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Las investigaciones Driven into the Darkness: How TikTok Encourages Self-harm and Suicidal Ideation (Llevados a la oscuridad: cómo TikTok fomenta la autolesión y la ideación suicida) y I Feel Exposed: Caught in TikTok’s Surveillance Web (Me siento expuesto: atrapado en la red de vigilancia de TikTok) subrayan las situaciones de abuso que muchas personas han experimentado en TikTok. Un análisis técnico realizado en colaboración con el Instituto de Transparencia Algorítmica y AI Forensics empleando cuentas automatizadas descubrió que tras pasar entre cinco y seis horas en la plataforma, casi uno de cada dos vídeos estaba relacionado con la salud mental y era potencialmente dañino.
Lisa Dittmer, investigadora de Amnistía Internacional, asegura que los hallazgos revelan las prácticas de diseño manipuladoras y adictivas de TikTok, diseñadas para mantener a los usuarios enganchados el mayor tiempo posible. “También muestran que el sistema algorítmico de recomendación de contenido de la plataforma, al que se atribuye su rápido auge global, expone a niños, niñas y jóvenes adultos con problemas de salud mental preexistentes a graves riesgos de daño”, dice.
Tan preocupante es la influencia que las redes sociales pueden tener en la salud mental que Ignacio Macías Martínez, estudiante del grado de Ciencia de Datos Aplicada, ha puesto en marcha un trabajo para la detección temprana de riesgos de suicidio a través del análisis de textos mediante la aplicación de la Ciencia de Datos y la Inteligencia Artificial. El Dr. Xavier Fàbregas, director médico de MAS FERRIOL y médico especialista en adicciones y trastornos de salud mental, asegura que las redes sociales están entrenadas para continuar con un tema que nos ha parecido interesante.
“Y, precisamente, esto crea una tensión añadida porque la mayoría de las cosas que nos enseñan son muy extremas e influyen gravemente en la salud mental. A esto se suma un riesgo creciente relacionado con el uso de la inteligencia artificial. En un caso reciente en Estados Unidos, unos padres demandaron a una empresa tras el suicidio de su hijo, argumentando que un chatBOT no ofreció apoyo emocional ni recomendó ayuda profesional, sino que brindó indicaciones técnicas sobre cómo llevar a cabo el suicidio. Este ejemplo evidencia que los algoritmos carecen de juicio moral y, en ocasiones, pueden reforzar conductas dañinas en lugar de prevenirlas”, comenta.
Señala por ello que los algoritmos no están preparados para juzgar moralmente las acciones o las preguntas que hace la gente a los dispositivos. “En vez de encontrar una respuesta empática, una respuesta de ayuda, de comprensión, incluso de consejo para que buscase esa asistencia médica o esa ayuda familiar, el chat se dedicó a darle consejos técnicos de la mejor manera de suicidarse”, dice. “Cuál era la mejor cuerda para colgarse, cuál era el nudo más seguro y en un momento determinado incluso empezó a aconsejar sobre cómo ocultar las intenciones suicidas a la familia. Además, se hace con esta aparente calidez, con la permanente disponibilidad que contrasta con las dificultades en las relaciones humanas”, añade.
El Observatorio del Suicidio en España indica que el suicidio es la primera causa de muerte no natural en nuestro país, con más de 4.000 fallecimientos al año, siendo la media de de 11 cada día. Patricia Expósito, autora de Autoestímate: lo urgente eres tú (Alfaguara, 2025), asegura que las redes sociales son un arma de doble filo. “Por un lado, cuando una persona vulnerable se expone a mensajes que “idealizan” de alguna manera el suicidio, muestran métodos o trivializan el sufrimiento, el riesgo aumenta. Esto es lo que llamamos efecto Werther, donde el contagio puede ser real. A eso se suman factores como el ciberacoso o la comparación constante con vidas “perfectas”, que intensifican la sensación de soledad y fracaso", asegura.
Pero también pueden ser un espacio protector. "Cuando se difunden historias de superación, recursos de ayuda y estrategias para afrontar el dolor, aparece el efecto Papageno: el mensaje de que siempre hay alternativas”, explica. Comenta que en algunas redes sociales, al escribir frases de desesperación o relacionadas con el suicidio, aparece un mensaje para solicitar ayuda, ya sea a una persona externa mediante llamada o a un conocido a través de un mensaje. “El reto está en aprender a usarlas de forma consciente y en que las propias plataformas asuman su responsabilidad”, dice Expósito, directora de Tu Raíz Psicología, donde atiende a pacientes del centro, y profesora en un curso de intervención en suicidio.
Las conductas en la red más peligrosas
Pero, ¿cómo se puede desarrollar una "identidad suicida" a través de interacciones en comunidades en línea? El Dr. Xavier Fàbregas comenta que existen casos en los que la interacción se hace con comunidades virtuales que están en el mismo chat y que comparten vivencias, comparten problemas y experiencias, insatisfacciones, y que pueden hacer que en un momento determinado se hagan pactos suicidas.
“Sucede mucho más con adolescentes y fue durante una época un problema, sobre todo en sociedades como la japonesa, porque son sociedades muy individualistas con poca expresión de las emociones por motivos culturales, con mucha presión social y se sucedían situaciones en las que personas que habían conectado a través de la red compartían esa desesperación”, indica. Comenta que lo mismo sucede en retos de internet donde hay personas que hacen cosas tan increíblemente extrañas como tomar todas las pastillas posibles y el que pasa más días en urgencias o que pasa más días en coma, gana.
“Por otro lado, también se da el caso (que es más frecuente) de la persona que conecta individualmente, que no se siente comprendido y encuentra en esas respuestas de la inteligencia artificial una calidez y un interés que no encuentra en su día a día real. Por tanto, como internet y la inteligencia artificial específicamente está diseñada para darte la posibilidad de acceder a todos los contenidos que tratan del tema que te interesa, que se pueden utilizar para investigación o para conseguir bibliografía para un trabajo de la universidad, permiten también tener muchos datos sobre, en este caso, las conductas suicidas, la mejor manera de hacerlo, etcétera”, explica.
Aunque existen filtros para bloquear ciertos contenidos, estos no siempre logran detectar preguntas indirectas ni comprender el trasfondo emocional de quien consulta. Por eso, asegura el doctor, alguien en situación desesperada puede recibir información aparentemente neutra, pero que en realidad le proporciona herramientas para intentar un suicidio de manera más peligrosa y letal. Es aquí donde Patricia Expósito indica que a nivel personal, se recomienda cuidar nuestro propio feed y lo que vemos. “Por ejemplo, dejar de seguir cuentas dañinas o que nos hagan conectar con partes nuestras que nos duelen, reportar contenido sensible y buscar perfiles que transmitan bienestar o hablen de salud mental de manera responsable. Los algoritmos funcionan como un espejo: cuanto más interactuamos con lo positivo, más de eso aparece”, asegura.
Pero no cree que se tenga que dejar todo en manos del usuario. “Las plataformas deben implementar filtros, advertencias claras y redirecciones automáticas hacia líneas de ayuda cuando detectan búsquedas relacionadas con el suicidio. Se trata de combinar educación digital con un compromiso ético de quienes diseñan estas herramientas”, asegura. El Dr. Xavier Fàbregas Pedrell coincide al considerar necesario exigir a las empresas que brindan acceso a estos contenidos que implementen barreras y filtros que dificulten el mal uso de sus sistemas. “Sin embargo, también recae sobre nosotros, tanto a nivel individual como colectivo, la responsabilidad de rechazar un modelo de personas aisladas, encerradas en una habitación frente a una pantalla. Debemos apostar, en cambio, por recuperar y valorar otras formas de disfrutar la vida, muchas de ellas con una larga tradición que hemos descuidado o estamos perdiendo. Y es que, aunque Internet ofrece un acceso rápido y atractivo a innumerables posibilidades, las experiencias más complejas —aunque requieran mayor esfuerzo— suelen ser mucho más enriquecedoras”, dice para terminar.
Marita Alonso es experta en cultura pop y estilo de vida. Escribe acerca de fenómenos culturales desde una mirada feminista en la que la reflexión está siempre presente. No tiene miedo de darle una pincelada de humor a las tendencias que nos rodean e intenta que el lector ría y reflexione a partes iguales. Cuando escribe sobre relaciones, su objetivo es que la toxicidad desaparezca y que las parejas sean tan saludables como las recetas que intenta cocinar... Con dramáticos resultados, claro. Los fogones no son lo suyo.
Ha publicado dos libros ("Antimanual de autodestrucción amorosa" y "Si echas de menos el principio, vuelve a empezar") y colabora en diversos medios y programas de radio y televisión luchando por ver las cosas siempre de una manera diferente. Cree que la normalidad está sobrevalorada y por eso no teme buscar reacciones de sorpresa/shock mediante sus textos y/o declaraciones.
Licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense, imparte master classes de cultura pop, estilo de vida y moda en diversas universidades. En Cosmopolitan, analiza tendencias, noticias y fenómenos desde un prisma empoderador.












