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Caer está permitido, levantarse es una obligación. "Te va a pasar muchas veces. Tienes que ser vulnerable, mirar la parte positiva y aprender", nos cuenta Queralt Castellet (Sabadell, 1989), considerada una de las mejores ‘snowboarders’ de la década en su disciplina, ‘half-pipe’. Desde su debut en 2005 en el Campeonato del Mundo FIS en Chile, ha recorrido las pistas de esquí de todo el planeta, enfrentándose a los tubos más imponentes, con una plata olímpica y varias victorias como resultado, pero también varios obstáculos que ha tenido que superar. Hace poco más de un año, sufrió una grave caída que le obligó a parar y cambiar de perspectiva. Esta temporada, ha vuelto recuperada y con más fuerza que nunca para demostrar que todavía le quedan muchos éxitos que regalarnos.
Nos sentamos con ella antes de la Red Bull Night Rider, el evento de ‘freestyle’ que la marca ha organizado este fin de semana en El Tarter, Andorra, (y que ha contado con varios de sus embajadores entre los invitados) para charlar sobre resiliencia y aprendizaje.
¡Por fin de nuevo por las pistas! ¿Cómo estás?
¡Muy bien! Hacía tiempo que no volvía por aquí. Me encuentro genial, de vuelta al enfoque de competición y entrenamiento y, la verdad, me siento otra vez yo, estoy cada vez más cómoda.
Debutaste en 2005. ¿Cómo ha evolucionado el 'snowboard' desde entonces hasta ahora?
Es sorprendente lo que ha ocurrido desde que empecé hasta hoy. Los últimos 5 años el nivel está siento espectacular, sobre todo, en chicas. Ahora mismo hay algunas muy jóvenes que están haciendo trucos muy difíciles. Ser parte de ello es impresionante.
Las estadísticas dicen que hay tres veces más hombres que mujeres en esta disciplina. ¿Te ha costado destacar?
Siempre hemos sido menos, como en muchos otros deportes. Hay que enfrentarse a varios obstáculos que hacen que tengamos menos visibilidad y estamos luchando constantemente por que esto cambie.
Ahora no hay tanta diferencia en las competiciones —a lo mejor somos 30 mujeres y 40 hombres— pero, en finales, la desproporción es mucho mayor, así que intento quejarme para que haya más chicas. Es mucha la diferencia que puede marcar una ‘rider’ de Canadá o de Japón, porque si están presentes, la final se va a reproducir en dos países más. Poco a poco vas entendiendo que los cambios pequeños pueden significar grandes cosas. Avanzamos, pero siempre por detrás de los chicos.
Para las ‘riders’ mujeres, tú eres una referente. ¿Cómo te hace sentir?
Qué ilusión. Para mí es un orgullo escuchar esto porque, cuando empecé, tenía mis propias referentes mujeres que luego han marcado mi progresión y motivación.
¿Quiénes fueron?
Torah Bright, que para mí era una heroína del 'snowboard'. En su momento también estaba Gretchen Bleiler, que ahora es amiga y antes yo la tenía en los pósters de mi habitación, Jamie Anderson… Son chicas que me han inspirado a sobrepasar límites que no creí que podría superar y se han enfrentado a esas barreras, como yo también he hecho. Me enorgullece mucho que algunas niñas puedan pensar en mí como referente, me hace muy feliz.
¿Por qué elegiste el 'snow'?
Fue un camino destinado. Mi familia practicaba al principio, cuando se empezó a conocer en España. Íbamos de camping en la caravana. En invierno veníamos a Andorra y con seis años ya me pusieron la tabla, que me encantó. Tengo un hermano mayor y lo seguí tanto que alcancé su ritmo. Él también competía, pero las lesiones también guían el final de una carrera.
Es gracias a la gente que me ha rodeado, porque el sueño de querer ser ‘snowboarder’ profesional, para una niña, cuando no existía nada así, era raro. Aunque económicamente mi familia no me podía llevar a un sitio u otro, nunca han dudado de mí. También he sido muy tozuda (se ríe). Me iba sola a EE.UU, Nueva Zelanda… Y ellos confiaron en mí, siempre les voy a estar eternamente agradecida.
Económicamente es muy complicado poder vivir de este deporte...
Te tienes que buscar la vida. En invierno aquí hay nieve, pero si te quieres dedicar a disciplinas como el ‘half pipe’ —la suya—, que sólo existe en lugares contados con una mano en todo el mundo, tienes que estar viajando, y los pueblos de esquí no son precisamente baratos. Hay que encontrar la forma de sobrevivir. Al principio vas ahí y tienes que ganar, porque si no, no puedes pagarte el viaje.
¿Cuál es el mayor desafío al que te has enfrentado?
Las lesiones son muy difíciles física y mentalmente. Son obstáculos con una dificultad de recuperación grande. Pero también aprendes un montón de ellos.
Hablábamos de tu caída en Copper Mountain hace poco más de un año, que derivó en seis costillas rotas y un colapso pulmonar. En ese momento, se para todo. ¿Cómo fue?
Fue muy duro porque pasé miedo. He sufrido muchas caídas, me he roto huesos y ligamentos, pero nunca he notado la sensación de tener algo interno. Sentía algo muy raro y me asusté. El trauma de notar estas sensaciones no lo había experimentado antes, por eso fue diferente recuperarme de esta. Pero, en realidad, lo demás es como otra lesión, el cuerpo se va curando y volver después y recuperar la confianza es la mejor sensación que existe.
Psicológicamente, también lo pasaste mal. ¿Te planteaste retirarte en algún momento?
Para nada. Son obstáculos, nada más. Llega un punto que aprendes. Estos ‘breaks’ también te dan algo bueno, porque te cambia la perspectiva. Cuando estás obligada a parar, ves tu carrera y progresión desde otro ángulo, entonces le pones otra visión. Hay cosas que se aclaran gracias a esta parada.
¿Cuál ha sido el mayor aprendizaje que te llevas de esta situación?
Sobre todo, entender mis prioridades. Hay veces que te centras mucho en algo que no es tan importante. Cuando eres una persona con motivación y pasión es fácil enfocarte mucho en algo y poco en otro lado. En estas situaciones en las que te vas a casa y paras, cuando lo miras desde fuera, lo ves todo mucho más claro. Tienes tiempo de prepararte y planificar mucho mejor.
¿Cómo ha sido la vuelta esta temporada?
Muy guay. Empecé circuito de competición en diciembre y mi objetivo era retomar sensaciones en la Copa del Mundo, volver a notar los nervios en clasificatorias y estar con las chicas compitiendo de nuevo. No tenía el objetivo de pelear por las medallas, pero entré en la final y fue genial. Me noté muy motivada. Empezar así es como un premio.
Has dicho que tenías ganas de estar con las otras chicas. ¿Cómo es el ambiente entre competidoras?
Hay muy buen rollo, sin ‘hate’, y un ambiente de respeto y de admiración, porque lo que estamos haciendo todas ahora mismo es increíble. El nivel al que está el 'snowboard' no se había visto nunca antes. Estamos hablando de trucos muy técnicos y difíciles. Ahora mismo, para estar en la final tienes que sacar tus mejores trucos. Antes era algo más ‘safe’, con una amplitud limpia lo tenías. Ahora hay que apretar mucho más y eso indica la evolución.
¿Y sientes cada vez más presión?
Sí, siempre me he puesto mucha, pero ahora cada vez más.
¿Cómo te preparas psicológicamente a la hora de competir?
Cada competición es diferente, no se puede aplicar el mismo método a todas, pero poco a poco vas conociendo nuevos métodos que te pueden ayudar. Se trata de utilizar estas herramientas cuando las necesitas. Cada vez es diferente: el sitio, las competidoras, tu propio ‘riding’… Hay que ir adaptando las herramientas que tienes.
¿Cuál es tu mejor truco para gestionar presión?
La presión y los nervios no sólo van ligados a lo negativo, también a cosas positivas. La clave es ser consciente de ellos, detectarlos y aplicar tus herramientas para gestionarlos. Al final, son buenos, te indican que estás haciendo algo muy importante para ti. El miedo de caerte existe porque hay un riesgo muy grande detrás, que es la realidad y que tú sabes qué consecuencias pueden tener tus actos. Tienes que estar presente y ser consciente de la situación. Me empiezo a preocupar cuando no estoy nerviosa ni tengo miedo. Es una señal de que estoy muy confianza o me he dejado llevar.
¿Cómo haces para sobreponerte?
De cada situación he aprendido algo diferente. Con la acumulación de esas experiencias he sacado mis propias herramientas, que me sirven para sobrellevar lo próximo con lo que me pueda encontrar. Tienes que ser vulnerable y saber que estas situaciones van a ocurrir y voy a aprender de ellas. Así, lo miro de una manera más positiva. Siempre vas a tener caídas y un porcentaje va a venir con un tipo de lesión. El ‘pipe’ no siempre está blando y con margen de error. De hecho la mayor parte del invierno, es un bloque de hielo.
El cambio climático en general va a influir en este deporte.
Sí, hay veces que no ha habido suficiente nieve para construir el ‘pipe’, se requiere muchísima porque las paredes son casi de 7 metros… Es una disciplina un poco exclusiva, no sólo por la cantidad de nieve, sino también porque la construcción requiere una experiencia y una habilidad.
Si tuvieras que dar un consejo a una ‘rider’ que acaba de empezar, ¿qué le dirías?
Le hablaría de mi punto de vista sobre las caídas. Le enseñaría a las mejores ‘riders’ que puede tener como ejemplo, le contaría que detrás de todo eso, hay caídas, que no se rinda a la primera que se caiga, porque son obstáculos que forman parte de ello, pero luego vienen otras sensaciones que en ningún otro deporte podrás llegar a experimentar, estás deslizándote por la nieve por una montaña. Todo lo que eso conlleva, y disfrutarlo es enorme.
Berta de Miguel es experta en moda y tendencias. Se inspira a diario en el ‘street style’ de las ‘fashion weeks’ internacionales y no se pierde ninguna de las ‘aesthetics’ que nacen en las redes sociales de la mano de sus ‘insiders’ favoritas, como Camille Charrière o Sofia Coelho.
Le fascina el discurso de Bella Hadid y adora perder la noción del tiempo entre imágenes de las tops de los 90, una de sus décadas favoritas en cuanto a estilo. De hecho, nada le hace más ilusión que localizar una chaqueta joya ‘vintage’ y ‘rockera’ con la que elevar un buen ‘look’. Le encanta descubrir marcas nuevas y especiales, aunque también controla al milímetro las nuevas colecciones de las grandes tiendas, como Zara o Bimba y Lola. La parte que más le gusta de su trabajo es la de entrevistar a diseñadores, expertos y ‘celebs’ que admira.
Berta se graduó en Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid. Más tarde, se especializó con un máster en Comunicación Cultural y Nuevas Tendencias. Escribe en Cosmopolitan desde hace cinco años y ha pasado por otros medios como InStyle y Clara. Además, compagina su trabajo como editora de moda con su faceta musical: es violinista profesional. Toca con orquesta en salas como el Teatro Real, el Auditorio Nacional o el Palau de la Música y tiene su propio grupo, con el que hace conciertos por toda España.














