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Desde su libro ‘Follar y comer sin culpa. El placer es feminista’ (Ed. U-Tópicas, 2024), la escritora y feminista María del Mar Ramón (Bogotá, 1992) se adentra en la dura realidad del control del placer femenino, ya sea relativo a la sexualidad o a la comida. Y asegura que la heterosexualidad es nuestra mayor amenaza, pues que tiene mucho que ver con las violencias sexuales ejercidas sobre las mujeres.
Con motivo del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer que se celebra hoy, 25 de noviembre, charlamos con la también autora de títulos como ‘Todo muere salvo el mar’ (Seix Barral, 2023) o ‘La Manada’ (Planeta 2021), además de columnista en medios como ‘El País’, ‘elDarioAR’ o ‘Playboy’. Actualmente, Ramón reside en Buenos Aires, pero ha pasado mucho tiempo en España, por lo que conoce muy bien la realidad de nuestro país.
Cifras que duelen
Según datos del Ministerio del Interior, en España se denuncian diariamente 14 violaciones y 55 agresiones sexuales. Y casi el 90% de las víctimas de delitos contra la libertad sexual son mujeres y niñas.
Otros datos impactantes según la Macroencuesta de Violencia contra la Mujer 2019, realizada por el Ministerio de Igualdad, son que el 86% de las mujeres que han sufrido violencia sexual de su pareja actual afirman que ha sucedido en más de una ocasión, o que más de 2,8 millones de niñas y mujeres residentes en España de 16 años o más años han sido víctimas de violencia sexual en algún momento de sus vidas.
Con esta cruda realidad, en la que se evidencia que las violencias sexuales, además de otros tipos de agresiones, siguen siendo una de las mayores lacras que afectan a las mujeres de nuestro país, intentamos encontrar explicaciones o, al menos, reflexionar sobre ello de la mano de la autora colombiana. Ella también ha padecido en primera persona algunas de estas formas de violencia simbólica y sexual que siguen cayendo contra las mujeres del mundo entero.
Tu libro ‘Follar y comer sin culpa. El placer es feminista’ se publicó originalmente en 2019, y hace tan solo unos meses se publicó también en España. ¿Sigues viendo el mundo de la misma manera?
Con la distancia del tiempo veo que muchas cosas no han cambiado. Tendemos a pensar que el futuro va a mejor, pero a la vista está que no sólo no es así sino que va a peor. Y con el tema del régimen de control de los cuerpos hay nuevas herramientas y tecnologías que se imponen al servicio de esta obligación de la delgadez y la sexualidad.
En España pude comprobar que existe un movimiento que se está gestando con la lógica del volver a reforzar la idea de la sexualidad como algo que tiene que ver con la moralidad de las mujeres. Está muy vinculado a internet y a las nuevas formas de conservadurismo y nuevas derechas que se mueven en la red mediante los discursos de muchos varones. Me preocupa porque hace 5 años, cuando publiqué el libro por primera vez, estábamos convencidas de que el futuro iba a ser distinto y que sólo con capacitación, sensibilización y educación íbamos a convencer a las nuevas generaciones. Y que el machismo y el patriarcado iban a ser un problema de las viejas generaciones.
Pero vemos que no es así. ¿España vive entonces un retroceso especialmente notable?
Hay nuevas estadísticas a nivel mundial que afirman que los varones jóvenes están superradicalizados a la derecha mientras que son mayoría de mujeres las que se posicionan a la izquierda. Y la culpabilización de la sexualidad es uno de los puntos fundamentales en este aspecto. Y en España he comprobado que hay muchos hombres jóvenes que comparten el discurso de que son mejores las mujeres que menos parejas hayan tenido o que la masturbación y la pornografía están mal.
Veo posiciones extremadamente retrógradas en chicos muy jóvenes. Y esto evidencia que nuestro diagnóstico de hace unos años no fue el correcto y no nos permitió prevenir esta radicalización que vemos ahora. Me doy cuenta de que yo pertenezco a una época mucho más progresista.
¿La educación ya no es la clave para luchar contra el machismo?
Sí creíamos en la educación como un factor para desradicalizar. Pero ahora creo que era una idea un poco ingenua. Una explicación en términos generales es que los varones tienen un nivel educativo más bajo, por ejemplo. Hay que hacerse estas preguntas con humildad y estar dispuestas a cooperar, dejar la soberbia de creer que ya sabemos lo necesario e indagar e imaginar otras formas de respondernos a la pregunta de por qué el presente es cómo es.
Y yo, honestamente, no conozco las respuestas. Tengo algunas intuiciones y hay cosas que no repetiría como feminista. Por ejemplo, el no hablar a los varones. Hoy sí creo que hay que escucharles y brindarles esos espacios que les negamos años atrás. Pero no sé si sería la solución. Yo era una fanática de internet y estaba convencida de que era una herramienta fundamental para la democracia. Y ahora veo que es un espacio especialmente violento para las mujeres. Mi postura sobre internet ahora es totalmente 'boomer': es lo peor que nos ha pasado como sociedad. Y hace cinco años pensaba que era lo mejor que le había pasado a nuestras democracias.
Derecho al propio placer
¿Por qué es importante reivindicar nuestro derecho al placer?
Creo que ya no sólo es una forma revolucionaria de combatir el patriarcado sino también el capitalismo. El ocio, el aburrimiento, comer, la sexualidad, tocarnos… Todo esto hay que hacerlo fuera de internet, hay que volver al cuerpo. Nos están educando no sólo para obedecer sino también para soportar el dolor y encajar. Me parece terrible ese mensaje de que tu mejor vida va a empezar cuando alcances este peso determinado. Es una estrategia de educación para convencernos de que la vida sólo pasa cuando nuestro cuerpo cumple con unas condiciones determinadas. Me parece cruel y bizarro.
Cuando se habla, por ejemplo, de encontrar nuestra “mejor versión”…
Exacto, me parece terrible. Y también porque es un eufemismo ya que se refiere a más flaca y más joven. Y mucho peor cuando identifican además que estar más flaca es estar más saludable. Me parece sádico relacionar la delgadez con la salud. Ese mensaje enmascarado de autoayuda es una trampa difícil de superar. La industria del 'wellness', el bienestar, hacer tres horas de ejercicio por tu salud…
Son ideas que enajenan, y no nos enajenan ya sólo del cuerpo sino también de la comunidad. Si no estás lo suficientemente delgada o joven o bella es porque no te has esforzado lo suficiente, es tu culpa. Somos un cuerpo aislado y que depende exclusivamente de nosotros. No se reconoce la existencia de un sistema patriarcal que nos enloquece y nos enferma. Y que nos mantiene insatisfechas bajo la estela de la salud y el bienestar. Me parece peligroso.
¿Podemos decir que este control de los cuerpos de las mujeres son un tipo de violencia también, simbólica quizás?
Creo que el hecho de cómo representamos solo unas corporalidades y otras no es violencia simbólica, sí. Sólo interesan los cuerpos flacos, blancos… Sólo este tipo de cuerpo encarna lo hegemónico, y los demás cuerpos son despreciables. En este sentido se construye una idea de que hay cuerpos que valen más que otros, por lo que no se puede tener un feminismo que no sea interseccional.
Parece más grave cuando agreden a esos cuerpos hegemónicos que cuando agreden a los cuerpos migrantes, trans, gordos, marrones… Lo vemos en los medios, en el comportamiento de la justicia, en todas partes. Para mí va más allá de una forma de violencia simbólica, esta forma de tratar los cuerpos de las mujeres, su placer y su sexualidad allanan el territorio para cometer otro tipo de violencias. Así ocurrió en el caso de “La Manada” cuando se aportaron como pruebas las fotos de la víctima de su perfil de Instagram disfrutando en un determinado momento porque no se puede consentir que una mujer que ha sido violada sea capaz de disfrutar en algún momento de su vida.
Cualquier comportamiento de las mujer que sea ejercer algún ejemplo de voluntad y agencia parece que debe ser castigado. El alcohol, la noche, la vestimenta, la calle… Toda la responsabilidad recae sobre nosotras. Es importante validar cualquier forma de existencia y dar valor a la comunidad.
Cuando hablas de comunidad, ¿incluyes a los varones?
Antes pensaba que ese diálogo político debía ser sólo con las mujeres, pero hoy creo que también deben intervenir los varones. Hay que pensar en una amistad que comprende, debate y abraza. Y también con los varones es una forma de comunidad válida. Y muy importante para acompañar una existencia. Hay que construir vínculos reales con personas distintas a nosotros. Y es algo que cuesta mucho. Si nos fijamos, nuestras amistades suelen ser bastante similares a nosotros mismos.
Debemos hacer un esfuerzo por crear comunidades con la integración de personas que sean diferentes y escucharse y construir vínculos incluso banales. Me parece una gran estrategia para romper burbujas de raza, de clase… Pero es muy compleja y difícil, nadie quiere hacerla. Nadie quiere compartir la cotidianeidad con personas diferentes.
Violencias sexuales y pornografía
¿Cuál crees que es la mayor amenaza en las violencias sexuales contra las mujeres?
La heterosexualidad sin duda. Ser una mujer cis que se vincula con varones cis, incluso en los aspectos más optimistas, te lleva a tener que negociar y exponerte a situaciones de gran complejidad. Como mujer heterosexual me duele admitirlo, pero las mujeres que nos vinculamos con varones hetero-cis-sexuales estamos expuestas a muchas violencias sexuales.
Pero hay otros dos aspectos que suponen grandes amenazas: los desafíos que presenta el consentimiento y que la sexualidad de las mujeres sigue siendo un territorio de disputa y aleccionamiento patriarcal. Sigue siendo importante regular, castigar y ejercer control sobre la sexualidad de las mujeres, y la violencia sexual es parte de ese control.
¿Qué papel ocupa la pornografía en todo esto?
El tema de la pornografía es un debate que ha vuelto a la actualidad especialmente en España, y no sé por qué. No sólo pienso que los problemas de la pornografía deban ser resueltos en el terreno de los derechos laborales sino que la pornografía es una ficción.
Y cómo hacemos esa diferencia le corresponde al ministerio de educación, no a ‘Playboy’. Si me da por reproducir una fantasía que vi en la pornografía tengo que preguntar a la persona en la vida real. No es malo tomar cosas de la pornografía para excitarse. La pornografía no es germen de ninguna violencia, no hay evidencia científica. La única metodología que se puede medio tener en cuenta es la que publica Pornhub –web de contenido pornográfico– cada año y que tiene que ver con la forma en que se consume. Hasta que no vea un estudio más serio me permito dudar de cualquier hipótesis que se forma con base en la pornografía.
¿Tampoco crees que el acceso temprano a la pornografía puede afectar negativamente a los menores de edad?
A los menores se les debería restringir el acceso no solo a la pornografía sino a internet completo. Me preocupa el acceso de los menores a las redes sociales y su relación con el 'bullying', me angustia. Los elementos menores de edad e internet hay que analizarlos en todas sus variables, no solo por la pornografía.
¿Quién regula y quién nombra qué prácticas son buenas o son malas? Decimos que la pornografía es una forma machista de tener sexo. Y resulta que esto mismo significa que la forma no machista de tener sexo es heteronormada, convencional, y genital-centrada, con hombres que penetran a las mujeres y les susurran al oído "te amo". Yo creo que la única forma feminista de tener sexo es la consentida. Me parece mediocre culpar a la pornografía de algo que lleva años ocurriendo incluso antes de la pornografía. El mundo ya era misógino antes de ‘Playboy’.
Desde algunas importantes instituciones se asegura que el acceso temprano a la pornografía de menores de edad potencian comportamientos machistas y violencias sexuales.
No lo veo tan claro, no estoy tan segura. ¿Dejaría de pasar si quitamos la pornografía? Creo que tiene que ver con que si las personas no quieren entender que debe haber consentimiento para todo: para una práctica sexual, para que se comparta un vídeo sexual… Creo que el consentimiento es la clave de todo en este asunto.
Es una conversación que me parece que encubre algo que no tenemos claro: el problema de la violencia sexual contra las mujeres. Lo que se disputa en el territorio de la sexualidad que es muy complejo, más aún entre personas jóvenes. Todas nosotras hemos sufrido algún tipo de violencia sexual antes de que existiera pornografía en internet. Un ejemplo reciente es el nivel de sadismo del 'caso Pelicot', en el que Giséle Pelicot fue víctima durante años de las violaciones de decenas de hombres que su propio marido ofrecía previo pago mientras ella estaba drogada sin su consentimiento. Creo que encarna todo lo que nos dijeron para estar a salvo: si te casas, si tienes una relación monógama, si envejeces con tu pareja, vas a estar a salvo. Y vemos que no. Es terrible. No tengo palabras.














