El medio New York Times aseguró que 2024 había sido “el año en el que las estrellas sáficas dominaron el pop”. Desde Chappell Roan hasta Reneé Rapp han conseguido no sólo con su música, sino con sus declaraciones, que la industria musical, que tradicionalmente sexualiza a las mujeres y se asegura de moldear sus looks para satisfacer a la mirada masculina, haya dado un giro. “De niña, la palabra ‘lesbiana’ no me parecía adecuada. Sin embargo, ahora es un término con el que tengo una conexión emocional”, dijo Rapp en una entrevista concedida a them.

"La homosexualidad sigue estando penalizada dentro de las industrias culturales"

Por otro lado, Leyre Marinas, autora de Fucked Feminist Fans: Los orígenes del #MeToo desde la cultura pop musical (Dos Bigotes) cree que en realidad, la industria sigue sexualizando a las mujeres. “De hecho, tengamos en cuenta la polémica que ha habido con la portada del nuevo disco de Sabrina Carpenter. Yo creo que ya no es solamente una cuestión de la mirada masculina, sino que la homosexualidad sigue estando penalizada dentro de las industrias culturales”, dice.

En 1972 salió Angry Atthis, de Maxine Feldman, considerado uno de los primeros discos explícitamente lésbicos y aunque los avances han sido muchos desde entonces, Rocío Saiz quiere hacer una aclaración para comenzar. “Hace cinco años, el porcentaje de mujeres en las programaciones era 11%. Es decir: la perspectiva de género habla por sí sola con los datos. Podemos hablar de aceptación, pero no de podemos decir que se trate de un camino ya realizado ni asentado, porque las cifras no nos dicen que haya un esfuerzo por parte de los promotores por normalizarlo”, dice la autora de Que no se te note (Roca Editorial, 2024).

Marinas cree que el cambio en realidad ha sido la representación y visibilización del safismo, del lesbianismo y de la bisexualidad desde las artistas femeninas, ya sean mujeres cis o mujeres trans. “Antes sí que había una representación más 'queer' por ejemplo, desde el glam rock, pero eran hombres cisgénero y heterosexuales, como Mark Bollan y Roxy Music. Ese género musical sí tenía una representación bastante similar en el 'mainstream”, explica.

"Impera la homofobia y las que las que más lo sufren son las mujeres"

Considera que en realidad, más que preparar a las cantantes para atraer a la mirada masculina, se las incita a no hablar de su orientación. “Así se intenta mantener el 'status quo' del heteropatriarcado y del público más conservador. Se trata de evitar que haya un cambio para que siga esa hegemonía. Me temo que sigue imperando una homofobia importante y por supuesto, las que más lo sufren son las mujeres lesbianas, trans, bisexuales y no binarias. Y si encima eres una mujer racializada… Apaga y vámonos, porque la industria va a ir a por ellas”, asegura.

En Rolling Stone la profesora de musicología Lauron Jockwig Kehrer reforzó esta idea al comentar que aunque es cierto que hay una mayor visibilidad, los patrones son los de siempre. “Mujeres blancas, tradicionalmente atractivas y con una presentación de género mayoritariamente femenina son las que reciben cada vez más atención”, aseguró

“No conozco a ninguna lesbiana que haya dicho que lo es y haya empezado a vender miles de entradas"

“No conozco a ninguna lesbiana que haya dicho que lo es y haya empezado a vender entradas como churros. Es más, todo lo contrario. Sin embargo, cuando un hombre ha salido del armario, es mejor visto. Siempre la 'L' tiene una connotación negativa, como cuando dicen que somos más aburridas, más intensas”, apostilla Saiz. Así lo refuerza en Rolling Stone la periodista Abigail Covington, que resalta que tener reflexionar sobre si hablar abiertamente de su identidad 'queer' definirá o limitará de alguna manera su éxito puede ser agotador. "Es difícil, porque nuestra identidad es muy importante para quienes somos y para nuestra política. En la situación actual de reacción conservadora, no tenemos la oportunidad de ser simplemente artistas”, declaró entonces Josette Maskin, de MUNA.

La representación de la sexualidad entre mujeres en la cultura pop que ha alcanzado el 'mainstream' ha estado en la mayoría de los casos indudablemente construida para la excitación de los hombres. Desde el archiconocido beso entre Madonna, Britney Spears y Christina Aguilera en los MTV Video Music Awards de 2003 hasta el tema I kissed a girl de Katy Perry en 2008, los ejemplos más conocidos son buenos ejemplo de ello. Chappell Roan, King Princess y Hayley Kiyoko hablan de su atracción por las mujeres en entrevistas y en sus letras, un tema acerca del cual Rocío Saiz reflexiona.

“Considero que el lenguaje crea realidades. Siempre intento que todas mis canciones hablen en femenino. Creo que se puede jugar con el masculino y el femenino en el lenguaje, sobre todo si hablas sobre ti misma en primera persona. Sin embargo, he visto situaciones en las que hablas sobre una relación más o menos conflictiva, sobre un apego más o menos difícil o tóxico o sobre una circunstancia que es igual de dura para ti que para una persona cishetero y lo único en lo que se fijan es en si estás cantando en masculino o no. Y tienes que hacer otra vez ese ejercicio de explicar mientras centran en eso la atención en lugar de en lo que te está contando la canción”, dice Saiz, que el 11 de julio saca Humo, una canción con la que quiere dejar atrás el mito del 'bollodrama lésbico'.

"Tenemos la misma capacidad de hacer pop que cualquier otra persona en el colectivo"

“Está relacionada con permitirnos salir de fiesta, divertirnos, consumir lo que queramos consumir o no. Porque ahora está en boga aquello de si alguien es más o menos divertido por el hecho de consumir. Por ejemplo, las lesbianas no hemos estado toda la historia hablando sobre drogas en las canciones y no por eso somos menos divertidas, sino que tenemos otras prioridades u otra forma de sentir. Desde luego, a todos nos atraviesa la muerte, la ruptura, la soledad, la precariedad… Pero si lo canta una lesbiana, emergen comentarios como: ‘Ay mira, ya se está quejando, ‘Ay, ya está triste’, ‘Mira, ya está con el bollodrama’. Y en realidad, todo el mundo tiene la misma problemática. Somos divertidas, sufrimos igual y tenemos la misma capacidad de hacer pop que cualquier otra persona en el colectivo”, sentencia.

Leyre Marinas señala que en realidad, los temas cantados por mujeres lesbianas y bisexuales hacia otras mujeres siempre han existido, siendo la diferencia ahora que han llegado al 'mainstream'. “Antes estaba Mari Trini, pero en la actualidad lees las letras de estas cantantes y sabiendo su trayectoria, está clarísimo que les están cantando a otras mujeres. Toda la performance actual de artistas bisexuales, trans y lesbianas aporta una riqueza inmensa para el público del colectivo. Ojalá haber sido niña y adolescente con la cantidad de artistas bisexuales, lesbianas y trans que hay hoy. Es importantísima la visibilización y que todas estas orientaciones sexuales estén representadas porque si no se habla, si no se visibiliza y si no se proyectan estas realidades, cuesta mucho identificarse”, dice para terminar.

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Marita Alonso es experta en cultura pop y estilo de vida. Escribe acerca de fenómenos culturales desde una mirada feminista en la que la reflexión está siempre presente. No tiene miedo de darle una pincelada de humor a las tendencias que nos rodean e intenta que el lector ría y reflexione a partes iguales. Cuando escribe sobre relaciones, su objetivo es que la toxicidad desaparezca y que las parejas sean tan saludables como las recetas que intenta cocinar... Con dramáticos resultados, claro. Los fogones no son lo suyo.

Ha publicado dos libros ("Antimanual de autodestrucción amorosa" y "Si echas de menos el principio, vuelve a empezar") y colabora en diversos medios y programas de radio y televisión luchando por ver las cosas siempre de una manera diferente. Cree que la normalidad está sobrevalorada y por eso no teme buscar reacciones de sorpresa/shock mediante sus textos y/o declaraciones.

Licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense, imparte master classes de cultura pop, estilo de vida y moda en diversas universidades. En Cosmopolitan, analiza tendencias, noticias y fenómenos desde un prisma empoderador.