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Hay un momento en el que el pelo pide socorro. Lo notas áspero, con menos brillo, se rompe al peinarlo o se queda sin forma en cuanto lo lavas. Si eres de las que se preocupan por estos indicios seguramente echarás mano urgentemente de mascarillas, ampollas, sérums… Pero puede ser que cuantos más tratamientos le aplicas al pelo, peor lo pones, porque si no sabes qué le ocurre, puedes estar yendo en la dirección contraria o mezclando productos que por sí solos tienen una función pero que mezclados no responden como te gustaría. ¿Resultado? Estás sobrecargando el pelo.
Por eso lo primero es entender qué es cada cosa y saber si lo que le falta de verdad a tu pelo son proteínas, reconstructores de enlaces o hidratación para no quedarse corta ni sobrecargar el cabello. Entender esa tríada –estructura, relleno, agua– es la diferencia entre una melena que vuelve a moverse y otra que se queda acartonada por muchos tratamientos que uses si no los eliges bien. Nos lo explica la doctora Carolina López, especialista en tricología y medicina capilar del equipo Bojanini de DEMYA en Madrid y Málaga.
“La diferencia fundamental entre los distintos tratamientos capilares se encuentra en el nivel en el que actúan en la fibra. Así, los reconstructores de enlaces trabajan desde el interior, restaurando las uniones que dan estabilidad y cohesión al cabello, por lo que resultan imprescindibles en casos de daño profundo, como decoloraciones, alisados o tratamientos químicos agresivos. Sin embargo, las proteínas actúan principalmente en la estructura externa, reforzando la queratina y mejorando la resistencia y textura del tallo capilar. Finalmente, la hidratación aporta el agua necesaria para mantener la elasticidad, suavidad y flexibilidad, evitando la rotura mecánica. Cada uno cumple una función distinta, pero complementaria. Un cabello verdaderamente sano depende de un equilibrio adecuado”.
Una vez aprendida esta lección, la siguiente pregunta que deberíamos hacernos es cómo puedo saber que lo que le pasa a mi pelo es que le faltan proteínas y no otra cosa. La tricóloga Carolina López enumera cuatro señales que nos indicarían que tenemos falta de proteínas en nuestro cabello:
- Textura gomosa o gelatinosa en mojado: El cabello se nota muy elástico y débil cuando está húmedo.
- Mucha rotura (no caída): La rotura se produce en medios y puntas. La clave está en si al estirar el cabello este se rompe con facilidad, en lugar de volver a su estado habitual.
- Pérdida de la forma natural. Esto resulta muy evidente en cabellos rizados u ondulados, que pierden su patrón de rizo y se ven lacios y sin definición.
- Opacidad y falta de brillo. El cabello se muestra sin vida.
“Ahora bien –remarca– es fundamental diferenciar esta falta de proteínas del pelo de la deshidratación capilar, ya que las señales son distintas. El cabello deshidratado se vuelve rígido y duro, se parte en seco sin necesidad de estirarlo, da una sensación áspera y encrespada y se abren las puntas con facilidad”.
La especialista del equipo Bojanini de DEMYA insiste en que para tener un cabello saludable es fundamental lograr el equilibrio entre el aporte de proteínas y la hidratación pero no sobrecargar el pelo. “Si el cabello húmedo se estira en exceso, no recupera su forma o se rompe con facilidad, es probable que necesite proteínas. En cambio, si se siente seco, rígido o encrespado, lo que necesita es hidratación para recuperar la humedad perdida”.
Tipos de proteínas para el pelo
Si ya tienes claro que lo que le falta a tu pelo son proteínas, dáselas, porque las proteínas capilares son el pilar estructural de nuestro cabello. Constituyen su armazón interno y son las responsables de aportar resistencia, fuerza, elasticidad y protección. “La queratina es la proteína más abundante y esencial del cabello. Se encuentra principalmente en la cutícula, la capa más externa, donde actúa como un escudo frente a las agresiones externas –calor, radición UV y procedimientos químicos– y ayuda a que la fibra conserve su forma natural, ya sea lisa, ondulada o rizada.
Además de la queratina se emplean en cosmética capilar diversas proteínas de origen natural, como seda, trigo, maíz, huevo, soja, avena y colágeno, que refuerzan, suavizan y mejoran el brillo o la elasticidad, según su composición”, detalla la especialista.
Para que no te pierdas en este maremágnum y elijas el tipo de proteína adecuada para paliar el déficit de tu pelo, ten en cuenta que en los productos capilares puedes encontrar dos tipos de proteínas:
- Proteínas macromoleculares. “Son moléculas de gran tamaño, por lo que no penetran en la fibra capilar. Permanecen en la superficie formando una película protectora que suaviza, aporta brillo, reduce el ‘frizz’ y actúa como un escudo frente al daño ambiental (sol, el calor y la contaminación). Son especialmente útiles en cabellos muy porosos, dañados o rizados, donde se necesita definición y protección externa. No se recomiendan en cabellos muy finos o de baja porosidad, ya que podrían apelmazarlos. Entre ellas podemos encontrar: proteína de maíz, avena sin hidrolizar, huevo, colágeno no hidrolizado y queratina no hidrolizada”, resume la doctora Carolina López.
- Proteínas hidrolizadas. “Se obtienen al fragmentar la proteína en moléculas más pequeñas, lo que facilita su penetración en el interior de la fibra capilar. Actúan reforzando, reparando y aumentando la elasticidad sin aportar peso. Son idóneas para cabellos finos, debilitados, quebradizos o tratados químicamente, por ejemplo, proteínas hidrolizadas de seda, trigo, soja, avena, colágeno y queratina”.
Los tratamientos de proteína para conseguir una melena sana y brillante los puedes encontrar en forma de champús, sérums, acondicionadores, mascarillas, aceites… Sus beneficios, según incide esta tricóloga, son especialmente beneficiosos en los cabellos muy porosos. De acuerdo con sus indicaciones, la frecuencia del uso de tratamientos con proteína debe ajustarse a las necesidades de cada tipo de pelo. “En los cabellos muy dañados o con alta porosidad se recomienda utilizarlos con más frecuencia; por ejemplo, dos o tres veces por semana para favorecer la reparación de la fibra capilar. En lo cabellos con daño leve o porosidad media es suficiente aplicarlos una vez a la semana. Y en los cabellos finos conviene emplearlos con prudencia, ya que un aporte excesivo de proteína puede volver el cabello más rígido y menos flexible”.
Esto nos lleva a pensar que un exceso de proteínas también podría perjudicar tu melena, así que lo recomendable es seguir el patrón que recomienda la doctora Carolina López. “El uso excesivo de tratamientos proteicos puede generar un efecto contrario al deseado. La sobrecarga de proteínas en nuestro cabello se puede observar a través de signos como sensación de rigidez en el cabello, falta de flexibilidad, mayor tendencia a enredarse y disminución de la suavidad habitual. En estos casos, se recomienda suspender temporalmente los productos con proteína y priorizar tratamientos hidratantes para restablecer el equilibrio”, concluye.
Virginia de los Ríos es experta en Belleza y Grooming, temas de los que escribe habitualmente en Cosmopolitan: cremas faciales, cosmética corporal, tratamientos capilares, protocolos en cabina, perfumes, nuevos activos… Desde Dior a Chanel, pasando por Loewe, Sephora, Augustinus Bader o Cantabria Labs, sigue al milímetro los lanzamientos de las marcas del sector beauty, desde las más prestigiosas a las firmas nicho o las marcas low cost.
A esta periodista especializada en belleza y tratamientos –y a la que muy pocas cosas le harían renunciar a un pintalabios rojo satinado– le sigue apasionando, después de 15 años escribiendo sobre belleza, colarse en los laboratorios cosméticos para conocer cómo se desarrollan los ingredientes más punteros, destapar el frasco de las nuevas esencias y meter los dedos en los tarros de crema. Antes de que Instagram fuera un embrión, creó la plataforma The New Millesime, con el formato de tablero, para dar a conocer y analizar lo último en cosmética de lujo y lifestyle.
Virginia de los Ríos se licenció en Filología Hispánica por la Universidad de Deusto, posteriormente se diplomó en Edición y Publicación de Libros por la misma universidad y tiene el Máster en Periodismo por la Universidad del País Vasco. Fue profesora de Lengua y Literatura españolas durante dos años en la Universidad de St. Andrews (Gran Bretaña) y cuenta con una experiencia de más de dos décadas como periodista en distintos medios de comunicación, entre los que destacan algunas de las cabeceras de HEARST, como Elle, Cosmopolitan, Harper’s Bazaar, Men’s Health o Esquire. Además, ha sido redactora jefe de Women’s Health y ha colaborado en numerosos grupos editoriales y publicaciones de relevancia, como Prisa, Unidad Editorial, El Semanal XL, MujerHoy, Yodona, Fuera de Serie, etc.












