Alquilar o comprar una casa, esa es la cuestión. Cual Hamlet a punto de decidir su destino, los jóvenes de hoy en día se encuentran siempre en la misma disyuntiva. En plena crisis de acceso a la vivienda, ¿qué es mejor: comprar, alquilar o compartir? ¿Qué sale más rentable a nivel económico o emocional? Si estás en la misma duda constante y todas tus conversaciones terminan hablando de la vivienda, quédate para conocer qué te va mejor.

Seguro que no te estamos dando una noticia si te decimos que el precio del alquiler está disparado. En una ciudad como Madrid, el último dato disponible en la base de Idealista habla de que el metro cuadrado para la compra está en 5.861 euros, mientras que el del el alquiler nos lanza la cifra de 23 euros por metro cuadrados. Mientras que en Barcelona, el precio del metro cuadrado para compra se ubica en los 5.148 euros y en el alquiler está en 24 euros.

Ahora bien, ¿qué te sale más rentable? "Históricamente, la propiedad ha sido un refugio seguro frente a la inflación y, a medida que el mercado se estabiliza, adquirir una vivienda podría representar una inversión estratégica", explica Felipe Reuse, director general de la empresa de intermediación inmobiliaria Property Partners en España.

Y advierte: "La clave está en evaluar la situación financiera personal". Así que tendrás que analizar cuáles son tus objetivos, tu presupuesto y tus metas financieras en la vida para estimar qué va a ser mejor para ti.

"La decisión de comprar o alquilar depende del perfil y de los objetivos de cada persona, no hay una única respuesta. Si se busca estabilidad, protección contra la inflación y una inversión a largo plazo, la compra puede ser la mejor alternativa, siempre que la situación financiera lo permita. Por el contrario, si se prioriza la flexibilidad, la movilidad y un menor compromiso financiero inicial, el alquiler es la opción más atractiva", concluyen desde Property Partners.

Los gastos de alquilar una casa

Alquilar una casa es más caro y a la vez más barato que tener una hipoteca. Nos explicamos: alquilar una vivienda no te va a costar más que el propio pago de la renta, porque no tienes que asumir todos los gastos que implica la compra de vivienda. Pero es más caro en el sentido de que, con los precios de hoy en día, especialmente en las grandes ciudades, la renta mensual te sale más cara que la cuota hipotecaria para un piso similar.

Por ejemplo, en el centro de Madrid alquilar una casa de 60 metros cuadrados te costará de media unos 1.560 euros al mes. Comprar un piso similar -aunque todo depende de las características del mismo- te saldría, como mínimo, por unos 230.000 euros (sí, hay bajos a ese precio en Idealista), lo que con una hipoteca fija al 2% a 30 años te implicaría una cuota mensual de 740 euros. Para un piso de 300.000 euros con esas condiciones, la cuota sería de unos 970 euros al mes.

¿Qué tiene de bueno esta opción? "Alquilar sigue siendo la mejor opción para quienes priorizan la movilidad laboral o prefieren no asumir las obligaciones de una hipoteca. En las grandes ciudades, como Madrid o Barcelona, donde los precios de compra son muy elevados, el alquiler permite acceder a mejores ubicaciones sin realizar un desembolso inicial tan significativo", explican desde la firma de intermediación inmobiliaria.

¿Y qué tiene de malo? Lo que nos dicen los datos es que, a priori, alquilar una casa implica hacer un esfuerzo económico mayor que comprar una vivienda, aunque para esta segunda opción sea necesario tener muchos ahorros, cosa que no está al alcance de todo el mundo.

Y es que, de acuerdo con un estudio de Idealista, en 2024 el porcentaje de los ingresos del hogar que es necesario para pagar la casa no para de crecer y es del 23,1% en el caso de la compra y del 35,7% en el del alquiler. Una diferencia considerable.

Los gastos de comprar una casa

No nos vamos a ir por las ramas: esta es una opción para gente ahorradora. Es verdad que, en los tiempos que corren, con unos tipos de interés que están cayendo y unos alquileres disparados, pagar la cuota hipotecaria te va a salir, probablemente, mejor que la renta del alquiler. El problema es que para acceder a esta opción necesitas mucho más dinero de partida.

¿Qué tiene de bueno esta opción? Tener una vivienda en propiedad te permite empezar a construir tu patrimonio, tener siempre un lugar en el que vivir (que no es tontería en los tiempos que corren) y, por qué no, contar con una inversión, pues si algún día decides no vivir más allí, siempre podrás alquilársela a otra persona. Además, nada como tener tu propia casa para poder decorarla a tu gusto y cambiar las cosas que no te agradan, algo que con el alquiler es muy difícil.

¿Y qué tiene de malo? La famosa "entrada" del piso va a ser tu perdición. Cuando vas a pedir una hipoteca, sí o sí necesitas aportar al menos el 20% del precio de la vivienda. Y, de hecho, no tiene por qué ser el precio tal cual, porque si haces la tasación y sale un precio inferior, el banco tomará ese como referencia para calcular el 20%. Eso ya es bastante dinero. Para que te hagas una idea, para un piso de 300.000 euros, esa entrada equivale a 60.000 euros.

Algunos bancos dan hipotecas a jóvenes por más del 80% del valor de la casa, pero no es algo que se haga de forma generalizada, sino en casos concretos.

Además, cuando te compras una casa tienes que afrontar una serie de gastos más allá de los intereses de la hipoteca, como el pago del Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales, el coste de la notaría, el registro y la gestoría correspondiente a la compraventa de la casa. Y esto puede llegar a otros 20.000 euros.

En definitiva, ninguna de las dos opciones es barata. Deberás analizar el dinero que tienes (o el que puedes conseguir), así como tus objetivos para determinar qué te sale más rentable. Pero, si ya tienes una buena base de ahorros, probablemente la opción más rentable sea invertir en comprar una vivienda.

¿Y compartir piso?

La tercera opción, y por la que cada vez más apuestan empujados por la crisis habitacional, es la de compartir piso. Sin embargo, está demostrado que esta alternativa puede tener un impacto tremendo en la vida emocional de los más jóvenes. Esto sucede, especialmente, cuando es más una necesidad y obligación que elección personal. "Esta dinámica de convivencia puede generar irritabilidad, dificultad para desconectar, cansancio emocional y sensación de estancamiento personal. Mantenerse en un contexto donde no se dispone de suficiente espacio propio provoca una tensión constante que dificulta la gestión de las emociones y eleva los niveles de estrés", explica Pablo Ramos Fernández, psicólogo de Blua de Sanitas. Y es que adaptarte a personas ajenas a tu entorno, a las reglas y a esa falta de intimidad puede acabar minando nuestra salud mental.

Esto también toca nuestra autoestima y es que "cuando los jóvenes se comparan con sus propias expectativas o con referentes sociales sobre la independencia, es común que esta se vea afectada y la sensación de haber alcanzado ciertos logros personales. Este tipo de comparación genera frustración, autoexigencia o dudas sobre el propio desarrollo, especialmente si sienten que no avanzan hacia los objetivos que se habían planteado", añade Ramos.

Si estás en esta situación, los expertos de Sanitas recomiendan una serie de pautas como establecer acuerdos explícitos de convivencia en los que se definirán normas de limpieza, horarios, uso de zonas comunes para reducir los malentendidos y las tensiones. Por otro lado, es fundamental proteger espacios y tiempos reservando zonas que propicien la intimidad y practicar una comunicación clara y respetuosa para evitar conflictos. Además, es importante fomentar el mantenimiento de rutinas estables para que esta opción, si es la elegida por el motivo que sea, resulte lo más placentera posible.

Lettermark

Es periodista de economía. En Cosmopolitan escribe sobre trucos para ahorrar fácilmente y consejos para encontrar el trabajo de tus sueños. Le cuesta confesar que le encantan los excels y le obsesionan la ortografía, los pintaúñas y el número 12.