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Cada 11 de octubre se celebra el Día Internacional de la Niña. Pero imagina ahora tener 13 años –o cinco o diez– y que tu futuro se decida sin tu voz. Que otros elijan por ti algo tan brutal como si seguirás estudiando o si, por el contrario, tendrás que casarte en contra de tu voluntad. Para millones de niñas en el mundo, eso no es una metáfora o el argumento de una novela romántica bastante chunga, sino más bien su realidad diaria. Cada año, 12 millones de niñas son obligadas a casarse antes de cumplir los 18, y cerca de 2 millones, antes de los 15. Son cifras que dejan helada y que, como recuerda Arantxa Osés, responsable de incidencia internacional en Save the Children, “dibujan un mapa de desigualdad que atraviesa regiones, religiones y clases sociales”.
“En las zonas donde trabajamos, el matrimonio infantil se da sobre todo en contextos de pobreza estructural y desigualdad de género”, explica Osés. Los riesgos climáticos, como sequías, inundaciones, desplazamientos forzados, agravan la vulnerabilidad de las familias. “En muchos casos, casar a una hija se percibe como una estrategia de supervivencia o protección”, indica la experta.
El fenómeno tiene un rostro global, aunque adopta formas distintas. En África subsahariana y Asia meridional las cifras son más altas. El recuerdo de las niñas en Afganistán, dejadas a merced de los talibanes y su régimen de apartheid de género, planea sobre todo este reportaje. Desde que llegaron al poder en 2021, en Afganistán los matrimonios forzosos se han disparado. Las niñas de entre cinco y siete años ya son obligadas a casarse con hombres adultos, según la organización Too Young to Wed, de la fotógrafa ganadora del Puzlitzer Stephanie Sinclair. Cada tres segundos, una niña en el mundo es obligada a casarse en contra de su voluntad, asegura en su web.
En América Latina también ocurre esta realidad silenciada. Por ejemplo, Bolivia acaba de prohibir legalmente el matrimonio infantil, tras tres años de movilizaciones de la sociedad civil y organizaciones como Save the Children. “Es el decimocuarto país en la región que lo prohíbe”, añade Osés, “pero todavía hay 16 más donde existen excepciones legales que permiten casarse siendo menor. Aun así, es una victoria enorme que demuestra que la presión social y el activismo funcionan”.
Avances en la lucha
La tendencia global apunta a una leve disminución del matrimonio infantil en la última década, pero el ritmo no es suficiente. Si no se adoptan medidas, más de 100 millones de niñas podrían casarse antes de 2030. “La ley cambia, pero las costumbres tardan más”, lamenta Osés. “Hay familias que siguen creyendo que casar a su hija es protegerla, cuando en realidad la están privando de salud, educación y libertad”.
Desde Save the Children, la estrategia combina varios frentes, desde la incidencia política, a la sensibilización comunitaria y, por supuesto, el apoyo directo a las niñas. “La educación es nuestra herramienta más poderosa”, asegura Osés. La experta explica que cuando una niña sigue en la escuela, se retrasa su matrimonio y se multiplican sus oportunidades. “Por eso acompañamos económicamente a familias vulnerables para que sus hijas no abandonen los estudios”, subraya.
También se impulsa el liderazgo juvenil. “Las niñas líderes son el corazón de nuestro trabajo”, afirma Osés. Ellas mismas frenan matrimonios, hablan con autoridades y cambian la percepción de lo que una niña puede lograr. “No les decimos qué hacer: les damos herramientas para que ellas mismas lideren el cambio”, aclara la responsable de Save The Children.
Entre esas jóvenes líderes destacan Monisa, de 19 años, en Bangladesh, Alva, de 13, en Jordania, y Chiluba, 16, y Agness, 15, en Zambia. Todas tienen algo muy claro, casarse no es un destino, sino una imposición perversa que puede y debe romperse. Todas ellas luchan contra el matrimonio infantil, y se han convertido en referentes para otras niñas y para sus comunidades.
Monisa, 19 años, Bangladesh
En su aldea natal, Barishal, en Bangladesh, Monisa creció viendo cómo muchas de sus amigas abandonaban la escuela para casarse. Ella también estuvo a punto de ser una de ellas. Pero logró evitar ese futuro de esclavitud. Hoy, a sus 19 años, lidera la campaña SHIFT, un programa juvenil impulsado por Save the Children para promover la educación de las niñas.
“Cuando las mujeres reciben educación superior, sus opiniones son tomadas en cuenta”, dice Monisa. “Antes me decían que estudiar no servía para una chica, pero ahora soy yo quien enseña a otras niñas que pueden ser lo que quieran. La educación es la clave del cambio”, asegura reflexiva. Porque las vidas de las jóvenes líderes contra el cambio les exigen una madurez que no tendrían otras niñas de su edad.
Con su equipo de jóvenes voluntarios, Monisa ha organizado eventos en escuelas, compone canciones y ha recorrido su comunidad difundiendo mensajes sobre igualdad y derechos. Han logrado llegar a más de 6.500 personas en actividades presenciales, y han impactado en más de 700.000 a través de redes sociales. “Muchos vecinos nos criticaron”, recuerda Monisa, “decían que perdía el tiempo. Pero no me importó. Quiero eliminar la oscuridad con conocimiento”. Su madre, Tonu, hoy se siente orgullosa de su hija: “Al principio los vecinos me juzgaron, pero entendí que ella estaba aprendiendo cosas que le servirán toda la vida y que podría ayudar a otras niñas”.
Alva, 13 años, Jordania
En el campo de refugiados de Zaatari, Jordania, la vida de Alva, de 13 años, ha estado marcada por la guerra. Ella nació en Siria y apenas tenía ocho meses cuando una bomba cayó sobre su casa. Estuvo a punto de acabar entonces. “Mi tía me salvó cargándome en brazos, pero ella murió en el acto”, recuerda.
Hoy, en el Centro de Empoderamiento de Adolescentes de Save the Children, Alva ha encontrado un espacio seguro donde sanar y aprender. Allí se entrena en defensa personal, escribe poesía y ayuda con ella a concienciar sobre el matrimonio infantil. “Antes era débil, pero ahora soy fuerte por dentro y por fuera. Ya puedo defenderme”, afirma. Sus palabras muestran su fuerza y su determinación para acabar con esta lacra.
Algo que se repite en estos programas de lucha social es el uso de la poesía como herramienta. Alva ha escrito un poema que resume sus objetivos: “Después de cien años, deseo que todas las guerras terminen, y que el matrimonio infantil también lo haga. Porque somos niñas, y merecemos soñar.” Porque ella, como el resto de jóvenes, reclama su derecho a ser educada, a vivir segura con su familia, a jugar, y a expresarse. “No dejaré de ir a la escuela. No dejaré de jugar. No dejaré de hablar. Escuchadme, porque tengo derecho a ser escuchada”, recalca en sus poesías. Sus palabras, traducidas del árabe, se han convertido en lema para las niñas del campamento. “Solo somos niñas. Y queremos vivir como niñas”, concluye. Y más claro no se puede hablar.
Chiluba y Agness, Zambia
En Zambia, Chiluba, de 16 años, y Agness, de 15 son mejores amigas. Las dos van juntas a clase, pero además tienen un objetivo común: luchar contra el matrimonio forzoso. Ambas forman parte del Club de Salud Adolescente apoyado por Save the Children. Antes de que existiera, muchas adolescentes abandonaban las clases por vergüenza o desinformación. Hoy, gracias a su trabajo, las chicas hablan abiertamente sobre menstruación, derechos y educación.
“Antes no sabíamos nada sobre nuestros derechos”, explica Chiluba. “Si una amiga tenía la regla, se quedaba en casa por miedo a las burlas. Ahora tenemos baños seguros y hemos aprendido a fabricar nuestras propias compresas. Podemos ir a clase sin miedo. Juntas podemos cambiarlo todo”, cuenta. Según un informe de UNESCO, 1 de cada 10 niñas en África subsahariana no asiste a la escuela durante su periodo menstrual.
Chiluba y Agness han escrito un sencillo poema que se ha vuelto un símbolo de su causa: “Mamá, antes de casarme, piensa en mi educación. Papá, no me veas como una fuente de dinero. Si estudio, puedo ayudarte más en el futuro. Juntas, las adolescentes podemos decir no al matrimonio precoz y sí a la escuela”.
Las dos sueñan con ser enfermeras, pero saben que para ello necesitan igualdad. Por eso se han convertido en unas auténticas luchadoras por sus derechos… y los de las demás. “Queremos cuidar de todos y demostrar que las niñas educadas no solo tenemos una vida mejor, sino que podemos ayudar a transformar a comunidades enteras”, dice Agness. Su profesora y coordinadora del club, Eunice, confirma el impacto que ha tenido el programa en sus vidas. “Han ganado confianza, tienen mejores notas, y tanto ellas como los chicos ahora entienden que la menstruación no es una vergüenza, sino algo natural. La escuela es un lugar más igualitario gracias a ellas”.
Sin matrimonio hay futuro
En todos estos lugares, el trabajo de Save the Children busca lo mismo, que las niñas puedan seguir siéndolo. En Nepal, Etiopía, Sierra Leona, República Dominicana o Bolivia, las leyes están cambiando gracias al impulso de miles de jóvenes que se niegan a aceptar el silencio. Evitar esta práctica romper los círculos de pobreza y discriminación que condenan a muchas niñas a perder su infancia.
Otro de los últimos países ha sido Colombia, que el año pasado dio un paso histórico al prohibir el matrimonio infantil y las uniones tempranas, eliminando del Código Civil el artículo que permitía a los mayores de 14 años casarse con consentimiento paterno. La norma, vigente desde 1887, vulneraba los derechos de miles de niñas, niños y adolescentes, en un país donde una de cada cinco adolescentes está casada o en relación similar, y una de cada diez niñas entre los 10 y 14 años.
“Las niñas no se tocan”, señala Bibiana Aido, representante de ONU Mujeres en Colombia, destacando el avance hacia la igualdad de género y el cumplimiento del Objetivo de Desarrollo Sostenible número 5, Lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y niñas.
Programas como los de Save The Children muestran la importancia de ayudar a las menores a que sean quienes tomen las riendas de su futuro. “Las niñas líderes nos enseñan que el cambio no se impone desde fuera”, dice Arantxa Osés, “nace desde dentro, cuando una niña descubre su voz y se atreve a usarla”. Pero los retos siguen siendo enormes. Las crisis económicas, las guerras y el cambio climático están aumentando el riesgo de matrimonios precoces. “Cuando una familia pierde sus ingresos o su hogar, casar a una hija puede parecer una salida. Es cruel, pero es real”, explica Osés.
Por eso es importante seguir hablando de esto, a través de campañas como la que ha lanzado la ONG, #CasarseNoEsUnJuego, que han logrado que miles de personas se movilicen. También facilitar el acceso a la información, la Alianza Global “Niñas, no esposas” a través de su Child Marriage Atlas nos pone al frente de esta realidad, algo fundamental para trabajar contra la desinformación y a favor de la movilización y el cambio.
Por eso es necesario seguir invirtiendo en educación. Solo así se podrá romper el ciclo de la pobreza y la discriminación. El futuro de las niñas depende de seguir informando sobre su realidad, asegurar los programas de apoyo y no bajar la guardia. Y no dejarlas en manos de gobernantes sin escrúpulos, como ocurre en este momento en Afganistán. Hay lugares donde el consentimiento aún es una quimera. Esa falta de igualdad, destruye las oportunidades de futuro. “Si aseguramos recursos, leyes y educación inclusiva, y si apoyamos a estas niñas líderes, podemos erradicar el matrimonio infantil”, asegura Osés. “Cada vez que una niña alza la voz, damos un paso más hacia un mundo donde casarse deje de ser un mandato y vuelva a ser lo que debe ser: una elección”, concluye.
Periodista, guionista y escritora especializada en feminismo y cualquier tema que tenga que ver con los derechos humanos y la igualdad de género y el colectivo LGTB+. Además de viajar, sus otras pasiones son los libros, el cine, la música. La podéis encontrar de festivales y conciertos, dándolo todo bailando. Coautora con Mabel Lozano del libro ‘Te invito a un mojito', sobre el cáncer de mama. Le encanta entrevistar a mujeres 'power' y se motiva en 3, 2, 1...

















