La mayoría de mis amigas piensan que no contestar a un mensaje en cuanto llegue es señal de falta de interés, o creen que demuestra falta de profesionalidad. Ni por asomo se imaginan que avalanzarse sobre el móvil al primer 'beep' lo que esconde es una ansiedad de mil pares, o peor, como dicen los expertos, un TOC (trastorno obsesivo compulsivo), porque cada respuesta a las señales que nos envían los dispositivos móviles es un 'check' que hemos completado, y algo parecido a una adicción. Y esto, amigas, segrega serotonina, casi igual que la del gimnasio pero sin mover poco más que un dedo. El pulgar, para ser exactas.

"Es un patrón disfuncional de conducta, una falta de capacidad de gestión y una adicción al cortisol que genera", explica Manuel Pérez, psicólogo de Psicopartner. Y seguramente forma parte del bucle de rapidez, ansiedad, 'multitasking' y 'horror vacui' (miedo al vacío, a la nada, al folio en blanco) al que estamos sometidos. Porque vamos tan rápido que, a veces, hasta se nos escapa un "me gusta" contra nuestra voluntad. ¿A quién no le ha pasado que de tanto leer en diagonal ha leído lo contrario, o algo bastante alejado de la realidad?

Y eso que aún no hemos abierto el melón de los grupos de WhatsApp. Que hasta la Familia Real británica tiene el suyo propio. Si tuviéramos que contestar a todas las personas que participan en un grupo, no podríamos dedicarnos a nada con fundamento en toda la vida. Por suerte, hace exactamente un año que Mark Zuckerberg, el dueño de WhatsApp, incorporó la posibilidad de darse de baja de un grupo sin que nadie se entere, sólo el administrador.

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El perfeccionismo está detrás

Esa necesidad de contestar tiene que ver con el perfeccionismo, con la necesidad de quedar bien o no quedar mal, como cuando eres nueva en la oficina y quieres encajar, quieres tener la sensación de que cuentan contigo, de que estás en los planes... "Es como el 'like' en Instagram. Si tienes apego ansioso y necesitas estar conectada, tenderás a la 'prontomanía'. Y si tienes apego evitativo y te apañas bien en la distancia, ese 'check' te calmará", asegura Ana Lucas, directora de Psico-Salud, y que trabaja con la terapia EMDR (Eye Movement Desensitization and Reprocessing).

"Y todo ha ido empeorando desde el teletrabajo que trajo la pandemia, que de alguna manera, aunque no se dice, es como si tuvieras que estar disponible las 24 horas", comenta Manuel Pérez.

Respuesta instantánea 'versus' eficacia

¿Por qué se confunde con eficacia en el mundo laboral? "Depende de la cultura de la empresa, de saber poner límites en el mundo del trabajo, o de que sea importante para ti quedar bien. Es importante saber dónde empieza y acaba el rango de lo que es educado y lo que no lo es, porque desde ahí se va a generar una dinámica de relación e interacción gracias a la que sabes que con cada persona tienes un tiempo", explica Ana Lucas.

Sí hay una norma en los manuales de gestión de equipos, pero sólo cuando tienes uno a tu cargo, y es la de los 3 minutos: cuando uno de tus colaboradores depende de tu respuesta para continuar y esta requiere de menos de 3 minutos, lo recomendable es hacerla "ya".

Dos ideas a desmontar

Por un lado se encuentra la falsa idea de que cuantas más cosas hacemos, más productivos somos. "Error", dice Paloma Hornos, psicoterapeuta especializada en gestión de estrés, directora de Gestión Emocional y creadora del método Loosestrés. "Es verdad que hacemos más cosas, pero eso no significa que seamos más productivos o las hagamos mejor. Está demostrado que cometemos más errores y nos cuesta más cumplir plazos", advierte.

Por otro, la multitarea no existe, "nuestros cerebros no están preparados para trabajar en modo multitarea. Y la realidad es que no somos capaces de hacer muchas cosas a la vez sino muchas cosas en secuencias cortitas, lo que nos lleva a tener multitud de errores", concluye la experta. "Efectivamente", corrobora Manuel Pérez, "no se pueden hacer dos cosas a la vez durante tres horas. Lo que hacemos es desplazar la atención de un sitio a otro, y eso es lo que nos hace ir en modo automático".

Sus consecuencias

Según este mismo profesional de Psicopartner, a corto plazo, serán el estrés, con cefalea, fatiga, fallos de memoria, ansiedad, palpitaciones y presión en el pecho. A medio, puede ocasionar problemas a la hora de delegar tareas, porque llega un punto en el que no creemos que la otra persona lo pueda hacer igual de bien o rápido. Y esto es lo que lleva a contestar en el mismo momento y a echarse todo a la espalda. "Y a largo plazo, si no se neutraliza o se rata, generará otros problemas laborales y personales", asegura el experto. La 'prontomanía' suele depender de la personalidad de cada uno. "Los inseguros o con altos niveles de querer agradar, o las que personalidades rumiantes son más propensas a desarrollar este trastorno", apostilla.

Consejos y 'tips' para estar en tu centro

  • Acostúmbrate a terminar la tarea en la que estás antes de confirmar quién te está escribiendo.
  • Aleja tu móvil de tu lugar de trabajo, y chequéalo cada vez que acabes una tarea, y no antes.
  • Gestiona las notificaciones personales y llévalas fuera de tu horario de trabajo.
  • Observa cómo te sientes cuando recibes una notificación o llamada. Mira qué sientes y en qué zona de tu cuerpo.
  • Prioriza lo urgente e importante para familiarizarte enseguida con qué contestar y qué no. A lo mejor hay que asumir que no siempre podemos ganar y que no siempre puede ser lo que nosotros queremos.
  • Aprende a distinguir con qué personas interactúas de forma saludable o no.
  • Prueba a bajar la carga de trabajo: se consigue poniendo límites y diciendo 'no' con asertividad.
  • Aborda los problemas de uno a uno.
  • Estructura el día y genera horarios.
  • Desconecta cada cierto tiempo, como máximo, dos horas, y así evitarás el 'modo automático'.
  • No olvides que gestionar los tiempos de respuesta es, en sí mismo, un acto de comunicación.
  • Plantéate un 'break' en tus redes sociales de vez en cuando .

Al final, todo es una cuestión de consciencia, de verte desde fuera y de saber a qué te estás acostumbrado (o volviéndote adicta) sin ninguna necesidad. ¡Hazte una ¡lupaselfie'!

Headshot of Amelia Larrañaga

Periodista especializada en belleza, bienestar y estilo de vida desde hace más de 25 años. Desde que se licenció en Periodismo en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense, ha escrito para medios como Elle, Vogue, Woman, Yo Dona, Mujer Hoy, Elle Gourmet o Harper’s Bazaar.  Dentro del mundo de la belleza, es experta en peinados, cortes de pelo y cabello en general (en una alfombra roja, no se le escapa el más discreto de los postizos ni el más escondido de los trucos) y lo sabe todo acerca de color y las últimas tendencias capilares, gracias a que se tituló en Peluquería en la Academia Guallar de San Sebastián mucho antes de estudiar periodismo.  Si no hubiera sido reportera, le hubiera gustado ser antropóloga o socióloga, por eso disfruta como una niña con ensayos que le ayuden a entender mejor al ser humano y su conducta, individual y en masa, o entrevistando a los expertos para sus artículos sobre psicología y tendencias sociales. Probadora profesional de experiencias, es capaz de sumarse a cualquiera de sus valientes retos “30 días sin…” para luego contar cómo es transitar durante un mes fuera de su zona de confort.