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Una ruptura nunca es agradable. Se puede sentir tristeza, sensación de fracaso, arrepentimiento, alivio, resentimiento, o todo lo anterior. Se trata de un punto de inflexión: un proceso en el que se pueden experimentar diversas sensaciones que se entrelazan en distintas fases. ¿La de comer helado viendo pelis? Puede ser. ¿La de escuchar canciones tristes? También. ¿La de un clavo saca otro clavo? Esa también nos suena. El caso es que cada persona es un mundo y reacciona de una manera diferente ante una ruptura amorosa.
Sin embargo, la más habitual es la de tomar cafés interminables con amigas y darse cuenta de que frases tan tópicas (y que tanto molestan al principio) como las de "el tiempo lo cura todo", "hay muchos peces en el mar", "estás mejor sin él" o "has hecho lo correcto", son verdades como puños. Pero, hasta llegar a ese punto, hay una parada frecuente y maravillosa: la de la peluquería.
Y es que lo de cambiar de 'look' tras una ruptura no se trata de un hecho aislado. De hecho, ¿sabías que existen asesoras de imagen especializadas en cambios de 'look' según diferentes momentos vitales? Está claro que se trata de una opción mucho más saludable que la de quemar la noche hasta terminar llorando en los baños de la discoteca, ¿no crees?
¿Es común que los clientes pidan un cambio radical después de una ruptura? "100% común y sucede a diario en los salones de peluquería", sostiene Juandiegoteo, 'hair designer' y embajador de Redken.
El experto explica que un cambio de 'look' va unido psicológicamente a ese cambio de vida. Cuando se termina un ciclo y queremos empezar otro totalmente diferente. Es como si limpiáramos las energías del cuerpo con un nuevo corte o un color de pelo diferente: "Depende de la persona, pero normalmente, en estos casos, nos suelen pedir cortes drásticos. Las chicas se cortan la melena muchísimo. Se trata de algo visceral y quieren arramblar con todo".
Cambiar de 'look' tras una ruptura: el cierre de una etapa
¿Ayuda realmente a cerrar una etapa un cambio de 'look'? "Sí lo creo, lo he comprobado en muchos casos, y sobre todo en mí mismo. Es algo que aconsejo hacer de vez en cuando y en cambios de etapas. Para sentir y afirmar el cambio lo tienes que notar y percibir físicamente. Es el pan de cada día y, sinceramente, es una cosa que llevo muy bien y me gusta. De toda la vida se ha comentado que los peluqueros somos estilistas y tenemos ese punto de psicólogos. Me gusta notar la sensación de comodidad de la clienta cuando llega al salón, y se desahoga con nosotros, es una forma de unir el vínculo entre profesional y consumidora", afirma.
En muchas situaciones el experto nota esa sensación de las clientas de querer ser una persona nueva. De liberación, de volver a empezar. Esa sensación, unida a la de un buen asesoramiento, es la mejor inversión para elevar la autoestima, ya no sólo en casos de rupturas, también en fallecimiento de un ser querido, por ejemplo. "Un caso que me emocionó muchísimo fue el de una chica muy reservada y cabizbaja. Estaba pasando por un duelo y llevaba muchísimo tiempo sin ir a la peluquería. Cuando hicimos el cambio de 'look', color, corte y flequillo, tapamos el espejo y no pudo verse nada en todo el rato. Cuando finalizamos el cambio, fue sorprendente y acabamos llorando todos", recuerda.
Eso sí, el experto cuenta que hay que ir con mesura. Sí, queremos un cambio drástico, pero tampoco se trata de no reconocernos en el espejo: "Cuando me han pedido algo desorbitado que, como profesional, al estudiar el caso y conectar con la clienta, no lo veo, le aconsejo que vayamos por partes y poco a poco. Y si ya a la siguiente decide, pues allá que vamos".
Sí, la clienta tiene la última palabra y, de vez en cuando, hay que hacer algo radical, a lo mejor, en ese cambio se descubre una nueva identidad que creía escondida. Y es que una ruptura amorosa mueve las bases de la identidad, y muchas personas buscan reflejar en su imagen externa esa necesidad de cerrar una etapa y comenzar otra.
En este sentido, el cabello es una de las formas más rápidas y visibles de hacerlo, pero no es la única. De hecho, todo lo que tiene que ver con la belleza cumple esa doble función emocional, también las manicuristas. Así lo explican desde el equipo de Arpías: "No vamos a decir que las manicuristas somos las nuevas psicólogas, ¡para nada! El tema de la salud mental es algo serio y solo los profesionales pueden ejercer como tal. Nosotras preferimos vernos como esa amiga de confianza que te escucha sin juzgar, te aconseja y te ayuda a ver las cosas con otra perspectiva".
Pon una manicurista en tu vida
Si eres de las que va al salón de belleza todos los meses, sabes de lo que hablamos. Las expertas sostienen que es inevitable que se cree un vínculo especial. "Esas conversaciones surgen de forma natural mientras cuidamos de tus uñas. A lo mejor al principio eres de las que no quiere hablar, pero en un abrir y cerrar de ojos ya le estás contando a tu manicurista todo: bodas, nuevos trabajos, rupturas, ligues que salen bien o citas para olvidar. ¡Lo hemos escuchado todo y nuestros labios están sellados!", añade.
Porque una manicura es mucho más que unas uñas bonitas, es una declaración de intenciones: un reflejo de ese momento vital en el que te encuentras.
Cambio de 'look' para soltar el pasado
"La imagen es un espejo de lo que sentimos. Cuando una persona atraviesa una crisis, el cambio estético se convierte en un ritual simbólico: cortar, colorear o transformar el pelo es como 'soltar' parte del pasado", sostiene Charo García Ilitia, asesora de imagen y creadora del Método IMPACT@ y Renace tu Belleza.
Eso no va ligado exclusivamente a las mujeres. De hecho, volviendo al tema capilar, la experta explica que las mujeres suelen apostar más por cortes o colores que transformen de forma notoria; los hombres, en cambio, tienden a cambios de estilo más ligados al cuidado, al afeitado de la barba, o a probar cortes modernos que nunca se habían permitido antes.
Eso sí, nosotras cuando estamos viviendo un momento complicado o experimentando cambios vitales, solemos apostar por cortes drásticos, flequillos, melenas mucho más cortas o colores con mucha más fuerza que los habituales. "El cliente quiere ver un 'antes y un después' claro, algo que marque visualmente que ya no es la misma persona", añade.
No es mágico, pero sí muy poderoso. El cambio de 'look' no resuelve la ruptura, pero ayuda a reforzar la nueva identidad. Cuando alguien se ve distinto frente al espejo, se siente más preparado para empezar de nuevo.
"Recuerdo una clienta que venía de un divorcio muy doloroso. Me pidió un corte radical, casi como un grito de libertad. Trabajamos juntas un 'look' corto, fuerte y luminoso en color. El día que salió del salón me dijo: 'Ahora sí me reconozco'. Ese instante me reafirmó que la peluquería es mucho más que técnica, es transformación emocional", añade.
Los clientes llegan con una mezcla de dolor y esperanza. Necesitan un gesto visible que les devuelva el control y les recuerde que todavía tienen poder de decisión sobre su vida. En la peluquería, ese momento se convierte en un espacio de confianza. El cabello puede ser un detonante de autoestima impresionante, y, como asegura García, "cuando el cambio está alineado con la esencia de la persona, se convierte en un punto de inflexión".
¿Mejor un corte drástico o algo sutil?
"He visto clientas entrar apagadas y salir con la cabeza erguida, sonriendo. No se trata sólo de lo que piden, sino de lo que realmente necesitan para sentirse en armonía. A veces acompaño en un cambio radical y, otras, recomiendo hacerlo de manera más gradual para que la persona no pierda su identidad ni se sienta peor al ver un reflejo que no reconoce".
El consejo de experto en imagen tras una ruptura
"Mi consejo es siempre equilibrar emoción y razón. Un cambio extremo puede ser liberador, pero también puede generar rechazo si no refleja la verdadera identidad de la persona. En esos casos recomiendo cortes o colores que sí marquen diferencia, pero que mantengan un vínculo con la esencia personal. Lo importante no es parecer otra, sino redescubrirse y renacer desde la imagen", sentencia.
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Isa Espín es periodista especializada en moda, belleza y estilo de vida. Escribir es su profesión y usarse como conejillo de indias, para probar todas las tendencias cosméticas, su pasión. Tiene una manía: no puede llevar más de seis meses el mismo corte de pelo y ya no recuerda cómo son sus uñas sin pintar. Le encanta probar diferentes tipos de maquillaje, coleccionar perfumes y las cremas naturales. A lo mejor se olvida las llaves en casa, pero un buen iluminador facial, un eyeliner y una máscara de pestañas son obligatorias en su bolso. Estudió el Grado en Documentación y el Grado en Periodismo en la Universidad de Murcia. Además, cuenta con el posgrado de Locución y Presentación de Televisión, de RTVE, y el de Marketing Digital de Moda, de la UCJC, de Madrid. Tuvo un blog de moda y belleza que terminó derivando en su propia newsletter personal y ha trabajado en varios medios como redactora y Social Media.
Lleva una década escribiendo en medios digitales. Ha trabajado para La Verdad, XLSemanal (ABC) y 20minutos, entre otros. Actualmente, colabora en Cosmopolitan y Mujer.es. Es adicta a las gangas, enamorada del café y la gastronomía, y -en su tiempo libre- practica ballet. Experimentar es lo suyo, a veces las cosas le salen bien y otras veces, se ríe y nos las cuenta.
















