- Esta cuarentena es lo más parecido a uno de esos retiros espirituales con los que todas soñamos alguna vez. Sin embargo, no lo siento así.
- Descubre lo que puedes hacer para mantenerte ZEN hasta que pase el estado de alarma.
"Marcharte lejos, cambiarlo todo por un monte", dice Pereza en una de sus canciones. Y es que los que vivimos en la ciudad soñamos a menudo con escaparnos a un paraíso en el que respirar aire puro. Yo en condiciones normales, sin estado de alarma quiero decir, abro esa posibilidad en mi cabeza cada vez que me meto en el metro en hora punta. Es entonces cuando busco en mi lista de Spotify ese tema llamado ‘Dos gotas’ y dejo volar la imaginación. Si eres de las mías, dale al ‘play’.
Durante las 8 paradas de la línea 10 que separan mi piso en el centro de Madrid de mi lugar de trabajo, me imagino volviendo a Galicia, mi tierra natal, a una casita ideal rodeada de naturaleza. Incluso a veces me aventuro a visualizarme plantando mis propias verduras en un huertito. Cuando ya casi puedo saborear los tomates deliciosos que saldrían, escucho "próxima estación: Alonso Martínez". Y me apresuro a volver a la realidad para colarme entre la gente del tren abarrotado hasta que consigo salir y hago fila para subir las escaleras mecánicas.
Sí, tengo facilidad para montarme películas en las que, como diría La Vecina Rubia, salgo guapísima. Lo que JAMÁS se me había pasado por la cabeza es que acabaría cumpliendo mi fantasía no por voluntad propia, sino "forzada". Lo pongo entre comillas porque en realidad nadie me ha obligado, pero hace unas semanas, justo antes de que la cosa se pusiera fea y decretaran el estado de alarma, me debatí entre quedarme en mi diminuto piso de Madrid o trasladarme al norte a pasar una cuarentena que ya se veía venir. Como soy ‘freelance’ y podía teletrabajar con la misma facilidad desde cualquier punto del mapa, ganó la segunda opción.
Puse rumbo a La Coruña y, siguiendo las recomendaciones de Sanidad, descarté ver a mi familia y me encerré en una casita de piedra y madera en el medio del monte. Sí, exacto, como la que me imaginaba en el metro. Cada vez que le envío a mis amigas fotos del jardín o de las vistas desde la habitación alucinan, pero fue mi madre la que me abrió los ojos a una realidad que con la ansiedad de la situación me costaba ver. Me dijo: "Carmen, eso es como los retiros espirituales por los que la gente paga miles de euros. Aprovecha para respirar, relajarte, desconectar y conectar contigo misma". ¡Ay, qué haríamos sin las madres, aún en la distancia!
Me despierto con el canto del gallo, hago yoga en el jardín y, aún así, tengo ansiedad
Y sí, lo cierto es que soy afortunada. Me despierto con el canto del gallo (REAL), desayuno el queso gallego que hace la vecina de al lado, hago ensaladas con la lechuga del huerto, como los huevos que ponen cada mañana las gallinas y hago deporte y yoga en el jardín. Todo un sueño, ¿no? Pues a pesar de estar viviendo ese retiro espiritual tan buscado, tengo ansiedad muchos días. Y es que, en esta experiencia no puedo desconectar de las desoladoras noticias, ni dejar de pensar que estoy a 20 minutos de mis padres y no puedo verles. Así que me debato, ¿puede un retiro ser espiritual cuando es obligado?
Llevamos varios días de sol en Galicia, veo el cielo estrellado cada noche, como sano y respiro aire limpio. Y aún así, una parte de mí desea verse rodeada de gente en el metro en hora punta, paseando por la Gran Vía abarrotada y reservando con dos semanas de antelación en cualquier restaurante de moda de Madrid. ¿Será que deseamos siempre lo que no tenemos?

Carmen Pita es experta en moda. Está siempre al día de las tendencias, no se pierde ningún desfile de los diseñadores más ‘top’ de las ‘fashion weeks’ internacionales y encuentra los mejores estilismos del ‘street style’ de París, Milán, Nueva York, Copenhague o Madrid.
En su día a día, asiste a presentaciones y viaja a diferentes ciudades europeas para descubrir y probar los últimos lanzamientos de las marcas. Conoce las colecciones de Zara, Stradivarius o Pull&Bear como la palma de su mano, pero también es muy fan de pequeñas firmas españolas o tiendas ‘vintage’ donde comprar ropa o accesorios de segunda mano. La sostenibilidad en el sector textil es una de sus preocupaciones, por lo que estudia qué tejidos o procesos de producción son más respetuosos con el planeta, así como los certificados que lo acreditan.
Carmen Pita se graduó en Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid y ha pasado por revistas femeninas de renombre, como Yo Dona y ELLE. En 2017, aterrizó Cosmopolitan, donde no sólo escribe de moda, también ha entrevistado a cantantes, actrices, modelos o ‘influencers’ de la talla de Becky G, Maluma, Isabeli Fontana, Milena Smit, Hajar Brown o Addison Rae.
Además de su experiencia profesional, esta periodista ha vivido en Londres y en Perú. Dos aventuras muy diferentes que le han aportado una visión más amplia de la cultura y la moda. ¿Su pasión? Escribir poemas y relatos cortos en su cuenta de Instagram.












