Recibes el enésimo audio de diez minutos en lo que va de día. Y claro, diez minutos en este momento te parecen una eternidad cuando tienes que entregar tu próximo informe antes de media hora. Y es que el formato audio es una trampa: te impide ver de un vistazo de qué va la vaina del mensaje, si es urgente, o sólo una cháchara mental a media mañana de tu mejor amigo. ¿Aprieto profesional, mal de amores, cambio de última hora en la quedada de esta tarde? Ni idea si no le das al 'play'.

Lo cierto es que algo debía intuir Whatsapp desde que empezó a incluir entre sus ajustes la posibilidad de escuchar los audios al doble de velocidad, porque ya lo hace media humanidad. 'Speedwatching' se llama el fenómeno. Por supuesto, también se aplica a Youtube, a Ivoox (la plataforma líder de podcasts en castellano) y a TikTok.

"Más que una manía", explica María Inés López-Ibor, psiquiatra y catedrática de Psiquiatría de la Universidad Complutense de Madrid y presidenta de la Fundación Juan José López-Ibor, "la sensación es de que cada vez todo tiene que ser más rápido, y que estamos bombardeados por mucha información. Estamos acostumbrados a leer en diagonal y a escuchar rápido sin esperar, lo que se deriva de las prisas, pero también es cierto que muchos de esos audios son monólogos, lo que hace que no formen parte de una comunicación normal".

Y ni te cuento cuando la galería de tu Whatsapp es una lista interminable de iconitos de "play". ¿Cómo encontrar un dato importante que deberías haber retenido, como por ejemplo el lugar y la hora de una cita? ¿y en qué minuto? Los audios rizan el rizo de la incomunicación que han traído los vanagloriados beneficios de los dispositivos móviles.

¿No sería más sencillo echar mano de la asertividad y pedir a los nuestros (y a los otros) que limiten la duración de sus audios para que no tengamos que escucharlos de manera que se acaben lo antes posible? Es como poner una venda antes de curar la herida.

Hiperconectividad y miedo a perderse algo

Según Qustodio, la plataforma líder en seguridad digital para las familias, además de que el estilo narrativo de los contenidos es más veloz en términos, los usuarios han comenzado a acelerar la velocidad de visionado o de escucha de los contenidos, y las plataformas de 'streaming' les han dado las herramientas para practicarlo. El ya famoso 'fear of missing out' (FOMO) está detrás de esta nueva obsesión.

Actualmente, Youtube permite la reproducción de sus vídeos a 0.25x, 0.5x, 0.75x, normal, 1.25x, 1.5x y 2x, e Ivoox ha reconocido en el último informe 'Estado del podcast en español' que el 3,64 de los usuarios consultados admitió acelerar la reproducción de los capítulos, y un 8,36%, hacerlo de forma ocasional, lo que ya se ha bautizado como 'podfasters'.

El caso de TikTok es el más alucinante. El informe Del cambio a la adaptación: 'viviendo y aprendiendo en un mundo digital', realizado por Qstodio, revela un aumento de uso entre los menores, de 31 minutos al día en 2019 a 96 en 2022, por lo que no es de extrañar que si quieren seguir dedicando tiempo a otras actividades, tengan que 'rascar' el minutero doblando la velocidad de la reproducción de lo que consumen.

¿Y sus consecuencias?

"A mayor grado de rapidez, menos bienestar personal, y menor profundidad. Vivimos en la sociedad del 'surfing', ir de un lado a otro, subir y bajar, con lo que desaparece la motivación, porque cuando no hay reflexión, no sabes a dónde quieres ir", dice, contundente, Monia Presta, psicóloga clínica especializada en gestión emocional, sexología y neurociencias, y autora de 'Tu cerebro emocional'.

Parece que estamos más conectados, pero no es cierto, sino todo lo contrario, esos audios largos como una noche sin luna crean la falsa ilusión de que se está en contacto real. "No podemos vivir en un mundo virtual, somos seres biopsicosociales. Necesitamos el cariño real de las personas, sin prisas, pero estamos dando más importancia a lo virtual y a lo inmediato. Para relacionarse hay que verse, siempre pongo ese granito de conciencia", termina la psicóloga.

Al final, sólo queda reflexionar acerca de la inmensa paradoja de un mundo de propuestas ilimitadas para unos consumidores limitados (o lo que ess lo mismo: mortales). ¿Cuál será el siguiente paso?

Headshot of Amelia Larrañaga

Periodista especializada en belleza, bienestar y estilo de vida desde hace más de 25 años. Desde que se licenció en Periodismo en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense, ha escrito para medios como Elle, Vogue, Woman, Yo Dona, Mujer Hoy, Elle Gourmet o Harper’s Bazaar.  Dentro del mundo de la belleza, es experta en peinados, cortes de pelo y cabello en general (en una alfombra roja, no se le escapa el más discreto de los postizos ni el más escondido de los trucos) y lo sabe todo acerca de color y las últimas tendencias capilares, gracias a que se tituló en Peluquería en la Academia Guallar de San Sebastián mucho antes de estudiar periodismo.  Si no hubiera sido reportera, le hubiera gustado ser antropóloga o socióloga, por eso disfruta como una niña con ensayos que le ayuden a entender mejor al ser humano y su conducta, individual y en masa, o entrevistando a los expertos para sus artículos sobre psicología y tendencias sociales. Probadora profesional de experiencias, es capaz de sumarse a cualquiera de sus valientes retos “30 días sin…” para luego contar cómo es transitar durante un mes fuera de su zona de confort.