Esta mañana, al ver que el 23 de mayo se celebra el Día Internacional del Fútbol Femenino, me ha nacido instintivamente releer la portada con la que el periódico El País abrió el 21 de agosto de 2023, un día después de la final del Mundial. "Campeonas del mundo", expresan unas letras grandes y en negrita junto a un extenso reportaje sobre el campeonato, del que reconozco no haber entendido en su momento muchos de los términos que se expresaban en el mismo (que no cunda el pánico, por supuesto que conozco qué es un fuera de juego, no empecemos con las ‘‘machistadas’’ tan temprano). Pero lo que sí he identificado con la perspectiva del tiempo es que justo en ese partido celebrado en Australia empezó mi relación con el fútbol.

La misma, cuya trayectoria es bastante corta, llega después de una infancia y adolescencia reflexionando sobre una misma cuestión: ¿por qué disfruto con el deporte pero detesto el ambiente que se genera dentro del mismo? La respuesta orgánica fue alejarme de todo lo que tenía que ver con el fútbol, masculino eso sí, ya que era el único que parecía existir, hasta alcanzar un estado de absoluta indiferencia.

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Maddie Meyer - FIFA//Getty Images

"Este no es mi ambiente"

En el entorno y no en el deporte estaba mi problema. Me genera rechazo todo lo que tenga que ver con comportamientos violentos, actitudes homófobas y xenófobas, y por supuesto, prácticas machistas. Los datos están de mi lado. La Comisión Estatal contra la Violencia, el Racismo, la Xenofobia y la Intolerancia en el Deporte recogió en su último informe que en la temporada 2021/2022 se registraron 1667 propuestas de sanción en los diferentes partidos de fútbol masculino de primera y segunda división. ‘‘Supone la cifra más alta en las cinco últimas temporadas y un repunte de violencia considerable’’, expresa. Por lo que decidí empezar a moverme en otros ambientes.

La primera cita con el mundillo la tuve en la celebración que las jugadoras de la Selección Femenina de Fútbol realizaron en Madrid unos días después de levantar la copa en Sidney. Lo que más me gustó fue la cantidad de mujeres jóvenes que acudieron al evento. Todas vestían camisetas de Jenni Hermoso, Alexia Putellas, Aitana Bonmatí o Athenea del Castillo, y querían que sus ídolas, esas mujeres que ahora se habían convertido en referentes para todas esas niñas que han querido jugar al fútbol en el patio del colegio pero no las han dejado, les firmases sus vestimentas.

Ni el beso no consentido de Rubiales había conseguido quitarle protagonismo al aire de celebración que se respiraba. Además, este era diferente al que hemos visto en muchas otras ocasiones a través de la televisión, con gente gritando despropósitos alrededor de la Fuente de Cibeles en Madrid —estatua que representa a una diosa que, como curiosidad, es la madre de los que renunciaban a la masculinidad grotesca, según cuenta Alana S. Portero en su novela ‘La Mala Costumbre’—. Era un festejo entre amigas. Una quedada en la que no se critica al contrario, ni se jactan de los objetivos conseguidos ni se escuchaba un ‘‘Jódete, Inglaterra, os hemos ganado’’. Así que con esta sensación, compré mi primera entrada a un partido de fútbol.

El Estadio Alfredo Di Stéfano, ciudad deportiva del Real Madrid y templo de los partidos de la categoría femenina, fue testigo de cómo las merengues ganaron al Granada CF por cinco goles a cero. Pero lejos de escuchar mofas por la gran diferencia de resultado, críticas a las jugadoras cuando no hacían su mejor tiro a puerta o insultos a las árbitras al no tomar la decisión más correcta, solo había celebraciones respetuosas de goles, muestras de apoyo en los fallos cometidos sobre el campo y un montón de niñas de equipos de fútbol de categorías inferiores tomando apuntes de las jugadas. Descubrí un mundo nuevo al que quería pertenecer.

Las desigualdades todavía latentes

Por supuesto, la opinión de que me gusta más el fútbol femenino que el masculino me ha hecho sufrir a esos hinchas que se creen a pies juntillas el bulo de que ‘‘no son comparables, porque el de las chicas da menos juego y es menos emocionante’’. Qué pereza me da esta actitud machista respecto al fútbol femenino tan repetida en la sociedad. Por eso, solo dejaré caer un dato por aquí: ambas selecciones de fútbol españolas llevan una sola estrella bordada en la camiseta, mostrando así las Copas del Mundo ganadas. Pero mientras el equipo masculino ha tenido 22 oportunidades para hacerlo en los campeonatos celebrados por la FIFA desde 1930, el equipo femenino se ha coronado en la 9ª edición, después de inaugurar esta categoría en 1991. Supongo que se despeja así la hipótesis de la falta de talento a la que muchas veces se agarra la sociedad y diferentes federaciones para justificar que las futbolistas ganen menos que los futbolistas.

Aunque llegados a este punto, tampoco entraremos de lleno en el famoso ‘‘es que generan menos dinero’’, porque es una realidad. Sí. Pero de la que es culpable la invisibilidad que ha sufrido y sigue sufriendo el fútbol femenino por mucho que en agosto del año pasado dieran un golpe sobre la mesa. Es más, una servidora no puede estar más de acuerdo con el resultado de una encuesta realizada por el CIS en octubre de 2023: ‘‘El 84,8% asegura que hay que mejorar las condiciones laborales de las mujeres futbolistas y los recursos deportivos’’.

Ser conscientes del camino que queda por recorrer es primordial. Según el sindicato FIFPRO, una organización que representa a profesionales del fútbol a nivel mundial, el 47% de las mujeres jugadoras todavía no cobra por jugar al fútbol, y únicamente el 10% de ellas tiene un salario digno para poder vivir del deporte. En el caso de España, esta situación se empezó a regularizar en 2020 cuando se firmó el Convenio colectivo para las futbolistas que prestan sus servicios en clubes de la primera división femenina de fútbol, mediante el cual comenzaron a considerarse como profesionales a jugadoras de grandes equipos que llevaban toda la vida sobre el campo.

‘‘La firma del primer convenio colectivo fue un hito muy, muy importante para que el fútbol femenino diese un paso hacia adelante’’, contaba Isabel Guerrero, exfutbolista y fundadora del primer club femenino de Andalucía durante la Jornada ‘Fútbol, Igualdad y Masculinidades Corresponsables’ de la Fundación Iniciativa Social. ‘‘Supuso un antes y un después, porque a partir de ahí las chicas podían dedicarse profesionalmente al fútbol cuando, hasta ese momento, casi todas trabajaban o estudiaban cuando eran auténticas profesionales pero no reconocidas como tal’’. También explica que, hasta esa firma, ‘‘las chicas eran totalmente amateurs. La Federación sí consideraba que tuvieran su ficha profesional, pero no se podían dedicar a esto porque no estaban respaldadas. No solo a nivel económico, simplemente con el hecho de cotizar a la seguridad social. Yo he compartido vestuario con jugadoras que se han dedicado 20 años a jugar al fútbol y no han cotizado un solo día de su vida. Nos lesionábamos y, automáticamente, si era una de gravedad, nos quedábamos fuera. Y si te planteabas ser madre, ya ni te cuento. Era impensable’’.

Si bien me he convertido en futbolera (tardía) una vez que la selección femenina de fútbol española ha salido definitivamente del banquillo, he descubierto que en los partidos de esta categoría es donde disfruto, donde me siento segura y representada desde las gradas. Además, mi compromiso con el fútbol se refuerza cuando sé que mi asistencia a los mismos a los mismos es un apoyo a esta lucha por la igualdad que no solo deben librar las jugadoras de fútbol: debemos hacerlo todas las mujeres con el fin de que se nos reconozca en muchos ámbitos de la vida en los que todavía estamos silenciadas. Así que, ¿cuándo vamos al próximo partido?

Headshot of Nerea Panicello

Nerea Panicello es experta en música, series y redes sociales. No hay canción pop que no haya pasado por los auriculares que siempre lleva puestos, entrega de premios Grammy o MTV VMA’s que no haya cubierto en directo o festival al que se haya quedado con ganas de ir. Tampoco ficción (serie o película) de Netflix o HBO Max de la que no se obsesione con el reparto y busque todas las teorías de los fans. Ni reel de Instagram o vídeo de TikTok viral que no haya recibido su ‘iike’. Su carpeta de guardados en IG está repleta de ideas para crear contenido.

Su momento favorito de la jornada laboral es cuando se sienta frente al artista o intérprete de turno para someterle a sus preguntas o a unos de los retos en vídeo de COSMOPOLITAN. Ha entrevistado a cantantes como Lola Índigo, Rauw Alejandro, Camilo o la banda Morat. También a actrices como Claudia Jessie (‘Bridgerton’), Kristen Stewart o Maisie Williams. Aunque siempre recordará sus cinco minutos de gloria con los Jonas Brothers.

Nerea se graduó en Periodismo por la Universidad Rey Juan Carlos en 2018. Antes de colocarse el birrete, realizó prácticas durante 2017 en la Revista de Ana Rosa Quintana. Lleva formando parte de Cosmopolitan desde 2018. Actualmente está terminando un Máster de Periodismo Digital y Nuevos Perfiles en la Universidad Rey Juan Carlos. En sus ratos libre, recibe clases de lengua musical y batería para seguir mostrando lo que no se ve las canciones.

Acumula seis años de experiencia, en los que ha elaborado temas para sus versiones ’print’, diariamente en digital y ejercido de Community Manager en cuantiosas ocasiones.