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Pese a que en la actualidad disponemos de más información que nunca acerca de cómo alimentarnos de forma saludable, al estar expuestos a numerosos estudios sobre dietas y noticias que alertan de la presencia de tóxicos en determinados alimentos, mientras que las redes sociales son un escaparate de cuerpos normativos y de mensajes que promueven nuevas modas alimentarias, confiar en estar alimentándonos bien nunca había sido tan complicado. Y al mismo tiempo, comer nunca había supuesto semejante reto, pues entre preparar menús equilibrados, eliminar determinados alimentos y preocuparnos por no ingerir demasiadas calorías, escuchar a nuestro propio cuerpo ha pasado a un segundísimo plano. Por eso, Mireia Hurtado, autora de 'Alimentación compasiva. Libérate de la obsesión por comer sano', aboga por volver disfrutar de la comida.
Caer en la ortorexia: cuando las dietas afectan a la salud
La psicóloga y dietista especializada en psicología de la alimentación, trastornos de la conducta alimentaria, terapia de aceptación y compromiso (ACT), terapia enfocada en la compasión, 'mindfulness' y 'mindful eating' arranca hablando de la ortorexia, un término inventado por el médico Steven Bratman y que sirve para describir a “las personas cuyas dietas extremas (destinadas a razones de salud) en realidad conducen a la desnutrición y/o al deterioro del funcionamiento diario”. En su libro 'Health Food Junkies' define la ortorexia como una fijación por comer alimentos saludables. Hoy es considerado un trastorno de la conducta alimentaria, aunque no está catalogado dentro del DSM-V, el manual de diagnóstico de los trastornos mentales.
¿Cómo diferenciar entre querer comer saludable y entrenar y caer en la ortorexia? “La diferencia está en la rigidez y la obsesión. Cuidarse desde el bienestar es diferente a hacerlo desde el miedo o la necesidad de controlar. Si comer sano ocupa demasiado espacio mental, genera ansiedad o afecta tu vida social o emocional, entonces hay que revisar si el deseo de cuidarse se ha convertido en una trampa”, explica la psicóloga y dietista, que en su libro habla de cómo esta obsesión disfrazada de salud puede derivar en ortorexia. “Nuevamente, si nuestra alimentación, aunque sea por salud, es demasiado rígida o restrictiva, no vamos a ser capaces de seguirla, nos va a generar culpa, ansiedad y miedo y nos ponemos en peligro de que nuestra relación con la comida se dañe”, advierte.
Hay quien al tener una enfermedad se culpa por haber llevado cierto estilo de vida y los que creen que comiendo "bien" y entrenando estarán sanos, por lo que si enferman sienten rabia o frustración. Comenta que este pensamiento parte de una idea muy dañina: que nuestra salud está 100 % bajo nuestro control. “Y no es así. Hay factores genéticos, ambientales, sociales y de azar que no podemos controlar. La cultura del 'salutismo' nos vende que si enfermamos es porque no nos cuidamos lo suficiente. Y eso es injusto. No quiero decir que no importen nuestros hábitos. Cuidarnos, por supuesto, va a contribuir a nuestro bienestar, pero si nos creemos el discurso de que la salud está 100 % bajo nuestro control, podemos caer en la obsesión y dejar de cuidarnos de forma flexible. Además, tenemos que vigilar ciertos discursos porque pueden llevar a las personas a culpabilizarse por enfermar y nos podemos olvidar de que, para muchas personas, según qué tipo de autocuidado es un privilegio”, asegura.
Porque si estamos sometidas a estrés, dificultades en la conciliación familiar, problemas económicos, etc… ciertos ideales no sólo no son alcanzables, sino que pueden añadir más presión y culpa a la que ya tenemos. “Estos enfoques tan exigentes no sólo añaden más sufrimiento al dolor físico, sino que promueven una relación con el cuerpo y la enfermedad basada en el miedo y la culpa, no en el respeto y la consciencia de nuestras necesidades”, comenta.
Las modas alimentarias de las redes sociales vs. la flexiblidad sin culpas
Las redes sociales tampoco ayudan, pues su auge empuja a una interminable comparación y a una forma de ver la alimentación desde la hiperexigencia y el juicio moral. En el trigésimo Congreso Nacional de Medicina General y de Familia, la doctora Isabel Paúles, responsable del Grupo de trabajo ‘Estilos de vida y determinantes de salud’ de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), ha asegurado que las redes sociales suponen una exposición, en muchas ocasiones, falseada de la realidad. “Se tiende a exponer los aspectos más destacados de las vidas de las personas influyentes, lo que suele ser una versión filtrada y editada de la realidad, pero que implica tener una percepción distorsionada de lo que es ‘normal’ o alcanzable, favoreciendo una disminución de la autoestima”, explica.
Como señala Hurtado, modas alimentarias que emergen en redes sociales como Instagram y Tiktok, como la dieta keto, el comer limpio, el 'real food', la 'raw food', la dieta paleo o el ayuno intermitente, están detrás del incremento de este desorden en la conducta alimentaria.
Ante el bombardeo de información, mensajes, referentes y modas alimentarias, ¿cómo abrazar la flexibilidad a la hora de comer sin sentirse culpable?
El primer paso es entender que cuidarse no significa cumplir reglas, sino conectar con nuestras necesidades reales: físicas, emocionales y sociales. “La flexibilidad no es descontrol, sino lo contrario: el descontrol suele ser una consecuencia del exceso de control y de las reglas y prohibiciones. Comer de forma flexible es poder elegir conscientemente lo que más me cuida en este momento, sin juicios, pero sin ser tan restrictivas para no renunciar a lo que más nos gusta, porque el placer y el disfrute también tienen su espacio en el autocuidado”, asegura Miriam Hurtado, que explica que cuando soltamos el control y aprendemos a escuchar nuestro cuerpo y sus necesidades, no sólo salimos del todo o nada, sino que la culpa disminuye de forma natural.
“También es importante aprender a tratarnos amablemente cuando sentimos que fallamos. Desde la compasión, podemos sostener esa culpa cuando aparece, entender de dónde viene (tal vez no me estoy cuidando como me gustaría, de la cultura de la dieta, de los mandatos sociales...) y seguir eligiendo cuidarnos desde el respeto y no desde la exigencia o la autocrítica”, dice.
Porque como asegura, el problema de cuidarnos desde la rigidez, las reglas y las prohibiciones es que no es sostenible a largo plazo, porque las necesidades de nuestro cuerpo son cambiantes y porque prohibirnos alimentos hace que aumente el deseo por comerlos. “Es inevitable que en algún momento no podamos seguir esas reglas rígidas y cuando eso pasa, es decir, cada vez que rompemos esas reglas, nuestra mente lo interpreta como un 'fallo' o como un fracaso personal, y eso acaba dañando nuestra autoestima”, explica.
“Una alimentación basada en reglas rígidas y prohibiciones genera mucha ansiedad, culpa y autocrítica. Nos lleva a vivir atrapadas en un bucle de 'todo o nada', 'o lo hago bien, o lo hago mal', en el que sentimos que si no lo hacemos perfecto, ya no vale la pena intentarlo. Esta mentalidad es un caldo de cultivo para desarrollar trastornos de la conducta alimentaria o para vivir constantemente en lucha con la comida y el cuerpo”, advierte.
En 'Eat Girl', Isabelle Junot cuenta cómo paso su veintena intentando seguir las dietas del momento. “Aunque mi intención era 'estar sana', me descubría obsesionándome con todo lo que supuestamente no debía comer para lograrlo. Notaba que las creencias que tenía sobre lo que significaba ser saludable me llevaban a comportamientos que, en realidad, no consideraba saludables en absoluto, y que, peor aún, tendía a esconder”, dice.
“Qué ironía: cuanto más me esforzaba por poner orden y mejorar mi salud, nutrición y bienestar, más parecía que todo se descontrolaba. Este patrón me llevó a cuestionarme profundamente: ¿por qué, si estaba intentando hacer todo 'bien', las cosas sólo iban a peor? Fue entonces cuando entendí que el problema no era ni mío ni de mi cuerpo (que, al fin y al cabo, sólo estaba respondiendo como cualquier cuerpo sometido a una dieta). El problema era la forma en que estaba abordando mi alimentación y mi concepto de bienestar”, asegura.
La alimentación consciente y la alimentación compasiva
La alimentación consciente es un enfoque de autocuidado basado en la flexibilidad y que prioriza la escucha de nuestras diferentes necesidades. “La práctica de la alimentación consciente es lo opuesto a comer por reglas. Es comer prestando atención sin juicio al cuerpo, a las sensaciones de hambre, de saciedad y a otras experiencias como las emociones, el cansancio, la ansiedad, para crear espacios donde podemos elegir de forma menos reactiva o en piloto automático”, dice Miriam Hurtado.
“No se trata de comer perfecto, sino de comer conectadas con lo que necesitamos en cada momento. Podemos empezar simplemente haciendo una pausa antes de comer, conectando con cómo nos sentimos física y emocionalmente, y preguntándonos: '¿Qué necesito ahora?'. A veces necesitaremos alimento físico. Otras, consuelo, descanso o conexión. Aprender a distinguirlo es un acto profundo de autocuidado”, aclara.
Por su parte, la alimentación compasiva es una forma de cuidarnos con más amabilidad, conexión y respeto. “Es soltar la exigencia y la autocrítica y dejar de vivir bajo reglas externas para hacerlo desde nuestros valores. Es empezar a tratarnos con la misma comprensión que tendríamos hacia una amiga, porque la alimentación compasiva no va de hacerlo perfecto, sino de escucharnos, atendernos y tomar decisiones que apoyen nuestro bienestar sabiendo que el contexto no nos lo pone fácil y que no siempre sabremos hacerlo. Porque el cuidado real no debería doler ni desconectarnos de la vida”, explica.
Lo paradójico es que lo que fomenta una relación nociva con la comida son las restricciones de la cultura de la dieta, y al estar inmersas en un mundo en el que las redes sociales lanzan una cantidad de mensajes que alimentan las inseguridades y prometen fórmulas mágicas (un adjetivo que suele ser sinónimo de restrictivas), es importante intentar adoptar una alimentación que responda a la atención plena, la escucha interna y la compasión hacia nosotras mismas.
Marita Alonso es experta en cultura pop y estilo de vida. Escribe acerca de fenómenos culturales desde una mirada feminista en la que la reflexión está siempre presente. No tiene miedo de darle una pincelada de humor a las tendencias que nos rodean e intenta que el lector ría y reflexione a partes iguales. Cuando escribe sobre relaciones, su objetivo es que la toxicidad desaparezca y que las parejas sean tan saludables como las recetas que intenta cocinar... Con dramáticos resultados, claro. Los fogones no son lo suyo.
Ha publicado dos libros ("Antimanual de autodestrucción amorosa" y "Si echas de menos el principio, vuelve a empezar") y colabora en diversos medios y programas de radio y televisión luchando por ver las cosas siempre de una manera diferente. Cree que la normalidad está sobrevalorada y por eso no teme buscar reacciones de sorpresa/shock mediante sus textos y/o declaraciones.
Licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense, imparte master classes de cultura pop, estilo de vida y moda en diversas universidades. En Cosmopolitan, analiza tendencias, noticias y fenómenos desde un prisma empoderador.












