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La manicura francesa es probablemente la más versátil que existe. Se puede combinar con una infinidad de colores y diseños, tanto en uñas largas como cortas, y combina con cualquier 'look' y ocasión, ya sea una boda o para el día a día.
No hay mujer en el mundo a la que le guste pintarse las uñas y no haya probado este diseño. Es un clásico que, aunque haya evolucionado con los años, siempre mantiene su esencia: elegancia, sofisticación y versatilidad.
Cuando vamos a nuestro salón de manicura, el nivel de satisfacción es del 100%, ya que las manicuristas expertas están más que acostumbradas a hacer este diseño a mano alzada, ya sea en la uña natural, con semipermanente o con acrílico. ¿Y qué pasa cuando lo intentamos hacer en casa y no tenemos práctica? Pues que ese pulso que tenemos para robar panderetas hace acto de presencia, sobre todo cuando toca la mano inversa y la cosa se tuerce.
Manicura francesa con 'stamping': qué es y cómo se hace
Por este motivo, hay una técnica que está dando mucho que hablar y no paramos de ver en todos lados: el 'stamping'. Básicamente, es una técnica para transferir diseños grabados en placas metálicas a la uña usando un sello. "Ha vuelto a ponerse tan de moda porque permite hacer diseños muy elaborados en segundos, con una precisión que a mano alzada es casi imposible, incluso para profesionales", explica Ester López de Ali d’Aria, experta en belleza y formadora en gestión de empresas de estética.
La gran diferencia con el 'nail art' hecho a mano es justo esa: el 'stamping' no depende tanto del pulso artístico. Con pincel puedes personalizar más, sí, pero el 'stamping' es rápido, muy limpio, ideal para líneas finas, geometrías, flores perfectas o efectos tipo encaje.
¿Y para una manicura francesa? También puede ser práctico porque para esta técnica se usa un sello para trazar una línea blanca (o del color que quieras) en el extremo de la uña, de la forma más rápida y fácil. No hace falta tener un pulso perfecto, ni hacer el trazo a mano. Hay que pegar la uña en el tampón de silicona para hacer la media luna ideal.
Se aplica el esmalte blanco en la superficie del sello, se pega el extremo de la uña en la zona del sello donde se ha puesto el color, se presiona suavemente y se hace rodar la uña de un lado a otro para que el esmalte marque la forma de la punta. Lo bueno de este sistema es que la silicona es flexible, por lo que se puede adaptar a la forma de cada uña.
Ahora bien, para que el resultado quede bonito, hay que tener en cuenta algunos factores que a menudo no se tienen en cuenta. Y es que en redes sociales lo vemos todo muy fácil, pero todo tiene su truco. ¿Entre ellos? La calidad y el material del sello, así como el tipo de esmalte que usemos.
"Para una manicura francesa perfecta lo más importante no es sólo el pulso, sino los esmaltes que se usan. Yo siempre recomiendo una base flexible, que se adapte a la uña natural y evite que se cuartee el blanco. Para la punta, nada de blancos lechosos sin pigmento: tiene que ser un blanco cubriente, cremoso, de los que no amarillean ni se transparentan con los días. Y para el rosita o 'nude', mejor tonos ligeramente translúcidos pero uniformes, que no marquen manchas. Si rematas con un 'top coat' de buena calidad, sellando bien el borde libre, la francesa aguanta intacta muchísimo más tiempo", sostiene.
Y es que, aunque este sistema es apto para todo tipo de uñas (uñas naturales, gel o acrílicas), la superficie debe estar bien sellada y sin capa pegajosa antes de estampar, para que el diseño se adhiera bien y no se corra. "Los errores más comunes al empezar suelen ser varios: usar esmaltes demasiado líquidos, no limpiar bien la placa, tardar mucho entre raspar y estampar —porque el esmalte se seca— o presionar el sello como si no hubiera un mañana. En 'stamping', menos presión y más rapidez", destaca la experta.
No es obligatorio al cien por cien usar esmaltes especiales pero facilitan muchísimo la vida, sobre todo si estás empezando. Con ellos el resultado es mucho más limpio y consistente. Los ideales son los que tienen mucho pigmento y una textura más densa. Por eso los esmaltes normales muchas veces fallan: no transfieren bien el diseño. Los esmaltes específicos para 'stamping' están formulados justo para eso, para no secarse tan rápido y marcar todos los detalles.
Además, el sello es clave: lo mejor es uno de silicona transparente, de dureza media, ya que, como asegura López, "si es muy blando el diseño se deforma y si es muy duro no recoge bien el esmalte; además, que sea transparente te permite colocar el diseño exactamente donde quieres y eso marca la diferencia".
Cómo hacer el 'stamping' de uñas
Hay que tener en cuenta que el 'stamping' de uñas es básicamente una técnica de 'nail art'. Por lo tanto, requiere práctica, pero una vez que se coge el truco es rápida y agradecida. ¿Por qué a veces no nos sale bien haciéndolo con los esmaltes tradicionales que tenemos en casa?
"El esmalte tradicional se seca al aire y hay que ser muy rápido para que no se te seque antes de tiempo. El principal error es la falta de conocimiento y formación. La gente lo compra porque siente que es algo demasiado fácil, compra productos equivocados, placas que no son buenas y empieza a probar sin saber", sostiene la experta Carolina Murphy, fundadora de CM Nails.
Por eso, para que el acabado no quede desdibujado, lo mejor es utilizar esmaltes preparados para este propósito que son como esmaltes tradicionales pero bastante más espesos, tienen más pigmentación y tienen más color hacer una buena transferencia. En definitiva, lo mejor es un esmalte especial para 'stamping'.
Por otro lado, tenemos el sello y la placa. La placa suele ser metálica y tiene los patrones que luego pegaremos al sello para aplicarlo en la uña. Por su parte, el sello de silicona siempre debe estar bien limpio para que coja el esmalte, el diseño y transferirlo a la uña. "La velocidad y la presión importan. Si se hace demasiado rápido, no va a quedar el diseño. Si se hace demasiado lento, probablemente el esmalte se seque en el camino", añade Murphy.
¿Otra cosa a tener en cuenta? La preparación de la uña y la limpieza de las herramientas, ya que en caso contrario el diseño no quedará pulido. De hecho, se recomienda la acetona para las placas metálicas y la cinta adhesiva para el sello.
¿Por lo demás? Siempre buena calidad, así nos aseguramos un buen resultado. Lo mejor es ir a tiendas específicas de manicura o, incluso, en los propios salones que también venden sus productos.
La experta explica que es normal frustrarse al principio: "He dado talleres de esto y hay muchas que se frustran, pero hay que formarse". Y es que, a veces, un curso de formación es más económico que comprar productos al tuntún. Por eso, Murphy destaca que cuando una manicurista usa este método en el salón no debe considerarse que tiene menos valor, todo lo contrario, ya hemos visto que no se trata de coser y cantar, ¿verdad?
Para finalizar, práctica, práctica y más práctica. Al principio, incluso con productos buenos, nos puede costar un poquito hasta que encontramos la presión y la velocidad justa. "Ya sea para usar en casa o para hacerlo profesionalmente, hay que darse tiempo. Tiene su truco", sentencia.
Isa Espín es periodista especializada en moda, belleza y estilo de vida. Escribir es su profesión y usarse como conejillo de indias, para probar todas las tendencias cosméticas, su pasión. Tiene una manía: no puede llevar más de seis meses el mismo corte de pelo y ya no recuerda cómo son sus uñas sin pintar. Le encanta probar diferentes tipos de maquillaje, coleccionar perfumes y las cremas naturales. A lo mejor se olvida las llaves en casa, pero un buen iluminador facial, un eyeliner y una máscara de pestañas son obligatorias en su bolso. Estudió el Grado en Documentación y el Grado en Periodismo en la Universidad de Murcia. Además, cuenta con el posgrado de Locución y Presentación de Televisión, de RTVE, y el de Marketing Digital de Moda, de la UCJC, de Madrid. Tuvo un blog de moda y belleza que terminó derivando en su propia newsletter personal y ha trabajado en varios medios como redactora y Social Media.
Lleva una década escribiendo en medios digitales. Ha trabajado para La Verdad, XLSemanal (ABC) y 20minutos, entre otros. Actualmente, colabora en Cosmopolitan y Mujer.es. Es adicta a las gangas, enamorada del café y la gastronomía, y -en su tiempo libre- practica ballet. Experimentar es lo suyo, a veces las cosas le salen bien y otras veces, se ríe y nos las cuenta.
















