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Aunque caminamos hacia una sociedad cada vez más inclusiva y tolerante, paradójicamente, el aspecto físico nos importa cada vez más, como atestigua el aumento en la demanda de protocolos de medicina estética y de intervenciones de cirugía estética. Y dentro de la belleza, la cara es la principal preocupación de la mayoría de las personas, por lo que si nos salen granos, manchas, dermatitis o cualquier otra imperfección, eso suele generarnos malestar y es una reacción natural. “Es normal que cualquier cosa que afecte a nuestro aspecto físico nos influya, y más si acontece en el rostro, pues es lo primero que mostramos, es nuestra carta de presentación”, confirma la psicóloga Ingrid Pistono, experta en autoestima, estrés y ansiedad.
Lo que no es tan normal es la presión por lucir una piel inmaculada, sedosa, joven, sin arrugas ni lesiones. Se trata, por otra parte, de una exigencia de perfección que es mucho mayor en las mujeres, y eso tiene consecuencias. Como señala Isabel Aranda, psicóloga sanitaria y Chief Content Officer de TherapyChat, las enfermedades de la piel pueden afectar gravemente a la autoestima a corto y a largo plazo. “En el caso de las mujeres, este problema de autoestima suele ser más frecuente por la presión que reciben con respecto a los cánones de belleza establecidos, marcados actualmente por las redes sociales. Además, las enfermedades de la piel suelen ser difíciles de tratar y eso causa frustración y desaliento en muchas personas. Esto se debe a que no tienen control sobre lo que sucede con su piel. Por lo tanto, comienzan a experimentar miedo, culpa y vergüenza por su apariencia. En ciertos casos esto es tan crítico que llegan a sentirse profundamente afectadas, deshonradas e incluso afectadas por ansiedad y depresión”.
La experta señala, además, que muchas mujeres que sufren estos problemas en la piel no siempre reciben el ayuda y la comprensión de sus entornos cercanos, pues a veces las enfermedades de la piel se consideran una preocupación superficial. “Y esto agrava la situación, ya que los problemas de autoestima se ven reforzados por la falta de apoyo. Por ello, es vital concienciar de la importancia de aceptar a las personas, dotarlas de herramientas para poder aceptarse, respetarse y cuidarse y reconocer y celebrar la belleza de las diferencias”, sentencia Aranda.
No es sólo un problema estético
El acné, la rosácea, la dermatitis atópica o la psoriasis pueden llegar a producir lesiones muy visibles en la cara y difíciles de disimular, además de que muchas afecciones de la piel son crónicas, lo que puede ocasionar inseguridades. “Esto es todavía más importante en la adolescencia y la juventud, pues se vive una etapa de cambio y de reafirmación. Es difícil enfrentarse al espejo si tenemos la piel llena de marcas y granitos, y menos en la era del ‘selfie’. Los jóvenes se comparan unos con otros y es fácil salir peor parado, por eso de tender a ver lo positivo de los demás y lo imperfecto en nosotros. Por eso muchos prefieren quedarse en casa o evitan el contacto visual y se comunican lo menos posible con la intención de pasar desapercibidos. No quieren aparecer en las fotos ni tener redes sociales. Dan prioridad al físico frente a todo lo demás, no porque sean superficiales sino porque es muy importante para ellos cómo se muestran”, afirma Ingrid Pistono.
Pero, además de la edad, también influye la gravedad de la enfermedad: “Cuando estas afecciones la piel suponen un problema para la persona, porque piensan que produce rechazo o le limitan, puede producirse un impacto en su bienestar. Cuanto mayor sean las reacciones cutáneas, mayor impacto en su autoestima e imagen personal”, confirma la psicóloga Pilar Conde.
Incluso verse mal, con la cara enrojecida, con granos, con escamas, etc. puede provocar sentimientos de inferioridad, tristeza y afectar a la conducta y a las relaciones con los demás. “Las enfermedades de la piel pueden tener un impacto significativo en la vida de quien las padece. Estas no sólo causan malestar físico, sino también mucho sufrimiento psicológico cuando se interpretan como un defecto, un lastre o un motivo de vergüenza. La identidad se ve afectada y la autoimagen y la autoestima debilitadas cuando estas enfermedades se experimentan como un defecto o carencia de la persona. Cuando se interpreta la enfermedad desde la vergüenza, puede llevar a la persona a aislarse de la vida social con un progresivo deterioro de sus relaciones y también de su autonomía y capacidad de afrontamiento de la vida”, señala Isabel Aranda.
Incluso puede afectar a la salud mental de una persona, según alerta Pilar Conde, directora técnica de Clínicas Origen: “Cuando la preocupación estética es demasiado intensa y te limita en tu día a día, esto puede derivar en dismorfofobia, que consiste en tener una imagen distorsionada del propio cuerpo”.
Pautas a seguir para mantener la autoestima alta
A veces nosotras mismas amplificamos el problema porque llegamos a obsesionarnos con los granos, los eccemas o cualquier otra lesión que tengamos en la piel, mientras que muchas veces los que nos rodean no le dan ninguna importancia. Lo primero, en todo caso, para que no nos afecten más de la cuenta estos problemas de la piel es acudir a un dermatólogo y seguir sus recomendaciones. Y, en lo que respecta a la conducta y actitud frente a las cosas cotidianas, Conde aconseja seguir dos pautas: “Tienes que evitar realizar comprobaciones con respecto a tu piel de manera constante; es decir, mirarte en espejos de forma recurrente, tocarte, preguntar a los demás cómo te ven, mirarte en fotos... Y, por otra parte, no debes dejar de hacer nada, por miedo relacionado con este tema, como, por ejemplo, actividades de ocio, contactos sociales, ni tampoco tratar de taparte las zonas afectadas”.
Se trata de normalizar el acné y cualquier tipo de dermatitis. “Además, también es importante aprender a poner el foco en otros aspectos que no sean el físico, no atribuir toda nuestra valía al aspecto externo y tratar de centrar la atención en esas otras muchas situaciones que nos hagan sentir bien”, recalca Pistono.
¿De qué manera se puede trabajar la autoconfianza? Las expertas señalan que cuando esta característica se ve debilitada por una enfermedad de la piel, es necesario replantearse las creencias que se tienen sobre la belleza y sobre una misma. “Es imprescindible que la persona sea consciente de qué creencias la limitan y cuáles necesita para afrontar su situación con realismo y positividad. Puede que necesite el apoyo profesional de un psicólogo para resestructurar su forma de pensar y sentir y, como consecuencia, su conducta para conseguir enfrentarse a su situación de forma constructiva y ganar confianza en el afrontamiento que hace de su vida. Será importante también aprender a gestionar los pensamientos y los sentimientos que dominan a la persona y a visualizarse en escenarios de éxito, celebrando los logros y eliminando la exigencia y la obsesión por el control. Además de construir relaciones sociales positivas que refuercen la autonomía y la autoestima. De esta forma, la persona se fortalece a nivel mental y es capaz de afrontar la enfermedad con más soltura y, sobre todo, sin sufrimiento ni desgaste psicológico”, concluye la psicóloga sanitaria Isabel Aranda.
Sin perjuicio de todo esto, lo primero es abordar el problema físico y tratarlo con un especialista y con las cremas adecuadas, como estas.
Formulada por dermatólogos, esta crema, a base de niacinamida, vitamina E, aloe vera y ácido azelaico y ferúlico, actúa sobre la piel para tratar granos, espinillas y brotes de acné sin dejar la piel reseca tras su aplicación.
Esta es una crema hidratante de uso diario con textura crema-gel muy fresca y de rápida absorción, con activos calmantes y acción antirrojeces que mejora la microcirculación y unifica el tono.
Ayuda a calmar la piel, reduce las rojeces y está especialmente pensado para calmar las pieles atópicas, en su momento de crisis.
Virginia de los Ríos es experta en Belleza y Grooming, temas de los que escribe habitualmente en Cosmopolitan: cremas faciales, cosmética corporal, tratamientos capilares, protocolos en cabina, perfumes, nuevos activos… Desde Dior a Chanel, pasando por Loewe, Sephora, Augustinus Bader o Cantabria Labs, sigue al milímetro los lanzamientos de las marcas del sector beauty, desde las más prestigiosas a las firmas nicho o las marcas low cost.
A esta periodista especializada en belleza y tratamientos –y a la que muy pocas cosas le harían renunciar a un pintalabios rojo satinado– le sigue apasionando, después de 15 años escribiendo sobre belleza, colarse en los laboratorios cosméticos para conocer cómo se desarrollan los ingredientes más punteros, destapar el frasco de las nuevas esencias y meter los dedos en los tarros de crema. Antes de que Instagram fuera un embrión, creó la plataforma The New Millesime, con el formato de tablero, para dar a conocer y analizar lo último en cosmética de lujo y lifestyle.
Virginia de los Ríos se licenció en Filología Hispánica por la Universidad de Deusto, posteriormente se diplomó en Edición y Publicación de Libros por la misma universidad y tiene el Máster en Periodismo por la Universidad del País Vasco. Fue profesora de Lengua y Literatura españolas durante dos años en la Universidad de St. Andrews (Gran Bretaña) y cuenta con una experiencia de más de dos décadas como periodista en distintos medios de comunicación, entre los que destacan algunas de las cabeceras de HEARST, como Elle, Cosmopolitan, Harper’s Bazaar, Men’s Health o Esquire. Además, ha sido redactora jefe de Women’s Health y ha colaborado en numerosos grupos editoriales y publicaciones de relevancia, como Prisa, Unidad Editorial, El Semanal XL, MujerHoy, Yodona, Fuera de Serie, etc.















