Que levante la mano la que no haya degustado un plato maravilloso en el restaurante de moda y al acabar haya pensado: "¡la fotoooo!". ¿Te has fijado en las personas que te rodean en el transporte público? Todas, enfrascadas en sus smartphones, y muchas scrolleando en modo autómatas con rostro aburrido mientras miran por encima los stories y publicaciones de desconocidos en Instagram y su función Reels, Snapchat o TikTok. Y todo eso, mientras se pierden su propia vida. Tú, incluida. Y yo.

Las redes sociales nos están haciendo cada vez más dependientes de la mirada del otro, lo que nos está sacando de nuestro centro, del momento y de las sensaciones de disfrute. "Llega un momento en el que estás tan metido en las RRSS y tan expectante de las respuestas y el refuerzo que te den, que te olvidas de tu propio mundo real y puedes acabar con una escisión del ser, disociándote en dos personas diferentes y en dos mundos distintos. El peligro está en que una de ellas, la irreal, la del escaparate, la dependiente, vaya cogiendo más peso que la otra", expresa Laura Palomares, psicóloga y directora de Avance Psicólogos. La presión es tan fuerte que incluso grandes artistas como Billie Eilish perdieron cientos de miles de seguidores por una foto que consideraron inadecuada. A esto se suma que hay personas con dificultades de interacción o de habilidades sociales que corren el riesgo de evitar el mundo real, encapsulándose en una vida virtual en las redes.

vida real o vida virtual
Alexander Spatari//Getty Images

Según los expertos, empezamos a tener dos vidas paralelas, la real y la virtual. El filósofo de moda, el coreano Byung-Chul Han (‘La sociedad del cansancio’, ‘La sociedad de la transparencia’) habla de los nuevos ciudadanos como víctimas y verdugos de la mirada del otro en esta nuestra supuesta sociedad de la transparencia en la que no existe ninguna comunidad, sino acumulaciones de egos.

"Tiene un punto triste ese estar viviendo más por el postureo. Vas a un sitio pensando en la foto que vas a hacer, y cuando después ves la publicación en Instagram de alguien que estuvo allí contigo, piensas, -vaya, yo no vi esa foto-", relata Mónica León, directora de PR Digital Director de la agencia Omnicom Public Relations Group. "Esa dependencia es un problema. Los que nos dedicamos al marketing influencial, nos damos cuenta de ello, ya se están haciendo públicos los rasgos de ansiedad que se están empezando a producir. Creo que es un camino imparable, pero se puede ser responsable", advierte. De hecho, ya vimos lo que ocurrió en el apagón del pasado 4 de octubre.

Buscamos el click y el like a toda costa, y cada vez más. Todas las redes sociales, sin excepción, están diseñadas para engancharse. Porque no hay cliente más fiel que el consumidor dependiente. "Las RRSS generan compulsión y adicción con el fin último de estar más tiempo ahí pegados para que seamos zombies consumistas, del peso, de operarme, de ser perfecta... Estamos en hiperactividad del pensamiento, nos acostumbramos a tener estímulo de información constante, y eso engancha, estamos aprendiendo a leer de una manera muy transversal. Es cierto que tenemos acceso a mucho contenido, pero no podemos ahondar en nada, lo que dispersa la atención, estamos desaprendiendo a concentrarnos", dice Laura Palomares. "Y el talento humano necesita profundizar y pensar", remata Alejandra Nuño, socióloga con especialización en Género y Salud, de la consultora Acuam HealthCare.

La 'youtuber', empresaria, 'influencer' y escritora Mónica Vicente, con casi medio millón de seguidores en Instagram, opina que estamos en búsqueda de nuestra identidad. "Cada vez hay menos contacto físico, no nos da tiempo a quedar con amigos, todos estamos dispersos, y la única manera de que te tengan en cuenta o ser visible para los demás es a través de las RRSS, es una vuelta al “yo existo”, pero desde otro lugar. Cuando seleccionas extractos de la realidad escogidos para compartirlos, quizá hay detrás una búsqueda de cariño y validación. Y en las grandes ciudades es todo a golpe de click", sentencia. De todo ello habla su libro, "Tienes un Ferrari en el garaje" (Penguin Random House).

"El talento humano necesita profundizar y pensar", Alejandra Nuño

Un conocido directivo del Banco de Santander se quejaba en una entrevista reciente de que esta vida es anti-salud. Y es que la digitalización nos ha llevado a vivir bajo la tiranía de la inmediatez y el consumo constante de experiencias. "Siempre tenemos que estar montados en un tiovivo porque si no, no somos válidos. La tiranía de la felicidad tóxicamente falsa, esa dictadura de que todas las experiencias tienen que ser extraordinarias... todo eso es anti-humano y anti-natural. No es que tengamos que contar nuestras desgracias, pero es imposible mantenerse 24/7 en modo "súpermegaguay". Ya somos muchas voces las que lo estamos denunciando", explica Alejandra Nuño.

"Estamos iniciando un cambio de discurso, porque es obsceno, egocéntrico y tóxico, y una falta de respeto a nuestra gente que sufre o tiene problemas", prosigue la socióloga. Y el mundo de la empresa está empezando a despertar. "Ya se están diseñando espacios de silencio, se está empezando a apagar teléfonos, y a no ser groseros en las redes con ese afán de egocentrismo surrealista; todo esto habla de un ratio de infelicidad muy grave. El bienestar y el sentido común pasan por priorizar la vida", remata la socióloga.

En algunas empresas como ING, Zurich o Paradores, Acuam HealthCare y algunas de Wall Street, ya limitan desde dirección el envío de mails a partir de las siete de la tarde y en fin de semana. También tenemos el ejemplo de Angulas Aguinaga, una empresa modelo desde hace años cuyas palancas de crecimiento apostaron claramente por las personas y la innovación, lo que significa que el CEO no solo se relaciona con su equipo por mail, sino que también va a ver cómo sus empleados limpian mejillones.

Cuándo parar

  • Si notas que te empieza a costar concentrarte en asuntos del día que antes eran sencillas, como tomar un café tranquilos, leer un libro o ver una película entera, de principio a fin sin mirar el móvil.
  • Si te das cuenta de que cada vez es mayor el tiempo que te quedas viendo la pantalla, dejando de hacer cosas o colocándolas en segundo plano.
  • Si percibes que te relacionas solo a través del móvil o el ordenador y no sientes tanta necesidad de verle a tus seres queridos y quedar con ellos.
  • Si el hecho de no llevarte el móvil te pone muy nervioso o te crea ansiedad.

Priorizar la vida

  • Sé valiente, escúchate y haz un ejercicio de autoconciencia y de apostar por la autenticidad.
  • Hazte regalos reales, como comer bien o hacer algo doméstico y humano que te aporte placer.
  • Empieza por apagar el móvil o dejar de mirar tu correo o tus redes sociales en una franja horaria que tú elijas, y observa cómo te sientes.
  • Vuelve a observar al que tienes al lado, mírale a los ojos, pregúntale, haz un ejercicio de integración social.
  • Empieza de forma consciente a hacer un trabajo de equilibrio entre la parte digital, porque ha llegado para quedarse, e ir dirigiendo la atención hacia enriquecerte de forma real, como con el deporte, tus amigos o actividades concretas que estimulen y enriquezcan tu mundo real.
  • Elige las notificaciones que creas que te quitan más tiempo y desactívalas.
  • Ponte una película y deja el teléfono en otra habitación.
  • Si ves que hay un exceso de dependencia, acude a un profesional.
Headshot of Amelia Larrañaga

Periodista especializada en belleza, bienestar y estilo de vida desde hace más de 25 años. Desde que se licenció en Periodismo en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense, ha escrito para medios como Elle, Vogue, Woman, Yo Dona, Mujer Hoy, Elle Gourmet o Harper’s Bazaar.  Dentro del mundo de la belleza, es experta en peinados, cortes de pelo y cabello en general (en una alfombra roja, no se le escapa el más discreto de los postizos ni el más escondido de los trucos) y lo sabe todo acerca de color y las últimas tendencias capilares, gracias a que se tituló en Peluquería en la Academia Guallar de San Sebastián mucho antes de estudiar periodismo.  Si no hubiera sido reportera, le hubiera gustado ser antropóloga o socióloga, por eso disfruta como una niña con ensayos que le ayuden a entender mejor al ser humano y su conducta, individual y en masa, o entrevistando a los expertos para sus artículos sobre psicología y tendencias sociales. Probadora profesional de experiencias, es capaz de sumarse a cualquiera de sus valientes retos “30 días sin…” para luego contar cómo es transitar durante un mes fuera de su zona de confort.