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Desde siempre, la industria de la cosmética y la belleza se ha centrado en mejorar y potenciar los aspectos más visibles. Para ello, usamos productos con texturas y aromas específicos que forman parte de ese ritual que nos ayuda a proyectar ciertas sensaciones al exterior, pero... ¿qué pasa con el interior? ¿Qué sucede con lo no visible?
Ahora, el mundo 'beauty' se centra en el bienestar en un sentido más amplio, más profundo. El foco va más allá del espejo. En este sentido, la neurociencia ha irrumpido en el sector para demostrar que los productos no sólo actúan a nivel cutáneo, sino también sobre nuestras emociones, el estado de ánimo e incluso la percepción que tenemos de nosotros mismos.
Ya son varias las marcas que se han centrado en este aspecto a la hora de formular sus productos estrella. El 'neurobeauty' es el foco de algunas marcas como Babaria, Mary Kay o Neuraé, que apuestan por una belleza innovadora y conectada con las emociones más inspiradoras.
En este sentido, encontramos neurocosméticos que ofrecen una rutina de 'skincare' completa, centrados en contrarrestar los efectos del estrés estimulando la liberación de dopamina y promoviendo una sensación de bienestar que se nota por dentro y por fuera. Para ello, se usan fórmulas sensoriales para aportar una sensación de mayor energía positiva y reducción del estrés tras su uso.
Las emociones negativas afectan al aspecto y la vitalidad del rostro. También al contrario. Una sensación general de mayor energía positiva y menor estrés, se traduce en una piel más bonita. "La piel es nuestro órgano más grande y está directamente conectado con el sistema nervioso. Cuando realizamos nuestra rutina de cuidado facial, debemos hacerlo de forma consciente. Si las texturas y los aromas de los productos nos gustan, se convierte en una experiencia placentera. Esto activa el sistema parasimpático, que es el encargado del descanso y la reparación", sostiene Lourdes Moreno, experta en dermocosmética y fundadora de Laluz by Lourdes Moreno.
Por eso no es lo mismo 'ponerse una crema rápido' que vivir el gesto de cuidarse. Aplicar el producto sin más tiene un impacto directo en la piel, pero la forma en la que lo aplicamos impacta directamente en nuestro cerebro y en nuestro bienestar emocional. Cuando lo convertimos en un ritual consciente y placentero, favorecemos la liberación de neurotransmisores como la dopamina y la serotonina, lo que ayuda a mejorar el manejo del estrés y refuerza la autoestima. Esto, a su vez, redunda en una mayor sensación de bienestar.
"Muchas de nuestras clientas son madres o mujeres con poco tiempo para ellas, y la rutina de cuidado se convierte en uno de los pocos momentos del día que es solo suyo. Por la mañana puede ser un momento de conexión antes de empezar el día; por la noche, una forma de bajar el ritmo, de cerrar la jornada", sostiene.
Cuando combinamos una rutina dermocosmética bien planteada, aplicada con conciencia y constancia, con una suplementación adecuada y buenos hábitos, impacta en nuestro bienestar día a día, llevando ese bienestar hacia el interior y no solo al plano físico. Por eso, como asegura Moreno, "hoy podemos afirmar que no hay mejor 'antiaging' que sentirse bien; ahí es donde la cosmética deja de ser algo meramente estético para convertirse en una herramienta real de bienestar diario".
Cosmética y neurociencia: la combinación de belleza ganadora
"La neurobelleza, también conocida como neurocosmética, es una tendencia nueva en el cuidado personal. Se diferencia de la cosmética clásica porque se enfoca en cómo la piel y el sistema nervioso se comunican en ambos sentidos. Para esto, usa ingredientes pensados para actuar en los receptores neuronales de la piel, buscando no solo beneficios estéticos, sino también mejorar el estado de ánimo", responden desde Neuraé España.
Explican que esta tendencia está adquiriendo relevancia desde 2024 debido a diversos factores como la actual prioridad a la salud mental. Tras años caracterizados por elevados niveles de estrés a nivel global, los consumidores buscan que su rutina de belleza constituya un verdadero momento de autocuidado que impacte positivamente en su estado de ánimo. En este 'mood', el olfato, como aseguran los expertos, "influye directamente al conectarse con el sistema límbico (memoria/emociones), sin procesamiento racional; esto permite a las fragancias evocar recuerdos y cambiar el ánimo instantáneamente".
La neurocosmética y sus atajos neurológicos
Esta estimulación sensorial convierte la rutina de belleza en una herramienta de bienestar sensorial que reduce la carga mental y mejora la salud cognitiva. La clave está en tres factores que te hacen sentir bien al momento. La neurocosmética usa estos 'atajos' neurológicos para que te sientas mejor antes de que veas el resultado físico en el espejo.
- Aroma: el más rápido de todos. El olfato va directo al sistema límbico (emociones y memoria), saltándose el tálamo. Por eso, un olor puede dispararte recuerdos o relajarte en un 'pispás'.
- Color: nuestra mente reacciona al color automáticamente. Piensa en biología: el azul te calma, el rojo te da un chute de energía.
- Textura: tocar algo agradable libera oxitocina y dopamina. Una textura suave o fresca baja el cortisol y le dice a tu sistema nervioso: 'todo bien', proporcionando una sensación de confort y seguridad.
Sustancias como la lavanda o los cítricos regulan el sistema nervioso, reduciendo el cortisol. Por su parte, el tacto, a través de la textura de la crema, interactúa con receptores cutáneos. Las texturas agradables liberan oxitocina y dopamina, generando confort. La neurocosmética busca formulaciones que calmen las terminaciones nerviosas, aliviando el estrés.
¿Y qué pasa con la vista? "La vista opera en dos niveles: el envase (expectativa) y el resultado percibido. Ver una mejora personal activa el sistema nervioso simpático, elevando la autoestima. La cromoterapia influye: tonos suaves calman, los vibrantes estimulan", añaden.
En este sentido, la neurocosmética va más allá de la piel; lo que ofrece son estados de ánimo. Se centra en tres vías emocionales clave:
- Relax total (calma/oxitocina). ¿Buscas desconexión del estrés? Aquí la clave son los aromas (lavanda, sándalo) y las texturas que se convierten en aceite (el famoso 'balm-to-oil'), imitando un masaje para liberar oxitocina.
- Pilas a tope (energía/dopamina). ¡Perfecto para empezar el día! Usan neuro-activos que te dan ese incremento de dopamina para estar más alerta. Se potencia con colores vivos y esos olores cítricos.
- Sube la autoestima. Es el famoso efecto 'qué buena cara tengo' que te da una satisfacción visual inmediata. Usan iluminadores, texturas que disimulan y fragancias sofisticadas. La idea es cómo el maquillaje te cambia la química cerebral para sentirte socialmente más poderosa.
Cómo se mide el impacto real de la neurocosmética
En términos de estrés, la neurociencia explica este efecto por dos vías: vía tópica, los neuro-ingredientes interactúan con los receptores de cortisol (hormona del estrés) en la piel (hay activos que disparan la liberación de beta-endorfinas, calmando la piel y reduciendo el aspecto de cansancio), y por vía sensorial, el ritual de aplicación activa el sistema parasimpático (relajación). Por su parte, actúa el tacto con un breve masaje facial que reduce la presión y libera oxitocina, así como con las neuro-fragancias, ciertas moléculas olfativas que disminuyen la actividad de la amígdala (centro del miedo/estrés) en el cerebro.
Cuando hablamos de bienestar o, incluso, de felicidad, el concepto puede resultar algo ambiguo. Dicho de otro modo, ¿los efectos de la neurocosmética son algo universal o depende de los ingredientes según cada persona?
Los expertos explican que la experiencia de belleza es una mezcla de ciencia pura y tu propia historia. La parte científica (universal) se centra en el tacto, las texturas suaves tocan la fibra sensible, activando receptores que nos hacen sentir a gusto y seguros, a cualquiera. Además, los neuro-activos, ingredientes top que 'apagan' el cortisol tienen un efecto químico anti-estrés que funciona para todo el mundo, es biológico.
Por su lado, la parte más personal atañe sobre todo a los aromas y la cultura, el cerebro asocia olores a recuerdos y a la genética (cómo de sensibles son tus receptores), así como la confianza en el proceso. "Si de verdad confías en el producto, el cerebro suelta dopamina (anticipando el premio), y eso influye en el resultado. La formulación de los activos va a misa (es universal), pero lo que sientes al usarlos depende 100% de tus vivencias", señalan.
¿Cómo se mide ese impacto emocional para que un cosmético pueda presumir de 'dar felicidad'? Neuraé ha ido un paso más allá de las típicas encuestas de satisfacción. "Ahora, la neurociencia aplicada se apoya en tecnología médica para medir de forma objetiva la reacción de nuestro cuerpo y cerebro cuando usamos una crema o al oler un nuevo perfume", explican.
El cerebro y lo que sentimos
- Electroencefalografía (EEG): mide la actividad eléctrica del cerebro. Nos dice al momento si un estímulo (como un olor) activa la zona prefrontal izquierda (la asociada a las buenas emociones) o si, por el contrario, ayuda a bajar las ondas que se relacionan con el estrés.
- Resonancia Magnética Funcional (fMRI): es lo más preciso que hay. Muestra qué partes profundas del cerebro reciben más sangre (se 'encienden') al probar el producto. Es vital para confirmar si un ingrediente estimula directamente el circuito de recompensa (el del placer) y ayuda a soltar dopamina.
Cómo reacciona el cuerpo
- Biosensores de respuesta galvánica (GSR): chequean los cambios sutiles en nuestro sudor y ritmo cardíaco. Si el corazón se relaja y la piel se estabiliza después de aplicar una textura, ¡bingo! Es señal de un efecto de relajación a nivel fisiológico.
- Análisis de expresión facial (Face Reading): usan 'software' de IA para registrar esos micro-gestos de la cara (que casi ni notamos) cuando olemos o tocamos algo, para saber objetivamente si nos da alegría, sorpresa o si algo no nos gusta.
Lo que dicen los marcadores internos
- Análisis de cortisol: miden si baja el nivel de esta hormona del estrés, normalmente en muestras de saliva o en la propia piel.
Por todo ello, Neuraé −máximo exponente del lujo en neurocosmética actual, cuya filosofía no es 'parecer más joven', sino 'sentirse mejor para verse mejor'− se ha centrado en la conexión piel-cerebro a través de tres pilares:
- Neuro-ingredientes: utilizan activos que actúan sobre los neuromediadores de la piel (como las endorfinas y el GABA) para enviar señales de bienestar al cerebro.
- Neuro-fragancias: cada producto tiene una fragancia diseñada bajo criterios de neurociencia para activar áreas específicas del sistema límbico.
- Neuro-texturas: han desarrollado texturas que cambian al contacto con la piel para maximizar el placer táctil y reducir el cortisol.
Para ello, divide sus productos en tres líneas diseñadas para estados emocionales específicos: línea 'Joie' (alegría), diseñada para pieles con signos de fatiga y falta de luminosidad, con extracto de escutelaria alpina (flor del bienestar) para estimular los receptores de placer, dar energía y una sensación de vitalidad radiante; la línea 'Énergie' (energía), enfocada en pieles cansadas o con rasgos marcados por el estrés a base de semillas de índigo rojo, que funciona como un espresso para la piel y la mente, aportando firmeza y un impulso de vitalidad inmediata; y la línea 'Sérénité' (serenidad), perfecta para pieles estresadas, con corteza de eperua, que calma las terminaciones nerviosas cutáneas, induciendo una sensación de relax y paz profunda.
El futuro de la neurobelleza
¿Veremos productos diseñados para estados de ánimo específicos? "Absolutamente sí. El mercado de la cosmética evoluciona del clásico 'tipo de piel' al 'estado emocional' del consumidor. Habrá líneas diseñadas para objetivos psicológicos (antiestrés/reset, energía/focus...)", agregan.
Para ello, la hiper-personalización emocional será la clave. Se usará IA emocional y biometría facial para diagnósticos al momento y se crearán fórmulas cosméticas que se ajustan al estrés que detectan los sensores. La biotecnología se usará para vivir más y mejor. "Dejamos de hablar de anti-envejecimiento para enfocarnos en la salud a largo plazo. Se investigan activos que imitan los efectos de dormir bien o hacer ejercicio, estimulando los neurotransmisores de la felicidad y conectando salud de la piel y mental", sentencian.
Ahora bien, es importante destacar que la neurocosmética se percibe como una recompensa, mejorando el bienestar. Es un plus, pero no sustituye la terapia médica para el estrés crónico o la ansiedad clínica.
Perfumes y neurociencia: el olor de la felicidad
El 75% de las emociones se generan a través del olfato. El olfato es el sentido más estrechamente vinculado a la amígdala responsable del procesamiento emocional, y a la corteza entorrinal e hipocampo, responsables del procesamiento de la memoria. "Ningún otro sentido, salvo el olfato, influye con tanta rapidez en nuestras emociones, sentimientos y recuerdos", explica Judith González, Key Account Manager Fragances & beauty de Givaudan, la experta en perfumería que ha asociado las notas del perfume a bienesar y a las emociones, junto a Mary Kay.
González sostiene que los estrechos vínculos anatómicos surgidos a través de la evolución entre el sistema olfativo y los sistemas emocional y de memoria (parte de la red de regiones cerebrales denominada colectivamente sistema límbico) sustentan la eficacia de los olores para influir con tanta rapidez en nuestras emociones, sentimientos y recuerdos, mucho más que la de otros sistemas sensoriales.
"Un perfume puede cambiar nuestro estado de ánimo de forma casi inmediata. Aquí es donde entra la tecnología MoodScentzTM+ de Givaudan. Esta innovación estudia científicamente las respuestas emocionales al olor —combinando neurociencia, estudios sensoriales y percepción del consumidor— para crear fragancias que estimulen estados emocionales específicos, como bienestar, confianza o serenidad. No se trata solo de oler bien, sino de diseñar aromas que influyan positivamente en el ánimo", destaca.
A partir de la pandemia de Covid, la búsqueda de bienestar, salud mental y balance emocional ha aumentado y es una tendencia que continúa. Para ello, la plataforma de diseño de fragancias desarrollada por Givaudan, permite a los perfumistas crear fragancias que proporcionan beneficios emocionales a los consumidores, con un amplio abanico de estados de ánimo positivos como la relajación o la felicidad.
Por ejemplo, fragancias con notas como bergamota, mandarina, lima o té verde ayudan a despejar la mente y aportar sensación de frescor y energía. Inhalar suavemente un perfume personal o un difusor con estos acordes puede reducir la tensión y mejorar la concentración en pocos segundos.
La neurociencia emocional estudia cómo el cerebro crea y maneja las emociones, y cómo estas influyen en lo que pensamos y decidimos cada día. Nuestras emociones guían nuestras decisiones más de lo que creemos. Cuando elegimos, reaccionamos u opinamos, el cerebro mezcla razón y emoción para encontrar lo que nos parece correcto o agradable. Por eso, la industria de la belleza se sirve de ella para crear un futuro cosmético que ya está aquí.
Isa Espín es periodista especializada en moda, belleza y estilo de vida. Escribir es su profesión y usarse como conejillo de indias, para probar todas las tendencias cosméticas, su pasión. Tiene una manía: no puede llevar más de seis meses el mismo corte de pelo y ya no recuerda cómo son sus uñas sin pintar. Le encanta probar diferentes tipos de maquillaje, coleccionar perfumes y las cremas naturales. A lo mejor se olvida las llaves en casa, pero un buen iluminador facial, un eyeliner y una máscara de pestañas son obligatorias en su bolso. Estudió el Grado en Documentación y el Grado en Periodismo en la Universidad de Murcia. Además, cuenta con el posgrado de Locución y Presentación de Televisión, de RTVE, y el de Marketing Digital de Moda, de la UCJC, de Madrid. Tuvo un blog de moda y belleza que terminó derivando en su propia newsletter personal y ha trabajado en varios medios como redactora y Social Media.
Lleva una década escribiendo en medios digitales. Ha trabajado para La Verdad, XLSemanal (ABC) y 20minutos, entre otros. Actualmente, colabora en Cosmopolitan y Mujer.es. Es adicta a las gangas, enamorada del café y la gastronomía, y -en su tiempo libre- practica ballet. Experimentar es lo suyo, a veces las cosas le salen bien y otras veces, se ríe y nos las cuenta.






















