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Estoy sentada en una mesa de madera, en una habitación de paredes amarillas, para hablar de mi divorcio. Pero ni siquiera estoy casada todavía. "¿En qué te quieres centrar en nuestra sesión de hoy?" y yo pienso: "déjame pensar por dónde narices puedo empezar".

Mis uñas están mordidas, mi móvil está permanentemente en mi mano y no he dormido más de cuatro horas seguidas en los últimos meses. Desde fuera parece que lo tengo todo controlado. Tengo un buen puesto de trabajo en una revista, estoy prometida, mi cuenta de Instagram es una mezcla de 'happy hours' con vino, fotos de yoga, mis últimas vacaciones y un entrenamiento para la maratón (#SeeOnMyRum). Pero, desde dentro, siento que trabajo demasiado, que estoy ansiosa, completamente distraída y asustada por si el matrimonio que ni siquiera hemos empezado acabe en divorcio como el de mis padres.

Ah, y hace solo dos semanas, me enteré de que mi ex (el típico ex con el que has tenido la peor ruptura de la que, por cierto, todavía no te has recuperado) ahora trabaja en la misma parada de metro que yo y la dolorosa idea de tener que cruzarme con él me hace tener náuseas.

Me estoy desmoronando.

Lleva un jersey color marrón tostado y tiene su melena castaña apartada de la cara. Así es la mujer a la que he venido a ver, la cual empieza a barajar una baraja de cartas de tarot Rider-Waite y a repartirlas por la mesa. El humo de un palo de incienso vuela por la habitación. Miro hacia abajo para reconocer imágenes simbólicas que conozco: el caballero de espadas, el carruaje, el rey y la reina.

Allá vamos.


Casi todo el mundo tiene una baraja de tarot en su casa. En 2019, hay más de 2.000 tipos de cartas de tarot diferentes y hasta se venden en Amazon. Ahora puedes elegirlas por temáticas desde 'Golden Girls' hasta 'posturas de yoga'. Muchas de ellas están diseñadas por artistas muy talentosos que las hacen parecer más coleccionables, coloridas, 'instagrammeables' y hasta decorativas.

Todo esto va de cuidarse a una misma, por supuesto. Ya sabes cuál es el trato: estamos ocupadas, estresadas y en un estado perpetuo de pánico. Y ahí está el tarot, junto al ASMR, estimulación magnética transcraneal que trata la depresión y la ansiedad. No es de extrañar pues que, según el Centro Pew de investigación, nuestros intereses en el misticismo y la espiritualidad estén en alza.

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Quizás el sitio más raro en el que barajarás una carta de tarot será en la oficina de tu terapeuta y, al mismo tiempo, no te sorprenderá tanto. Las cartas de tarot siempre han tenido un cercano vínculo con prácticas psicológicas. El psicoanalista Carl Jung explica que las cartas son una manera más fácil de representar "los arquetipos de la humanidad". Así como rasgos universales como la pasión, la ambición, la fuerza... En psicología son herramientas perfectas para usar en terapias de salud mental.

"Las cartas de tarot son universalmente aplicables a cualquier disciplina y pueden ayudarte a visualizar tu propia situación", comenta Inna Sementsky, psicóloga clínica en la Universidad de Columbia. "Una vez que ves las cartas sobre la mesa (literalmente), ya sabes perfectamente lo que quieres. Te ayudan a sacar afuera tus problemas".

Traducción: Se trata de las imágenes. Los palos del tarot son una manera muy fácil de entender el simbolismo y son extrañamente útiles en sesiones terapéuticas porque te permiten dibujar tu propia vida con las imágenes. Al mirar las cartas puedes sentirte identificada por determinados colores, imágenes, comportamientos. Ver tus propios miedos y esperanzas en foto los hacen ser más obvios y menos terapéuticos.

La cosa es que las cartas van a 'representar' cosas diferentes para personas diferentes en función de la personalidad y los problemas que atraviesen en ese momento. Son universales y ahí está lo útil. No hay nada aquí que solo te sirva a ti por eso son tan útiles en psicología. Hacen que un dibujo signifique algo cuando, en realidad, solo es algo que tenemos en mente y que somos incapaces de retratar por nosotros mismos.

"Usar el tarot de una forma adecuada puede ayudar a la terapia. No es para adivinar el futuro, es una herramienta válida para meditar", opina Jayni Bloch, psicoanalista en Ontario (Canadá).

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Jayni cuenta cómo un hombre le había sido infiel a su pareja y tras un círculo vicioso de peleas y mentiras, accedieron a intentarlo con el tarot. "Les pedí que cada uno eligiera tres cartas. Tres cartas fomentan la conversación. Así que cada uno escogió las suyas y les empecé a explicar todo", cuenta la psicoanalista. "La primera carta es el problema, la segunda carta es la acción y la tercera es la salida. De esa forma podrán reflejar su vida en lo que están viendo. La primera carta que cogió el señor era el dibujo de una chica. Se sonrojó y admitió que todavía pensaba en ella. Así que esa es la razón por la que siguen sin poder comunicarse. Todavía estaba colado por su amante". Pero, según Bloch, no pudo decirlo en voz alta, ni siquiera asumirlo, hasta que vio la carta sobre la mesa.


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Encontrar al terapeuta adecuado es como cuando empiezas a salir con alguien por primera vez y estáis en las primeras citas. Puede ser insoportable si no hay química al principio pero luego serán fuegos artificiales. A mí me llevaron a terapia cuando tenía 12 años tras la separación de mis padres. La retomé un tiempo después y he visto a varios psicólogos mientras estudiaba en la universidad y mientras cambiaba de trabajo y de ciudad a los 20. Pero con 31 años, estoy sin terapeuta. No me fue bien con los anteriores. Eran como muy académicos y, sinceramente, no me entendían.

Cuando empecé a sentirme mal a principios de este año, decidí probar otros caminos menos convencionales. Contraté los servicios de Jessica Dore, una trabajadora social de 33 años que rebosa sabiduría sobre salud mental. Toda ella la comparte en sus redes sociales con sus más de 100.00 seguidores. ¿Cómo? Sacando una carta de tarot al día y haciéndoles reflexionar psicológicamente sobre ella.

Dora ha defendido el tarot desde hace mucho tiempo. De hecho, ella misma entrenó a un psicoterapeuta para que pudiera ayudar a la gente con problemas de ansiedad, depresión y trastornos alimenticios. Y, aunque ni siquiera está licenciada en psicología, contraté una sesión con ella porque sus publicaciones en Instagram siempre me tocan la fibra.

Usar el tarot de una manera apropiada fuede ayudar en la terapia. No se trata de adivinar el futuro. Se trata de tener una herramienta para reflexionar

En mi sesión con Jessica, me dio un puñado de 10 cartas. Vale, sí, sabía de sobra que cada carta contenía un símbolo universal y una verdad para cada persona, pero no me importó. Fuimos una a una repasando mis circunstancias vitales, incluso las íntimas porque se trataba de hablar de mí. Las cartas con espadas, sugirió, podían indicar impulsos e inmadurez y el insoportable dibujo del pasado.

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Pero ella sabía que yo había dejado ya mucho dolor atrás. Entre los 12 a los 23 años aproximadamente. No era el caso con 31. Jessica señaló a la carta con el carruaje porque ya era hora de pasar página de dejar de ser una niña, de dejar de temerle a todo, de obsesionarme con heridas del pasado y de avanzar hacia el futuro. Ya soy mayorcita. Luego, señaló a las dos cartas de los laterales: el rey y la reina de entáculos.

Había un rey sereno, con flores en su corona, sentado en un trono y con un castillo de fondo. Se le veía bueno y justo. Una reina sentada en el bosque también se sentaba en un trono de piedra similar, tranquila, con las montañas por detrás y con flores enmarcando la escena.

"Te representan a ti y a tu prometido", me dijo. "Os castigáis mutuamente y ambos dirigís vuestro propio mundo de manera independiente. Las cartas no están juntas pero están vinculadas. Tenéis que apoyaros mutuamente".

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Se volvió a dirigir a la de las espadas y digo: "Es normal tener miedos y ansiedad por los cambios y por tus habilidades para triunfar en tu nueva vida de adulta. Pero eso no significa que tengas que estar volviendo al pasado o dejando de ir a por tus objetivos. Tienes que decirte a ti misma que lo tienes controlado y que sabes perfectamente por qué te sientes así. Pero que esa no es la vida ahora y que esa no es la forma en la que vives las cosas en este momento".

Era tan simple pero tan verdad... Podía ver mis "grandes problemas", los que casi eran tabú, ilustrados y desmitificados. Cómo me sentía por mi futuro matrimonio era normal, pensé, y estaba más relacionado con mis miedos a crecer que con otra cosa. Y luego todo estuvo súper claro: los pentáculos, ser adulta, el matrimonio, arriesgarme, crecer...

Ver tus esperanzas y tus miedos en un dibujo los hace ser más obvios y dan menos miedo

Sin embargo, no todo el mundo se vende en barajas desde un sofá terapéutico. Un amigo me dijo: "Es como pedirme que crea en algo que no creo. Preferiría visitar a un profesional a la antigua que sepa analizar de verdad mi ansiedad", sugirió. Y lo entiendo, es justo. No es una técnica más válida que cualquier otra en terapia, pero sí es una herramienta.

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Aún así, encontrar a terapeutas que incorporen el tarot como herramienta no es tan fácil. Las recomendaciones van de boca en boca. Preguntando a amigos y compañeros supe que había psicoanalistas que las usaban pero que no se promocionaban así.

Luego se convierte en algo que tú misma puedes hacer en casa pero no con el mismo efecto. Después de unos cuantos meses de sesiones, me compré una baraja para tenerla en casa y hacer mis propios análisis. Ver mis asuntos sobre la mesa, incluso en casa, revelaban emociones difíciles de comentar, incluso vergonzosas pero totalmente normales y razonables. Pero no podía hacerlo sola como lo hacía con un terapeuta. Al fin y al cabo, en la sesión podía conversar con un profesional.

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Aprendí tanto de mí misma en esas sesiones... y siempre me iba sintiéndome diferente. Un día con Dore, saqué seis pentáculos. Hablé con ella de los límites en el trabajo, en la amistad y en la familia. "Tienes elección", me dijo. "Siempre puedes elegir no sentirte resentida con la gente que te hace perder el tiempo. Solo necesitas decidir a quién dar menos de eso. Claro que te sentirás culpable pero la culpa se va y resentimiento construye".

Miré una carta: una persona dando todo lo que tiene, dejando caer todas sus monedas al suelo. Me vi a mí misma y me di cuenta de que había estado obcecada con ese comportamiento sin darme cuenta de que yo misma lo había decidido así.

Me sentí visceral, obvia, manejable. Cogí la carta de la propagación para poder seguir mirando hacia atrás para cuando no sepa cómo es mi vida desde fuera.

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Headshot of Gina Tomaine
Gina Tomaine es una escritora y editora afincada en Filadelfia. Su trabajo ha aparecido en Yoga Journal, la revista Philadelphia, The Philadelphia Inquirer, The Boston Globe, Women's Health, Good Housekeeping y Runner's World, entre otros. Es una yogui del RYT-200, una entusiasta neófita del tarot y una Escorpión sin complejos. Disfruta de la piña colada ocasional. Síguela en Twitter/Insta @gtomaine.