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Los usamos a diario. Más discreto en el día a día para ir a trabajar y más elaborado e intenso en las ocasiones especiales. Hablamos del maquillaje. Sacamos los productos del neceser y los aplicamos sin pensarlo demasiado pero, como todo en la vida, tuvo su origen, su historia y sus errores. Y es que seguro que alguna vez te has preguntado, ¿cómo lo hacían antes?
El maquillaje tiene una larga historia y muchos de los productos que usamos hoy en día tienen orígenes fascinantes. Algunos muy antiguos y otros, tan recientes que te sorprendería. Por ejemplo, hace 200 años no tenían máscara de pestañas y utilizaban radio en polvos, cremas, maquillajes e, incluso, lápices de labios que prometían un brillo especial, hasta que se dieron cuenta de que la radiactividad era peligrosa para la salud.
Perfilador de ojos
Cleopatra era famosa por llevar siempre mucho lápiz de ojos, pero no era la única en el antiguo Egipto con un maquillaje llamativo. Todos los hombres y mujeres se pintaban los ojos de negro y verde.
Desde 'National Geographic' explican que se creía que además de protegerles del sol, este maquillaje protegía a quien lo llevaba de las enfermedades: "De algún modo, podría ser así. Este kohl negro y otros polvos que utilizaban en sus ojos contenían sales de plomo, y en 2010 un grupo de investigadores franceses argumentó que dichas sales aumentan la producción de óxido nítrico en quien las usa, y por ello estimula su sistema inmunitario y evita las infecciones oculares". Sin embargo, por supuesto, muchos egipcios de la antigüedad no vivían más de 30 años. De haber sido mayor la esperanza de vida de la época, el plomo habría perjudicado de otras maneras.
El delineador volvió a ser popular en el siglo XX, especialmente después de que el cine y las celebridades como Brigitte Bardot y Sophia Loren lo popularizaran. Las modas del delineado grueso y el ojo de gato se convirtieron en sinónimo de sofisticación. Desde entonces, eso no ha cambiado.
Pintalabios
Se cree que surgió en Mesopotamia (alrededor del 3500 a.C.) y de ahí pasó a Egipto. Se utilizaban ceras y se trituraban piedras preciosas o pigmentos naturales para darles color y colocarlas posteriormente en los labios con un pincel.
El color rojo en los labios adquirió diferentes connotaciones durante la historia. Cleopatra prefería el carmín, un pigmento rojo intenso extraído de la cochinilla. "En la antigua Grecia, los labios rojos se asociaban a las trabajadoras del sexo, que se arriesgaban a ser castigadas por 'hacerse pasar indebidamente por damas' si aparecían en público sin su pintura labial designada, elaborada con ingredientes tan diversos como moras, algas, sudor de oveja y excrementos de cocodrilo", explican desde 'National Geographic'.
En Europa, pintarse los labios se hizo popular en el siglo XVI cuando la reina de Inglaterra, Isabel I, impuso la moda de pintarse el rostro de blanco y los labios de rojo brillante. En Japón, durante los siglos XVII a XIX, las geishas también se servían de este color que hacía contraste con el maquillaje blanco que se ponían en la piel (originalmente hecho con plomo) y adornos rojos y negros alrededor de los ojos y cejas. En otros países, sencillamente, se prohibió llevar este tipo de labial.
Sin embargo, no fue hasta la guerra cuando este tono se convirtió en un símbolo de empoderamiento femenino. Empezó con las sufragistas en Estados Unidos, que desafiaron esta prohibición machista. En esa época, a principios del siglo XX, Elizabeth Arden y Helena Rubinstein popularizaron el uso del pintalabios como símbolo de empoderamiento. De hecho, Arden repartió pintalabios rojos a las sufragistas que marchaban por las calles de Nueva York para exigir el voto femenino.
El lápiz labial fue creado en 1884 por perfumistas franceses en París, envuelto en seda y papel de aluminio.
El primer labial en barra, tal y como lo conocemos hoy, salió en 1870, de la mano de Guerlain. La prestigiosa casa de perfumes y cosméticos francesa lanzó un producto llamado 'Ne m'oubliez pas' ('No me olvides'), considerado como uno de los primeros labiales modernos. Se trataba de una barra de labios en forma de tubo envuelta en papel de seda. Aunque este primer lápiz labial no era retráctil como los actuales, fue una innovación importante porque permitía a las mujeres llevarlo consigo de manera más cómoda.
Posteriormente, apareció la carcasa metálica y, en 1915, Maurice Levy añadió la opción retráctil para poder abrir y cerrar el labial. Durante esta época ya no existía ninguna connotación negativa respecto a los labiales rojos, de hecho, se utilizó como arma para levantar la moral durante la Segunda Guerra Mundial.
Máscara de pestañas
La primera máscara de pestañas fue inventada en el siglo XIX por el empresario francés Eugène Rimmel. Te suena el apellido, ¿verdad? Por su parte, en 1915, el químico T.L. Williams inventó la primera máscara moderna al ver a su hermana, Maybel, mezclar vaselina con carbón para oscurecer sus pestañas. ¿Te suena el nombre de Maybel? Su hermano mejoró la fórmula y fundó Maybelline, una de las marcas de maquillaje más icónicas del mundo. La fórmula era la 'cake mascara', se usaba frotando un cepillo sobre una pastilla para, luego, aplicarlo en las pestañas y las cejas.
Las máscaras de pestañas en tubo, con aplicador incorporado (como las que usamos hoy), aparecieron cuando Helena Rubinstein creó en 1957 la 'Máscara-Matic'.
Base de maquillaje
La base de maquillaje tiene sus raíces en la antigua Grecia y Roma, donde los actores aplicaban pigmentos y yeso para transformar sus rostros en el teatro. Durante el Renacimiento, los aristócratas europeos usaban una base hecha con plomo blanco para lograr una apariencia de piel pálida. Las mencionadas geishas también lo hacían.
Es complicado situar a un sólo creador en el proceso de invención del maquillaje, ya que fue evolucionando durante los años. Sin embargo, el concepto de maquillaje que conocemos hoy, utilizado para que dure mucho y acabe con los brillos, fue perfeccionado por Max Factor en la década de 1930. Factor trabajaba en Hollywood y creó un maquillaje especial para que las estrellas de cine tuvieran un aspecto impecable en pantalla.
Prueba y error, prueba y error. Así fue evolucionando la industria de la belleza hasta nuestros días.
Isa Espín es periodista especializada en moda, belleza y estilo de vida. Escribir es su profesión y usarse como conejillo de indias, para probar todas las tendencias cosméticas, su pasión. Tiene una manía: no puede llevar más de seis meses el mismo corte de pelo y ya no recuerda cómo son sus uñas sin pintar. Le encanta probar diferentes tipos de maquillaje, coleccionar perfumes y las cremas naturales. A lo mejor se olvida las llaves en casa, pero un buen iluminador facial, un eyeliner y una máscara de pestañas son obligatorias en su bolso. Estudió el Grado en Documentación y el Grado en Periodismo en la Universidad de Murcia. Además, cuenta con el posgrado de Locución y Presentación de Televisión, de RTVE, y el de Marketing Digital de Moda, de la UCJC, de Madrid. Tuvo un blog de moda y belleza que terminó derivando en su propia newsletter personal y ha trabajado en varios medios como redactora y Social Media.
Lleva una década escribiendo en medios digitales. Ha trabajado para La Verdad, XLSemanal (ABC) y 20minutos, entre otros. Actualmente, colabora en Cosmopolitan y Mujer.es. Es adicta a las gangas, enamorada del café y la gastronomía, y -en su tiempo libre- practica ballet. Experimentar es lo suyo, a veces las cosas le salen bien y otras veces, se ríe y nos las cuenta.





















