Marta, a sus ocho años, me cuenta que tiene vocación de maestra y lo ve clarísimo. De pronto se me ocurre preguntarle: "¿No te apetece ser científica?". Abre los ojos a tope y se queda callada con cara de no estar demasiado convencida. Mateo tiene su misma edad y asegura que sueña con ser ingeniero aeronáutico porque le chiflan los aviones. Ninguna de las carreras es mejor que la otra, pero sus respuestas ejemplifican la tendencia habitual en ambos géneros. ¿Por qué las niñas no suelen plantearse entre sus opciones de futuro las STEM (que engloban las ciencias, las tecnologías, las ingenierías y las matemáticas)? Lanzamos esta pregunta en el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia que se celebra cada 11 de febrero.
Las cifras son claras. Las mujeres suponen el 55,2 por ciento del alumnado matriculado en estudios de grado de primer y segundo ciclo, aunque la distribución en función del ámbito de estudio es muy desigual. Mientras que en Educación, Salud y Servicios Sociales el porcentaje de mujeres supera el 70 por ciento, en Ciencias no supera el 49 por ciento, en Ingeniería, Industria y Construcción no alcanza el 30 por ciento y en Informática solo representa el 12,9 por ciento, según datos de Igualdad del Ministerio de Educación. "En los últimos tiempos, solo 17 mujeres han ganado el Premio Nobel de física, química o medicina desde que Marie Curie lo obtuvo en 1903, en comparación con 572 hombres. En la actualidad, según datos de UNESCO, menos del 28 por ciento del personal investigador de todo el mundo son mujeres", afirma en dicho documento la Ministra de Educación Isabel Celaá.
Un buen ejemplo de lo lejos que podemos llegar es Inmaculada Ibánez de Cáceres, bióloga investigadora en el laboratorio del Instituto de Genética Médica y Molecular (INGEMM) del Instituto de Investigación Sanitaria IdiPAZ de Madrid. En su opinión hay varios motivos para que las chicas no se decanten por esta rama. Desde el punto de vista familiar "ellas han crecido con la presión de ciertas responsabilidades implícitas, como el cuidado de los pequeños, o de los más mayores sin olvidar la responsabilidad de los estudios, el cuidado personal y la idea de que una mujer es fundamental para la estabilidad del hogar. Esta presión puede volverse acoso en ocasiones y jugar en contra de las aspiraciones laborales. Sería necesario 'despresurizar' a las niñas para que pudiesen elegir su camino sin ataduras", asegura.
Por otro lado está el ámbito de la educación desde el que se deben "generar modelos femeninos en ciencias con los que las chicas puedan reflejarse también. Otro de los factores que podría estar afectando a su autoestima procede de las presiones escolares a través de las redes sociales, que afectan principalmente a las niñas, mermando su autoestima y valía a carreras consideradas como 'difíciles' o por la idea del 'yo no valgo para eso'. Esto tiene que ser vigilado de cerca", añade la investigadora
Los mayores obstáculos a los que suele enfrenarse una científica, según la propia Inmaculada, son la escasa "financiación y la estabilidad laboral". Sin embargo, a todas aquellas que piensen seguir sus pasos o los de otras como ella, las anima fervientemente: "Si sientes la vocación de trabajar en ciencia es porque llevas una científica dentro y nunca llegarás a saber si crecerá y llegará a ser una gran investigadora que aporte luz a la oscuridad, si no le das la oportunidad de serlo. Nosotros trabajamos para el bienestar social, nuestros hallazgos mejoran la calidad de vida de sanos y enfermos [en su caso, su investigación se centra en la búsqueda de los mecanismos celulares responsables del fracaso al tratamiento con quimioterapia en cáncer]. Aportamos nuestro granito de arena para hacer un mundo mejor, movidos desde el altruismo. Es una de las profesiones más generosas y gratificantes", sentencia.
Es fundamental la motivación y el acercamiento hacia este mundo. Para ello hay un montón de actividades que cobran más peso en este día de celebración. En la iniciativa 11 de febrero, creada de forma voluntaria por personas del ámbito científico, figuran un montón de eventos para conmemorar esta fecha y "ayudar a visibilizar el trabajo de las científicas, a crear toles femeninos en los ámbitos de la ciencia y la tecnología que promuevan prácticas que favorezcan la igualdad de género en el ámbito científico-tecnológico", dicen desde este altavoz. Por su parte, L'Oréal-UNESCO 'For Women In Science' lanza la campaña #QueremosCiencia.

Marieta Taibó es editora de actualidad y cultura en Cosmopolitan y experta cine y series de televisión desde hace más de una década. Cuando no está escribiendo, la encontrarás delante de la pantalla analizando los últimos estrenos de Netflix, Prime Video, HBO Max, Disney+ y el resto de plataformas en ‘streaming’ para recomendar aquellos títulos interesantes o que lo van a petar. Entre crítica y noticias de ficción televisiva, entrevista a actores. En su grabadora encontrarás charlas de sus entrevistas con Blanca Suárez, Mario Casas, Úrsula Corberó, Ana de Armas, Miguel Ángel Silvestre, Leonardo Sbaraglia, Lily Collins, sí, ‘Emily in Paris’ o Christina Hendricks, la pelirroja de ‘Mad Men’, por citar algunos nombres. Fuera de la pantalla, además, te recomendará los mejores planes de ocio y gastro. En otras etapas profesionales, también ha escrito de moda y belleza. De hecho, es autora del ensayo ‘La cara secreta del negocio de la belleza’, de la editorial Almuzara. Marieta Taibo es Licenciada en periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y cuenta con el Curso Superior de Marketing y Comunicación de Moda y Lujo de la revista Elle y la Universidad Complutense. Sus primeros pasos como redactora fueron en la sección de economía de La revista de actualidad La Clave hasta que dio el salto a la de sociedad y cultura, su verdadera pasión. Posteriormente, trabajó en El Confidencial, y luego en la revista femenina AR como coordinadora de la agenda cultural y cabeza de la sección de cine. De ahí, dio el salto a las revistas Supertele y TP y en ellas estuvo diez años escribiendo de películas y series, labor que compaginaba como colaboradora de la revista Babylon Magazine haciendo reportajes en profundidad sobre cultura, hasta que llegó a Cosmopolitan hace seis años.













