Si consumes contenido 'online' cada día, tenlo claro: probablemente ya has digerido ideas antifeministas, a veces sin darte cuenta de que lo eran. Es una de las características de la 'womansfera' de nuestro país: las creadoras que las difunden no suelen hacerlo abiertamente, sino emboscadas en tendencias, propuestas de estilo de vida o bienestar. Esta forma subrepticia de operar responde al apoyo que la sociedad española presta a la igualdad entre mujeres y hombres: somos el país europeo en el que más personas se definen como feministas (un 51%, según Ipsos).

Sin embargo, los nuevos datos invitan a la preocupación, pues el porcentaje desciende en cuatro puntos con respecto a 2024 y un 52% también cree que el feminismo "ha llegado demasiado lejos", tanto que se ha acabado "discriminando a los hombres". Esta idea es la que moviliza a toda la 'manosfera': ellos son las víctimas de un movimiento que pretende terminar con la masculinidad.

Estrategia sutil

"Me preocupa lo sutil que puede llegar a ser este fenómeno", explica Silvia Díaz, socióloga e investigadora en medios, cultura digital y antifeminismo de la Universidad Complutense. "Aunque cierta parte del contenido está muy politizado y quien lo consume sabe a qué se enfrenta, la mayoría se vale de recursos estéticos para llegar a personas que no van buscando un contenido ideológico. En este contenido 'mainstream' se te va orientando de forma mucho más sutil y silenciosa para que tu aceptación de un determinado tipo de ideas sea cada vez mayor", comenta. Un paseo por las principales redes sociales permite comprobarlo.

En España no tenemos un ejército de 'tradwives' como en Reino Unido o Estados Unidos, mujeres ricas dedicadas en cuerpo y alma a sus labores y al antifeminismo. Sólo a un clon llamado Roro que resultó ser una ficción: Rocío López Bueno aclaró en televisión que es feminista y no sumisa y que no comparte los ideales de las 'tradwives'. Los perfiles de la 'womansfera' española que no ocultan su antifeminismo, influencers como May López-Bleda de Castro (negacionista del cambio climático y que rechaza la píldora anticonceptiva), Andrea Payán (que sostiene que "el feminismo machaca al hombre") o Carmen López-Manzano (que niega que exista discriminación contra las mujeres), no suelen superar las 50.000 seguidoras en Instagram.

Cierta parte del contenido está muy politizado y quien lo consume sabe a qué se enfrenta

Diosas domésticas

Sí los supera Ramsey Ferrero, con medio millón de 'followers' entre todas sus redes. Opina que el feminismo "está haciendo que las mujeres imiten lo malo de los hombres" o que, en pareja, ellos deben mandar porque si lo hacen ellas, "hay problemas". No suelen ir tan lejos las 'influencers' realmente influyentes, creadoras que superan el millón de fans y que difunden una feminidad ultraconservadora por su fe religiosa o por autodefinirse como madres "con valores marcados".

Hablamos de María Pombo, Tamara Falcó, María García de Jaime, Grace Villareal, Rocío Osorno… Aunque son las líderes de sus propios negocios, y en gran medida siguen la estela de Pitita Ridruejo, gran dama de la alta sociedad de los 80 y 90, en sus cuentas defienden la familia heterosexual tradicional, se oponen al aborto y la eutanasia y en su estilo de vida incluyen costura, cocina, gimnasio, misas o toros. Su mensaje más o menos subliminal es de escepticismo ante la política. No se sienten discriminadas porque no les afecta la conciliación (contratan trabajadoras domésticas), no sufren acoso sexual ni laboral (son sus propias jefas, jamás toman el transporte público ni salen de sus zonas VIP) y pueden comprar la apariencia hiperfemenina que requiere su estatus: cirugías, fillers, extensiones, inyecciones, tratamientos de última generación, entrenador personal...

A veces, su fe les juega malas pasadas. Tamara Falcó, por ejemplo, promocionó en sus redes los retiros de Emaús y Effetá, denunciados por comportamientos sectarios y disueltos por el Arzobispado de Madrid este verano. Reclutaban sobre todo a chicas jóvenes y las aislaban de su entorno.

No necesitan para nada el feminismo, de ahí que se conviertan en el referente ideológico de todo lo contrario: son las 'diosas domésticas que requieren los hombres de alto valor', o sea, líderes, con éxito laboral y físico poderoso. Integran ese 15% de españoles que cree que un hombre que se queda en casa a cuidar de sus hijos es "menos hombre". Así lo cree el 23% de los 'centennials', el 17% de los 'millennials', el 10% de la generación X y el 4% de los 'baby boomers', según la encuesta de Ipsos.

¿Cómo es posible que esta vuelta a los roles de género de 1950 triunfe entre los más jóvenes? Una de las claves es digital: las redes sociales favorecen el contenido que divide porque suscita más 'engagement'. Como consecuencia, el 55,5% del discurso sobre igualdad de género en X ya es antifeminista, según un estudio de la consultora de comunicación LLYC.

Está haciendo que las mujeres imiten lo malo de los hombres

Valientes, a casa

Las redes, sin embargo, sólo expresan un sentir social. ¿Y de dónde viene este sentir? Marta Fraile, científica del CSIC y coautora de una investigación sobre el papel de las 'influencers' a la hora de diseminar contenido antifeminista, apunta a varios motivos. "Como factor estructural, diría que el auge de la extrema derecha. A nivel individual, la clave está en que asumir el papel tradicional de las mujeres del siglo pasado se presenta como algo rebelde o valiente. El nuevo marco viene a decir algo así: por fin hay gente que se atreve a decir que está en contra del discurso dominante de la igualdad de género".

Si el feminismo ha perdido el atractivo de la transgresión, ¿debemos esperar un retroceso? "Después de cada ola feminista ha habido una reacción y todas han intentado empujarnos de nuevo al espacio doméstico. Pero todas han fracasado", explica Nerea Pérez de las Heras, periodista y autora teatral. "La ola reaccionaria trata de presentar como algo natural y normal que el papel de las mujeres se limite a la casa y la maternidad. Como si no fuéramos seres humanos de pleno derecho".

¿Cómo es posible que esta vuelta a los roles de género de 1950 triunfe entre los más jóvenes?

Tampoco ve nada claro que esta feminidad que defiende la 'womansfera' pueda restar credibilidad al feminismo. "¿Qué entendemos por feminidad? Una mujer cis, frágil, sensible, muy preocupada por su aspecto, que no discute, comprensiva, maternal, enfocada en los cuidados, sin ambición, tampoco intelectual… Yo no conozco a ninguna mujer así. De ninguna edad. Y nuestras abuelas tampoco eran de este modo: quizá no podían tener propiedades o trabajar, pero eso no anulaba su capacidad de llevar la contraria o sus ambiciones intelectuales, que son inherentemente humanas. Esa feminidad siempre ha sido impuesta, un molde útil a la sociedad para que hagamos todas esas cosas (comprender, cuidar, ser madres...) gratis. La feminidad, sencillamente, no existe".

Diccionario antifeminista básico

Que no te despisten estas nuevas palabras: se refieren a viejas ideas que intentan volver.

  • Mujer de alto valor. Mujer muy femenina y que no ha tenido muchas parejas sexuales. Deja que los hombres lleven las riendas y la cuiden, que sean caballeros y paguen la cuenta cuando toca.
  • ‘Body count’. Un neologismo nuevo para una idea muy vieja que trata de limitar la libertad sexual. Se refiere al número de parejas que ha tenido una mujer, para afearlo si se considera alto.
  • Energía femenina. La que conecta con disposiciones que corresponden sólo a las mujeres: cuidar, limpiar, atender a los hombres de la casa y embellecerse. El rol de género de nuestras bisabuelas.
  • Hipergamia. La (falsa) idea de que las mujeres buscan una pareja de estatus superior. También creen en la teoría 80:20, que dice que el 80% de las féminas se siente atraído por el 20% de los hombres.
  • Familia natural. Es aquella en la que puede garantizarse la reproducción: la compuesta por un hombre, una mujer y sus hijos. Para el antifeminismo, una familia no es tal si no perpetúa la especie.
feminidad
Getty Images

Alerta a todos los niveles

El antifeminismo no sólo devuelve a las mujeres al hogar. Su agenda es más amplia.

  • Anti LGTBIQ+. No sólo Hungría prohibió el Orgullo LGTBIQ+ este año. Reino Unido ya no reconoce legalmente a las mujeres trans y Estados Unidos define el sexo como «inmutable» y ha eliminado la categoría género en los registros administrativos.
  • Voz y voto. El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, defiende acabar con el voto femenino, lo mismo que el Partido Político Reformado holandés. Las encuestan confirman que las mujeres son las que menos votan a la ultraderecha.
  • Más bebés. Hungría es el país que más incentiva la maternidad «para no depender de la inmigración», pero los subsidios y los préstamos sólo van a matrimonios heterosexuales. En caso de divorcio, son ellas las que quedan en deuda.
  • Negacionismo. Como explica Nerea Pérez de las Heras, la ola reaccionaria se vale del antifeminismo para luchar contra la redistribución de la riqueza. Por ejemplo, para utilizarla en la defensa contra el cambio climático. Promueven el negacionismo.