, sino también mi mejor amiga. No quiero perderla".

La pregunta está clara: en este tipo de conflictos familiares, ¿es posible mantenerse firme sin que se resientan también otros afectos? ¿Hay que ceder?

No estás sola: ¡somos muchas!

Se trata de una situación muy común, según relata la terapeuta Minaa B., autora del libro 'Owning Our Struggles' ('Asumiendo nuestras dificultades'): "Cuando los padres sienten un amor incondicional por uno de sus hijos, pueden llegar a tolerar todos sus comportamientos, incluso los hirientes, y a veces se olvidan de que el resto no tiene por qué hacer lo mismo".

Esta experta en salud mental alaba la actitud de la lectora, a la que contesta directamente: "En primer lugar, parece que estás haciendo todo lo que está en tu mano para mantener la paz. Hace falta mucha madurez para admitir que tu hermana pueda estar presente en las reuniones familiares, incluso ir a saludarla (o no) y disfrutar a pesar de ella. Si eso te funciona, sigue así –aconseja–. Pero piensa que, si te cuesta demasiado, también está bien que te saltes esos eventos".

Sin embargo, esta especialista critica sin ambages la forma de actuar de la madre, el vértice de este complicado triángulo afectivo: "Tienes toda la razón, te está manipulando –corrobora–. No tiene en cuenta cómo te sientes. Al instarte a visitarla sin anunciarte que ella también estaría allí, violó tu confianza. Y, cuando una persona te demuestra que no puedes confiar en ella, tienes que poner un escudo para protegerte".

¿Cómo actuar? De una forma sencilla, aunque quizá sea la que más cueste: hablando sin tapujos con ella. "Antes, prepárate emocionalmente –indica–. Recuerda que no tienes ningún control sobre su reacción y ser consciente de eso puede ayudarte a estar centrada y mantener la calma. Vuestra relación es muy cercana, y por eso la conversación puede hacerse difícil, así que te recomiendo que desde el principio le subrayes lo mucho que la valoras. Prueba a decirle: 'Mamá, significas muchísimo para mí. No quiero perderte, pero debes comprender que no deseo tener a mi hermana en mi vida. Nunca me escucha, y me siento insegura cuando estoy con ella. No es sano. Creo que lo mejor que puedo hacer es intentar cuidar mi propia salud mental y necesito que tú lo aceptes'".

Al instarte a visitarla sin anunciarte que ella también estaría allí, violó tu confianza

Después, queda una parte esencial: detallarle tus límites sin que le quepan dudas o (mal)interpretaciones: "Verbalízalos y sé muy concreta –recalca Minaa B.–. Por ejemplo, uno de ellos puede consistir en reclamarle que no habléis de ella, o que te avise cada vez que vaya a participar en alguno de los planes familiares, o cualquier otra cosa que se te ocurra. Déjale claro que, si los traspasa, te dolerá bastante y te sentirás traicionada".

También puede resultar conveniente explicarle las consecuencias que puede tener hacerlo, con frases como: "Si quedo contigo y veo que está ella, me voy" o "si sacas alguna vez el tema de mi hermana, se acabó la charla". Pero, ojo, porque después viene lo difícil, cumplir los compromisos a los que una misma se obliga: "Si llega el caso, te tocará hacer lo que le has dicho que harías. Ten por seguro que, si tu madre continúa organizando citas con tu hermana y tú, a pesar de todo, sigues presentándote una y otra vez, ninguna de las dos te tomará en serio".

¿De verdad crees que hay alternativa?

Obviamente, se trata de una conversación compleja, en la que mantener el equilibrio entre la contundencia sobre lo que una quiere y la delicadeza hacia la otra persona puede convertirse en una cuestión peliaguda. "Sé que te preocupa herir los sentimientos de tu madre –resume la terapeuta–. Es normal, pero también quiero que pienses en la alternativa: ¿preferirías complacerla para hacerla feliz mientras tú te sientes miserable?". En realidad, no parece siquiera una opción, al menos no una aceptable.

¿Prefieres seguir complaciendo a tu progenitora mientras tú te sientes miserable?

"Lo cierto es que no hay nada que puedas hacer para adivinar cuál será su reacción cuando le plantees esta situación. No puedes imponerle a nadie cómo debe sentirse respecto a tus propios límites, incluso si lo que pides es razonable (y en este caso, te lo aseguro, lo es). Es más que posible que a tu madre no le guste lo que va a escuchar, sí, pero esa parte la tiene que gestionar ella, no tú", concluye Minaa B.

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Minaa B.
Columnista de consejos de terapia gratuita
Minaa B. es la autora de Owning Our Struggles, trabajadora social con licencia y educadora de salud mental. Dirige un consultorio de consultoría de salud mental que ayuda a las organizaciones a desarrollar la seguridad psicológica. También comparte recursos sobre cómo desarrollar relaciones saludables en su boletín Substack, Mindfl With Minaa. Vive en Nueva York.