La viralidad ha llevado a todos los rincones del globo el Movimiento 4B, una propuesta de las feministas más jóvenes de Corea del Sur que tiene al mundo asombrado. Su nombre tiene que ver con las cuatro veces que estas Gen Z dicen ‘no’ a otros tantos hitos de la vida corriente de cualquier mujer heterosexual: las citas románticas (‘biyeonae’), las relaciones sexuales con hombres (‘biseksu’), el matrimonio (‘bihon’) y la maternidad (‘bichulsan’). En resumen: tirar a la basura el guión que desde siempre se ha destinado a las chicas. La propuesta es provocadora, tanto que hay quien la considera demasiado radical como para contagiarse masivamente. Pero, ¿es esta la intención de fondo del Movimiento 4B? ¿Realmente buscan la insumisión total al guión heteronormativo de la vida o pretenden otra cosa?

Para entender qué buscan realmente las veinteañeras coreanas que defienden el movimiento 4B tenemos que romper el encantamiento máximo con el que nos ha hipnotizado la llamada ‘ola coreana’ o ‘Hallyu’. Y preguntarnos qué hay detrás de las delicadas rutinas de ‘skin care’ de la adictiva cosmética coreana, del romanticismo de los K-dramas y de la belleza perfecta y lánguida de las cantantes de K-pop. Sorpresa: la realidad de las jóvenes de Corea del Sur no tiene nada que ver con las nubes de algodón rosa en la que se envuelven todas estas industrias. De hecho, la presión estética es tal que cada año el país bate su propio récord de cirugías embellecedoras (muchas de ellas racistas: para blanquear la piel, agrandar los ojos, retocar narices) y consumo de cosméticos. Se puede ver en los colegios: más del 40 % de las estudiantes de primaria usan maquillaje.

Más del 40 % de las estudiantes de primaria en Corea del Sur usan maquillaje

Las surcoreanas de cualquier edad, pero sobre todo las jóvenes, han de actuar y mostrarse siempre hiperfemeninas según un ideal de belleza estricto: piel pálida, rostro aniñado, cabello largo, ojos grandes (occidentales), nariz fina y delgadez extrema. Según un estudio de 2019, el 17 % de las veinteañeras están por debajo de su peso. El agobio por esta exigencia insoportable explica el éxito del movimiento ‘Free the Corset’ (‘Quítate el corsé’), que aboga por vestir con comodidad, abandonar el maquillaje, las melenas imposibles y dietas restrictivas e invertir el dinero en cosas prácticas (formación, viajes, etc.). Cuando la arquera An San ganó dos medallas de oro en las Olimpiadas de Tokio 2020, una corriente viral de hombres enfadados pidió que se las retiraran por llevar el pelo corto. En Corea, no llevar la preceptiva melena larga señala a mujeres que 'odian' a los hombres y, por tanto, son feministas.

‘Feminista’ es un insulto en Corea, a día de hoy”, explica Ester Torres Simón, profesora de Estudios de Asia Oriental y experta en la ola cultural coreana. Patricia Chica Morales, investigadora del área de Estudios de Asia Oriental en la Universidad de Málaga, lo confirma. “La percepción en general no es positiva, porque la palabra en sí tiene una carga muy política, relacionada con el comunismo y Corea del Norte. Las mujeres defienden discursos y protestan contra desigualdades, pero sin llamarse feministas. Aún así, en los últimos diez años, las jóvenes de entre 15 y 35 años están comenzando a reivindicar la palabra. No se acepta al nivel de España, ni mucho menos, pero existen avances. La prensa cubre cada vez más y mejor los casos de violencia machista y comienzan a aparecer los Estudios de Género en las universidades”, argumenta.

“‘Feminista’ es un insulto en Corea, a día de hoy”

Torres Simón también observa cierta apertura en la cultura pop. “La presencia del feminismo en la ola coreana es anecdótica, pero ya hay pequeños cambios. En los K-dramas, los guionistas van introduciendo poco a poco personajes femeninos fuertes y con capacidad de mando, aunque la trama del príncipe azul que rescata a la princesa se mantiene casi siempre. En el K-pop también se han hecho guiños al feminismo: Irene de RedVelvet recomendó una famosa novela feminista (y le valió un importante ciberacoso) y Mamamoo también se posiciona como un grupo a favor de feminismo”, expresa.

Las surcoreanas no se llaman feministas, pero se manifiestan como tales. Desde 2015, han ido demandando un mejor trato por parte de los hombres tanto dentro como fuera de casa. Fue el año uno de la indignación, al viralizarse una teoría de la conspiración que señalaba a una prostituta surcoreana como la paciente cero del virus MERS, cosa que desató comentarios virales como “las mujeres coreanas deben morir”, “las mujeres coreanas se gastan el dinero frívolamente” o “las mujeres coreanas son estúpidas y han transmitido el virus”. Poco después se supo que fue un hombre quien llevó el virus a Corea. En 2016, la indignación femenina dejó paso a la furia debido al llamado caso Gangnam: un hombre de 34 años que apuñaló a una mujer de 23 en un bar de karaoke justificó así el crimen: "Las mujeres siempre me han ignorado". A pesar de ello, las autoridades negaron que el motivo del asesinato fuera odio contra las mujeres, o sea, un asesinato misógino.

Un asesinato misógino abrió paso en 2016 a la furia femenina

De 2015 hasta acá, el malestar de las surcoreanas no ha hecho más que crecer. También las violencias machistas. Human Rights Watch alerta año tras año de que la violencia de género en Corea del Sur está “escandalosamente extendida”. Los datos oficiales reportan un aumento considerable desde los 49.000 casos en 2020, a más de 77.000 en 2023. Sin embargo, sólo 310 de los 14.000 perpetradores fueron arrestados. En 2023, 138 mujeres murieron a manos de sus parejas y 311 sobrevivieron a un intento de asesinato. Cada 19 horas se produce uno nuevo. A pesar de este panorama, no existe una ley específica para tratar estos casos. El miedo que produce romper una relación es tal que se celebran las ‘rupturas seguras’ que llegan a término sin que se produzcan reacciones agresivas. En junio de 2023, la ministra de Igualdad de Género del gobierno de Yoon Suk-yeol declaró que la violación de una estudiante universitaria en el campus no era violencia contra las mujeres.

La violencia en los domicilios continúa en la vía pública. En 2019, las coreanas comenzaron a manifestarse masivamente contra el ‘molka’, la extendidísima práctica de grabar a mujeres en baños, vestuarios o en la calle, situando cámaras bajo las faldas. El disparadero de estas protestas volvió a ser una injusticia de las autoridades, que arrestaron, juzgaron y encarcelaron a una estudiante de arte que subió a internet la foto de un modelo de desnudo que, en vez de vestirse al terminar las sesiones, acostumbraba a pasearse sin ropa fuera de las clases para exhibir sus genitales. La estudiante lo expuso como denuncia por su exhibicionismo, pero terminó encerrada durante diez meses y tuvo que pagar una multa de 18.000 euros. Mientras, los hombres que usan cámaras espía lo hacen con total impunidad. También los que acuden al llamado porno de venganza, un chantaje que llevó al suicidio a toda una estrella del K-Pop, Goo Hara, en 2019. El pasado septiembre, las mujeres volvieron a echarse masivamente a las calles de Seul por la proliferación de ‘deep fakes’ pornográficos: se descubrieron más de 500 casos, dos tercios de ellos con adolescentes como víctimas.

La sensación general de las mujeres es que no están seguras en la cultura heterosexual, de ahí su obsesión con lograr espacios sin hombres. Tampoco el matrimonio es el refugio dorado que las películas y las series fingen que es. En Corea del Sur no existe el mito del hombre proveedor, con lo que se espera que las mujeres trabajen dentro y fuera de casa. De hecho, cargan con la mayor parte de las tareas domésticas y del cuidado de los hijos: las esposas dedican más de tres horas diarias a las tareas domésticas, frente a unos 54 minutos de sus maridos. En 2021, el Gobierno publicó unas directrices para las mujeres embarazadas: antes de ingresar para dar a luz, debían preparar ropa y comida suficiente para siete días para su marido e hijos. Además, debían cubrirse la cabeza para no incomodar a su pareja por no poder lavarse el pelo durante uno o dos días y les recomendaban realizar con brío las tareas de la casa para perder peso después del parto. De vuelta al trabajo no les espera nada mejor: el 80 % de las mujeres han sufrido acoso, la brecha salarial surcoreana es la mayor de los países de economía avanzada. Las mujeres ocupan 19% de los escaños parlamentarios, casi la misma proporción que en la dictatorial Corea del Norte.

Antes de dar a luz, debían preparar ropa y comida suficiente para su marido

Con este panorama, ¿cómo no entender a las jóvenes estudiantes que optan por desertar de la ordenada vida heterosexual? Las investigadoras que han comenzado a interesarse por ellas desvelan, además, que las integrantes del Movimiento 4B rehúyen de la visibilidad. “Por mi experiencia, las universitarias evitan llamarse a sí mismas feministas para evitar problemas en su día a día. Prefieren crear espacios seguros en determinados campus universitarios que hacer activismo 'online' y exponerse al odio y al acoso. En esos espacios aprenden a desarrollar, solidificar y fortalecer la identidad feminista y los lazos que les permitirán, en el futuro, dar pasos para lograr cambios”, explica Gowoon Jung, profesora de Sociología en la Kyung Hee University. “En realidad, en Corea del Sur todos los movimientos feministas son tachados de radicales, por lo que la mayoría de las mujeres son reticentes a identificarse con esa etiqueta o la rechazan como una desviación”, explica Anna Ignaczak, investigadora en la Universidad de Turku.

El rechazo social al feminismo en Corea del Sur sólo permite el llamado “feminismo silencioso”: las mujeres no se llaman a sí mismas feministas, pero acuden en masa a las manifestaciones contra la violencia machista. Consideran radical el Movimiento 4B, pero llevan la tasa de natalidad casi a cero y cada vez son más renuentes al matrimonio. Sólo el 36 % de las mujeres entre 19 y 34 años planea casarse –el 56 % en 2012– y más del 62 % de las trabajadoras entre 25 y 45 años rechaza la maternidad. La surcoreana es la sociedad con la tasa de fecundidad más baja del mundo: 0,72 hijos por mujer, cuatro décimas por debajo de la española. El desplome de nacimientos es impresionante: si en el año 2000 nacieron 700.000 bebés, en 2023 no llegaron a 230.000. Tiene mucho que ver con el coste de la crianza: es el país del mundo en el que sale más cara, el triple que en Francia. Pero, también, con el machismo, la discriminación y la violencia que sufren las mujeres. A pesar de ello, el presidente Yoon Suk-yeol sostiene que es el feminismo quien tiene la culpa de impedir las “relaciones sanas” entre los hombres y las mujeres.

“Sin dinero, sin respeto, sin seguridad y sin justicia, ¿cómo vamos a tener hijos?”

“Sin dinero, sin respeto, sin seguridad y sin justicia, ¿cómo vamos a tener hijos?”, escribió la periodista surcoreana Hawon Jung en ‘The New York Times'. “Lo que está ocurriendo es una venganza de las mujeres contra una sociedad que nos impone unas cargas imposibles y que no nos respeta”, insistió. Es normal que, en España, un movimiento como el 4B nos parezca radical. Incluso descabellado. En nuestra sociedad no se produce tanta injusticia de género como para salir corriendo de los espacios mixtos. Sin embargo, conviene prestarle atención a este llamado a un mundo sin hombres, pues la repercusión que ha tenido en algunos países apunta a que no sólo ha chocado lo exótico de la propuesta. También se observa como una opción viable de protesta ante la amenaza de políticas que puedan dañar a las mujeres, como las que pueda impulsar Donald Trump. O las que ya lleva a cabo Vladimir Putin: en Rusia, defender la soltería o no tener hijos se penaliza con una multa que va de 4.000 a 50.000 dólares.