Los problemas digestivos han pasado de ser algo a lo que nadie le daba importancia, como si hubiera que sufrirlos en silencio, a ser material habitual de conversación. De hecho, se han vuelto más comunes de lo que pensamos, hasta el punto de que casi todo el mundo conoce a alguien, o ha sufrido en sus propias carnes el famoso SIBO (sobrecrecimiento bacteriano). Estos problemas digestivos que ocasionan tanta molestia y que afectan a tu día a día, tienen, lógicamente, consecuencias en tu alimentación, pero también en tu piel.

Quizá nunca hayas reparado en ello, pero un mal funcionamiento de tu sistema digestivo puede estar detrás de los problemas de piel que arrastras, por algo los médicos hablan del eje intestino-piel. “Este concepto fue acuñado por primera vez en 1930 por dos dermatólogos americanos. Se trata de una interacción bidireccional que involucra al sistema inmunológico, nervioso y endocrino junto con la microbiota intestinal y cutánea. En los últimos años ha surgido un interés creciente en desentrañar la compleja interacción entre el intestino y la piel, una conexión que está transformando la comprensión de diversas enfermedades cutáneas”, explica la doctora Cristina Eguren, dermatóloga vicecoordinadora del GEDET y directora de la clínica que lleva su nombre.

“No hay que olvidar que más del 70% de nuestro sistema inmune está en el tubo digestivo, que está interrelacionado con el de la piel (el órgano más extenso que tenemos), que consta de una especie de comisarías de policía del sistema inmune que se llaman SALT (tejido linfoide asociado a la piel, en inglés) y que están en constante contacto con las comisarías del tubo digestivo, las GALT (tejido linfoide asociado al tubo digestivo)”, precisa Álvaro Campillo, cirujano general y digestivo en el Hospital General Universitario J.M. Morales Meseguer (Murcia) y asesor médico Kobho Labs.

Esto significa, según el experto, que una mala dieta, los tóxicos que ingerimos, los microplásticos, los disruptores endocrinos, el estrés crónico, la falta de nutrientes esenciales, el mal descanso nocturno, la grasa visceral y el sedentarismo hacen que se deterioren nuestras líneas de defensa del sistema digestivo y que los microorganismos lo empiecen a dañar.

“Cuando la microbiota intestinal se desequilibra (disbiosis), se reduce la producción de metabolitos beneficiosos (ácidos grasos de cadena corta), aumenta la permeabilidad intestinal y pueden pasar bacterias o toxinas al torrente sanguíneo. Esto activa el sistema inmunológico y genera una inflamación de bajo grado que impacta en la piel”, puntualiza la doctora Eguren.

“Y si se cronifica, tendrá repercusiones mayores en la piel. Es decir, lesiones crónicas (ronchas, eccemas, rojeces, costras, inflamaciones, úlceras, acné en adultos…) son signos indicativos de esta alteración y sobreesfuerzo del eje intestino-piel, por lo que habría que incidir en el sistema digestivo y repararlo, también, no solo tratarse la piel con cremas o fórmulas tópicas”, señala el doctor Campillo.

Pero ¿cómo podemos saber si lo que nos está pasando en la cara tiene, en realidad, su origen en nuestro sistema digestivo? “La aparición de síntomas crónicos o recidivantes en la piel son las señales de alarma de que el sistema inmune digestivo está dañado. Si hay problemas crónicos en la piel tenemos que buscar la causa inicial en el intestino”, responde el especialista.

Este médico incide en que hay determinados problemas dermatológicos que tienen una conexión clara con nuestro sistema digestivo: “Cualquier enfermedad autoinmune o inflamatoria crónica puede tener repercusiones en la piel si el eje intestino-piel está alterado. Las más habituales son lupus, rosácea, psoriasis, además de que también influye en la artritis reumatoide, síndrome de ovarios poliquísticos, diabetes, esclerodermia, enfermedad de Crohn, colitis ulcerosa o la sarcoidosis”, añade.

El doctor Campillo recomienda, además de seguir unos hábitos saludables en cuanto a alimentación y estilo de vida, tomar suplementos que ayuden a nuestro intestino y, de paso, contribuyan a mejorar la calidad de nuestra piel. “Es importante que ese complemento reúna prebióticos (de lo que se alimentan las bacterias buenas), probióticos (cepas diversas de bacterias buenas) y postbióticos (lo que producen las bacterias probióticas y que tiene efectos saludables para el organismo). Y además sería interesante también asociarlos a un complemento con polifenoles, que son antioxidantes y antiinflamatorios, que contenga algún activo como curcumina (estimula la producción de células inmunológicas, como los linfocitos T, fortaleciendo así la respuesta inmunológica del cuerpo y de la piel, y tiene poderes antimicrobianos), resveratrol (previene el daño en las células de la piel) o quercetina (además de retrasar el proceso de envejecimiento, es un antihistamínico natural)”.

Y esto tiene su reflejo también a nivel tópico. Así, la dermatóloga Eguren recomienda algunas cremas que pueden contribuir a equilibrar la microbiota: “Cada vez más cosméticos están formulados con ingredientes que respetan, protegen o modulan la microbiota cutánea. Entre ellos destacan los prebióticos, como inulina, alfa-glucanos, etc.; postbióticos, como como ácidos grasos o lisados bacterianos; y probióticos tópicos, aún con cierta controversia regulatoria, que contienen cepas inactivadas o fragmentadas con efectos beneficiosos. Estos cosméticos ayudan a restaurar la barrera cutánea, reducir la inflamación y promover un microbioma equilibrado, útil en pieles sensibles o con tendencia a la dermatitis, acné o rosácea”.

Headshot of Virginia de los Ríos

Virginia de los Ríos es experta en Belleza y Grooming, temas de los que escribe habitualmente en Cosmopolitan: cremas faciales, cosmética corporal, tratamientos capilares, protocolos en cabina, perfumes, nuevos activos… Desde Dior a Chanel, pasando por Loewe, Sephora, Augustinus Bader o Cantabria Labs, sigue al milímetro los lanzamientos de las marcas del sector beauty, desde las más prestigiosas a las firmas nicho o las marcas low cost.

A esta periodista especializada en belleza y tratamientos –y a la que muy pocas cosas le harían renunciar a un pintalabios rojo satinado– le sigue apasionando, después de 15 años escribiendo sobre belleza, colarse en los laboratorios cosméticos para conocer cómo se desarrollan los ingredientes más punteros, destapar el frasco de las nuevas esencias y meter los dedos en los tarros de crema. Antes de que Instagram fuera un embrión, creó la plataforma The New Millesime, con el formato de tablero, para dar a conocer y analizar lo último en cosmética de lujo y lifestyle.

Virginia de los Ríos se licenció en Filología Hispánica por la Universidad de Deusto, posteriormente se diplomó en Edición y Publicación de Libros por la misma universidad y tiene el Máster en Periodismo por la Universidad del País Vasco. Fue profesora de Lengua y Literatura españolas durante dos años en la Universidad de St. Andrews (Gran Bretaña) y cuenta con una experiencia de más de dos décadas como periodista en distintos medios de comunicación, entre los que destacan algunas de las cabeceras de HEARST, como Elle, Cosmopolitan, Harper’s Bazaar, Men’s Health o Esquire. Además, ha sido redactora jefe de Women’s Health y ha colaborado en numerosos grupos editoriales y publicaciones de relevancia, como Prisa, Unidad Editorial, El Semanal XL, MujerHoy, Yodona, Fuera de Serie, etc.