Lo de encasillarse en un género literario es algo que no va con Sibila Freijo. Su andadura como escritora comenzó con ‘Lo que no sabía de mí’, y fue abrazando las historias de temática romántica y novela erótica también en sus siguientes obras hasta que su cuerpo, alma y mente le pidieron contar su historia más personal. Con ‘La sal’ se abre en canal para narrar por escrito aquellos acontecimientos que marcaron su niñez.

“Si no se hubiera muerto mi padre probablemente no hubiera decidido rememorar mi infancia y recordar todo esto”, desvela la escritora española al preguntarle por la raíz de este giro de 180 grados en su literatura. “Fue un poco mi manera de pasar el duelo porque, aunque fue un padre nefasto, cuando él se murió yo me quedé en 'shock' y tuve que escribir sobre él”, continúa, resaltando que convertir sus recuerdos en novela fue también una manera de hacer las paces con ese padre que se salía de la norma.

“Lo positivo de esta historia es el tono en el que está contada. No es un tono de rencor ni de odio, ni de pena por mí misma, sino que es una historia más bien de perdón, de intentar comprender a los que nos hicieron daño y de encontrar paz”, describe, y es que perdonar a veces puede resultar difícil. A pesar de contar con pasajes crudos que te hacen desear que sea un relato ficticio, Freijo entremezcla esas frases lapidarias escritas con mimo con toques de humor que te sacan una sonrisa.

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Sibila Freijo

Comenzaste tu andadura con la novela erótica, ¿cómo ha sido dar el salto a un relato autobiográfico?

Necesitaba hacer un poco de memoria de lo que había sido mi infancia y mi adolescencia. Creo que estaba en un momento de mi vida adecuado como para hacer balance y perdonar. Para ello tuve que cambiar absolutamente de tercio, porque no tiene nada que ver con lo que hacía antes, pero también creo que un escritor lo es siempre, haga lo que haga. Quien escribe puede escribir de todo y también cambiar de registro.

A la hora de escribir la novela, ¿surgieron retos al pasar de la ficción a la no-ficción?

Sí, bueno, el reto era sobrevivir a eso (se ríe). Lo pasaba muy mal escribiendo. Con una cosa te lo pasas muy bien y es muy divertido, y con la otra se sufre mucho, es un tipo de escritura muy catárquica. Pero creo que el tono es el mismo, porque en mis novelas eróticas hay mucho humor, y aquí también.

Mientras experimentabas determinados pasajes de tu vida, ¿no te planteaste que pudieran llegar a ser parte de una novela, ya fuera de ficción o biográfica?

Hombre, yo siempre pensé que mi padre era un personaje muy de novela. Era una persona de muchos extremos. No era el típico padre maltratador, sino que era un ser contradictorio, porque también era encantador y me enseñó un montón de cosas. Creo que mucha gente se puede sentir identificada con algunas de las cosas que cuento en la novela.

“No era el típico padre maltratador, porque también era encantador"

Los familiares y amigos que aparecen en el libro, ¿lo han leído?

Pues mira, yo creo que de mi familia no lo ha leído casi nadie. Mi madre dice que lo ha leído, pero en realidad no. Es difícil, porque ella ya ha llegado a un periodo de su vida en el que ya no quiere enfrentarse a eso. Mis amigos y la gente que me conoce sí lo han leído. La mayoría de la gente que sí sabía esta faceta de mi vida me dice que leer el libro es como estar hablando conmigo.

¿Te daba miedo que las personas que aparecen descritas por ti leyeran el libro?

Claro. Mi madre cuando le contaba muchas de las cosas que escribía me decía que estaba mintiendo. A mí el que verdaderamente me hubiera gustado que hubiera leído este libro es mi padre, que le hubiera encantado cómo aparece él en general, con lo malo y con lo bueno. Él me minusvaloraba mucho por hacer novela erótica (porque era muy cultureta), y para una vez que escribo algo que a él le hubiera gustado, no lo puede leer (se ríe). Sí que da mucho miedo exponer tu vida, pero también piensa que mis primeras novelas fueron eróticas. Me violentó más eso, me daba más vértigo. A lo mejor también porque como una ya tiene tan asumida su propia vida...

A veces llegamos incluso a soñar con vivencias de la infancia, ¿Crees que solemos recordar con más nitidez una mala experiencia que una buena?

Las cosas dramáticas que te han pasado, sobre todo en tu infancia, las tienes grabadas a fuego. Las buenas las das por hechas, das por hecho que cuando eres un niño tienes que ser feliz. Pero las malas... Tus pequeños dramas de niño se te quedan para toda la vida, aunque sean una chorrada. Un niño que lo pasa mal no es consciente en el momento de que está sufriendo, simplemente se va cobijando donde puede. Es luego en la edad adulta cuando se da cuenta de lo que ha pasado.

¿Has omitido algún recuerdo por miedo a exponerlo?

Yo creo que no. Si he podido poner lo de mi abuela, que creo que es lo más fuerte que me ha pasado en la vida... Lo que no puedes hacer cuando estás haciendo algo tan sincero es guardarte una cosa así. Ese capítulo dudé si ponerlo porque expone mucho a mi familia. Ese recuerdo surgió hace unos quince años, ¿y dónde estaba antes? Pues tapado. Son cosas que olvidamos porque son demasiado terribles de recordar.

“Son cosas que olvidamos porque son demasiado terribles de recordar”

¿Por qué el cambio de narrador entre capítulos?

La tercera persona la usé para los momentos dramáticos de mi familia. La primera persona para los recuerdos amables de la infancia. Y luego la segunda la utilicé para asimilar el presente, porque le puedes dar caña al personaje. A mí me interesaba ese estilo de narrar en el que yo no me quitaba del medio ni me salvaba. En la novela salgo como la hija de mierda que he sido, pero porque he tenido toda esta familia disfuncional.

La pregunta que te haces en el libro (“A lo mejor ahora que mi padre ha fallecido, ya puedo empezar a quererle”), ¿se ha cumplido?

Sí, creo que sí. Yo quería quererle, pero es que era imposible, entonces sólo cuando se ha muerto he aprendido a hacerlo. La verdad es que le echo bastante de menos. Inevitablemente, cuando alguien te está rayando todo el día, también le echas de menos.

Cuentas que cuando preguntas en las librerías por tus primeros libros te dicen: "No, es que no vendemos novela erótica", una frase machista que desprestigia el género.

Eso me ha pasado tantísimas veces... No con librerías, sino con las personas. Y lo del desprestigio de la novela erótica, ¿sabes por qué es? Porque es un género normalmente escrito por mujeres y leído por mujeres, y desgraciadamente sigue habiendo mucho machismo. A veces he leído que le llaman “porno para mamás”, fíjate lo que tenemos que aguantar todavía. Se considera un género menor, y escribir bien una escena erótica es dificilísimo. No se debería desprestigiar tanto un género literario que vende tantos libros. Hay también mucha rabia porque triunfe ese tipo de literatura.

¿Te planteas seguir con la no-ficción o vas a volver a la ficción?

(Piensa). Sí que me gustaría hacer algo sobre el amor, no sé si desde el punto de vista autobiográfico o no, pero ya que estoy… (se ríe). Creo que ahora me pondré con algo de ficción, donde ya no sea yo la protagonista, para relajarme otra vez. Aunque siempre dejas algo de ti en los personajes, siempre hay cosas autobiográficas.

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Cristina es redactora de belleza y ‘lifestyle’. Para sorpresa de nadie, adora escribir sobre tendencias, propuestas de maquillaje y todo tipo de consejos de estilismo (especialmente aquellos para chicas bajitas). Nada le inspira más que un buen libro y tomar notas en una libreta ‘cute’. Le apasiona todo lo que tenga que ver con la cultura ‘pop’ y se pasó una importante parte de su adolescencia analizando el ‘street style’ de las famosas y aprendiendo a hacer el ‘eyeliner’ en menos de cinco minutos.

Se trasladó a la capital para estudiar Periodismo y Comunicación Audiovisual en la Universidad Carlos III de Madrid, para después adentrarse en el mundo de las marcas con el Máster de Gestión Publicitaria de la Universidad Complutense. Los meses en los que vivió en París los dedicó a impregnarse de ese ‘je ne sais quoi’ de una de las capitales mundiales de la moda.

Comenzó como periodista en la revista El Duende, donde redactaba sobre eventos culturales. Lleva escribiendo desde que tiene uso de razón, y cuando tenía dieciséis años nació su novela ‘Contando estrellas apagadas’. Actualmente cursa el diploma de Marketing y Comunicación de Moda y Lujo, organizado por la revista Elle junto a Mindway y la Universidad Complutense.