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¿Sabías que, según el Banco de España (la autoridad financiera de nuestro país), no deberías destinar más del 35 % de tu salario a pagar el alquiler del piso donde vives? Seguro que ahora estás soltando un irónico: “¡Ja!” (por no escribir algo más fuerte). Porque, al igual que la mayoría de los jóvenes, tanto tus amigas como tú comprobáis cada mes que se puede ir más del 60 % de tu sueldo en la renta, como así dicen las estadísticas. O, incluso, puede ser que todo el sueldo, en el caso de que decidieras vivir sola... Todo ello por no hablar de la odisea (léase, drama) para encontrar una vivienda. Sí, vivir de alquiler en España cada vez resulta más complicado, demasiado complicado. Tanto, que todavía 2 de cada 3 jóvenes viven con sus padres, cuando… ¡Ojo! Hace 15 años sólo era la mitad. (Un inciso necesario: pese a que todos los días nos dicen que estamos progresando, ¿vivimos realmente mejor que nuestros padres?).
Esta situación, por la que seguramente estés pasando, le resultaba y resulta, desgraciadamente, bastante familiar a Valeria Racu, portavoz del Sindicato de Inquilinas. “Al igual que mucha gente”, recuerda, “hace ahora tres años estaba muy frustrada por tener que dejarme una buena parte de mi salario en el alquiler. En ese momento cobraba 750 € y estaba pagando 350 € por una habitación”. Por esa razón, decidió acercarse al Sindicato de Inquilinas de Madrid. Y hoy en día, gracias, entre otras cuestiones, a que dice las cosas bastante claras, se ha convertido en la cara visible y la voz más contundente de toda una generación que tiene que enfrentarse a diario con la crisis del alquiler.
Valeria se hizo popular el pasado otoño, cuando miles de personas, al grito de “la vivienda es un derecho, no un negocio”, llenaron las calles de diferentes ciudades de España “pidiendo detener de una vez todo esto, que se acabó, que hay que bajar los alquileres y que hay que pararle los pies al rentismo”. Y algo se ha conseguido, ya que, según ella misma nos cuenta, hoy en día, el 80 % de la población está a favor de regular los precios. “Da igual el partido al que vote”, precisa.
La energía que Valeria y muchos más llevaron a las calles es la misma que desprende cuando llega al plató dispuesta a explicarnos por qué “la vivienda es la preocupación más grande para la población española” y qué podemos hacer para intentar evitarlo. Enseguida todo el equipo comparte con ella su situación personal: precios de alquiler desorbitados, casero que nunca contesta cuando ocurre algo, búsqueda de piso interminable... mientras ella transmite la necesidad de conocer y reclamar nuestros derechos y, sobre todo, no conformarnos con la situación. Es este, sin duda, el mayor obstáculo al que nos enfrentamos para intentar cambiar las cosas. “Hemos normalizado que podemos pagar la hipoteca a otra persona o que tenemos que darle un sobresueldo simplemente porque tiene más casas de las que necesita para vivir”, apunta.
En su discurso, Valeria se muestra tajante, muy tajante, poniendo el foco del problema en la inseguridad de quienes, como ella, vivimos de alquiler. “Al final no tenemos el control sobre nuestra vivienda. El control lo tiene otra gente, gent“Hemos normalizado que podemos pagar la hipoteca a otra persona o que tenemos que darle un sobresueldo simplemente porque tiene más casas de las que necesita para vivir”e que tiene la propiedad de esa casa en la que tú estás creando vida”, comenta. Una situación que da lugar –apunta– a dos tipos de desahucios. Por un lado, los llamados desahucios visibles, aquellos que se producen por no poder pagar el alquiler. “Hoy en día seguimos teniendo 80 desahucios al día”, recuerda. Pero, por otro, los que denomina invisibles: “Nos ha pasado a todas en algún momento. Nos hemos tenido que ir de casa porque no nos renovaban el alquiler, porque nos subían la renta, porque las condiciones de las casas eran nefastas…”
Pero Valeria busca ir más allá y, además de reclamar unos precios de alquiler más bajos, no olvida algunas cuestiones que, en su opinión, suelen pasar un tanto desapercibidas. Por ejemplo, “nuestra inestabilidad”. ¿En qué sentido? Como recuerda, hoy en día, 9 de cada 10 inquilinas tiene un contrato de alquiler temporal, por lo que cada 5 o 7 años debe buscar nueva casa, y “si en el mundo laboral, tenemos claro que hay que conseguir contratos indefinidos para todo el mundo, lo necesitamos también en la vivienda”. Aunque también piensa que se debe hablar más del “racismo inmobiliario”, es decir, de “las trabas de acceso a la vivienda, el hecho de que no te enseñen un piso por tu nombre, tu piel o tu acento… y que te pidan muchísimo más dinero o muchísimos más requisitos a la hora de alquilar”, señala.
Y te preguntarás: ¿qué puedes hacer tú para cambiar el mundo… en este caso, el mundo inmobiliario? Pues primero, y como recuerda Valeria, cuestionar lo que está ocurriendo. “No es normal que gente que tiene más casas de las que necesita haga negocio con nuestras vidas”, apunta, recordando que la oferta de alquiler se encuentra, hoy por hoy, secuestrada. “Hay muchísimas casas que no las estamos usando bien”, añade. Con ello se refiere, por ejemplo, a los pisos turísticos, el alquiler por habitaciones, los alquileres temporales... que, en su opinión, provocan que “la demanda está totalmente inflada” y, por tanto, que “gente como nosotras, que necesitamos una casa, tengamos que competir con inversores que quieren hacer negocio con ellas”. La conclusión parece que está más que clara: “Las casas están para vivir, no para ganar dinero”.
Igualmente, Valeria sugiere compartir nuestra preocupación con nuestro entorno, con nuestras amigas, en nuestra familia, en nuestro trabajo. “Hay que empezar a hablar ya no sólo de que estamos frustradas, sino de que esto no tiene sentido y lo tenemos que cambiar”. Y si, en algún momento, decides no sólo expresar tus temores sino también pasar a la acción, quizás el consejo de la portavoz del Sindicato de Inquilinas te ayude: “Hay que crear comunidad. Vivimos en una sociedad en la que hemos aceptado que hay que vivir solas, que los problemas que tengamos los tenemos que enfrentar solas. Al final, eso nos hace sentirnos como en una rueda de hámster de la que no se puede salir y es totalmente mentira. Es muy común hoy en día no conocer a nuestras vecinas y ellas son nuestras mejores aliadas en nuestro día a día. Si queremos seguir con nuestra vida, quedarnos en el barrio, tenemos que conocer a nuestras vecinas”.












