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Habrás oído un montón de veces eso de ‘mens sana in corpore sano’. Pues cuando hablamos de piel, y de belleza en general, tiene todo el sentido hablar de salud mental. Cuenta el dermatólogo Ricardo Ruiz en su libro ‘Antiaging, cómo mantener tu piel más joven’ (Roca Editorial) que en su juventud, cuando trabajaba en la Universidad de California (EE.UU.), pasaba consulta junto con el doctor Koo, que además de dermatólogo era psiquiatra, y veían personas con enfermedades cutáneas que producían alteraciones psicológicas. Pero también trataban a enfermos con cuadros psicológicos o psiquiátricos que se producían lesiones dermatológicas. Hoy se sabe que existe una relación entre la piel y la mente. “Las células de la piel y las del cerebro tienen un origen común en el desarrollo del embrión humano”, puntualiza.
“Además, existe una relación bioquímica clara entre la piel y la mente a través de sustancias como la adrenalina y otras hormonas. Piel y sistema nervioso comparten neuromoduladores que transportan la información interna, pero aún nos queda mucho por descubrir”, añade la dermatóloga Natalia Jiménez.
Y es que la piel tiene un montón de terminaciones nerviosas, que están conectadas con nuestro cerebro. Sólo tienes que pensar en cómo reacciona la piel ante ciertas sensaciones. Por ejemplo, cuando sentimos vergüenza, nos ponemos rojas; cuando tenemos miedo, palidecemos; o ante una emoción extraordinaria, se pone la piel de gallina. Hay muchas enfermedades de la piel que se originan o se agravan debido a problemas psicológicos como la depresión. “Otro ejemplo es el empeoramiento que tienen los pacientes con psoriasis cuando están estresados”, precisa Ricardo Ruiz, director de Clínica Dermatológica Internacional.
Depresión y piel sin brillo y frágil
De acuerdo con la Asociación Española de Psiquiatría, el 40% de la población española padecerá ansiedad en algún momento de su vida. Y cuando este nivel de preocupación extrema es elevado y persistente tiene efectos sobre la piel, lo que explica esa vinculación que tiene con la salud mental. “Disminuye nuestra función barrera, provoca deshidratación, inflamación, irritación, fragilidad y sensibilidad. También aumenta la producción de adrenalina y cortisol, haciendo que se desequilibre el funcionamiento de nuestro sistema hormonal, y a raíz de esto se pueden producir brotes de acné por una mayor producción de las glándulas sebáceas”, explica Elisabeth Álvarez, master en Dermofarmacia y Formulación Cosmética.
Esta especialista, directora del centro INOUT, señala, además que la liberación de cortisol afecta directamente al colágeno de la piel, lo que significa que puede favorecer los signos de envejecimiento prematuro, como arrugas.
“Cuando tenemos mucho nerviosismo mantenido en el tiempo también se libera histamina, involucrada en las respuestas locales del sistema inmunológico y que se relaciona con las alergias de la piel. Esta puede provocar brotes de dermatitis atópica o rosácea, entre otras afecciones. Igualmente, al estar debilitado el sistema inmunológico, aparecen herpes y psoriasis”, recoge Álvarez en su ‘Guía para una belleza inteligente’ (Plataforma Actual).
Y sin llegar a tanto, estar de bajón o no tener una salud mental debilitada también tiene consecuencias menos importantes pero visibles, porque según los expertos se altera la circulación sanguínea y eso repercute en una piel más apagada y más reactiva.
Así que estar mal anímicamente provoca problemas en la piel, pero también sucede a la inversa: tu aspecto físico puede tener consecuencias sobre tu salud mental. “Hay algunas enfermedades psicológicas que son causadas por enfermedades en la piel. Un ejemplo serían las depresiones o inseguridades de adolescentes producidas por el acné”, confirma el dermatólogo Ricardo Ruiz.
El acné incide en la salud mental
Abunda en este tema la dermatóloga Natalia Jiménez, quien señala que no hay que trivializar con este problema cutáneo y, al mismo tiempo, estético: “No es banal preocuparse por los problemas de la piel y que estos nos afecten emocionalmente. Desde fuera puede parecer un tema poco importante. Muchas veces es el propio entorno del paciente el que le hace pensar eso: ‘Si total, lo que tienes son dos granos… ya se quitarán’. Es cierto que un acné no nos va a matar, pero ¿qué sabemos sobre su impacto en la salud mental? Hay numerosas evidencias que apuntan a un estado de ánimo depresivo, baja autoestima y afectación en las relaciones interpersonales”, desgrana en ‘Ponte en tu piel’ (Aguilar).
Esta especialista de Grupo Pedro Jaén, señala que la mejora de la piel va muchas veces asociada a cambios en la autoestima, en la calidad de vida y, por tanto, en la salud mental. “Los dermatólogos intentamos lograr esos progresos pautando productos cosméticos, con opciones médicas o medios físicos, como puede ser el láser. Desgraciadamente, no siempre se puede aliviar del todo un problema determinado de la piel. Lo vemos muy frecuentemente en el caso del vitíligo, donde el maquillaje corrector cumple un papel muy importante. Con él se camuflan esas manchas blancas que, según donde estén localizadas, pueden acomplejar y afectar en gran medida a la autoestima y a las relaciones sociales”.
La salud mental y la piel están íntimamente conectadas. Tanto es así que, como recuerda el dermatólogo Ricardo Ruiz, los pacientes con estrés por lo general carecen de la energía y motivación necesarias para llevar a cabo rutinas de belleza adecuadas de cuidado de la piel. “A menudo manifiestan conductas dañinas (rascarse compulsivamente, frotarse, explotarse granos…) que pueden empeorar los problemas cutáneos sobrevenidos”. Y, al contrario, verse bien, a veces con técnicas de estética mínimamente invasivas, se puede corregir o mejorar algo que acompleja a una persona, como una nariz con caballete, una cicatriz, etc. y aportar felicidad y mejorar la autoestima y la salud mental de una persona. “En ocasiones, la dermatología moderna puede aumentar nuestra calidad de vida de manera más efectiva que un psicofármaco”, asegura. En todo caso, todos los expertos coinciden en que hay que huir de la búsqueda de la perfección, que sólo causa frustración y puede llevar a la dismorfia.
Virginia de los Ríos es experta en Belleza y Grooming, temas de los que escribe habitualmente en Cosmopolitan: cremas faciales, cosmética corporal, tratamientos capilares, protocolos en cabina, perfumes, nuevos activos… Desde Dior a Chanel, pasando por Loewe, Sephora, Augustinus Bader o Cantabria Labs, sigue al milímetro los lanzamientos de las marcas del sector beauty, desde las más prestigiosas a las firmas nicho o las marcas low cost.
A esta periodista especializada en belleza y tratamientos –y a la que muy pocas cosas le harían renunciar a un pintalabios rojo satinado– le sigue apasionando, después de 15 años escribiendo sobre belleza, colarse en los laboratorios cosméticos para conocer cómo se desarrollan los ingredientes más punteros, destapar el frasco de las nuevas esencias y meter los dedos en los tarros de crema. Antes de que Instagram fuera un embrión, creó la plataforma The New Millesime, con el formato de tablero, para dar a conocer y analizar lo último en cosmética de lujo y lifestyle.
Virginia de los Ríos se licenció en Filología Hispánica por la Universidad de Deusto, posteriormente se diplomó en Edición y Publicación de Libros por la misma universidad y tiene el Máster en Periodismo por la Universidad del País Vasco. Fue profesora de Lengua y Literatura españolas durante dos años en la Universidad de St. Andrews (Gran Bretaña) y cuenta con una experiencia de más de dos décadas como periodista en distintos medios de comunicación, entre los que destacan algunas de las cabeceras de HEARST, como Elle, Cosmopolitan, Harper’s Bazaar, Men’s Health o Esquire. Además, ha sido redactora jefe de Women’s Health y ha colaborado en numerosos grupos editoriales y publicaciones de relevancia, como Prisa, Unidad Editorial, El Semanal XL, MujerHoy, Yodona, Fuera de Serie, etc.












