- Cómo bailar sólo 5 minutos al día puede cambiar tu vida
- "La felicidad es una experiencia fluctuante que depende de cada momento de la vida": las dudas más comunes sobre felicidad y salud mental, respondidas por expertas
- Cómo el desorden afecta a nuestra salud mental y tres pasos para mantener nuestra casa en orden
Sara Sorribes, hija de una monitora de tenis y de un jugador de fútbol, creció entre raquetas y balones. "De mi madre heredé el amor por el tenis, y de mi padre, muchísimos valores del deporte", nos confiesa la tenista durante una charla en la que deja claro que esta es la clave para comprender su trabajo de una manera tan sana. Esa combinación la llevó a debutar con tan sólo 16 años en el Torneo Barcelona Ladies Open de 2012 (parte del circuito WTA), algo que marcó el inicio de su trayectoria en el circuito profesional. Desde entonces, su vida ha estado marcada por la exigencia.
Más de una década después, la castellonense afronta una etapa distinta y uno de los retos más difíciles de su carrera: parar. El pasado mes de abril anunció a través de su Instagram una pausa indefinida para cuidar de su salud mental y escuchar a su cuerpo, que le pedía descanso. A su lado, además de su familia y equipo, está Nara Seguros, patrocinador que la acompaña en este proceso. En esta entrevista, nos cuenta cómo empezó su amor por el tenis, las luces y las sombras de la alta competición y la valentía de echar el freno.
Debutaste siendo una adolescente. ¿Qué momentos clave recuerdas en esta transición de jugar por diversión y empezar a competir de manera profesional?
Ese torneo es un momento que recordaré siempre porque fue precioso, aunque estaba supernerviosa. El cambio es enorme, ya que pasas de jugar con gente de tu edad, o un poco mayor, a enfrentarte a jugadoras con mucha experiencia y con un físico muy trabajado. El punto clave fue darme cuenta de que, igual que competía bien contra chicas de mi edad, podía hacerlo contra jugadoras mayores. Ahí entendí que necesitaba otro nivel de profesionalidad y concentración. Yo tenía algo muy bueno porque iba a entrenar todos los días con ganas de aprender y mejorar y lo hacía por mí. Todo lo que me estaba pasando en ese momento era una sorpresa, porque yo llegaba a cada torneo pensando que podía perder en primera ronda y cuando ganaba era una alegría total.
¿Cómo es llegar a un campeonato sin pensar que vas a ganar y vencer a las mejores de España?
Impacta. Recuerdo la primera vez que me llamaron para jugar con la selección, más allá de lo que fuese a pasar en el partido, era un sueño. Cada pequeño paso era una experiencia muy bonita. Mi madre lo cuenta de forma muy graciosa. Cuando gané un torneo contra las mejores de España, pensó: 'Ostras, pues igual también puede ganar el campeonato de España'. Lo gané, y entonces dijo: 'Bueno, pues igual puede ganar el de Europa'. Todo fue muy natural, poco a poco.
¿Sentías presión en ese momento?
De niña, no. La presión llegó más adelante. Cuando eres joven, entrenas sin fin, tiras y tiras y puedes con todo. Pero llega un momento en que te das cuenta de que estás realmente cansada. Pero duermes, te levantas y vuelves a empezar. Con los años, la parte mental pesa más. No quieres perderte ciertos momentos, quieres estar más en casa, empiezas a ver otras cosas de la vida. Es algo normal, pues no tienes la misma ilusión al principio que después de diez años. Pero incluso así, es importante encontrar motivación y mantener viva la ilusión.
En abril anunciaste una pausa indefinida del circuito. ¿Qué te lleva a pasar de estar enamorada de la profesión a perder la ilusión como contaste en redes?
Pasarlo realmente mal. Que el cuerpo te diga: 'Hasta aquí. Si no me escuchas, me voy a quejar mucho más'. No es una decisión impulsiva, es algo que lleva mucho tiempo.
¿Cuándo te diste cuenta de que era el momento?
Me encanta escribir y, revisando mis notas, vi que ya en diciembre de 2023 apuntaba que necesitaba parar. Mi cuerpo me mandaba señales. 2024 era año Olímpico y eso me hacía mucha ilusión, pero lo estaba pasando mal. Cada torneo se me hacía cuesta arriba. La carta que publiqué en Instagram la escribí en Bogotá, justo después de un partido individual. Me senté y salió sola. A eso se le sumó que hablé con mi psicóloga y le pregunté si el trabajo que tenía que hacer lo podía realizar mientras jugaba. Su respuesta fue: 'Poder podemos, pero va a ser mucho más lento'. Ahí dije: 'Vale, hasta aquí. Voy a parar. Me voy a tomar un tiempo'. Quería ver qué me deparaba en ese tiempo, qué me decía mi cabeza, qué me contaba mi cuerpo y qué sensaciones iba teniendo. En todo lo que hago intento dar mi máximo y eso, con los años, genera un estrés y un cansancio extra. Cuando llevas tanto tiempo intentando dar lo mejor de ti en cada entrenamiento y en cada partido, y de repente ya no puedes, cuesta mucho aceptarlo. A mí me colapsaba pensar que iba a entrenar sólo por cumplir, a fichar, como digo yo. Eso no me gustaba nada y se lo decía a mis entrenadores. Con el tiempo entiendes que es otra etapa más que hay que vivir. Si me lo hubiesen contado antes, habría pensado: '¿Cómo es posible que pase esto?'
¿Cómo lo externalizas con tu equipo y decides comunicarlo públicamente?
Allí en Bogotá se lo conté a Silvia, mi entrenadora. Su respuesta fue muy positiva, me entendió y me ayudó un montón. Luego, cuando llegué a Ostrava para el siguiente torneo, se lo comenté a Paco, mi otro entrenador y me dijo: '¡Ya era hora!'. Después llamé a mi madre y a mi hermano y les pedí que viniesen a verme jugar porque podía ser la última vez. Al volver de Ostrava, lo comuniqué al resto de las personas con las que quería hablar y, finalmente, publiqué el post.
¿Cuál fue la acogida?
Fue muy positiva, tanto dentro de mi equipo como en mi familia. Me entendieron y comprendieron que era algo necesario, que no me estaba haciendo bien como tenista ni como persona. Ellos, al final, sólo quieren lo mejor para mí. La reacción de la gente fue muy sorprendente, pues yo pensaba que tendría mucho menos alcance, pero tuvo una repercusión muy bonita y positiva, por la que estoy superagradecida.
¿Te cuesta decírselo a tu equipo o es algo que te alivia?
No, es un paso que me alivia. Creo que ellos ya tenían bastante idea de que no lo estaba pasando bien. Yo ya lo había verbalizado muchas veces, que no podía más, que necesitaba parar, incluso que quería retirarme. De hecho, una compañera de torneos me dijo cuando vio el post: 'El año pasado, en verano, ya me dijiste que ibas a parar. Ya lo llevabas pensando mucho tiempo'. Creo que fue un alivio para todos y que era totalmente necesario. Aunque teníamos cierto miedo al preguntarnos qué iba a pasar ahora.
¿Por qué seguías compitiendo?
Porque lo fácil es seguir en la rueda, en lo que llevas haciendo toda la vida, que es prácticamente lo único que sabes hacer. Vas a torneos, aeropuertos, hoteles y es algo que controlas. Parar, en cambio, es lo complicado. Pararse, escucharse, entender lo que necesitas es muy difícil. Me levanté al día siguiente y pensé: '¿Y ahora qué hago?' Antes entrenaba siete horas al día y, de repente, no tenía nada que hacer. Entre semana, un lunes por la mañana, todo el mundo trabajaba y yo no tenía ganas de hacer deporte. Un día decidí salir a correr y volví a casa a los ocho minutos porque mi cuerpo no daba para más. Entender que tu cuerpo te está pidiendo descanso y que está bien dárselo es muy duro, sobre todo cuando eres una persona tan activa y has llevado tu cuerpo al límite durante tanto tiempo. Las primeras semanas sólo puedes dormir porque estás KO. Luego, poco a poco, puedes hacer algo más, pero cuando crees que avanzas, vuelves a recaer y necesitas tirarte de nuevo en el sofá. Es un proceso difícil. Para mí, fue realmente complicado.
¿Cómo has ido gestionando esos sentimientos?
Ha habido momentos muy bajos y otros más altos, aunque muy altos tampoco (se ríe), porque el proceso no lo permite. Cuando eres una persona con fuerza de voluntad, determinación e ilusión, a veces te dices: 'Venga, va, estoy bien'. Pero al día siguiente vuelves a caer. Recuerdo un momento en el que creía que estaba bien y mi madre me invitó a acompañarla a jugar un rato y a los tres minutos tuvimos que irnos de la pista porque tuve un ataque de pánico y ansiedad. Creo que es totalmente normal tener días en los que no te levantas del sofá, en los que no puedes. Poco a poco vas entendiendo a tu cuerpo, mejorando la relación contigo misma, hablándote mejor, queriéndote más, cuidándote. Vas encontrando pequeñas cosas que te gustan y llegas al punto de sentir paz.
Además de la terapia, ¿qué más haces para cuidar tu salud mental?
Intento hacer respiraciones y, ahora que puedo, deporte, que me ayuda a sentirme mejor y a conectar conmigo misma. También intento leer, tener ratitos sólo míos y usar menos el teléfono, porque noto que me acelera demasiado. Trato de meditar y de escuchar a mi cuerpo. Hay momentos en los que no puedo hacer nada porque la ansiedad o la presión es intensa, pero el hecho de reconocerlo ya es un paso. Ser consciente de que vas demasiado rápido es importante.
¿Qué señales te indican que vas a toda velocidad?
Es como estar presente y no estarlo. Por ejemplo, estar haciendo esta entrevista, pero pensando en otra cosa. Cuando noto esa sensación de dispersión es porque necesito parar. Intento centrarme en lo que sea que esté haciendo y no tener la cabeza en otra parte.
¿Crees que una mala salud mental se refleja en el deporte?
Sí, totalmente. La salud mental es muy importante, porque tu cabeza tiene que estar bien para que el cuerpo funcione. A veces, sentía que mi cuerpo no respondía, que había un embudo que impedía que la energía fluyera. Cada vez se le da más importancia y visibilidad a este tema y eso me alegra mucho.
¿Qué has aprendido de ti durante esta pausa?
He aprendido que me gusta la Sara que hay fuera de la pista. Siento que estoy volviendo a ser yo: alegre, cercana y capaz de disfrutar de las cosas. Sobre todo, siento paz conmigo misma y eso es muy importante.
¿Crees que en un futuro volverás al tenis?
No lo sé todavía. Estoy en la fase de cuidarme y seguir curándome. Llegará un momento en el que me plantearé entrenar de nuevo y ver cómo responde mi cuerpo. Ese será otro paso. Ojalá pueda volver y disfrutar de algo que me encanta. Pero si no es así, porque mi cuerpo o mi cabeza no lo permiten, estaré orgullosa y tranquila de haber dado todo lo que tenía.
Raquel Ortega es experta en estilo de vida y le apasiona escribir sobre los temas que más interesan (y afectan) a su generación: relaciones, psicología, bienestar, cultura, viajes, gastronomía y autocuidado. En pocas palabras, adora todo lo que le ayuda a entenderse mejor y, sobre todo, aquello que tiene que ver con el placer (el físico, pero también el de comer bien, descubrir una historia que te remueve o hacer un viaje de esos que te recoloca por dentro). Raquel es esa amiga que escucha tus audios de cinco minutos hablando sobre tu ex y, además, lo analiza y te responde con referencias de series, libros y estudios sobre apego.
Graduada en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la Universidad Carlos III de Madrid, ha trabajado como videoperiodista en EL PAÍS y colaborado con medios como El Generacional. Su especialidad son las entrevistas a cantantes, escritoras y deportistas. Cuando no la encuentres escribiendo, probablemente esté probando un nuevo WOD de ‘crossfit’ o, simplemente, en un bar entre unas copas de vino con sus amigos.
P.D.: ¿Recuerdas lo del audio de cinco minutos? Podría ser ella perfectamente. Raquel no manda audios, manda podcasts (y sueña con, algún día, tener uno de verdad).














